Vida Total
Arnold Schwarzenegger publicó Vida Total en 2012, después de terminar su etapa como gobernador de California. Para escribirla tuvo que volver sobre decisiones que había tomado muchos años antes, cuando todavía desconocía adónde lo llevarían. Ese regreso al pasado le permitía contar qué buscaba entonces y con qué medios intentaba conseguirlo.
La autobiografía avanza desde su infancia en Austria, siguiendo los lugares y las personas que fueron entrando en su vida. El autor recuerda lo que sabía al empezar una actividad y las dificultades que encontraba mientras aprendía a realizarla. Al acompañar ese recorrido, conocemos también las ayudas que recibió y las circunstancias que hicieron posible continuar.
Schwarzenegger escribe desde la posición de quien participó en lo que cuenta. Sus recuerdos conservan la manera en que él interpreta su trayectoria, con las razones que ofrece para explicar sus elecciones. Esa voz ayuda a comprender qué importancia daba a cada paso, al tiempo que deja abierta la diferencia entre su explicación y las experiencias de otras personas que estuvieron allí.
El libro también incorpora decisiones con las que perjudicó a su familia y errores que afectaron a su trabajo. Al incluirlos, el autor sitúa junto a sus logros consecuencias que seguían presentes cuando escribió. Reconocer su responsabilidad forma parte de lo que relata, mientras que la respuesta de las personas afectadas pertenece a cada una de ellas.
| Campo | Datos del libro |
| Título | Vida Total |
| Subtítulo | Mi historia increíble |
| Autor | Arnold Schwarzenegger |
| Título original | Total Recall: My Unbelievably True Life Story |
| Edición de referencia | Edición en español en rústica, publicada el 1 de octubre de 2012 |
| Editorial | Simon & Schuster |
| ISBN | 9781476704982 |
| Extensión | 752 páginas |
| Tema | La trayectoria personal y profesional del autor contada en sus memorias |
| Materias | Autobiografía, culturismo, cine, aprendizaje, negocios, servicio público y responsabilidad personal |
| Tipo de contenido | Memorias y reflexión autobiográfica |
| Referencia bibliográfica | Schwarzenegger, Arnold. Vida Total: Mi historia increíble. Simon & Schuster, 2012. Ficha de la editorial. |
| Enlace de compra | https://link.amazon/B0863s5uL |
¿Cómo empezamos a dar forma a lo que queremos hacer?
¿De qué sirve acercar un producto a quien lo necesita?
Un puesto de helados atendía a quienes pasaban por su mostrador junto al Thalersee. Los bañistas se repartían por los alrededores del lago, de manera que algunos podían llegar enseguida y otros tenían que recorrer más terreno. Tener el helado a la venta en aquel lugar dejaba abierta una dificultad para los que habían elegido descansar lejos.
Schwarzenegger sitúa aquel recuerdo en el verano de 1957. Era todavía un niño y vivía cerca del lago, al que llegaban visitantes desde Graz en autobús. Las personas se repartían para bañarse, dar un paseo en barca o disfrutar del día. Desde ciertos lugares podían tardar hasta diez minutos en ir a comprar, y el helado empezaba a derretirse durante el regreso.
Arnold decidió comprar helados en el mismo puesto y ofrecerlos recorriendo la zona de baño. El vendedor le prestó una caja que ayudaba a conservar el frío. Ese apoyo hacía posible trasladar varios fuera del puesto y mantenerlos durante la venta. El niño acercaba el producto, pero seguía necesitando un lugar donde abastecerse y un medio que lo conservara en condiciones mientras caminaba.
La caja reunía esas dos partes del trabajo. Sacar un helado del puesto e ir a buscar un comprador ocupa tiempo. Durante ese intervalo debe seguir siendo un helado que apetezca recibir. Llevar varios permitía ofrecerlos a distintas personas durante el mismo recorrido, mientras que conservar el frío mantenía disponible lo que iba a vender. El traslado empezaba en el puesto y tenía que terminar entregando un producto en condiciones.
El vendedor también encontraba una razón para colaborar. Arnold le compraba varias unidades y se ocupaba de ofrecerlas fuera del mostrador. Podía seguir atendiendo desde el puesto mientras los helados llegaban a otros lugares por medio del muchacho. Prestarle la caja facilitaba ese recorrido y protegía el producto que ambos estaban vendiendo en momentos diferentes. La ayuda de un adulto formaba parte de lo que hacía posible aquel trabajo del niño.
En Vida Total, Schwarzenegger cuenta que compraba cada helado por un chelín y lo ofrecía por tres. Esos precios corresponden a dos operaciones, la compra al vendedor del puesto y la venta que él realizaba después. Entre ambas quedaba el recorrido con la caja hasta encontrar a los bañistas.
Al vender recibía dinero que incluía lo necesario para pagar el helado que había comprado. Por eso, cobrar tres chelines y ganar tres chelines significan cosas distintas. Uno de ellos ya correspondía a la adquisición de aquella unidad. Después de esa compra quedaba la diferencia entre ambos importes, de la que habría que descontar cualquier otro coste que se hubiera producido. Seguir el dinero desde el puesto hasta la venta permite distinguir esas cantidades sin confundir lo cobrado con lo que finalmente pudiera conservar.
La cercanía que recibía el bañista se puede observar sin atribuirle un sobreprecio determinado. Tenía el helado delante y podía elegir si lo compraba allí. El puesto seguía atendiendo a quien llegara hasta su mostrador. La diferencia entre esas dos maneras de conseguirlo estaba en el recorrido que la persona debía hacer. El niño había encontrado un trabajo en ese espacio entre el producto disponible y quienes pasaban la tarde lejos de él.
Schwarzenegger recuerda haber llegado a ganar ciento cincuenta chelines durante una tarde de ventas. Con el dinero que reunía podía pagar sus visitas al cine en Graz. El trabajo junto al lago le permitía costear una actividad a la que quería seguir acudiendo, después de pasar parte de la tarde ofreciendo los helados que llevaba en su caja.
¿Qué queda por comprobar después de encontrar a alguien que quiere comprar?
Al llevar los helados hasta los bañistas, Arnold hacía por ellos el paseo hasta el puesto. Para repetir esa ayuda necesitaba volver, conseguir más unidades y conservarlas frías mientras recorría el parque. La caja prestada por el vendedor formaba parte del trabajo que permitía acercar el producto.
En Eso nunca funcionará, Marc Randolph distingue la primera comprobación de los pasos que todavía quedan por preparar. Recibir entero un disco enviado por correo permitía seguir estudiando aquel transporte. Faltaba conocer qué ocurriría al repetir los envíos y atender pedidos. El recorrido de los helados permite observar esa diferencia a otra escala, con un producto cuya conservación cambiaba durante la tarde.
| Parte del trabajo | Vida Total | Eso nunca funcionará |
| Ayuda que se ofrece | Evitar que el bañista vaya hasta el puesto | Hacer llegar una película hasta la casa del cliente |
| Primera comprobación | Algunas personas compran el helado que se les acerca | Un disco llega entero tras viajar por correo |
| Continuidad pendiente | Reponer los helados y conservarlos durante el recorrido | Repetir envíos con materiales y condiciones sostenibles |
El comprador encontraba un helado cerca del lugar donde se encontraba. La facilidad dependía de un recorrido que alguien hacía por él. Si Arnold hubiera tenido que regresar al puesto después de cada venta, habría dedicado una parte mayor de la tarde al abastecimiento. La caja le permitía llevar varias unidades y seguir ofreciéndolas durante el paseo, dentro de lo que pudiera conservar.
Que una persona pague muestra una aceptación en esas condiciones. Mantener el servicio exige saber qué trabajo permitirá atender a la siguiente. Randolph sigue esa cuestión en un negocio que fue cambiando su forma de entregar películas. En el recuerdo de Arnold, el puesto que lo abastecía y la caja que llevaba consigo permiten reconocer cuánto dependía la venta de lo que ocurría antes de acercarse al bañista.
También se conserva una diferencia de escala. El muchacho podía recorrer el parque por sí mismo y variar cuántas unidades llevaba. Un servicio que atiende pedidos desde muchos lugares necesita otra organización. Trasladar el criterio consiste en averiguar qué hace posible la entrega siguiente, manteniendo las condiciones propias de cada actividad.
¿Cómo nos ayuda un objetivo que podemos imaginar?
Reg Park aparecía en la portada de una revista como el hombre que Arnold Schwarzenegger había visto haciendo de Hércules. El joven podía reconocer el personaje y encontrar después fotografías del actor entrenándose como culturista. Las páginas le ofrecían una manera de conocer qué había detrás del cuerpo que había visto en la pantalla.
Las imágenes le permitían reconocer a Park, pero para entender el artículo necesitaba ayuda con el inglés. Entre los hombres con los que se entrenaba había un amigo al que llamaban Mui, que conocía el idioma y les traducía publicaciones estadounidenses. Schwarzenegger cuenta que quiso encontrarlo para saber qué decía aquel número de Muscle Builder. La historia que iba a utilizar como referencia empezaba a llegarle por medio de otra persona.
Los jóvenes ya utilizaban esas revistas para conocer ejercicios y maneras de entrenarse. Las fotografías mostraban el resultado y el texto les explicaba parte del trabajo que había detrás. Con la ayuda de Mui podían seguir información que el idioma les habría dificultado conocer. En el artículo de Park, Arnold encontraba además una trayectoria, con lugares y logros que daban una secuencia a la figura que admiraba.
Park había crecido en Leeds, había ganado títulos de Mr. Universe y había viajado a Estados Unidos como culturista. Su carrera de cine lo había llevado a Roma para interpretar a Hércules. Esa historia reunía actividades que el joven conocía desde sitios distintos, el gimnasio y la sala de cine. La revista le permitía ver que habían formado parte de la vida de una misma persona, aunque cada paso hubiera ocurrido en un momento y en un lugar diferentes.
Al leerla, Arnold ya estaba entrenándose. En sus recuerdos de aquella época cuenta que iba observando cuánto peso podía levantar, cuántas repeticiones conseguía y cómo cambiaba su cuerpo. También tenía cerca a deportistas con experiencia que podían corregirle. La referencia de Park se incorporaba a una preparación que había empezado antes, con resultados que el joven podía examinar en su propia actividad.
Antes de aquel descubrimiento había pensado en conseguir el título de Mr. Austria y avanzar hacia Mr. Europe. Los nombres correspondían a competiciones que podía identificar y a personas cuyos logros conocía. La historia de Park ampliaba ese horizonte hasta Mr. Universe y el cine. Le ayudaba a relacionar los pasos deportivos próximos con un destino que hasta entonces podía imaginar de una manera más lejana.
Esa relación necesitaba conservar el trabajo de cada etapa. Un título reconocía el resultado de una competición de culturismo. Para obtenerlo había que desarrollar el cuerpo y presentarlo frente a otros participantes. Llegar a una película exigía que alguien eligiera a esa persona para interpretar un papel. En la carrera de Park habían ocurrido ambas cosas. Arnold las tomó como un recorrido que deseaba seguir, mientras las oportunidades de su propia vida todavía estaban por aparecer.
La revista mostraba al campeón ya conocido y permitía volver sobre la historia de cómo había llegado hasta allí. En cambio, Arnold se encontraba al principio de su preparación. Podía utilizar los logros de Park para nombrar lo que quería, pero al regresar al gimnasio tenía que trabajar con el cuerpo que estaba desarrollando él. Las repeticiones y los pesos levantados le daban información sobre ese presente, diferente de la carrera que podía mirar en las páginas.
Las fotografías que llevó después a su habitación mantenían cerca aquella referencia. Había encontrado un futuro que podía describir y unos pasos deportivos hacia los que dirigir su preparación. Para conocerlos había tenido que pasar de la imagen al artículo y apoyarse en un amigo que pudiera traducirlo. Al continuar entrenándose, seguía convirtiendo parte de aquella historia ajena en objetivos propios que todavía debía intentar alcanzar.
¿Qué tiene que acompañar a una meta para que podamos empezar a prepararla?
Las fotografías de Reg Park mostraban a Arnold algo que deseaba llegar a hacer. Los artículos de la revista añadían un recorrido que podía intentar comprender, desde el entrenamiento hasta la competición y el trabajo en el cine. Con ayuda para leerlos, la imagen admirada iba reuniendo antecedentes.
