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El gran libro del community manager

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El gran libro del community manager de Manuel Moreno Molina

El gran libro del community manager

Quien escribe una pregunta en la cuenta de una empresa puede necesitar una respuesta antes de decidir qué hará. Ha encontrado allí un lugar donde dirigirse al negocio y cuenta con que alguien lea lo que acaba de explicar. Para quien atiende esa cuenta, la publicación ya tiene una continuación que exige comprender la pregunta antes de contestarla.

Manuel Moreno Molina se ocupa de ese trabajo en El gran libro del community manager. Community manager es el nombre inglés de la persona que gestiona la relación con una comunidad en internet. En una empresa necesita conocer los servicios sobre los que le preguntan y poder consultar a quienes tienen la información que le falta. Lo que averigüe tendrá que volver a quien escribió con palabras que este pueda entender y utilizar.

Preparar los mensajes forma parte de esa misma atención. Hay que decidir qué se quiere explicar, a quién puede servirle y qué debe quedar preparado si alguien responde. Quien escribe los contenidos necesita organizar cuándo los revisará, al tiempo que atiende las preguntas que llegan. Cada tarea requiere una comprobación distinta y puede necesitar la ayuda de un compañero.

La edición de referencia apareció en 2014, publicada por Gestión 2000. Las plataformas y herramientas que recoge pertenecen a aquel momento. Al leerla conviene conservar esa fecha, especialmente al encontrar indicaciones sobre servicios que han podido cambiar. Las preguntas sobre cómo escuchar, qué comprobar antes de responder y cómo cuidar el tiempo de quienes esperan permiten examinar el trabajo de la persona que habla en nombre de una empresa.

Campo Datos del libro
Título El gran libro del community manager
Subtítulo Técnicas y herramientas para sacarle partido a las redes sociales y triunfar en social media
Autor Manuel Moreno Molina
Edición de referencia Edición digital española publicada el 21 de enero de 2014
Editorial Gestión 2000, Grupo Planeta
ISBN 9788498753585
Extensión 272 páginas de referencia editorial
Tema La gestión profesional de comunidades y de la comunicación de las empresas en las redes sociales
Materias Redes sociales, contenidos, comunidades, atención al cliente, planificación, reputación y medición de resultados
Tipo de contenido Manual de comunicación y gestión de comunidades en internet
Referencia bibliográfica Moreno Molina, Manuel. El gran libro del community manager. Gestión 2000, 2014. Ficha de la editorial.
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¿Cómo se empieza a escuchar a una comunidad?

¿Qué cambia cuando la otra persona puede responder?

Alguien lee una publicación de la empresa y pregunta por una parte que sigue sin entender. Quien escribió el texto puede conocer bien el servicio y haber dado ese detalle por sabido. La pregunta le muestra dónde necesita detenerse para que la explicación pueda continuar.

Manuel Moreno presenta los medios sociales como espacios de intercambio. En ese intercambio, publicar deja un mensaje al alcance de otras personas, que pueden preguntar, discrepar o añadir algo desde su propia experiencia. La empresa necesita atender lo que vuelve de ellas si quiere mantener una conversación en lugar de continuar únicamente con los textos que tenía previstos.

La primera dificultad aparece al distinguir lo que se escribió de lo que la otra persona recibió. Quien conoce bien un servicio puede utilizar una palabra habitual dentro de la empresa y dar por conocido su significado. Alguien que llega desde fuera quizá la relaciona con otra cosa. La pregunta permite reconocer esa distancia, siempre que se lea intentando comprenderla y sin tratar cada duda como una falta de atención de quien pregunta. Para encontrar el punto que falta conviene volver al recorrido de la explicación. La persona puede haber comprendido para qué sirve algo y desconocer cómo empezar a utilizarlo. También puede haber seguido el primer paso y encontrar una condición que el mensaje no mencionaba. Cada dificultad pide una continuación diferente. Repetir todo desde el principio puede cansarla y seguir dejando fuera precisamente la parte que necesita conocer. La respuesta tendrá que contar con lo que ella acaba de decir. Si el mensaje es breve y admite varias interpretaciones, una pregunta permite comprobar cuál corresponde antes de ofrecer una solución. Quien atiende puede precisar qué servicio está utilizando o en qué momento ha encontrado la dificultad, evitando pedir información que ya está escrita en la conversación. Recuperar lo que la persona ha explicado le permite continuar desde allí, sin tener que empezar otra vez cada vez que interviene alguien.

La conversación también se lee desde fuera. Otros usuarios pueden seguir las palabras de ambos y utilizar la respuesta para su propia duda. Esa presencia amplía el cuidado que necesita la explicación. Una indicación que depende de unas condiciones particulares debe conservarlas cerca, de manera que quien solo lee una parte pueda reconocer a quién se aplica. La cercanía con un interlocutor resulta compatible con explicar el alcance de lo que se le está diciendo.

En una entrevista publicada al aparecer el libro, Moreno vuelve sobre la empresa que también recibe mensajes. La respuesta de los usuarios puede modificar el trabajo siguiente, haciendo visible un paso mal explicado o una información difícil de encontrar. El intercambio ofrece así material para revisar la publicación, además de la ocasión de resolver una duda individual.

La respuesta también puede expresar un desacuerdo. La persona ha entendido lo que la empresa dice y considera que su experiencia fue distinta. Contestar como si solo necesitara otra explicación dejaría fuera esa diferencia. Quien atiende tiene que reconocer qué está afirmando y qué parte se puede comprobar, separando el hecho que comunica de la valoración que hace sobre él. Dos personas pueden discrepar después de comprenderse, sin que una repetición más del mensaje inicial vaya a resolverlo.

Otro usuario puede intervenir entonces para añadir su propia experiencia. La conversación ya reúne más de dos voces y cada una puede estar hablando de unas condiciones distintas. Quien la atiende necesita mantener identificadas esas diferencias, evitando responder a todos como si hubieran vivido lo mismo. También puede haber una ayuda entre usuarios, cuando alguien conoce un paso que otro está buscando. Antes de respaldarla desde la cuenta de la empresa habrá que comprobar a qué servicio corresponde y si conserva las condiciones necesarias para utilizarla.

Comprobar una información permite seguir conversando sin dar por cierto todo lo que aparece en las respuestas. La empresa puede disponer de datos diferentes y necesitar explicar de dónde procede la diferencia. Si descubre que su publicación era incompleta, tendrá que reconocer qué cambia al conocer lo que han contado. Si la información del usuario no corresponde a ese caso, podrá aclarar el alcance sin negarle por ello la experiencia que sí está describiendo. La conversación continúa atendiendo las palabras de cada participante, con espacio para corregir lo que se creía saber.

Si la persona vuelve a escribir, habrá que leer qué ha cambiado desde la respuesta anterior. Puede haber conseguido realizar el paso que se le explicó y necesitar ayuda con el siguiente. Repetir la primera indicación la devolvería a una dificultad que ya ha superado. Recuperar lo que acaba de contar permite empezar la nueva respuesta donde ahora se encuentra, conservando el esfuerzo que ha hecho para llegar hasta allí.

¿Qué puede esperar quien ha decidido seguir escuchando?

Una persona puede contestar a una publicación porque necesita entender una parte de lo que la empresa acaba de explicar. Su respuesta abre un intercambio sobre ese asunto. Para continuarlo, quien lleva la cuenta necesita atender a la pregunta antes de aprovechar la ocasión para hablar de otra oferta.

Seguir una cuenta y preguntar por una condición ofrecen informaciones diferentes. El seguimiento permite que la persona encuentre futuras publicaciones. La pregunta muestra una dificultad que necesita resolver ahora. Si la empresa responde con una oferta general, puede dejarla esperando el dato por el que había escrito.

Seth Godin relaciona el contacto con lo que la persona espera recibir en El marketing del permiso. La posibilidad de volver a escribirle necesita una expectativa compartida. En la gestión de una comunidad, recibir una respuesta también exige comprender qué conversación ha aceptado iniciar quien la envía.

Al continuar el contacto El gran libro del community manager El marketing del permiso
De dónde parte la relación Una publicación admite la respuesta de quien la recibe La persona acepta recibir una comunicación esperada
Qué debe atenderse La pregunta que ha llegado y el asunto al que se refiere Lo prometido al pedir que continuara el contacto
Qué necesita comprobarse Si la respuesta permite avanzar en esa conversación Si el siguiente mensaje conserva la utilidad esperada

Para volver a hablar conviene conservar ese recorrido. Una respuesta sobre un producto puede incluir dónde consultar sus condiciones, con una explicación de lo que encontrará al abrir el enlace. La persona podrá decidir si desea continuar desde allí. Pedirle otra acción antes de atender la pregunta inicial añade un esfuerzo a quien aún está intentando comprender lo anterior.

La próxima publicación tendrá que merecer por su contenido el tiempo que pide. Una conversación atendida ofrece un antecedente para confiar en quien responde. Esa confianza seguirá dependiendo de lo que la empresa entregue cuando vuelva a pedir atención.

¿Para qué escuchar si después no se hace nada?

Una persona puede recibir una contestación amable y seguir detenida en el mismo paso. Ha contado lo que intentó porque necesita saber cómo continuar. Para ayudarla, quien atiende tendrá que utilizar esa información antes de pedirle que lo pruebe otra vez.

Moreno relaciona escuchar y actuar en su entrevista de 2014 con ITespresso. Esa relación puede seguirse desde la experiencia de quien pide ayuda. Comprender sus palabras permite conocer la dificultad, mientras el trabajo de responder exige averiguar qué puede hacerse con ella y comprobar si la ayuda llega a servirle.

La persona puede haber realizado ya varios intentos. Si los ha contado, esa información tiene que formar parte de la respuesta siguiente. Pedirle que repita sin explicar qué ha cambiado puede devolverla a un trabajo que acaba de hacer. Antes de indicar otra acción hay que saber en qué punto dejó de poder seguir y qué condiciones encontró allí, distinguiendo lo que aún falta conocer de lo que ya ha explicado.

Preguntar por ese punto permite afinar la ayuda. Una expresión como no poder continuar puede reunir dificultades distintas: desconocer qué opción elegir, no encontrar la información solicitada o recibir una respuesta que no se entiende. Son posibilidades que quien atiende necesita distinguir a partir de las palabras de la persona. Elegir una de ellas sin comprobarlo puede llevar a preparar una explicación correcta para una dificultad que no es la suya.

La indicación tiene que permitirle hacer algo después de leerla. Necesita reconocer dónde empieza y qué encontrará allí. Si la empresa utiliza para una opción un nombre distinto del que aparece ante el usuario, habrá que recuperar el que él puede ver. También conviene explicar qué dato tendrá que tener a mano. Así podrá prepararlo antes de empezar, sin llegar de nuevo a un paso que le obliga a abandonar el intento para buscar algo que nadie le había dicho que necesitaba.

Comprobar el recorrido puede descubrir una condición que se estaba dando por sabida. Para completar una acción quizá hace falta disponer de una información anterior. Si la explicación empieza después de ese requisito, la persona encontrará otra vez un punto que le impide seguir. Quien la atiende necesita señalarlo antes de pedirle un intento nuevo, de manera que pueda reconocer qué tiene y qué le falta para realizarlo.

La actuación tampoco tiene que reducirse a dar instrucciones al usuario. Puede haber algo que corresponda cambiar a la propia empresa. Si una explicación pública induce a buscar una opción donde no está, pedir más atención a quien la lee mantendría la dificultad de origen. Escuchar permite reconocer qué parte necesita revisar el negocio antes de que la persona vuelva a encontrarse con el mismo obstáculo. La decisión requiere conocer lo ocurrido y comprobar el cambio, sin atribuir cualquier dificultad a quien está intentando utilizar el servicio.

Mientras se realiza ese trabajo, conviene distinguir lo que se ha hecho de lo que aún se está intentando. Haber preparado una explicación no demuestra que la persona haya podido seguirla. Haber cambiado una información tampoco demuestra que ya sepa dónde encontrarla. La respuesta necesita conservar esas diferencias para que quien espera comprenda qué puede probar ahora y qué ayuda llegará después.

La conversación ofrece una ocasión de conocer el resultado. Quien recibe una indicación puede confirmar que ha conseguido continuar, pero también puede explicar que el intento se detuvo en otro lugar. Esa respuesta permite examinar la ayuda desde lo que ha hecho posible, sin considerar la amabilidad del intercambio una prueba suficiente de que la dificultad terminó.