Hábitos atómicos, de James Clear, permite detenerse en el paso que sigue a elegir una meta. Clear distingue el resultado que se busca del proceso que se repite para prepararlo. Imaginar una competición puede orientar la elección del entrenamiento. Para practicar habrá que saber también qué hacer, cuándo hacerlo y cómo volver después de la primera sesión.
| Lo que se necesita | Vida Total | Hábitos atómicos |
| Una dirección | El recorrido de Park ayuda a imaginar una trayectoria | La meta identifica un resultado deseado |
| Una acción repetible | Entrenar permite empezar a preparar una capacidad | El proceso reúne conductas que pueden sostenerse |
| Condiciones para continuar | Hace falta aprender cómo se realiza ese trabajo | El entorno puede facilitar o dificultar la repetición |
El ejemplo de Park acercaba una posibilidad, pero su biografía había sucedido en unas condiciones propias. Arnold podía interesarse por el entrenamiento y buscar cómo aprenderlo. Todavía tendría que conocer sus capacidades, encontrar medios y responder ante competidores que seguirían su propio recorrido. Haber reconocido un camino ajeno daba una referencia desde la que empezar esas tareas.
Clear ayuda a observar el trabajo entre dos momentos que resultan más fáciles de contar: elegir lo que uno quiere y conseguirlo años después. En medio quedan ocasiones de practicar, dificultades de organización y decisiones sobre lo que se vuelve a hacer. Esas acciones pueden examinarse aunque el resultado final siga lejos. También permiten descubrir si hace falta cambiar una parte del proceso. La trayectoria de Park había ayudado a Arnold a reunir intereses que antes podía ver por separado. Para empezar a preparar el suyo tendría que aprender a entrenar y encontrar cómo continuar entre una sesión y la siguiente. Ese trabajo podía mejorar su preparación y seguir dejando abierta la respuesta de una competición futura.
¿Para qué sirve aprender fuera de lo que ya sabemos hacer?
Arnold Schwarzenegger y su amigo Karl acompañaban a Fredi Gerstl en sus paseos junto al lago. Fredi era el padre de Karl y compartía con los muchachos conversaciones que podían desplazarse hacia la política, la música o la antigua Grecia. El grupo encontraba en aquel adulto a alguien interesado en lo que hacían y dispuesto a introducir asuntos que quedaban fuera de sus preocupaciones deportivas.
En Vida Total, Schwarzenegger lo presenta como una figura cercana durante su juventud. Los muchachos querían entrenarse y desarrollar el cuerpo. Fredi apoyaba esa dedicación y, a la vez, defendía que prepararan su mente. En su recuerdo aparece recomendándoles leer a Platón y hablándoles de una tradición griega en la que tenían sitio tanto la actividad física como la reflexión. Con esas conversaciones les proponía atender a una parte de su formación que el entrenamiento por sí solo dejaba pendiente.
Fredi compartía esa atención a los jóvenes con otros trabajos e intereses. Se dedicaba a la política, llevaba con su mujer dos quioscos de prensa y tabaco en Graz y había recibido formación como cantante de ópera. La música también tenía sitio en sus paseos. Schwarzenegger recuerda que a veces se detenía a cantar, algo que a él y a Karl les daba vergüenza. Era un adulto con intereses distintos que compartía tiempo con el grupo y se interesaba por lo que estaban haciendo.
Las conversaciones de Fredi ofrecían un aprendizaje distinto del que los jóvenes buscaban al entrenarse. Allí podía aparecer una explicación sobre política o una historia de la antigua Grecia. Comprenderla requería seguir lo que contaba, reconocer las personas o las ideas nuevas y relacionarlas con lo que ya sabían. La fuerza que estuvieran ganando les servía al ejercitarse, mientras aquellas cuestiones les pedían conocimientos de otra clase.
Arnold admite que, en aquel momento, prestaba más atención a lo que podía aprender de los culturistas a los que admiraba. Quería desarrollar su cuerpo y seguía con interés a quienes ya habían conseguido hacerlo. Fredi se dirigía a unos jóvenes que podían escucharlo y continuar pensando en el entrenamiento. Por eso volvía sobre la invitación a cultivar también la mente, procurando mantenerla cerca de una afición que ya ocupaba buena parte de su atención.
En las historias griegas, Fredi les acercaba una tradición que había dado lugar a competiciones deportivas y también a filósofos, personas dedicadas a examinar ideas. Una cosa pertenecía al ejercicio y otra al pensamiento sobre el conocimiento o la vida en común. Podía partir de una afición que los muchachos comprendían para conducir la conversación hacia un terreno en el que tenían menos experiencia.
La recomendación de leer a Platón permitía continuar fuera del paseo lo que Fredi había empezado a contarles. Platón fue un pensador griego que examinó cuestiones sobre el conocimiento, la educación y la vida en común. Acercarse a esa materia requería atender a preguntas diferentes de cuántas veces podían levantar un peso. Fredi les ofrecía una referencia a la que acudir, mientras ellos tendrían que decidir si la buscaban y cómo seguían aprendiendo.
La atención de Arnold seguía orientada hacia los deportistas a los que quería parecerse. Fredi conocía esa preferencia y volvía a proponerle que también aprendiera otras cosas. Sus recomendaciones convivían con el entrenamiento y con el interés del muchacho por seguir mejorándolo. El adulto había puesto a su alcance una lectura y unas conversaciones que todavía necesitaba decidir cómo continuar.
¿Cómo puede una afición acercarnos a conocimientos que todavía no buscamos?
Fredi Gerstl podía conversar con aquellos jóvenes porque ya compartía con ellos una parte de su vida. Conocía su interés por entrenar y lo apoyaba. Desde esa relación introducía lecturas y asuntos que quedaban más lejos de lo que entonces querían aprender.
Ray Bradbury vuelve sobre sus lecturas en Zen en el arte de escribir. Leer a otros escritores le permitía observar maneras de contar. Otras lecturas lo acercaban a materias que conocía menos y ampliaban la experiencia desde la que después escribía. La comparación ayuda a seguir dos formas de ensanchar un interés: alguien puede presentarnos lo que aún desconocemos y una lectura puede dejarnos preguntas nuevas.
| Cómo se amplía el aprendizaje | Vida Total | Zen en el arte de escribir |
| Punto de partida | El interés compartido por el entrenamiento | El gusto por leer y preparar historias |
| Entrada a otro conocimiento | Fredi introduce lecturas y temas en la conversación | Las lecturas acercan otras formas de contar y otros asuntos |
| Uso que queda abierto | Los jóvenes deciden qué atención prestan a lo recomendado | El escritor decide qué aprovecha al preparar una obra |
Fredi recomendaba lecturas a muchachos que no siempre querían detenerse en ellas. Esa distancia forma parte de la relación que recuerda Arnold. El consejo podía llegar antes de que el joven reconociera para qué le serviría. Apoyar el entrenamiento permitía mantener la conversación mientras Fredi insistía en que la formación también debía ocupar otro espacio. El grupo podía seguir hablando de una actividad que deseaba realizar mientras él abría otra posibilidad de aprendizaje.
Bradbury permite añadir una condición sobre el uso de lo aprendido. Conocer algo nuevo amplía lo que una persona tiene disponible, pero después habrá que encontrar si ayuda en la tarea que está realizando. Una lectura puede enseñar un recurso que se utiliza pronto o dejar una pregunta que se recupera mucho más tarde. Convertir cada libro leído en una obligación de aplicarlo de inmediato estrecharía esa posibilidad de explorar.
¿Qué podemos aprender de las dificultades que encontramos?
¿Qué nos toca hacer después de cometer un error?
Arnold Schwarzenegger dejó estacionado el tanque durante unas maniobras del ejército austriaco. Iba a pasar la noche cerca del vehículo y preparó su lugar de descanso debajo de él. Los conductores dormían así para protegerse de los jabalíes que se movían por la zona, mientras parte de la tripulación descansaba en tiendas.
Durante la noche se despertó y vio el cielo encima. El tanque ya no estaba sobre el hueco en el que se había acostado. Lo encontró unos metros más allá, en un arroyo, con la parte delantera hundida y el cañón metido en el barro. Había olvidado accionar el freno y la pendiente había permitido que el vehículo empezara a moverse mientras dormían.
Intentó sacarlo utilizando los mandos del tanque, pero las cadenas giraban en el barro sin conseguir que avanzara. Hubo que pedir un vehículo de rescate y dedicar horas a la extracción. Después tuvieron que desmontar la torre y enviar el cañón a un taller especializado para limpiarlo. Recuperar la posición del vehículo dejaba pendiente una intervención sobre lo que se había metido en sus piezas durante el desplazamiento.
En Vida Total recuerda otro accidente con el tanque que necesitó una reparación diferente. Ocurrió dentro del cuartel, cuando puso en marcha el motor y se volvió para mirar los indicadores. Notó una vibración y pensó que podía deberse a que el motor estaba frío. Al acelerar, la vibración aumentó. Cuando miró hacia fuera, descubrió que el tanque había empezado a moverse y estaba empujando una pared.
La atención que había dedicado a los indicadores lo había mantenido pendiente del interior del vehículo. Fuera, el movimiento ya estaba afectando al edificio. La pared cedió y se dañaron tuberías por las que empezó a salir agua. Schwarzenegger detuvo el motor y acudió a un superior. Tenía que explicar un accidente que había dejado trabajos pendientes fuera de la máquina que conducía.
El superior le exigió que consiguiera ayuda para reparar lo ocurrido. La unidad disponía de albañiles, fontaneros y materiales de construcción, de modo que podía recurrirse a personas que sabían atender cada parte del daño. La estructura del edificio había quedado intacta. El tanque había sufrido poco, mientras que las tuberías y el muro necesitaban trabajo antes de devolver aquel lugar a su estado anterior.
Esa diferencia cambiaba por dónde debía continuar la reparación. En el arroyo había sido necesario sacar la máquina y enviar una de sus partes a limpiar. Dentro del cuartel, el vehículo podía haber salido bastante bien parado y haber dejado un edificio que reparar. Fijarse únicamente en cómo estaba el tanque habría dejado fuera el agua, las tuberías y la pared que había empujado. La respuesta tenía que seguir el daño hasta los lugares en los que se había producido.
Los compañeros repararon las tuberías y volvieron a levantar la pared durante aquella jornada. La obra tenía sus propios tiempos. Aunque el muro estuviera reconstruido, todavía había que esperar a que la mezcla endureciera antes de terminar el revestimiento. El conductor podía haber detenido el motor y seguir existiendo una tarea que apenas se podía acelerar por su deseo de verla acabada.
Schwarzenegger cuenta que durante ese trabajo aprendió a mezclar mortero y a colocar bloques. La ayuda que recibió tenía que realizarse sobre el edificio dañado, con materiales y oficios que antes del accidente no había necesitado. Le impusieron además una semana de trabajo en la cocina. Esa sanción pertenecía a su actuación como soldado, mientras el muro y las tuberías habían exigido una intervención material durante la reparación.
¿Cuánto puede costar perseguir una oportunidad?
La fecha del concurso de Stuttgart se acercaba mientras Arnold Schwarzenegger seguía en el cuartel. Se había inscrito antes de empezar el servicio militar y quería acudir. Para salir necesitaba el permiso de sus superiores, que le habían ordenado permanecer allí durante aquella etapa de formación.
La instrucción inicial duraba seis semanas. Durante ese periodo, las salidas estaban restringidas y el calendario de la competición coincidía con las obligaciones del nuevo soldado. En 1965, Schwarzenegger ya había conseguido resultados deportivos y quería presentarse a una prueba juvenil fuera de Austria. Inscribirse en ella había reservado una posibilidad de competir, pero seguía dejando pendiente cómo llegaría a Stuttgart estando incorporado al ejército.
La inscripción y el permiso respondían a personas diferentes. Los organizadores podían admitirlo en la prueba de culturismo. Sus superiores militares decidían si podía ausentarse del cuartel. La aceptación de una parte apenas servía para resolver lo que debía autorizar la otra. Al pedir que lo dejaran marchar, Arnold tenía que conseguir una excepción a las condiciones que estaba cumpliendo como soldado.
Cuenta que acudió al sargento para intentar obtenerla y recibió una negativa. Continuó preparándose dentro del margen que encontraba, practicando poses incluso en las letrinas. La prueba seguía acercándose mientras la autorización permanecía denegada. La noche anterior salió sin permiso y tomó un tren hacia Stuttgart. El viaje duró siete horas, un tiempo que todavía formaba parte de lo que necesitaba para llegar al escenario en el que quería competir.