Si el nuevo intento también se detiene, habrá que preguntar en qué momento ha ocurrido y volver a la indicación que se envió. Puede haberse omitido un requisito o haberse nombrado de una manera confusa la opción que debía elegir. La persona ya ha dedicado tiempo a seguir esa ayuda. Utilizar lo que cuenta ahora permite revisar la explicación desde ese intento, sin obligarla a demostrar otra vez que necesita una respuesta.

¿Qué necesita saber quien responde en nombre de una empresa?

Quien pregunta en la cuenta de una empresa puede recibir la respuesta de un trabajador al que nunca ha visto. La lee bajo el nombre del negocio y puede utilizarla para decidir qué hará después. Antes de enviarla, ese trabajador necesita saber si lo que va a decir corresponde al servicio por el que le están preguntando.

Al atender una consulta, saber publicar en una red no proporciona por sí mismo el conocimiento del trabajo sobre el que se va a responder. La persona necesita comprender qué ofrece el negocio y cómo puede averiguar aquello que no sabe. Conocer el servicio empieza por distinguir las cosas que el usuario puede hacer de las que requieren intervención de la empresa. Una explicación pública puede permitirle completar un paso por su cuenta. Otra petición quizá dependa de una revisión que él no está en condiciones de realizar. Antes de responder hay que comprender esa diferencia, porque una misma frase puede orientar a una persona y hacer perder tiempo a otra que ya ha intentado todo lo que estaba a su alcance.

El conocimiento también permite reconocer las condiciones de una respuesta. Una indicación puede ser válida para un servicio y no corresponder a otro. Si quien la transmite desconoce ese límite, la persona recibirá una información que parece segura y que quizá no puede utilizar. Repetir la condición con palabras comprensibles conserva la precisión sin obligar al usuario a conocer las denominaciones internas del negocio. Cuando falta información, la consulta necesita llegar a alguien que pueda confirmarla. La persona que atiende las redes debe saber a quién pedir esa revisión y qué necesita explicarle. Preguntar de forma imprecisa puede producir una respuesta igualmente imprecisa. Llevar el mensaje del usuario junto a lo que ya se ha comprendido permite comprobar la parte que queda abierta, sin pedir que otra persona reconstruya toda la conversación desde cero.

La respuesta del compañero también necesita una lectura. Puede utilizar una palabra de oficio o dar por sabido un paso que realiza todos los días. Quien la enviará al usuario debe comprender qué tendría que hacer este al recibirla. Si encuentra un salto, todavía está a tiempo de preguntar dentro de la empresa. De ese modo podrá explicar lo confirmado con las palabras que faltaban, conservando las condiciones de la respuesta y evitando trasladar al usuario una duda que él mismo sigue teniendo.

También hay que distinguir información y compromiso. Comunicar que una petición está siendo examinada describe un trabajo en marcha. Asegurar un resultado añade algo que quizá aún nadie puede confirmar. La persona que responde en nombre de la marca necesita conocer qué está autorizada a decidir y qué depende de otros, conservando la responsabilidad de explicar al usuario lo que realmente se sabe de su situación.

El tono acompaña esa precisión. Una respuesta cercana puede reconocer que la persona necesita ayuda y orientarla sin adoptar la voz personal de quien lleva la cuenta. Compartir una opinión propia que la empresa no ha acordado puede cambiar el sentido de la conversación. El usuario seguirá recibiéndola bajo el nombre del negocio y podría utilizarla como referencia en el contacto siguiente.

Si la persona vuelve con una dificultad nueva, quien atiende podrá comparar lo que había entendido con lo que ahora cuenta. Tal vez la primera respuesta partía de una condición que no se cumplía o la explicación dejó un paso sin nombrar. Conocer el servicio permite revisar esa diferencia. Haber copiado una fórmula sin comprenderla dejaría a quien responde sin una base desde la que continuar.

Las preguntas que llegan pueden mostrar también una dificultad en la información de la empresa. Si varias personas desconocen dónde empieza una gestión, quien las atiende puede reunir esas consultas y señalar a sus compañeros qué paso está costando encontrar. Ellos conocen el servicio; los mensajes permiten ver qué ocurre al intentar utilizarlo desde fuera. Revisar juntos ese punto facilita que las siguientes respuestas partan de una explicación más completa.

¿Cómo elegir dónde estar cuando falta tiempo para todo?

Al abrir una cuenta en otra red social, la empresa ofrece un lugar nuevo donde hacerle preguntas. Alguien tendrá que leerlas mientras continúa con el trabajo que ya tenía. Para decidir si puede atender también esa cuenta hace falta conocer qué tareas está añadiendo y cuándo podrá realizarlas.

En su entrevista de 2014 con ITespresso, Moreno une la elección de redes al público y a los recursos disponibles. La decisión necesita las dos partes. Encontrar personas con las que interesa hablar ofrece una razón para estudiar un canal, mientras poder atenderlo determina qué relación será posible mantener allí.

El público se conoce mirando algo más que el tamaño de una plataforma. La empresa necesita averiguar si las personas a las que quiere dirigirse la utilizan y para qué lo hacen. Alguien puede entrar en una red buscando una conversación distinta de la que el negocio está preparando. Su presencia ofrece una oportunidad de observar y comprender, sin asegurar que cualquier mensaje publicado vaya a resultarle útil.

Esa comprobación ayuda a concretar qué tendría que hacer la empresa en ese lugar. Puede necesitar explicar un servicio, mantener información accesible o atender dudas sobre lo que ya ofrece. Cada tarea requiere un trabajo que alguien tendrá que realizar. Nombrar una red dentro de un plan deja aún por preparar las personas, el tiempo y la información con los que se va a sostener esa presencia.

El contenido empieza a consumir recursos antes de publicarse. Hay que encontrar una materia pertinente, comprobar sus datos, escribir de manera comprensible y revisar el resultado. Si intervienen otras personas, también hace falta contar con el tiempo en que podrán responder o aprobar lo preparado. Una fecha de publicación situada sin esas condiciones puede convertirse en una espera que después se resuelve deprisa y con menos cuidado. La atención continúa después. Una respuesta del público puede exigir leer la conversación anterior, pedir una aclaración o consultar dentro de la empresa. La persona encargada necesita saber a quién acudir y quién seguirá la petición hasta recibir algo que pueda comunicar. Estimar solo el tiempo de subir un texto dejaría fuera esta parte del trabajo, precisamente la que empieza cuando otro decide utilizar el canal para ponerse en contacto.