Era la primera vez que salía de Austria. Al presentarse tuvo delante un público mayor del que había conocido hasta entonces y pudo poner a prueba la preparación que llevaba. Ganó la competición juvenil. El resultado se produjo después de completar un viaje que había empezado sin saber si podría vencer, y dejaba pendiente el regreso al lugar del que había salido sin autorización.
La victoria y el castigo quedaron unidos en su recuerdo. Schwarzenegger cuenta que al volver pasó veinticuatro horas encerrado, hasta que sus superiores conocieron que había ganado y lo dejaron salir. El jurado había respondido al trabajo mostrado en el concurso. El ejército tenía que responder a la ausencia de un soldado durante la instrucción. Llegar con un título deportivo conservaba las dos cuestiones dentro de la misma experiencia.
Después terminó la formación inicial y lo destinaron a una unidad de tanques. Su responsable conocía a su padre y había mostrado interés por que pudiera seguir entrenándose una vez superada aquella primera etapa. Esa relación y ese cambio de unidad formaban parte de las condiciones que encontró. La vida militar empezó a ofrecerle un espacio diferente para preparar su cuerpo, sin que cada sesión exigiera una salida del cuartel.
Allí instaló material para ejercitarse y pudo dedicar cuatro horas diarias al entrenamiento con autorización. Algunos soldados y oficiales se unieron a él. La actividad dejaba de depender de encontrar a escondidas un rato para practicar una pose. Contaba con tiempo y con un lugar dentro de la unidad, mientras las obligaciones militares seguían existiendo a su alrededor.
El contraste entre esas dos etapas permite ver qué había cambiado. Durante la instrucción, viajar a Stuttgart había exigido elegir entre quedarse y salir incumpliendo una orden. En la unidad de tanques, parte de la preparación deportiva podía hacerse dentro del marco permitido. El objetivo de seguir compitiendo continuaba, pero el trabajo diario empezaba a realizarse bajo unas condiciones que le daban más posibilidades de atenderlo.
¿Qué conviene mirar después de una derrota?
Arnold Schwarzenegger había mirado las fotografías de otros participantes antes de competir en Londres en 1966. Esperaba que varios quedaran por delante de él. Llegar a situarse entre los seis primeros de Mr. Universe le parecía una posibilidad por la que merecía viajar, aun cuando todavía estuviera lejos del título que deseaba conseguir algún día.
El concurso le permitió mirar a esos mismos hombres fuera de las fotografías. Durante la mañana se celebraban unas rondas técnicas sin público, en las que el jurado examinaba la constitución de los participantes. Los reunían por categorías y podían llamar a dos para que se adelantaran y mostraran determinados músculos. La comparación pasaba a hacerse con ambos cuerpos en la misma situación, siguiendo las posiciones que les pedían.
Al pedir que mostraran los muslos, por ejemplo, los jueces podían observar cómo estaban desarrollados en uno y en otro. Los concursantes necesitaban conocer la postura y colocar el cuerpo de manera que pudiera verse la parte elegida. El jurado tomaba notas que después formarían parte de la valoración final, junto a lo que ocurriera durante el programa de la tarde.
Schwarzenegger recuerda que al ponerse en fila empezó a ver su posición de otra manera. Había rivales mejor definidos, pero su tamaño destacaba entre ellos. Llevaba tiempo trabajando para aumentar el volumen muscular y pensaba dedicar después más atención a la forma de los músculos. Llegaba al concurso en un momento de esa preparación. Lo que podía mostrar ante los jueces era el cuerpo que había desarrollado hasta entonces, con avances que se apreciaban y otros aspectos todavía pendientes.
La sesión de la mañana y la presentación posterior ofrecían información diferente sobre el mismo trabajo. En la primera, el jurado pedía posiciones para comparar partes del cuerpo. En la segunda había espectadores, iluminación de escenario y una actuación que continuaba mientras el deportista pasaba de una pose a otra. Schwarzenegger debía responder a ambas. Un músculo desarrollado tenía que poder observarse y formar parte de una presentación que el público recibía seguida.
La competición terminó con Chet Yorton en primer lugar y Arnold en segundo. En Vida Total reconoce que el ganador tenía mejor definición muscular y posaba con más naturalidad y elegancia. También recuerda la diferencia del bronceado. Yorton pesaba menos y presentaba aspectos en los que estaba más preparado. La clasificación dejaba una comparación que iba más allá de decidir quién tenía el cuerpo más grande.
Volver a la preparación permitía distinguir tareas. Ganar volumen había producido una parte de lo que Arnold mostraba. La definición se relacionaba con la manera en que podían apreciarse las formas musculares. Las poses y sus transiciones pertenecían a la presentación. Reconocer esas diferencias ayudaba a localizar dónde había progresado y qué necesitaba atención, sin convertir todo el resultado en una misma valoración sobre el esfuerzo que había dedicado.
La recepción que encontró en Londres también acompañó al segundo puesto. Empezaron a hablar de él y aparecieron referencias en revistas inglesas de culturismo. Schwarzenegger lo valoró porque quería darse a conocer fuera de Austria. Había perdido frente a Yorton y, al mismo tiempo, había conseguido una atención que antes de competir tenía mucho menos cerca. La clasificación y esa visibilidad describían resultados distintos de la misma participación.
Después se preguntó si haber viajado con la intención de vencer lo habría llevado a prepararse mejor. La pregunta pertenece a su revisión de lo ocurrido, sin permitir saber qué habría pasado en una versión distinta de aquella prueba. Para volver a prepararse tenía delante algo que sí había sucedido, las posturas pedidas por los jueces, la comparación con los otros cuerpos y la presentación de Yorton. Desde entonces, según escribe, acudió a las competiciones con la intención de ganar, manteniendo por hacer el trabajo que cada una le exigiría.
¿Cómo distinguimos una corrección útil de un juicio sobre nuestra capacidad?
Al revisar su segundo puesto, Arnold podía volver a lo que Yorton había mostrado en el escenario. El rival presentaba una definición muscular y una manera de posar que él reconocía como mejores. Esa observación permitía examinar partes de su preparación sin convertir toda su participación en un fracaso.
Adam Grant desarrolla en Piénsalo otra vez una relación entre la confianza para aprender y la disposición a revisar lo que creemos. Reconocer que una parte necesita trabajo permite ocuparse de ella manteniendo la confianza en que puede mejorarse. Esa distinción ayuda a leer la valoración de Arnold sobre Yorton sin atribuirle la certeza de que otra preparación le habría dado la victoria.
| Al recibir información nueva | Vida Total | Piénsalo otra vez |
| Qué puede conservarse | La capacidad de entrenar y volver a competir | La confianza en poder aprender |
| Qué necesita revisión | Aspectos de la preparación que el rival resolvía mejor | Una creencia o un método que encuentra una objeción |
| Qué queda por comprobar | Cómo responderá una preparación distinta | Si el cambio resuelve la dificultad señalada |
El segundo puesto ofrecía un resultado y una comparación con otra persona. Para utilizar esa información había que reconocer qué se estaba valorando. El tamaño del cuerpo era visible, mientras la definición y la presentación añadían exigencias que seguían formando parte de la misma competición. Mejorar una de ellas requería darle un lugar en el trabajo posterior.
Grant permite examinar también cómo se recibe una observación sobre ese trabajo. Si toda corrección se interpreta como falta de capacidad, resulta difícil volver al detalle que podría cambiarse. Si se acepta sin entenderla, tampoco queda preparada la mejora. La conversación necesita llegar a una actuación reconocible que se pueda revisar. Después habrá que probar el cambio y conocer qué produce.
¿Cómo pedimos que una corrección nos deje un trabajo reconocible?
En esta situación imaginada, una mujer está aprendiendo a cantar con un coro y escucha la grabación del ensayo junto a quien lo dirige. Ha recibido una observación sobre su entrada después de una pausa y quiere comprender qué necesita practicar.
—Me has dicho que entro tarde. Yo estaba esperando a que acabara la voz de los demás.
—Esa voz continúa debajo de la tuya. Si esperas a que termine, el lugar de tu entrada ya ha pasado. Escuchemos desde la pausa.
—Ahora oigo que ellos siguen cantando cuando tendría que empezar yo. Pensaba que nos alternábamos.
—Se alternan en la parte anterior. Aquí se juntan. Te señalaré dónde empieza ese cambio en la hoja.
—Puedo encontrar la nota, pero necesito practicar cuándo darla. ¿Me acompañas desde dos compases antes?
—Sí. Mantendré la otra voz para que puedas reconocer la entrada mientras la escuchas.
—Voy a intentarlo así. Después quiero volver a oír la grabación para comprobar si sigo llegando tarde.
—La grabaremos de nuevo. Si la entrada queda a tiempo, podremos escuchar después cómo se mantienen juntas las dos voces.
¿Por qué importa saber mostrar el trabajo que ya hemos hecho?
Wag Bennett observaba cómo Arnold Schwarzenegger pasaba de una pose a la siguiente. El joven había desarrollado un cuerpo con el que podía competir, pero la presentación incluía movimientos que seguían necesitando práctica. Bennett le propuso detenerse en lo que sucedía entre esas posiciones, durante el tiempo en que el público continuaba viéndolo.
En su casa de Forest Gate, en Londres, el deportista encontraba un apoyo que iba más allá de disponer de un sitio para ejercitarse. Wag y Dianne Bennett lo acogieron en una familia que ya tenía seis hijos. Ambos conocían el culturismo y llevaban gimnasios. Wag había formado parte del jurado de Mr. Universe y podía observar su presentación desde la experiencia de quien había tenido que valorarla delante de otros participantes.
Durante el entrenamiento le pedía que ralentizara los movimientos y atendiera a la posición de la espalda, los brazos y la cabeza. Arnold tenía que coordinar varias cosas mientras se movía. La persona situada delante podía ver el conjunto y señalar una parte que necesitaba atención. Ese punto de vista complementaba el esfuerzo del muchacho, que debía utilizar su cuerpo para pasar de una postura a la siguiente.
El jurado y el público recibían una secuencia, aunque el entrenamiento hubiera dedicado antes mucha atención a conseguir cada pose. Al salir de una, el cuerpo seguía visible mientras preparaba la próxima. Bennett trabajaba con él en ese intervalo. Acompañaba el cambio desde lo que Arnold quería mostrar hacia lo que podía verse al seguir la actuación entera, con movimientos que llegaban antes y después de las posiciones elegidas.
Para practicar utilizaba música de Exodus. Schwarzenegger recuerda en Vida Total que al principio le incomodaba posar acompañado por ella. Después empezó a notar que le ayudaba a concentrarse y que sus movimientos ganaban fluidez. Podía pasar de una posición de perfil a otra en la que mostraba el pecho, relacionando el cambio con la música que iba escuchando. La melodía introducía un tiempo compartido para movimientos que tenía que realizar con partes distintas del cuerpo.
La preparación seguía teniendo delante a quienes iban a mirar. Años de trabajo físico se presentarían durante una actuación mucho más corta, y el espectador dispondría de ese tiempo para observarlos. Mantener una postura y continuar hacia la siguiente permitía elegir cómo llegaban esas vistas del cuerpo. La ayuda de Bennett se dirigía a una tarea que el tamaño de los músculos dejaba abierta, porque era necesario decidir de qué manera mostrarlos.
Al recordar a Dianne, Schwarzenegger cuenta también una intervención sobre su trato con los aficionados. Después de una competición en la que había ganado, intentaba abrirse paso entre ellos para ir a celebrar la victoria. Dianne lo detuvo y le hizo prestar atención a las personas que estaban allí. Habían pagado por asistir y algunas habían viajado desde lejos. También querían encontrarse con el deportista que acababan de ver en el escenario.
La corrección se refería a un momento en que las poses ya habían terminado. Arnold estaba pendiente de la celebración, y la propuesta de Dianne le pedía detenerse antes de marcharse. Dianne le pidió que dedicara unos minutos a firmar autógrafos. El público que había mirado su trabajo dejaba de ser un conjunto de personas sentadas delante del escenario y se convertía en gente que todavía tenía cerca, con una petición a la que podía responder allí.
Wag lo ayudaba a preparar lo que esas personas iban a ver durante la actuación. Dianne le mostró algo que seguía ocurriendo después, cuando quienes habían acudido querían acercarse. Las dos intervenciones ampliaban la preparación desde el cuerpo hacia las personas que iban a recibir su trabajo. En su recuerdo, Schwarzenegger reconoce que hasta entonces había estado muy pendiente de los rivales y que, a partir de aquella corrección, empezó a recordarse que debía reservar también tiempo para sus aficionados.
¿Cómo se aprende a trabajar en un lugar nuevo?
¿Cómo aprender una lengua mientras empezamos a utilizarla?
Arnold Schwarzenegger quería pedir un plato de col en un restaurante. Había encontrado el alimento en la carta y estaba intentando nombrarlo en inglés cuando el dueño le preguntó cómo había llamado a su comida. Schwarzenegger repitió su petición, todavía sin reconocer la diferencia entre lo que deseaba decir y lo que el dueño estaba oyendo.
Lo acompañaba su amigo Artie, que entendió la confusión. Arnold había utilizado garbage, la palabra inglesa para basura, en lugar de cabbage, que designa la col. Artie aclaró qué alimento quería su amigo y explicó que procedía de Austria. Al intervenir, podía relacionar la intención de quien pedía con el significado que había recibido quien debía servirlo. El dueño había respondido a las palabras que escuchaba. Schwarzenegger, por su parte, seguía pensando en el plato de la carta. Esa diferencia permite comprender por qué repetir la misma petición no estaba resolviendo el momento. Aumentaba las ocasiones de oírla, pero conservaba la palabra que había provocado el malentendido. La intervención de Artie aportó la información que faltaba para que ambos volvieran a hablar del mismo alimento.
Schwarzenegger recoge el episodio en el capítulo dedicado a aprender la vida americana. El inglés estaba entrando en sus compras, sus conversaciones y los estudios que realizaba mientras empezaba a trabajar en Estados Unidos. Cada uno de esos usos le pedía algo distinto. Reconocer una palabra escrita podía ayudarlo a elegir en una carta, mientras pronunciarla y distinguirla de otra requería ponerla en circulación ante alguien que la comprendiera.
La conversación ofrecía una comprobación que él solo habría tenido dificultades para hacer. Si hubiera seguido repasando la palabra equivocada, podría haberla repetido con mayor seguridad sin acercarse al significado que buscaba. La respuesta del dueño mostraba que algo fallaba. Artie pudo precisar qué fallaba porque conocía la lengua y había seguido el intercambio, incluida la petición que Arnold intentaba hacer.
El aprendizaje universitario acompañaba esa adaptación. En sus memorias, Schwarzenegger explica que quería aprovechar el tiempo disponible para estudiar y comprender cómo se hacían negocios allí. La formación le permitía organizar conocimientos, y la vida cotidiana volvía a pedirle que los utilizara. Una dificultad al hablar podía revelar una necesidad de aprendizaje que, hasta ese momento, todavía no había sabido identificar.
La necesidad de hacerse entender también aparece en el relato de su primera película, Hercules in New York. Schwarzenegger cuenta que sustituyeron su voz por la de otro actor porque su pronunciación dificultaba comprenderlo. El físico le había permitido interpretar a un personaje, mientras que el trabajo hablado mostraba una capacidad que todavía necesitaba desarrollar. La película exigía que el espectador recibiera unas palabras, además de reconocer un cuerpo en la pantalla.
En un rodaje, las palabras pertenecen a una escena preparada y pueden repetirse. En el restaurante, la otra persona responde a lo que acaba de escuchar y obliga a aclarar la petición mientras se está haciendo. Ambos trabajos piden comprensión, aunque la ocasión de corregir y el tiempo disponible cambien. El aprendizaje del inglés debía permitirle responder dentro de esas condiciones, utilizando la ayuda de profesores y de personas que pudieran señalar dónde dejaba de entenderse su mensaje.
Una persona puede conservar la manera de hablar de su país y llegar a comunicarse con mucha precisión. En su entrevista sobre estas memorias, Schwarzenegger recuerda que su acento terminó siendo reconocible para el público. Aquella trayectoria exigía poder expresar lo que quería, aunque su voz continuara sonando distinta de la de otros actores.
¿Qué parte de una habilidad conviene practicar por separado?
La intervención de Artie permitió aclarar la diferencia entre lo que Arnold quería pedir y lo que el dueño había entendido. El acompañante conocía la confusión y explicó a qué se refería su amigo. La petición pudo entenderse contando con una ayuda que no siempre estará disponible al hablar otro idioma.
Céntrate, de Cal Newport, ayuda a separar el tiempo dedicado a aprender de la tarea que se realiza durante él. Escuchar una explicación, reconocer una palabra y conseguir utilizarla son partes relacionadas del aprendizaje. Para trabajar una dificultad habrá que identificar cuál de ellas está fallando y darle una comprobación que permita reconocer el cambio.
| Parte del aprendizaje | Vida Total | Céntrate |
| Dificultad que aparece | La palabra pronunciada se entiende como otra | Una tarea revela una capacidad que todavía necesita trabajo |
| Ayuda disponible | Un acompañante explica el sentido de la petición | Una orientación permite elegir qué practicar |
| Trabajo que puede prepararse | Distinguir los sonidos y volver a usar la palabra | Reservar atención para la parte que se quiere aprender |
Podemos imaginar a una persona que, después de un error parecido, pide que le repitan las dos palabras. Puede escucharlas por separado y volver a decir la que necesita, con alguien que la ayude a reconocer la diferencia. Tendría así una tarea que practicar, en lugar de proponerse hablar mejor todo el idioma a la vez.
Newport permite examinar las condiciones para ese trabajo. Una sesión de estudio puede mantenerse ocupada pasando páginas y dejar sin practicar la diferencia que causó el error. Elegir esa diferencia como tarea ayuda a utilizar la atención en algo que después podrá comprobarse. Si la persona vuelve a pronunciar la palabra y su interlocutor reconoce lo que pide, dispone de una respuesta sobre ese intento, dentro de esa conversación.
El estudio y el encuentro cotidiano aportan información de formas distintas. Estudiar permite detenerse y repetir con ayuda. Conversar exige utilizar lo aprendido mientras otra persona responde y el asunto continúa. Mantener disponibles ambas ocasiones permite corregir un detalle sin esperar a dominar todo el idioma para volver a hablar.
¿Qué conviene calcular antes de aceptar un trabajo?
Franco Columbu sabía trabajar como albañil antes de abrir un negocio con Arnold Schwarzenegger en California. Había aprendido el oficio en Europa y podía aportar esa preparación a los encargos que consiguieran. Schwarzenegger participaba en la búsqueda de clientes y en las decisiones comerciales, reuniendo con su socio las capacidades que necesitaban para ofrecer el servicio.
Los dos continuaban dedicándose al culturismo, una actividad con la que entonces resultaba difícil ganar suficiente dinero. El negocio de obras debía aportar ingresos mientras entrenaban. Para darse a conocer pusieron un anuncio en el periódico en el que se presentaban como albañiles europeos especializados en piedra y mármol. A partir de las llamadas podían empezar a conocer los trabajos que alguien estaba dispuesto a encargarles.
Esas conversaciones requerían comprender qué necesitaba cada cliente. Una persona que pide una reparación debe poder explicar dónde está el daño y qué espera recibir al terminar. Quien vaya a realizarla necesita saberlo antes de decidir si puede hacerse cargo y a qué precio. En su conversación con Tim Ferriss, Schwarzenegger recuerda también la ayuda de alguien con mejor inglés para atender las llamadas y anotar direcciones. El servicio necesitaba resolver esa parte antes de que los albañiles llegaran a la obra.
El presupuesto convertía lo hablado en una cantidad por la que los socios se comprometían a trabajar. Para examinarla, había que seguir el dinero después de recibirlo. Parte debía pagar el material y parte correspondía a las personas que intervendrían. Si toda la cantidad cobrada se trataba como ganancia, quedarían ocultos pagos necesarios para cumplir el mismo encargo que la había producido.
En esa entrevista, Schwarzenegger describe una manera de negociar que representaban ante el cliente. Después de medir y proponer un importe, fingía discutir con Columbu en alemán e italiano cuando el comprador protestaba por el precio. Volvía entonces con una rebaja que presentaba como una concesión de su socio. El cliente podía creer que había presenciado una negociación entre ambos, aunque ellos hubieran preparado la escena para ofrecer esa impresión.
La escena podía influir en lo que el cliente pensara del descuento, pero seguía dejando pendiente la cuenta de la obra. Después de aceptar pedían un anticipo, una parte del precio que el comprador entregaba antes de empezar. Schwarzenegger recuerda que comprobaban el cobro y utilizaban ese dinero para comprar cemento, ladrillos y herramientas. La cantidad recibida tenía una función inmediata dentro del encargo que acababan de conseguir.
Distinguir esos momentos permite examinar el acuerdo sin tomar la representación por una prueba del coste. El precio que parece haberse rebajado puede resultar convincente para el comprador y aun así necesitar una explicación sobre lo que incluye. Los materiales y las horas de trabajo acabarían consumiéndose de verdad. El dinero adelantado debía ayudar a realizar la obra, por lo que cobrarlo no completaba la obligación adquirida con el cliente.
Columbu podía ayudar a reconocer lo que la ejecución iba a exigir. Saber colocar los materiales permitía valorar una tarea que, vista desde fuera, podía parecer mucho menor. Schwarzenegger debía relacionar esa preparación con lo que ofrecerían al cliente y con las personas disponibles para realizarlo. La diferencia entre sus capacidades podía ayudarles mientras conseguían comunicar lo que cada uno sabía y utilizarlo en la misma decisión.
El precio aceptado también condicionaba el desarrollo posterior. Si una obra exigía más horas de las calculadas, esas horas seguirían siendo trabajo de alguien. Cobrar poco no las haría desaparecer. Para mantener la ganancia esperada tendrían que encontrar una mejora efectiva en la manera de ejecutar el encargo o aceptar que quedaría menos dinero. El presupuesto permitía iniciar la obra, mientras que terminarla pondría a prueba la estimación realizada. Schwarzenegger relata que el negocio llegó a necesitar más manos. Esa ampliación introducía pagos y coordinación que debían atenderse con los ingresos de las obras. Tener más personas disponibles podía permitir aceptar trabajo, aunque también exigía que acudieran y cumplieran la tarea acordada. La capacidad del negocio dependía de lo que pudieran realizar juntos, además del número de clientes interesados.
El relato de aquellos comienzos permite mantener visibles dos momentos que suelen reunirse al decir que una venta ha salido bien. Primero alguien acepta la propuesta. Después hay que comprar, trabajar y entregar lo prometido. La cuenta definitiva necesita los pagos que realmente se han hecho y el trabajo que ha requerido completar la obra. Con esa información, los socios podían comparar lo que habían previsto con lo ocurrido, antes de volver a calcular el precio de otro encargo.
¿Qué necesita entender una persona antes de aceptar lo que le ofrecemos?
El anuncio podía conseguir que alguien preguntara por una obra. Después había que conocer qué quería hacer en su casa y preparar una respuesta que los socios pudieran cumplir. El conocimiento de Franco sobre albañilería tenía que llegar también al presupuesto y a la explicación del trabajo ofrecido.
Cómo hablar con cualquiera, de Leil Lowndes, permite detenerse en la persona que recibe esa explicación. La conversación continúa con sus preguntas y sus respuestas. Atenderlas ayuda a reconocer qué está entendiendo y qué necesita aclarar antes de seguir. La facilidad para presentarse abre ese intercambio, mientras las condiciones de la obra todavía deben quedar comprendidas.
| Durante el encuentro | Vida Total | Cómo hablar con cualquiera |
| Lo que lleva una persona | Un trabajo que quiere encargar | Una necesidad o un asunto desde el que empieza a hablar |
| Lo que ofrece la otra | Capacidad técnica y una propuesta de obra | Atención a lo que acaba de escuchar |
| Lo que permite continuar | Comprender qué se hará y en qué condiciones | Una respuesta relacionada con la pregunta recibida |
Las capacidades de los socios se necesitaban también durante esa conversación. Ofrecer una reparación sin conocer el trabajo que exigiría podía crear un compromiso difícil de atender. Tener conocimientos de obra y guardarlos dentro del equipo dejaba al cliente con otra dificultad, porque aún necesitaba comprender qué estaba aceptando. Coordinar ambas tareas permitía acercar la propuesta a quien debía decidir.
Lowndes ayuda a mirar el intercambio sin reducirlo a conseguir una respuesta favorable. La pregunta del cliente puede revelar que está pensando en otra parte de la obra o que ha entendido una condición diferente. Conocerlo permite aclarar la propuesta antes de aceptarla. La persona conserva la posibilidad de pedir un cambio, consultar otra oferta o aplazar el encargo.