Las consultas pueden llegar mientras se está preparando una publicación. Si una sola persona hace las dos tareas, responder deja el texto esperando. Cuando vuelva a él tendrá que recuperar qué estaba escribiendo o qué dato seguía comprobando. Ese tiempo también pertenece al trabajo de la cuenta, aunque resulte menos visible que el mensaje enviado. Tenerlo en cuenta permite decidir cuánto puede asumir la persona encargada y qué atención quedará preparada para quienes escriban.

Una presencia más reducida puede permitir aprender cuánto esfuerzo exige cada relación. Las consultas recibidas muestran qué información cuesta encontrar y qué parte necesita ayuda interna. El tiempo real de preparación permite revisar lo que se había calculado. Conocerlo sirve para valorar otro canal desde el trabajo ya realizado, evitando suponer que añadir uno más equivale a repetir una tarea sin aumentar nada.

La elección necesita volver a examinarse si cambian las condiciones. Puede haber más personas disponibles o un público que deja de encontrar utilidad en ese lugar. El hecho de haber abierto una cuenta no obliga a mantener idéntica actividad sin revisar qué aporta y qué pide. Cualquier cambio tendrá que cuidar a quienes ya la utilizan para contactar con la empresa, de manera que sepan dónde pueden continuar una consulta.

Si se decide abrir la cuenta, la preparación tendrá que alcanzar el momento en que alguien la utilice para preguntar. Quien reciba el mensaje necesitará conocer lo publicado y disponer de un compañero al que consultar si falta un dato. Si la empresa cambia después su presencia en esa red, habrá que explicar dónde puede seguir la conversación quien ya la había empezado. El tiempo y la ayuda disponibles siguen afectando a esas personas después de la primera publicación.

¿Qué necesita continuar cuando una persona cambia de lugar?

Una consulta puede empezar en una red y llevar después a la persona a una tienda. Al llegar puede seguir faltándole una explicación que la primera respuesta no podía resolver. Quien la recibe allí necesita saber qué está intentando hacer, para que el cambio de lugar permita avanzar en vez de obligarla a empezar otra vez.

Derivar una consulta puede ser adecuado cuando otra persona tiene el producto delante o puede comprobar un dato. Para que sirva, la respuesta necesita explicar dónde acudir y para qué. Enviar a alguien a una tienda sin confirmar que allí pueden ayudarlo desplaza la espera y añade el trabajo de trasladarse.

Marketing 6.0 estudia cómo se unen las actividades presenciales y digitales en la relación con una marca. Es una obra posterior al manual de Moreno. Después de elegir los espacios donde estará presente, la empresa necesita preparar cómo continuará el trabajo entre ellos.

La continuidad incluye también a quienes atienden. Pueden necesitar una referencia que permita localizar la consulta o saber qué se ha explicado antes. Compartirla dentro de los procedimientos de la empresa evita que cada equipo prepare una respuesta diferente sobre el mismo asunto. La persona podrá añadir lo que falta sin tener que reconstruir por su cuenta todo el intercambio.

Al cambiar de medio El gran libro del community manager Marketing 6.0
Decisión que se estudia Dónde puede atender la empresa a su público Cómo se relacionan las actividades presenciales y digitales
Información que hace falta La consulta y la ayuda disponible en el canal elegido Lo que necesita hacer la persona al pasar a otro medio
Comprobación posterior Que haya alguien preparado para continuar la atención Que el cambio permita seguir informándose o actuando

Al elegir un canal, el gestor necesita mirar por dónde podrá continuar el trabajo que recibe allí. Un espacio nuevo pide tiempo para publicar y para responder, junto a un camino reconocible hacia las personas que resolverán lo que quede fuera de su alcance.

¿Cómo se prepara una publicación que pueda servir a alguien?

¿Qué conviene decidir antes de empezar a publicar?

Quien prepara las publicaciones puede recibir el encargo de conseguir consultas sobre un servicio. Para escribir necesita saber qué se está ofreciendo y qué información ayudará a reconocerlo. La decisión empieza ahí, antes de escoger las palabras con las que invitará a alguien a preguntar.

Moreno relaciona la gestión profesional de redes con objetivos fijados en su entrevista de 2014 con Primeras Posiciones. Ese objetivo tiene que llegar hasta decisiones de trabajo. Si la empresa busca recibir consultas sobre un servicio, publicar será una acción dentro de un recorrido que necesita también personas capaces de entender y atender esas preguntas.

La diferencia aparece antes de escribir. Para que alguien pregunte, tiene que reconocer qué se le está ofreciendo y qué duda puede plantear. El mensaje necesita preparar ese encuentro sin intentar explicar el servicio entero. La información escogida debería permitirle saber si la propuesta se relaciona con lo que busca y por dónde puede continuar para averiguarlo.

La persona que decide preguntar necesita encontrar cómo hacerlo. Al otro lado debe haber alguien que reciba la consulta y conozca el servicio anunciado. Si falta esa atención, la publicación puede haberle dado un motivo para interesarse y dejarla esperando justo cuando intenta averiguar más. Preparar quién responderá forma parte del mismo propósito que llevó a escribir el mensaje, porque la consulta necesita una continuación para resultar útil a quien la envía.

Por eso el propósito necesita conocerse entre quienes participan. La persona que escribe, quien revisa la información y quien responde después pueden ocuparse de tareas diferentes. Para coordinarse, necesitan saber qué relación tiene su parte con la siguiente. Entregar un texto a tiempo deja aún por comprobar que se entiende lo anunciado y que la atención está preparada cuando lleguen las preguntas.

La actividad visible puede llevar a otra valoración del trabajo. Un mensaje visto por muchas personas permite conocer que hubo difusión, mientras las consultas recibidas aportan información sobre la respuesta que se estaba buscando. Ambas observaciones pueden ser útiles y describen cosas distintas. Tratarlas como equivalentes podría llevar a considerar terminado un recorrido que aún no está funcionando para quienes intentan contactar.

El objetivo también permite estudiar una dificultad sin cambiar todo a la vez. Si la publicación ha llegado a personas interesadas y apenas preguntan, habrá que examinar qué encuentran al intentar hacerlo. Puede faltar información para reconocer el servicio o el camino hacia la consulta puede resultar difícil de seguir. Elegir un cambio requiere comprender esa parte antes de aumentar simplemente el número de mensajes difundidos.

Las consultas que llegan necesitan leerse por su contenido. Una pregunta sobre algo que la empresa no ofrece puede indicar que el mensaje se entendió de una manera distinta de la prevista. Otra puede corresponder al servicio y necesitar una explicación que falta en la respuesta. Reunirlas únicamente como un total borraría esas diferencias y dificultaría saber qué parte del trabajo conviene preparar mejor.

También puede descubrirse que el objetivo pide más capacidad de la que se había previsto. Recibir consultas requiere tiempo para comprenderlas y responderlas, con ayuda de otras personas si hace falta verificar información. Si ese trabajo crece, habrá que decidir cómo se atenderá antes de seguir estimulando una entrada de mensajes que la empresa no consigue acompañar. El propósito necesita convivir con las condiciones que permiten realizarlo.

Una revisión puede llevar a mantener el objetivo y cambiar la acción. Quizá se necesita explicar mejor una condición, hacer reconocible dónde preguntar o preparar información para quien responde. Si la empresa decide buscar otra cosa, tendrá que nombrar el cambio y revisar el trabajo que dependerá de él. Conservar la misma cuenta y el mismo calendario no significa que siga bastando lo que se había preparado para el propósito anterior.

Al preparar otra publicación, el equipo puede volver a las consultas recibidas y comprobar qué información les faltaba. Quizá hubo que explicar una condición que el mensaje daba por conocida o indicar de nuevo dónde preguntar. Esas respuestas permiten decidir qué necesita quedar más claro en el siguiente texto y qué información deberá tener quien lo atienda. La persona que llegue interesada encontrará entonces una ayuda preparada a partir de preguntas que la empresa ya ha tenido que responder.

¿Qué información tendría que cambiar la próxima decisión?

Antes de publicar se puede decidir qué respuesta interesa observar. Si se quiere ayudar a comprender un procedimiento, el número de personas que abre la explicación contará una parte del recorrido. Para conocer si les ha servido habrá que atender también a las dudas que aparecen después.

Eric Ries propone vincular una prueba a lo que se quiere averiguar en El método Lean Startup. El resultado necesita orientar una decisión. Al preparar contenidos, esa relación ayuda a distinguir una publicación que reúne actividad de otra que aporta información sobre el objetivo elegido.

Al preparar una comprobación El gran libro del community manager El método Lean Startup
Punto de partida Lo que la empresa quiere conseguir con su actividad Una suposición que necesita ponerse a prueba
Respuesta que se observa Una conducta relacionada con la publicación y su propósito Una respuesta que permita examinar la suposición
Decisión posterior Mantener o ajustar lo que se publica y cómo se atiende Continuar, modificar o ampliar lo que se está probando

Escoger un objetivo obliga a explicar qué podrá saberse con los datos disponibles. Una apertura permite contar una visita. Una pregunta repetida puede señalar un paso difícil de comprender. Si se mezclan ambas señales bajo una cifra general de éxito, será más difícil reconocer qué parte necesita trabajo.

La comprobación puede prepararse mientras se escribe. Quien redacta identifica el paso que quiere explicar y decide dónde encontrará la respuesta de los lectores. Al revisar lo ocurrido, tendrá que distinguir lo que realmente puede observar de lo que aún desconoce. Una persona puede leer sin preguntar y seguir teniendo una duda, por lo que el silencio tampoco completa por sí solo esa comprobación.

Lo aprendido permite elegir un cambio para la siguiente publicación. Puede hacer falta explicar una palabra, mostrar un paso intermedio o revisar el lugar al que conduce el enlace. El dato empieza a ayudar cuando puede relacionarse con una decisión que la empresa está en condiciones de tomar.

¿Cómo saber a quién le puede servir lo que publicas?

El nombre de un servicio puede bastarle a quien trabaja con él cada día para recordar qué permite hacer. Quien lo encuentra por primera vez aún necesita esa explicación. Antes de pedirle que elija o que pregunte, habrá que ayudarlo a relacionar el nombre con algo que quiere hacer o averiguar.

Un mismo servicio puede aparecer en momentos diferentes de una búsqueda. Alguien necesita comprender qué hace y otra persona está intentando utilizarlo. La primera requiere antecedentes que la segunda quizá ya conoce. La segunda puede necesitar un detalle que no tendría sentido introducir al comienzo para quien aún desconoce de qué se está hablando. Elegir a quién se dirige una publicación permite ordenar esas necesidades sin amontonarlas.

Ese conocimiento se construye con información sobre las personas a las que se quiere llegar. Las preguntas que hacen, las palabras que utilizan y las dificultades que explican pueden ayudar a comprender su punto de partida. La empresa necesita distinguir lo que ha observado de lo que está suponiendo. Haber definido un destinatario en un documento no demuestra que todas las personas que leen lleguen con los mismos conocimientos.

Al preparar el texto conviene seguir el trabajo que se le está pidiendo al lector. Si debe comparar, necesita saber qué diferencia a las opciones. Si debe continuar hacia otro lugar, necesita reconocer para qué le servirá entrar. Una palabra de oficio puede ser útil cuando nombra algo que ya se ha explicado. Introducirla sin esa ayuda obliga a quien lee a detenerse y buscar por su cuenta una parte que la publicación estaba dando por conocida.

La relación con el público tampoco exige atribuirle una vida que desconocemos. Una persona puede necesitar una explicación básica sin compartir edad, profesión ni experiencia con las demás que hacen la misma pregunta. El mensaje puede atender esa necesidad sin etiquetarla. Describir qué quiere averiguar ofrece una base más útil para redactar que suponer cómo debe pensar o sentirse por pertenecer a un grupo. Moreno incluye al público entre las decisiones de su charla sobre contenido para Internet y redes sociales. Conocer qué necesita comprender permite elegir la ayuda que se va a preparar antes de repartirla entre canales.

La información recogida ayuda a seleccionar el comienzo. Quien escribe sabe más sobre el servicio y puede tener ganas de mostrar todas sus posibilidades. Para la persona que llega, parte de ese material solo será útil después de comprender el primer paso. Reservarlo para entonces permite que la explicación crezca con lo que va aprendiendo, sin convertir el primer párrafo en una presentación completa de todo lo que la empresa sabe.