¿Cómo aclaramos una oferta antes de que el cliente acepte el trabajo?
Podemos seguir esa dificultad en una aplicación creada sobre un encargo de pintura. Una vecina revisa el presupuesto con la pintora que ha ido a ver su cocina. Las dos creen al principio que están hablando del mismo trabajo.
—Si acepto este precio, ¿la cocina queda terminada el jueves?
—Puedo terminar la pintura el jueves si las paredes están preparadas. Aquí he presupuestado pintar el techo y las paredes.
—Yo pensaba que incluías tapar las marcas que quedaron al quitar los muebles. Están detrás de la mesa.
—Las había visto, pero no sabía que querías repararlas también. Tendré que revisar cuánto hay que rellenar y el tiempo que necesita para secarse.
—Entonces el jueves quizá siga sin poder colocar los muebles.
—Hasta que revise esa reparación no puedo confirmarte la fecha. Te daré por separado el trabajo de preparar la pared y el de pintarla, con el plazo de cada parte.
—Necesito las dos cosas. Espero al presupuesto completo antes de decirte que empieces.
—Lo prepararé después de medir las marcas. Si el plazo supera el jueves, lo verás antes de aceptar el encargo.
¿Cómo convertir lo que sabemos hacer en algo que otra persona pueda utilizar?
Las cartas que recibía Arnold Schwarzenegger contenían dudas sobre su entrenamiento. Algunas personas querían saber cómo trabajaba una parte del cuerpo y otras preguntaban cómo podían empezar a ponerse en forma. Quienes escribían estaban lejos del gimnasio en el que entrenaba, por lo que esperaban una explicación que pudiera llegar hasta ellos por correo.
En sus memorias, Schwarzenegger sitúa ahí el origen de un negocio de folletos. Antes de venderlos había intentado responder a las cartas con ayuda de los redactores de una revista. Preparaban explicaciones que podía volver a enviar cuando aparecía una pregunta parecida. Esa primera solución le permitía reconocer que una parte del trabajo escrito servía para más de un destinatario.
La repetición de las preguntas daba una orientación sobre el contenido. Una persona que pregunta por los brazos necesita encontrar la explicación correspondiente, aunque el deportista tenga mucho más que contar sobre sus años de preparación. Organizar el material por el asunto que interesa al lector permite que lo busque y lo recupere. La experiencia del autor comienza a convertirse en una ayuda cuando otra persona puede localizar la parte que necesita.
El cambio de una demostración a una página introduce otra dificultad. Alguien presente en el gimnasio puede ver un movimiento desde el principio y pedir que se repita. En un folleto, el orden y las palabras deben conservar la información que permite seguirlo. El lector estará utilizando el material en otro momento, sin que Schwarzenegger pueda observar de inmediato cómo lo ha entendido. Preparar esa explicación exige pensar en la información que deja de estar visible al separarse del autor.
Schwarzenegger anunciaba sus materiales y gestionaba los pedidos desde el apartamento. En una entrevista en la que recuerda sus primeros negocios, explica cómo aquella actividad aprovechaba el interés por su forma de entrenar. El anuncio permitía que un posible comprador supiera qué podía pedir. Después hacía falta atender la petición y enviar el material para que el conocimiento preparado llegara hasta sus manos. La operación contenía así un trabajo que podía repetirse y otro que regresaba con cada venta. La misma explicación podía imprimirse en varios ejemplares. En cambio, un nuevo pedido necesitaba su entrega, aunque el texto ya estuviera terminado. Crecer en lectores significaba también ocuparse de esas entregas, con el tiempo y los materiales que requirieran. El folleto podía viajar sin su autor, mientras que el negocio continuaba pidiéndole atención.
Hay además una diferencia entre conocer una rutina ajena y disponer de una preparación adecuada para uno mismo. Schwarzenegger recoge en esa etapa de sus memorias que los cuerpos pueden responder de maneras diferentes a un mismo entrenamiento. Su experiencia ofrecía material para aprender, pero el resultado que él había obtenido no podía trasladarse automáticamente al cuerpo de quien recibía un folleto. Enviar una descripción permitía conocer su experiencia, dejando pendiente cómo podría aprovecharla quien la recibiera.
Ese límite ayuda a entender qué se estaba vendiendo. El comprador recibía un material que podía consultar, con información procedente de una práctica que le interesaba. El texto quedaba a su alcance después de la primera lectura. Para convertirlo en una ayuda debía poder reconocer lo explicado y distinguirlo de las decisiones que todavía dependían de sus propias condiciones.
¿Qué cambia cuando dejamos un objetivo por escrito?
Arnold Schwarzenegger escribía sus objetivos en tarjetas. Había adquirido esa costumbre en el club de pesas de Graz y la mantuvo después de llegar a Estados Unidos. El papel le permitía dejar expresado qué quería conseguir antes de empezar a decidir cómo iba a hacerlo.
Entre sus metas había una relacionada con los estudios: quería conseguir doce créditos académicos más. Un crédito es una unidad con la que un centro reconoce una parte de los estudios completados. Las asignaturas pueden aportar cantidades diferentes de esas unidades, de modo que la cifra le permitía señalar un avance dentro de su formación. Todavía tenía que elegir los cursos con los que intentaría obtenerlo.
En el libro recuerda que había dejado abierta incluso la elección del centro. Saber que buscaba esos doce créditos le permitía estudiar posibilidades que aún desconocía, sin tener que decidir primero todos los detalles. Podía examinar los cursos disponibles desde una referencia que ya había fijado. La tarjeta conservaba el resultado deseado mientras él averiguaba en qué centro podría estudiar para conseguirlo.
La disponibilidad de los cursos era una de las condiciones que tendría que mirar. Una materia que le interesara podía no ofrecerse cuando él tuviera ocasión de estudiarla. El propósito escrito seguía necesitando encontrarse con una posibilidad que existiera, en un centro y durante un periodo en el que pudiera asistir. Si cambiaba el lugar de estudio, todavía podía continuar buscando las unidades que había anotado.
También debía considerar el coste. En el pasaje menciona que examinaría cuánto tendría que pagar por los créditos. Esa cantidad formaba parte de lo necesario para seguir los cursos y tenía que relacionarse con el dinero del que dispusiera. La meta le daba una dirección para la búsqueda, mientras que el precio podía cambiar qué opción estaba a su alcance.
El horario introducía otra condición. Schwarzenegger estaba combinando el estudio con otras actividades que también ocupaban sus días. Un curso podía ayudarlo a avanzar hacia los doce créditos y, al mismo tiempo, coincidir con un compromiso que ya tuviera. Reconocer esa coincidencia le permitiría examinar otra posibilidad o averiguar qué podía modificar antes de matricularse. La cantidad escrita no resolvía por sí sola cómo iba a repartir el tiempo que necesitaba dedicar al trabajo.
Schwarzenegger añade que tendría en cuenta las condiciones de su visado. Era un documento que regulaba su estancia en Estados Unidos, por lo que la elección de estudios debía ajustarse también a esas condiciones. En el recuerdo de esa búsqueda quedaban reunidas posibilidades entre las que podía elegir y límites que necesitaba respetar. La libertad para buscar otro camino tenía que ejercerse dentro de ellos.
Ese recorrido permite comprender por qué el autor dice que escribir una meta le dejaba margen para improvisar. Podía mantener los doce créditos como referencia y seguir examinando cómo conseguirlos. Cambiar de centro o de cursos no exigía abandonar automáticamente el propósito. La decisión sobre el resultado le servía para estudiar alternativas, conservando sus diferencias de disponibilidad, dinero y tiempo.
En el mismo tramo de sus memorias explica que quería aprovechar sus estudios para comprender cómo se hacían negocios en Estados Unidos. El título académico no era entonces su objetivo principal. Los créditos le permitían señalar una parte reconocible de su avance, mientras el contenido de los cursos debía aportar el aprendizaje que estaba buscando. Al elegirlos tenía que atender a lo que podría estudiar y a las condiciones que le permitirían seguir haciéndolo junto a sus demás actividades.
¿Qué ayuda a elegir sin tener que aceptar cualquier oferta?
Schwarzenegger quería dedicarse al cine sin depender del pago de cada papel para cubrir sus gastos cotidianos. En sus memorias cuenta el alivio que le producía poder rechazar una oferta que no le gustaba. Los ingresos de sus negocios le daban otra forma de atender sus gastos mientras intentaba avanzar como actor.
Ese margen acompañaba una ambición que él describe con mucha firmeza. Quería protagonizar películas, apareciendo como uno de los actores sobre los que se sostenía la historia. Había trabajos que podían ofrecerle tiempo frente a una cámara y que él consideraba alejados de esa posición. Rechazar esas ofertas suponía renunciar también a la experiencia del rodaje y a su pago, mientras conservaba la posibilidad de encontrar otros personajes.
El dinero disponible cambiaba la urgencia con la que debía examinar la propuesta. Si los gastos inmediatos dependen de una única oferta, la necesidad de cobrar pesa sobre todas las demás condiciones. Tener ingresos de otra actividad permite dedicar más atención a lo que pide el trabajo y a la relación con el objetivo profesional. La oferta conserva su valor económico, pero aparece junto a otras posibilidades que también pueden sostener a quien decide.
Schwarzenegger había desarrollado negocios y realizado inversiones inmobiliarias. En su entrevista con Tim Ferriss distingue haberse hecho millonario antes de ser una estrella de cine de haberlo sido antes de actuar por primera vez. La precisión sitúa aquella independencia dentro de una trayectoria en la que el trabajo cinematográfico ya había empezado. Los grandes ingresos como actor llegaron después del dinero que él atribuye a sus otras actividades.
Los inmuebles también requerían una preparación. En el libro recuerda haber estudiado precios, anuncios y condiciones de edificios durante años. Una propiedad que produce alquileres sigue teniendo gastos y obligaciones, de modo que el dinero recibido necesita relacionarse con lo que cuesta mantenerla y financiarla. Esa parte de la trayectoria permite comprender que el margen para elegir papeles se apoyaba en un trabajo anterior, además de en la voluntad de esperar.
Al recordar sus inversiones en la entrevista, Schwarzenegger reconoció que el mercado inmobiliario de los años setenta lo había favorecido. Atribuía una parte del aumento de su patrimonio a unas circunstancias que había podido aprovechar en aquella época. Esa ayuda acompañaba al estudio de las propiedades y al dinero que había ido reuniendo con sus actividades. Los ingresos que después le daban margen para elegir papeles procedían de ese recorrido, con el trabajo realizado y las condiciones que había encontrado al hacerlo.
La espera conservaba incertidumbre. Rechazar un personaje no le daba derechos sobre otro ni obligaba a un estudio a contratarlo como protagonista. Podía mantenerse disponible y seguir encontrando negativas. Los ingresos externos le permitían soportar mejor esa posibilidad, mientras la preparación y la búsqueda de oportunidades continuaban requiriendo tiempo. La independencia económica modificaba sus condiciones, sin resolver la respuesta que recibiría del cine.
La relación entre ambas actividades seguía abierta después de cada rechazo. Los negocios necesitaban atención para continuar produciendo ingresos y el cine requería preparación para responder cuando llegara una oportunidad adecuada. Si una parte dejaba de sostenerse, también podía cambiar el margen para esperar. La libertad que Schwarzenegger recuerda tenía que conservarse durante el mismo periodo en el que intentaba utilizarla para escoger su trabajo como actor.
¿Qué trabajo exige la actividad que nos permite preparar otra?
Los ingresos de sus inmuebles daban a Arnold un margen para estudiar qué papeles quería aceptar. Ese margen procedía de una actividad que también había tenido que aprender y atender. Comprar edificios requería conocer precios y financiación, y conservarlos abría obligaciones de mantenimiento.
La empresa invencible, de Alexander Osterwalder y sus colaboradores, distingue atender negocios conocidos de explorar propuestas nuevas. Cada trabajo necesita medios y ofrece información diferente. La distinción ayuda a observar cómo una actividad puede sostener otra sin desaparecer del reparto de tiempo y dinero.
| Lo que se organiza | Vida Total | La empresa invencible |
| Actividad con ingresos | Los inmuebles ayudan a cubrir los gastos de vida | El negocio conocido mantiene ventas y obligaciones |
| Camino que se prepara | Una carrera con determinados papeles cinematográficos | Una propuesta nueva que todavía necesita desarrollo |
| Atención necesaria | Estudio, financiación y mantenimiento de los edificios | Recursos para mantener el negocio y probar la nueva actividad |
Arnold cuenta decisiones sobre su patrimonio y su carrera, tomadas en unas circunstancias inmobiliarias que él mismo reconoce como favorables. Los autores estudian organizaciones que reparten recursos entre actividades. Podemos utilizar esa distinción para examinar de dónde sale el margen que permite preparar otra ocupación y qué atención sigue exigiendo la actividad que lo proporciona.