Después de publicar pueden llegar preguntas que muestren un punto de partida distinto del previsto. Alguien puede entender para qué sirve la propuesta y seguir sin saber si se aplica a su caso. Necesita conocer una condición, mientras otra persona quizá está buscando todavía el significado del nombre. Leer qué pide cada una permite volver a la parte que le falta, conservando la diferencia entre quien empieza y quien ya ha avanzado en la explicación.

La revisión requiere cuidar el alcance de esas respuestas. Una pregunta es una experiencia que merece atención y puede abrir una comprobación. Para afirmar que describe a todo el público hacen falta más apoyos. La persona encargada puede observar si la dificultad se repite y en qué condiciones, conservando también las ocasiones en que otros consiguen utilizar la explicación.

La publicación siguiente podrá apoyarse en esas preguntas para elegir qué explicar. Si se dirige a quien llega por primera vez, necesitará presentar el significado que dentro de la empresa se da por sabido. Si ayuda a quien ya está utilizando el servicio, podrá detenerse en la condición que le impide continuar. En cada caso, la información anterior tiene que llegar antes de pedir una decisión que dependa de ella. El lector podrá ir utilizando lo que acaba de comprender para seguir con lo que viene después.

¿Qué parte de la explicación conoce solo quien la escribe?

Quien trabaja cada día con un servicio reconoce sus palabras sin detenerse a explicarlas. El lector puede encontrarse por primera vez con una de ellas y perder desde ahí el resto de la indicación. Para continuar necesitará ese significado, incluso si el texto ya contiene toda la información que comprende un compañero de la empresa.

Chip Heath y Dan Heath examinan esa distancia en Ideas que pegan. Quien conoce mucho puede completar mentalmente un paso que nunca llegó a escribir. Pensar en el público de una cuenta requiere revisar también esos conocimientos que la empresa da por compartidos.

La palabra puede conservarse si hace falta para reconocer el servicio o completar una gestión. Habrá que acompañarla de una explicación que el lector pueda utilizar. Sustituirla por otra igual de desconocida solo cambia el punto en el que se detiene. Nombrar qué se hace y cuándo se necesita permite relacionarla con una acción conocida.

Al explicar al destinatario El gran libro del community manager Ideas que pegan
Lo que se necesita conocer A quién puede servir el contenido y qué pregunta trae Qué contexto le falta al receptor para entender la idea
Dificultad que aparece La publicación responde a una duda distinta de la suya El experto da por explicado un paso que solo él conoce
Qué puede faltar La información que necesita el público al que se dirige la cuenta Un conocimiento que el experto da por compartido

Al aplicar esa diferencia a una cuenta, el gestor puede seguir la publicación como alguien que desconoce el procedimiento. Si una frase pide elegir una opción, necesita comprobar que antes se ha explicado qué significa cada alternativa. Si después aparece una condición, tendrá que estar situada antes de la decisión a la que afecta. La lectura empieza a tropezar cuando exige algo que solo se explicará más adelante.

Las preguntas que llegan ofrecen otra forma de revisar la explicación. Una persona puede repetir bien el nombre del servicio y seguir sin saber qué debe hacer. Pedirle que cuente cómo lo ha entendido permite localizar el paso que falta. Si al contarlo se detiene siempre en el mismo punto, el gestor podrá volver a esa parte y comprobar qué conocimiento faltaba. La nueva explicación tendrá que llegar hasta ahí para que la persona pueda continuar.

¿Qué ayuda a publicar sin improvisar cada día?

Una publicación puede tener fecha y seguir esperando un dato para poder escribirse. Si otra persona debe comprobarlo, su respuesta tiene que llegar con tiempo para utilizarla y revisar el texto. Marcar el día de publicación obliga a mirar también cuándo hace falta pedir esa información.

Pedir el dato, recibirlo y revisar lo escrito pueden ser tareas de personas distintas. Quien redacta necesita la información antes de terminar el texto, y quien lo revisa debe recibirlo antes de que llegue la fecha prevista. Si cada encargo empieza cuando vence el siguiente, la última persona tendrá que trabajar deprisa o cambiar la entrega. Organizar esas tareas requiere conocer de quién depende cada una y contar también con el tiempo que puede llevar recibir una respuesta.

Quien pide un dato necesita explicar para qué va a utilizarlo. La persona que lo recibe quizá conoce una parte del servicio y dispone de varias respuestas posibles. Saber qué se intenta explicar permite buscar la información pertinente. La petición también necesita un plazo que pueda examinarse junto al trabajo que ya está realizando, de manera que la disponibilidad se confirme antes de darla por supuesta.

Con esa respuesta se puede revisar lo previsto. Un contenido puede resultar fácil de preparar porque la información ya está comprobada. Otro puede necesitar una consulta que cambie su duración o su alcance. Verlos juntos permite decidir qué se puede terminar a tiempo y qué explicación requiere una preparación más larga. La planificación conserva utilidad cuando refleja esas diferencias, en lugar de convertir todas las publicaciones en casillas que parecen equivalentes.

El calendario también puede recoger el tiempo de lectura del borrador. Al escribir, una persona puede seguir el recorrido porque conoce lo que quería decir. Una revisión completa permite observar qué encontrará quien llega sin ese conocimiento. Puede faltar un antecedente, un enlace llevar a una explicación distinta o una condición haber quedado demasiado lejos de la frase a la que corresponde. Corregirlo requiere un momento que no debería darse por incluido automáticamente en el de redactar.

La preparación coincide con la atención de lo ya publicado. Las preguntas pueden llegar mientras se está revisando otro contenido y pedir una comprobación que también necesita tiempo. Si una sola persona asume ambas tareas, habrá que reconocer qué puede terminar y qué debe esperar. El plan ayuda a ver esa carga cuando conserva las tareas efectivas, además de la lista de fechas en que aparecerán los mensajes.

Preparar con antelación tampoco significa dejar de observar lo que ocurre. La información confirmada puede cambiar antes de publicarse o una explicación prevista puede dejar de corresponder a lo que las personas están preguntando. En ese caso, el calendario ofrece un lugar desde el que revisar la decisión. Mantener la fecha a costa de un contenido que ya no sirve convertiría la organización en una razón para publicar algo que había perdido su utilidad.

Si la publicación debe moverse, conviene revisar lo que depende de ella. Puede haber una explicación posterior que la utilizaba como antecedente o un compañero esperando el texto para preparar su parte. Comunicar el cambio permite que los demás ajusten su trabajo con información, sin seguir dedicando tiempo a una entrega que ya no puede utilizarse como se había previsto.