Para reconocer el margen que una actividad proporciona, hace falta mirar qué queda después de atenderla. El dinero recibido puede tener pagos pendientes y una parte del tiempo puede seguir comprometida con su mantenimiento. Contar el ingreso completo como disponible para otro proyecto dejaría fuera esas necesidades. También podría atribuirse libertad a un negocio que obliga a aplazar continuamente el trabajo nuevo.
¿Qué necesitamos al prepararnos para otro oficio?
¿Qué tenemos que cambiar cuando un trabajo pide otra preparación?
Bob Rafelson pidió a Arnold Schwarzenegger que perdiera peso para interpretar a Joe Santo en Stay Hungry. El director estaba preparando el aspecto de un personaje y necesitaba que el actor lo cambiara. Schwarzenegger conocía bien el trabajo de modificar su cuerpo, aunque llevaba años buscando un resultado distinto en las competiciones de culturismo.
Joe Santo también era culturista, pero tendría que vivir dentro de una película, relacionándose con los personajes que interpretaban Jeff Bridges y Sally Field. Rafelson debía reunir a los tres en una misma historia. El tamaño que había ayudado a Schwarzenegger a destacar ante unos jueces podía ocupar demasiado espacio junto a sus compañeros. La petición del director atendía a lo que necesitaba ver en la pantalla, donde aquel cuerpo iba a formar parte de una escena compartida.
Schwarzenegger empezó cambiando la imagen con la que orientaba su preparación. En sus memorias cuenta que dejó de pensar en el físico de un campeón de culturismo y pasó a imaginarse con un cuerpo más atlético. También cambió sus actividades, dedicando más atención a correr, nadar y montar en bicicleta. Seguía utilizando su experiencia con el entrenamiento, pero ahora la empleaba para alcanzar el aspecto que le pedían en otro trabajo. En una entrevista sobre los cambios de su preparación volvió a explicar aquella diferencia entre entrenarse para competir y prepararse para un papel.
Conseguir ese aspecto dejaba pendiente la interpretación. Mostrar la musculatura era una parte del personaje, mientras que el resto de la película le pediría hablar, escuchar y responder a otras personas. Allí estaban Bridges y Field, que ya trabajaban como actores y podían ayudarlo a reconocer dificultades que él todavía estaba aprendiendo a ver. El conocimiento del gimnasio lo había acercado al papel de Joe Santo. Para representarlo necesitaba recibir indicaciones sobre tareas en las que tenía menos experiencia.
Rafelson lo había enviado a clases de interpretación y lo había advertido de lo que podía encontrar. En el culturismo estaba acostumbrado a ser una figura reconocida. Al entrar en una clase, su actuación podía necesitar otra tentativa aunque él hubiera puesto todo su empeño en hacerla bien. Cuando le pedían repetir o le decían que algo había salido mal, al principio recibía la corrección como si estuvieran diciendo que él valía menos. Así describió aquella dificultad en una entrevista de 1976, durante sus primeros pasos como actor.
La indicación se refería al trabajo que acababa de hacer, pero a Schwarzenegger le costaba separarla del reconocimiento que había recibido durante años. En el gimnasio había aprendido a observar un músculo que necesitaba mejorar. En interpretación tenía que empezar a reconocer otros fallos y aceptar que alguien con más experiencia los señalara. Sus títulos seguían perteneciendo a su trayectoria, mientras que aquella clase lo colocaba ante una tarea que debía aprender de nuevo.
En Vida Total recuerda la ayuda que recibió de Sally Field y Jeff Bridges. Invitó a otros miembros del reparto a criticar su actuación y pidió a Bridges que le dijera lo que pensaba de verdad. De ese modo procuraba abrir una conversación en la que el compañero pudiera advertirle de una dificultad, aunque el comentario resultara incómodo. Un elogio podía dejarlo satisfecho sin explicarle qué necesitaba trabajar. Al pedir sinceridad estaba dando espacio también a una respuesta que lo obligara a volver sobre su interpretación.
Los comentarios formaban parte de reuniones del reparto después de las sesiones de rodaje, según recoge la entrevista de aquella época. Schwarzenegger continuaba aprendiendo con las personas que acababan de compartir el trabajo con él. Ellas podían hablar de su actuación desde lo que habían visto y vivido durante las escenas, mientras él tenía que escuchar una valoración que podía diferir de la suya. Pedir ayuda a Bridges hacía más fácil que esa diferencia llegara a la conversación, en vez de quedar oculta por el cuidado de no molestarlo.
Mientras Schwarzenegger trabajaba con el reparto, Rafelson podía observar lo que iba consiguiendo en el papel de Joe Santo. El personaje aparecía vestido durante buena parte de la película, de modo que la actuación debía sostenerse también cuando sus músculos quedaban cubiertos. La entrevista de 1976 recoge la valoración del director, que ya veía en él la posibilidad de interpretar papeles diferentes. La preparación del cuerpo y el aprendizaje de la interpretación se encontraban en aquel papel, bajo la dirección de Rafelson.
¿Qué falta después de terminar un trabajo que queremos dar a conocer?
Schwarzenegger participaba en entrevistas para dar a conocer Pumping Iron. La película había seguido a varios culturistas, incluyéndolo a él, y ahora podía presentarse ante espectadores que sabían poco de ese mundo. Al hablar de ella en la radio o en la televisión, el deportista tenía que empezar desde la información que ese público aún no tenía.
El documental llegó a los cines en 1977, después de grabar la preparación para las competiciones de 1975. Entre la filmación y el estreno quedaba el trabajo necesario para convertir lo grabado en una película que pudiera proyectarse. Había imágenes que seleccionar y ordenar, recursos que reunir y una producción que completar antes de que el espectador pudiera sentarse a verla. La existencia del material grabado dejaba pendientes esas tareas. Una de las acciones utilizadas para reunir recursos fue una presentación relacionada con el culturismo en el museo Whitney de Nueva York. Aquella ocasión permitía poner el deporte ante personas ajenas a los gimnasios y apoyar la terminación de la película. La actividad de presentación ya intervenía en el recorrido de la obra antes del estreno, cuando todavía hacía falta conseguir medios para acabarla.
Después llegaba otra tarea. Una película terminada sigue necesitando que los posibles espectadores sepan que está disponible y comprendan algo de lo que ofrece. Schwarzenegger podía hablar del deporte con experiencia propia, aunque esa experiencia debía encontrar una forma comprensible para alguien que lo escuchaba por primera vez. El conocimiento de la actividad y la capacidad de presentarla trabajaban juntos, frente a una audiencia que debía poder seguir lo que estaba oyendo.
En Vida Total, el autor recuerda que esas entrevistas también hicieron más familiar su forma de hablar. Su acento, su tamaño y su nombre habían provocado objeciones cuando trataba de entrar en el cine. Al aparecer en los medios para explicar una película, el público recibía ocasiones de conocerlo dentro de una conversación, además de observar su físico. Schwarzenegger relaciona esa exposición con el reconocimiento que fue encontrando después.
El reconocimiento y la decisión de ir al cine seguían siendo resultados distintos. Una persona podía recordar el nombre del deportista sin querer ver el documental. Otra podía interesarse por el culturismo a partir de la entrevista. La promoción acercaba información y daba una ocasión para interesarse. La respuesta posterior pertenecía a cada espectador, por lo que una aparición en televisión no permite atribuirle por sí sola una venta de entradas determinada.
También quedaba en manos del público la interpretación de lo que viera. La película presentaba un mundo que los protagonistas conocían desde dentro, mientras el recién llegado podía encontrarlo extraño o formarse una opinión diferente.
¿Cómo se prepara una capacidad que todavía no hemos utilizado?
Antes de rodar Conan el Bárbaro, Arnold Schwarzenegger tuvo que dedicar tiempo a aprender a manejar una espada. El personaje la utilizaba para combatir y el actor debía llegar preparado para representar esas acciones. El espectador vería sus manos y su cuerpo moviéndose con el arma, por lo que ambos tenían que acompañar la actuación del guerrero.
Schwarzenegger llevaba muchos años entrenándose como culturista. En las competiciones de ese deporte se muestra el desarrollo del cuerpo mediante posiciones que permiten apreciar los músculos. Esa preparación le había dado fuerza y conocimiento de su propio físico. Interpretar a Conan le pedía utilizarlo dentro de una historia, siguiendo las acciones de un personaje que vivía y luchaba con una espada.
John Milius, el director, organizó una preparación con especialistas en distintas partes del trabajo. El recuerdo recogido en las memorias incluye maestros de artes marciales y personas que conocían la equitación y las escenas de riesgo. Cada enseñanza respondía a actuaciones que iban a necesitarse durante la película. Reunirlas permitía preparar al mismo actor para tareas diferentes, en lugar de esperar que su condición física resolviera por sí sola todo lo que aparecía en el guion.
Kiyoshi Yamazaki fue el maestro que trabajó con él en el manejo de la espada. Ese aprendizaje tenía que llegar a los movimientos que vería el espectador. Un arma puede permanecer sostenida en una mano y, en cuanto empieza la acción, exigir que cambien la posición del brazo, la dirección del cuerpo y la relación con quien está delante. La enseñanza ayudaba a Schwarzenegger a coordinar esas acciones para representar a alguien que conocía su arma. El objetivo del rodaje seguía siendo construir una escena comprensible y creíble dentro de la historia.
La presencia de especialistas también situaba el aprendizaje dentro de un trabajo compartido. El actor tenía que atender a una indicación, intentar llevarla al movimiento y continuar practicando con la persona que sabía observarlo. Una dificultad podía aparecer en una parte del gesto aunque tuviera fuerza suficiente para sujetar la espada. Saber dónde estaba esa dificultad permitía trabajar sobre ella, conservando las capacidades físicas que ya había desarrollado para utilizarlas de otra manera.
Milius añadió referencias de interpretación a esa preparación. Schwarzenegger recuerda que le hizo fijarse en Toshiro Mifune, el actor japonés de Los siete samuráis. La observación se dirigía a la manera de moverse y comportarse, buscando una presencia que ayudara a construir a Conan. El cuerpo preparado y el manejo de la espada debían acompañar a un personaje reconocible, con una forma de actuar que continuara también cuando dejaba de combatir.
Ese conjunto explica por qué la preparación pertenecía a la película antes de que empezara el rodaje de sus escenas. Los profesores aportaban conocimientos diferentes, mientras el director los relacionaba con lo que quería contar y el actor tenía que incorporarlos a su actuación. El trabajo que llegaría a la pantalla reunía esas aportaciones sin mostrar cada lección que había sido necesaria para conseguirlo.
Schwarzenegger volvió a reconocer esa ayuda en el mensaje que dedicó a Kiyoshi Yamazaki tras su muerte, en 2023. Allí le atribuyó una parte importante de la credibilidad que había conseguido como Conan mediante el entrenamiento con la espada. El recuerdo procede del actor y expresa cómo valoraba a su maestro muchos años después. La acogida de una película reúne más decisiones y más trabajo, pero aquel agradecimiento permitía identificar una contribución que Schwarzenegger seguía considerando esencial para representar el papel.
¿Qué prueba necesita una capacidad cuando cambia la tarea?
La experiencia de Arnold con las pesas le había permitido desarrollar fuerza y conocer su cuerpo. La espada añadía movimientos que debía aprender con Yamazaki para preparar a Conan. Reconocer aquella preparación anterior dejaba por examinar cómo podría utilizarla en el trabajo de la película.
En Moneyball, Michael Lewis sigue decisiones en las que una cualidad visible puede aumentar la confianza en otras que todavía deben comprobarse. Correr deprisa y lanzar con fuerza ofrecen información sobre esas acciones. Valorar cómo bateará alguien requiere observar también el trabajo que hace ante un lanzamiento. La comparación permite conservar cada capacidad junto a la tarea en la que se ha demostrado.
| Al cambiar de tarea | Vida Total | Moneyball |
| Capacidad ya conocida | Fuerza y experiencia de entrenamiento físico | Cualidades observadas al correr o lanzar |
| Exigencia diferente | Manejar una espada y moverse para una película | Reconocer y golpear lanzamientos de los rivales |
| Comprobación pendiente | Aprender y ejecutar los movimientos requeridos | Observar actuaciones pertinentes para el bateo |
Una capacidad anterior puede ayudar en la nueva tarea. La fuerza participa en muchos movimientos, aunque por sí sola diga poco sobre la coordinación que exige un arma. El aprendizaje con un instructor permite trabajar sobre esa parte todavía desconocida. Para la película, además, la actuación debía encajar con lo que la cámara iba a mostrar. Preparar un personaje armado conserva diferencias frente a una competición o un combate.