Antes de publicar queda una comprobación sobre el texto terminado. La información recibida puede haber cambiado una condición y dejar una frase anterior que todavía explique otra cosa. Quien revise tendrá que seguir los pasos tal como los encontrará el lector, comprobar los datos y abrir los enlaces que se le ofrecen. La preparación con antelación permite dedicar un rato a esa lectura, antes de que sea el público quien encuentre la contradicción y tenga que preguntar por ella.

¿Qué trabajo necesita un rato en el que no entre otra tarea?

Preparar una explicación puede exigir mantener a la vista varios pasos y comprobar cómo se relacionan. Si llega una consulta mientras se está revisando uno, atenderla deja después el trabajo de recuperar dónde se había detenido la lectura. El tiempo dedicado a responder convive con el que hará falta para volver. Cal Newport examina ese esfuerzo en Céntrate, donde relaciona la elección de herramientas con su aportación y con el tiempo y la atención que consumen.

Al organizar el tiempo El gran libro del community manager Céntrate
Trabajo que se prepara La creación y la atención necesarias para sostener las publicaciones Una actividad que exige mantener la atención
Interrupción que debe valorarse La consulta que llega mientras se está preparando contenido El cambio de asunto y el esfuerzo de volver al anterior
Acuerdo que ayuda a continuar Quién atiende cada tarea y cuándo necesita hacerlo Qué puede entrar durante el periodo reservado

En una cuenta de empresa, la fecha de publicación necesita detrás un momento en el que el contenido pueda elaborarse. El calendario puede recoger cuándo se buscará información y cuándo se revisará lo escrito, junto a quién podrá atender las consultas durante ese trabajo. Una fecha colocada en una casilla deja sin preparar esas horas si todas siguen disponibles para otros encargos.

La atención a la comunidad puede requerir respuestas dentro de un plazo acordado. Esa responsabilidad forma parte del trabajo y necesita un lugar en su organización. Reservar tiempo para escribir sirve cuando la empresa sabe cómo seguirá atendiendo las consultas durante ese rato, mediante un reparto o unos momentos de revisión compatibles con lo que ha prometido.

Para preparar ese acuerdo hay que conocer qué clase de mensajes llegan. Una pregunta sobre un horario puede necesitar una comprobación breve. Una incidencia en un servicio puede requerir que otra persona intervenga antes de redactar la respuesta. Si ambas entran como avisos indistintos, el gestor tendrá que abrir cada una para averiguar qué trabajo trae, interrumpiendo lo que estaba haciendo.

La revisión del calendario permite observar ese coste. Si una explicación sigue sin terminarse, conviene mirar qué tareas ocuparon el tiempo previsto y qué atención necesitaban. A partir de ahí se podrá cambiar el reparto o la fecha con conocimiento del trabajo, en vez de exigir más velocidad a una persona que estaba atendiendo dos encargos a la vez.

¿Cómo dar a alguien una razón para seguir leyendo?

Una persona puede conocer el nombre de un servicio y seguir sin saber qué necesita para utilizarlo. Si pregunta por ese comienzo, la respuesta tendrá que llegar hasta una acción que pueda realizar. Antes de escribir conviene averiguar qué ha comprendido ya y dónde necesita ayuda para seguir.

En una entrevista sobre su libro, Manuel Moreno relaciona la permanencia de una empresa entre los mensajes del usuario con el valor que le ofrece. Para comprender ese valor puede seguirse la pregunta que ha llegado. La publicación ayuda cuando permite que el lector entienda una dificultad que antes le impedía continuar, con una explicación que pueda utilizar en su situación.

El primer trabajo consiste en precisar la duda sin reducirla a una palabra general. Preguntar por un servicio puede significar desconocer qué incluye, no entender una condición o necesitar saber cómo se inicia. Las tres cosas pertenecen al mismo asunto, pero requieren respuestas diferentes. Si quien escribe elige una de ellas sin comprobar a qué se refería la persona, puede preparar una explicación correcta que pase por otro lugar. Las palabras utilizadas al preguntar ayudan a encontrar ese punto. Hay que leerlas junto a la conversación anterior, si la hay, y distinguir lo que la persona ha dicho de lo que nosotros suponemos que necesita. Cuando falta información, una pregunta breve puede evitar una publicación construida alrededor de una interpretación equivocada. El usuario podrá explicar qué había intentado antes de detenerse, ofreciendo un comienzo desde el que continuar.

Una vez reconocida la duda, el título puede nombrarla con palabras que el lector identifique. Quien entre esperando saber cómo empezar necesita encontrar esa explicación desde el comienzo. La historia de la empresa puede esperar si desconoce todavía qué debe preparar. En cambio, un antecedente que permita comprender por qué se le pide un dato tiene que llegar antes de solicitarlo. El orden se decide siguiendo lo que necesita saber para utilizar la información siguiente.

Quien conoce el servicio dispone de un recorrido mental que el recién llegado aún no ha realizado. Puede nombrar un trámite y pasar directamente al siguiente, porque sabe qué ocurre entre ambos. La explicación necesita recuperar esa relación. Si una acción requiere tener antes un documento, hay que situar esa necesidad antes de pedirla. Si una palabra cambia lo que debe hacer la persona, su significado necesita entenderse cuando aparece. Esos apoyos mantienen la continuidad sin convertir cada frase en una definición aparte.

La extensión se decide siguiendo el trabajo del lector. Una duda limitada puede resolverse dentro de la publicación. Otra necesita una explicación más amplia, con un enlace que anuncie lo que encontrará al seguirlo. Ese traslado también requiere cuidado. La persona debe poder reconocer que llega al mismo asunto y encontrar la parte que se le había prometido, en lugar de empezar otra búsqueda desde una página general.

Una vez escrita, la respuesta puede leerse desde el punto en que estaba quien preguntaba. Conviene comprobar qué podría hacer después del primer párrafo y qué información recibiría antes de que le hiciera falta. Si para entender una instrucción necesita conocer algo que aparece mucho más abajo, el orden está pidiéndole que avance sin un apoyo necesario. Reubicar ese dato permite seguir, manteniendo la explicación que ya estaba bien desarrollada.