Lewis permite examinar cómo se forma una expectativa antes de contar con esa respuesta. El aspecto físico puede hacer fácil imaginar a alguien desempeñando un papel. Para saber qué necesita aprender hay que volver a las acciones del trabajo. Si esa revisión se omite, la confianza en lo ya conocido puede ocupar el espacio de una preparación pendiente. En el caso de Conan, el instructor podía enseñar movimientos que el actor todavía no había aprendido, partiendo del cuerpo y la experiencia con que llegaba.
¿Cuándo conviene confiar en el criterio de otra persona?
James Cameron había escrito una frase breve para el personaje de Arnold Schwarzenegger en The Terminator. El actor debía anunciar que volvería después de preguntar por una mujer en una comisaría. Su personaje era una máquina con aspecto humano, a la que debía dar voz al pronunciar aquellas palabras.
Al preparar la película, Cameron también había intervenido en la elección del papel que interpretaría Schwarzenegger. El actor quería continuar su carrera como protagonista que salva a otras personas y, al principio, le atraía más ese lugar que el de la máquina que las persigue. Según recordó después, Cameron le explicó que el personaje era una máquina que seguía una misión. Esa conversación ayudaba a situar su comportamiento dentro de la historia, antes de decidir cómo tenía que moverse y hablar.
Schwarzenegger propuso modificar la expresión inglesa. El guion decía «I’ll be back» y él prefería «I will be back». Ambas formas se traducen como «volveré», aunque la primera une dos palabras mediante una contracción y la segunda las mantiene completas. Su objeción se refería a la manera en que hablaba el personaje, una máquina que parecía humana y actuaba cumpliendo su misión.
En la entrevista en la que recordó su trabajo como Terminator, Schwarzenegger volvió sobre el desacuerdo con Cameron. Según el recuerdo del actor, la forma completa le parecía más adecuada para aquella voz. Estaba intentando resolver una parte de su actuación y utilizaba para ello la idea que se había hecho del personaje. Cameron sostuvo la frase que había escrito y quiso conservarla, por lo que el rodaje tuvo que continuar con esa decisión.
Los dos participaban en el mismo trabajo desde responsabilidades diferentes. El actor tenía que dar voz y cuerpo al personaje ante la cámara. El director debía relacionar aquella intervención con lo que acababa de ocurrir y con la acción que vendría después. Una frase puede entenderse de manera distinta cuando se examina aislada y cuando se escucha dentro del recorrido de una escena. Conservar esa relación formaba parte de la responsabilidad que Cameron tenía al dirigirla.
En la película, el personaje recibe la indicación de esperar, observa el lugar y anuncia que regresará. Después vuelve conduciendo un vehículo contra la comisaría. Las palabras adquieren una relación con esa vuelta que el espectador descubre al continuar la acción. La escena permite comprender por qué la forma de decir una intervención pertenece a una actuación más amplia, en la que también cuentan la pausa, el momento y lo que termina sucediendo.
Schwarzenegger acabó rodando la frase del guion. Su preferencia había sido escuchada y el responsable de la película había conservado otra decisión. Para continuar necesitaba interpretar esa versión, procurando que funcionara dentro de su personaje. Al aceptar la decisión de Cameron, el actor podía continuar preparando la escena con la versión que finalmente tendría que pronunciar.
Después del estreno, algunas personas se acercaron a Schwarzenegger en Nueva York para pedirle la frase. Así lo cuenta en sus memorias, donde recuerda también que ninguno de quienes habían hecho la película había previsto que aquellas palabras fueran a adquirir esa popularidad.
¿Cómo valoramos una decisión cuando el resultado sigue pendiente?
¿Cómo puede cambiar un acuerdo al repartir el riesgo de otra manera?
Schwarzenegger quería probar una faceta de su trabajo que sus películas de acción habían dejado poco espacio para mostrar. Le interesaba hacer reír interpretando un personaje y buscó la colaboración de Ivan Reitman. Conocía su trabajo como director y quería preparar con él una comedia en la que esa posibilidad pudiera desarrollarse.
De esa colaboración salió Twins, estrenada en 1988 y conocida en España como Los gemelos golpean dos veces. Danny DeVito se unió al proyecto para interpretar al hermano de Schwarzenegger. La diferencia física entre ambos formaba parte de la propuesta, que necesitaba ahora presentarse al estudio con un presupuesto y un acuerdo sobre el trabajo del director y de los dos protagonistas.
Una película empieza a consumir dinero antes de recibir la respuesta del público. Hay que preparar y realizar el rodaje, pagar a las personas que trabajan en él y llevar después la obra terminada hasta su estreno. Los salarios de los principales participantes pueden formar una parte importante de ese gasto inicial. Acordar cuánto cobran cambia el dinero que debe comprometer quien financia el proyecto cuando sus ingresos todavía están por llegar.
Schwarzenegger, DeVito y Reitman propusieron dejar fuera sus sueldos iniciales y recibir una participación en los ingresos posteriores. Eso permitía presentar una película con un presupuesto menor al comienzo, conservando a sus protagonistas y a su director. El acuerdo cambiaba la manera de remunerarlos por el trabajo que iban a realizar.
Los tres iban a dedicar tiempo y preparación al rodaje mientras el dinero que recibirían seguía pendiente del resultado económico. Al aceptar, reservaban ese trabajo para un proyecto que todavía tenía que llegar al público. El tiempo empleado quedaría dedicado a la comedia y la remuneración dependería de la participación que habían acordado, con una cantidad que aún desconocían.
El estudio seguía asumiendo otros costes y conservaba también derechos sobre lo que pudiera recibir. Reducir los pagos iniciales de los protagonistas y del director dejaba pendientes los gastos del resto del rodaje y de llevar la película hasta los cines. La propuesta repartía el riesgo entre quienes participaban, manteniendo una parte a cargo del estudio.
Los tres tuvieron que decidir además cómo distribuir la parte que les correspondía. En la conversación con Tim Ferriss donde explicó el acuerdo de Twins, Schwarzenegger recordó que relacionaron ese reparto con lo que cada uno solía cobrar por su trabajo. Esa explicación permite reconocer una negociación entre personas que aportaban funciones distintas, aunque compartieran la decisión de esperar a los ingresos de la película para recibir su parte.
La comedia tuvo éxito y el actor contó que aquella participación acabó siendo especialmente rentable para él. Al recordar lo ganado ya conocía una respuesta que había estado pendiente al negociar. El resultado muestra lo ocurrido con ese acuerdo, pero las condiciones deben comprenderse desde el momento en que fueron aceptadas. Los participantes estaban dejando pasar una remuneración inicial para poder intervenir en lo que el proyecto produjera después.
También importa la situación desde la que podían tomar esa decisión. Se trataba de profesionales reconocidos que tenían recursos y capacidad para negociar unas condiciones poco habituales. Renunciar a cobrar al principio exigía que pudieran sostener su vida y su trabajo mientras llegaba un resultado incierto. El episodio conserva esa condición junto a la oportunidad que abrió: el estudio pudo valorar un proyecto menos costoso al comienzo y los tres participantes quedaron vinculados a su recorrido económico posterior.
¿Qué podemos averiguar cuando un trabajo recibe una mala respuesta?
Cuando Last Action Hero se estrenó en 1993, Arnold Schwarzenegger tuvo que enfrentarse a una respuesta distinta de la que esperaba. Había participado en la película como protagonista y la había acompañado hasta su llegada al público. Las primeras críticas y la apertura en los cines pasaban a formar parte de lo que ahora tenía que valorar.
El proyecto utilizaba las costumbres del cine de acción para construir una historia que también se reía de ellas. Schwarzenegger era una figura reconocible de ese cine, de modo que su presencia pertenecía a la propuesta que recibían los espectadores. Al estrenarse, la película necesitaba encontrar a personas interesadas en verla y darles una experiencia que pudieran valorar después de conocer la historia completa.
La trayectoria anterior del actor aportaba notoriedad. Su nombre podía atraer la atención de quien había disfrutado de otro trabajo suyo, mientras que las entradas del nuevo estreno debían venderse de nuevo. Los espectadores todavía tenían que decidir si aquella película les interesaba. Conocer al protagonista y querer ver una historia determinada eran partes relacionadas de esa elección, sin que la primera resolviera por completo la segunda.
Schwarzenegger reconoce en sus memorias el malestar que le produjeron las críticas y la mala apertura. Ese reconocimiento permite conservar su experiencia de la recepción sin convertirla en una explicación completa de por qué ocurrió. Lo que sentía el protagonista al ver el resultado y las razones de las personas que decidían ir al cine pertenecían a lugares distintos del mismo estreno. Para comprender la acogida hacía falta seguir también la respuesta que estaba llegando desde fuera.
Al hablar de la promoción cinematográfica, el actor distingue la atención que puede conseguir una campaña y la recomendación que circula entre espectadores después de ver la película. La campaña presenta una obra que parte del público todavía desconoce. Puede explicar su asunto, mostrar fragmentos y recordar cuándo se estrena. Esas actuaciones buscan que alguien se interese lo suficiente para dedicarle tiempo y pagar una entrada.
Cuando las primeras personas la han visto, empiezan a hablar desde otra información. Pueden contar si se han divertido, si les ha sorprendido o si han encontrado algo diferente de lo que esperaban. La recomendación procede entonces de una experiencia que el anuncio solo podía anticipar. Quienes hacen la película pueden seguir dándola a conocer, mientras esas conversaciones continúan fuera de su control y afectan a otras decisiones de ir al cine.
Esa diferencia deja dos trabajos de revisión. Una campaña puede estudiarse preguntando si logró que la gente supiera de la película y comprendiera la propuesta. La respuesta de quienes ya fueron permite examinar qué encontraron al verla. Una mala acogida exige mantener abiertas ambas preguntas, además de las condiciones del estreno, en lugar de atribuir todo el resultado a una sola parte del recorrido.
Las entradas vendidas ofrecen información sobre el resultado comercial. Las críticas añaden valoraciones sobre la obra, y las conversaciones de los espectadores aportan respuestas que pueden ser diferentes entre sí. Reunir esa información permite comprender mejor una recepción sin exigir que todos hayan vivido la misma experiencia ni que una cifra económica resuelva por sí sola la calidad de la película.
¿Cómo respondemos ante las personas afectadas por nuestras decisiones?
¿Qué hace falta para que una propuesta llegue a ponerse en marcha?
La hora de salida del colegio podía llegar antes de que los padres terminaran su jornada de trabajo. Los alumnos seguían necesitando atención durante ese tiempo y algunas familias tenían dificultades para encontrarla. Arnold Schwarzenegger había participado en programas que ofrecían actividades después de las clases y quería ampliar la posibilidad de utilizarlos.
En una entrevista durante la campaña de 2002, explicó que sus visitas a escuelas le habían permitido reconocer aquella necesidad. Recordaba la presencia de adultos que lo habían orientado en su propia infancia, tanto en el estudio como en el deporte. Ese recuerdo formaba parte de la razón que ofrecía para apoyar programas en los que los niños pudieran seguir aprendiendo y realizando actividades acompañados.
Extenderlos exigía sostener el trabajo con recursos. Las personas que atendían a los alumnos necesitaban un lugar, materiales y una organización que permitiera ofrecer el servicio de forma continuada. La voluntad de ayudar podía animar a quienes lo impulsaban, mientras que cada programa seguía teniendo que resolver cómo iba a realizar esas tareas durante las tardes en las que acudieran los niños.
Schwarzenegger promovió la Proposición 49, una iniciativa que los ciudadanos de California votaron en 2002. La medida buscaba aumentar la financiación de programas antes y después de las clases mediante ayudas públicas. Se dirigía a escuelas que pudieran poner en marcha ese apoyo y establecía condiciones para la aportación de dinero. El proyecto pasaba así a formular una decisión que otras personas podían estudiar y aprobar o rechazar.
Durante la campaña reunió a personas y organizaciones interesadas en esos programas. Educadores, familias, responsables de actividades y otros colaboradores podían aportar conocimiento de lo que se necesitaba para realizarlos. Alcanzar a ciudadanos con posiciones políticas diferentes exigía además explicar por qué la propuesta merecía su apoyo. El actor utilizaba su notoriedad para abrir esas conversaciones, mientras el contenido de la medida seguía teniendo que responder a la cuestión de cómo se prestaría y se financiaría el servicio.
Las memorias incorporan también el interés político de Schwarzenegger al impulsar la Proposición 49. Según reconoce en ese relato, la campaña le permitía adquirir presencia pública ante una posible candidatura a gobernador. Ese propósito convivía con el apoyo a los programas y ayuda a comprender desde dónde actuaba su promotor.
La iniciativa fue aprobada el 5 de noviembre de 2002, antes de que Schwarzenegger fuera elegido gobernador. Esa aprobación estableció una decisión pública sobre la financiación, aunque su ampliación dependía de condiciones relacionadas con el presupuesto del estado. Por ello, la votación y la puesta en funcionamiento de todos los recursos previstos correspondían a momentos distintos. El aumento de financiación se activó en 2006, después de un periodo en el que seguía siendo necesario preparar su aplicación.
La organización recaía en más personas que el promotor de la iniciativa. Las escuelas y las entidades que ofrecían programas tenían que preparar sus solicitudes y su manera de atender a los alumnos. Las ayudas también se relacionaban con aportaciones locales, de modo que recibir recursos públicos formaba parte de una organización compartida. Tener dinero reservado para una finalidad y disponer de un programa capaz de utilizarlo eran pasos relacionados que requerían trabajo propio.
El tiempo transcurrido entre la aprobación y la ampliación efectiva de fondos permite conservar esa diferencia. Una familia necesitaba saber si contaba con atención disponible cuando terminaban las clases. La ley abría y regulaba una posibilidad de financiarla. Convertir esa posibilidad en un servicio dependía después de las personas, los lugares y los acuerdos que lo hicieran utilizable en cada comunidad.
¿Cómo se continúa después de que otros rechacen lo que proponemos?
Arnold Schwarzenegger era gobernador de California cuando en 2005 decidió llevar varias propuestas a una votación especial. Había sido elegido para el cargo dos años antes y quería cambiar asuntos que formaban parte de su programa. Para conseguirlo necesitaba obtener una nueva decisión favorable de los ciudadanos sobre las medidas que les presentaba.
La elección de una persona y la aprobación de sus propuestas requieren decisiones distintas. Un votante puede preferir a alguien para desempeñar un cargo y discrepar después de una medida que ese gobernante quiere aplicar. El apoyo recibido al llegar al puesto forma parte de su trayectoria, mientras que las decisiones siguientes vuelven a exigir explicaciones y, cuando corresponde, una autorización nueva.
En la consulta del 8 de noviembre de 2005 se sometieron ocho propuestas a los votantes. Cuatro eran las medidas que Schwarzenegger estaba defendiendo como parte de su programa. Sus contenidos eran distintos y los ciudadanos podían pronunciarse por separado sobre cada medida. El gobernador había unido su respaldo a las cuatro durante la campaña.
Las cuatro fueron rechazadas. Ese resultado impedía avanzar por la vía que había presentado y añadía una respuesta a su forma de actuar. Las cuestiones que quería abordar seguían existiendo, pero el rechazo cambiaba las condiciones desde las que tendría que continuar trabajando. Los ciudadanos habían utilizado la decisión que les correspondía para negar el apoyo solicitado.
En sus memorias, Schwarzenegger reconoce la responsabilidad que tuvo en aquella derrota. El relato incluye la revisión que hizo después de pedir demasiado a los votantes y de encontrarse con una respuesta distinta de la esperada. Ese reconocimiento también apareció públicamente al comenzar el año siguiente, cuando volvió a dirigirse a los representantes de California.
En enero de 2006 admitió que había actuado con demasiada prisa. Explicó que no había escuchado a quienes estaban mostrando su oposición a la consulta especial y que había seguido adelante cuando debía haber atendido a esa respuesta. El error que estaba señalando podía situarse antes de la jornada de votación: las objeciones ya existían mientras él continuaba impulsando la consulta.
Escuchar entonces habría permitido conocer qué estaban rechazando otras personas y qué parte de su propuesta o de su manera de proceder necesitaba revisar. La existencia de esas objeciones tampoco implicaba que cualquier cambio fuese a producir un acuerdo. Los demás conservaban sus posiciones y sus responsabilidades. Atenderlos podía hacer visible una dificultad que la insistencia estaba dejando sin resolver.
El gobernador anunció que quería reducir la confrontación, buscar puntos comunes y trabajar con los demás representantes sobre los asuntos pendientes. Seguía defendiendo objetivos generales de su programa, mientras reconocía que debía cambiar la manera de intentar alcanzarlos. La revisión permitía distinguir lo que quería conseguir del procedimiento con el que había buscado el apoyo y que había terminado en derrota.
Años después volvió sobre esa diferencia en una entrevista en la que examinó su manera de afrontar la consulta. Allí calificó su aproximación como excesivamente impositiva y consideró que habría debido incorporar a las personas de otra forma. Era una explicación retrospectiva del propio protagonista, que mantenía identificable la conducta que había decidido revisar.
La declaración de cambio dejaba pendiente su aplicación. Para quien tenía que volver a trabajar con él, la disposición a escuchar tendría que reconocerse en las conversaciones y en los acuerdos siguientes. Admitir la prisa permitía nombrar un error propio, mientras que cambiar el trabajo requería dejar espacio a respuestas que podían seguir siendo contrarias. El cargo continuaba y con él la obligación de decidir junto a personas cuyo consentimiento no podía sustituir por su propia convicción.
¿Cómo llega a quien decide una dificultad que otros ya están viendo?
Después de la consulta de 2005, Arnold reconoció que había continuado con la convocatoria pese al rechazo que encontraba. Al revisar su manera de actuar, podía distinguir las medidas que quería impulsar de la atención que había prestado a quienes debían aceptarlas. Presentarlas y explicarlas dejaba a los votantes la decisión de apoyarlas o rechazarlas.
Simon Sinek estudia en Los líderes comen al final las condiciones que permiten comunicar dificultades dentro de un grupo. Quien dirige necesita conocer lo que ocurre, y las personas deben poder explicarlo sin dedicar toda su atención a protegerse. Esa mirada ayuda a preguntar cómo se escucha una advertencia y qué trabajo se hace con ella después.
| Cuando aparece una reserva | Vida Total | Los líderes comen al final |
| Quién necesita conocerla | Quien promueve una medida y busca apoyo | Quien tiene responsabilidad sobre el grupo |
| Qué puede impedir su uso | Continuar sin revisar el rechazo recibido | Que las personas teman comunicar una dificultad |
| Trabajo posterior | Examinar el desacuerdo y cambiar la forma de buscar acuerdos | Atender la información y cuidar la posibilidad de volver a hablar |
Un electorado tiene una posición distinta de la de los trabajadores de una organización. Puede rechazar una medida en las urnas y sus desacuerdos reúnen intereses muy diferentes. La comparación con Sinek permite observar una parte del trabajo de quien decide, la atención que presta a las dificultades comunicadas. Mantener esa diferencia evita tratar cualquier oposición como falta de confianza en un equipo.
Escuchar tampoco exige aceptar cada petición. Una reserva puede entrar en conflicto con otra necesidad o apoyarse en información que debe comprobarse. Para utilizarla hay que comprender qué señala, quién recibiría las consecuencias y qué alternativas existen. Si la respuesta se limita a repetir la propuesta inicial, todavía queda por conocer si la dificultad ha sido examinada.
¿Cómo se continúa una propuesta cuando aparecen necesidades distintas?
Veamos una conversación creada en una reunión sobre el horario de una piscina municipal. La responsable propone abrir antes por la mañana. Un socorrista y una vecina explican dos dificultades que afectan a esa posibilidad.
—Hay personas que quieren nadar antes de ir a trabajar. Propongo abrir a las siete desde el mes que viene.
—Para abrir a esa hora tengo que cambiar el turno —dice el socorrista—. Ahora reviso el agua y preparo el recinto antes de que entre nadie.
—Pensaba que ese trabajo podía hacerse con la piscina abierta.
—Una parte requiere que todavía no haya bañistas. Necesito enseñarte lo que hacemos y cuánto tiempo ocupa antes de prometer otra hora.
—A mí me ayudaría entrar antes —interviene la vecina—, pero el autobús del barrio llega a las siete y media. El nuevo horario tampoco me permitiría empezar a las siete.
—Entonces estamos reuniendo necesidades distintas. Una afecta a la preparación del recinto y otra al transporte. Voy a revisar las dos antes de anunciar el cambio.
—Podemos recorrer la preparación mañana —responde el socorrista—. Así veremos si hace falta adelantar el turno o incorporar a otra persona.
—Yo puedo traer los horarios del autobús, pero aún tenemos que preguntar a quienes salen del trabajo por la tarde.
—Los recogeremos también. Con esa información prepararemos las opciones y sus costes para la siguiente reunión. Todavía no tenemos una hora que podamos confirmar.
¿Qué significa asumir las consecuencias de una decisión propia?
Durante años, Arnold Schwarzenegger mantuvo oculta a su mujer una información que afectaba a su vida familiar. Había tenido un hijo con una persona que trabajaba en su hogar y ella desconocía esa paternidad. Mientras continuaban compartiendo su vida, él conservaba el secreto sobre aquella parte de lo que había ocurrido.
En 2011, al terminar su etapa como gobernador, reconoció lo ocurrido. En el comunicado que difundió aquel año asumió la responsabilidad y pidió perdón por el daño causado. Las decisiones que estaba admitiendo pertenecían a su vida anterior y habían permanecido ocultas mientras su trayectoria profesional continuaba.
Cuando publicó Vida Total, en 2012, decidió incluir el episodio. El autor explicó que llevaba tiempo hablando con su editorial sobre una autobiografía y que esa preparación se había reanudado antes de hacerse pública la noticia. Al escribir tuvo que decidir cómo contar una trayectoria que contenía logros y también conductas con las que había perjudicado a otras personas.
Esa elección daba entrada a su reconocimiento dentro del relato, sin convertir la autobiografía en la voz de todas las personas afectadas. Schwarzenegger podía contar qué había hecho, qué estaba dispuesto a admitir y cómo interpretaba sus decisiones al recordarlas. La experiencia de su mujer, de sus hijos y de las demás personas implicadas seguía perteneciendo a cada una de ellas.
En la entrevista de presentación en la que habló de su responsabilidad familiar, el presentador le preguntó por la dureza de algunas reacciones públicas. Schwarzenegger respondió que la prensa no había creado la situación. La atención de los medios llegaba después de una conducta que él reconocía como propia, de modo que atribuirles el origen del daño habría desplazado la conversación hacia un acontecimiento posterior.
El autor expresó su deseo de recuperar la confianza de sus hijos y reconstruir las relaciones. Esa intención explicaba lo que quería hacer a partir de entonces, pero quienes habían recibido el daño tenían que valorar tanto sus palabras como su conducta. Una disculpa podía ser escuchada y una responsabilidad podía ser admitida mientras las relaciones continuaban necesitando tiempo y decisiones que él no controlaba por completo.
La diferencia quedó visible cuando le preguntaron si podía reconciliarse con Maria Shriver. Schwarzenegger manifestó su esperanza y señaló que ella tendría que hablar por sí misma. Podía comprometerse con su propio comportamiento y expresar lo que deseaba. La respuesta de Maria pertenecía a otra persona que debía conservar la posibilidad de decidir desde su experiencia.
Tampoco los éxitos profesionales resolvían aquella relación. Durante la entrevista, el actor distinguió la continuidad de su trabajo del daño que reconocía en su vida familiar. Haber seguido haciendo películas o interviniendo en otros proyectos dejaba pendiente lo que ocurría entre las personas cercanas. Los resultados de una carrera y la confianza dentro de una familia requerían valoraciones diferentes de quienes participaban en cada ámbito.
Las declaraciones de 2012 permiten conocer ese momento de su relato. Contienen una admisión, una explicación de por qué quiso incluir el episodio y una intención de recuperar la confianza. Mantener esas diferencias evita transformar su deseo en una reconciliación ya conseguida. El libro podía llegar a su última página mientras las personas afectadas seguían teniendo que decidir qué relación estaban dispuestas a mantener y cómo valorar las actuaciones posteriores del autor.



