Las respuestas posteriores ofrecen información distinta de un simple recuento de lecturas. Una persona puede repetir la pregunta porque no ha encontrado el dato, porque lo ha interpretado de otra manera o porque su situación queda fuera de lo explicado. Atender a esa diferencia permite revisar el contenido donde realmente falta algo. También puede mostrar que el texto responde bien a una parte del público y necesita indicar a quién acudir para las demás situaciones. Al volver sobre la publicación, quien la gestiona dispone de lo que escribió y de lo que los lectores han entendido. Puede corregir una palabra, introducir un antecedente o hacer más visible el paso que estaba escondido entre otros. La mejora continúa en el lugar donde la persona se había detenido, hasta que la explicación le permita retomar lo que intentaba hacer.

¿Qué tiene que encontrar el lector al llegar donde lo hemos invitado?

El título puede hacer que una persona abra una explicación esperando resolver una duda. Al llegar, necesita encontrar el asunto por el que entró y los pasos que le permitan avanzar. Si debe recorrer varias ofertas antes de localizarlo, la publicación habrá pedido su atención sin facilitar todavía la ayuda prometida.

Luis Bassat sitúa la comunicación en relación con lo que se ofrece en El libro rojo de la publicidad. La promesa debe corresponder al producto que recibirá la persona. Al preparar contenido para una comunidad, la comprobación alcanza también a la página donde terminará el enlace.

El gestor puede comprobar ese recorrido desde el mismo lugar en el que lo empezará el lector. Abrir el enlace permite ver qué aparece primero, si la explicación se reconoce y si puede leerse con el aparato que se está utilizando. Tener escrita la respuesta en una página de la empresa deja por comprobar cómo se llega hasta ella.

Al continuar una lectura El gran libro del community manager El libro rojo de la publicidad
Qué atrae a la persona Una publicación relacionada con lo que necesita entender Una promesa que debe corresponder al producto
Qué debe encontrar después La explicación o la información anunciada Una experiencia que sostenga lo ofrecido
Qué dificultad hay que revisar El recorrido interrumpe la búsqueda de la respuesta El mensaje crea una expectativa que el producto no cumple

La información puede necesitar más espacio del que permite la publicación inicial. En ese caso, el mensaje breve puede explicar qué pregunta se desarrolla en el enlace y para quién está preparada. La página tendrá ocasión de añadir condiciones, pasos y ejemplos sin obligar al lector a adivinar qué relación guardan con lo que acaba de leer.

El interés puede perderse después de una primera apertura si la persona sigue sin encontrar su respuesta. Atender a ese punto cambia lo que se revisa: en lugar de buscar otro título que consiga más visitas, se puede preparar mejor la llegada de quienes ya habían decidido prestar atención.

¿Qué conviene comprobar antes de compartir una información?

Una información puede aparecer repetida en varias páginas que remiten a una misma noticia. Quien la encuentra ve muchas publicaciones, aunque todas dependan de lo que se contó en aquel primer lugar. Para comprobar el dato necesita regresar a ese origen y leer qué permite afirmar.

El libro incluye la selección de contenidos y sus fuentes dentro del trabajo de publicación. La tarea continúa más allá de encontrar algo relacionado con el tema. Al elegir una información ajena, la persona que gestiona la cuenta decide qué va a acercar a quienes confían en los mensajes de la empresa y con qué apoyos podrán comprenderla.

La procedencia empieza por distinguir quién publica el dato de quién lo comenta. Una página puede haber consultado un informe y otra puede recoger su explicación sin volver al documento. Si ambas repiten la misma afirmación, la coincidencia procede de un origen compartido. Para comprobarla hace falta llegar hasta ese origen, en lugar de contar las páginas como si cada una hubiera realizado una investigación nueva.

El documento inicial también requiere lectura. Puede hablar de personas que cumplieron unas condiciones, de un lugar determinado o de un periodo que ya terminó. Esos límites forman parte de lo que se sabe. Al retirarlos para preparar un mensaje más amplio, se crea una afirmación distinta de la que el documento permitía sostener. La empresa terminaría difundiendo una conclusión propia bajo la apariencia de estar repitiendo un dato comprobado. Para conservar el significado conviene seguir qué pregunta respondía la información. Un resultado sobre quienes participaron en una actividad dice algo de ese grupo, pero necesita más apoyo para describir a quienes quedaron fuera. Una explicación sobre un servicio puede referirse solo a una modalidad. La persona que escribe tiene que nombrar la parte de la que está hablando antes de esperar que el lector utilice el dato.

La fecha añade otra relación. Permite distinguir cuándo ocurrió lo contado, cuándo se investigó y cuándo se publicó la explicación. Esas tres fechas pueden ser distintas. Una publicación reciente puede recuperar un hecho antiguo sin convertirlo en una novedad. Si el mensaje depende de que algo siga disponible, hará falta comprobar esa condición de nuevo o mantener expresamente el momento al que pertenece la información.

En una presentación sobre contenidos, Moreno vuelve sobre el trabajo de seleccionar fuentes. La selección puede aprovechar material ajeno mientras la publicación explica qué se toma de él y permite regresar a su procedencia. Ese enlace ayuda también a separar la información consultada de la interpretación que la empresa añade al comentarla.

La duda puede resolverse leyendo una condición que había quedado fuera del mensaje breve. Si ese dato permite entender el alcance de la afirmación, habrá que conservarlo al compartirla. Otra cosa ocurre cuando sigue faltando el apoyo para saber si lo contado es cierto. En ese punto conviene buscar una confirmación o elegir otra información. Añadir una expresión de prudencia deja todavía a los lectores ante un dato que la empresa sigue sin poder comprobar.

Al redactar, hace falta revisar de nuevo el camino entre el dato y la frase que lo presenta. El título puede haber ampliado lo que el cuerpo explica o una imagen puede dejar fuera una condición que sí aparece en el texto. Quien solo vea esa parte recibirá un mensaje diferente. La comprobación necesita alcanzar también esos elementos, porque la información circulará en formas que quizá se separen del párrafo donde se había matizado.

Si después aparece una corrección en la fuente, la persona que compartió la información podrá volver a ella y comparar lo publicado. Necesita reconocer qué dato cambia y qué parte de su propio mensaje dependía de él. Un enlace conservado facilita encontrarlo, pero queda el trabajo de revisar el texto y explicar la diferencia a los lectores. Ellos recibieron la información desde la cuenta de la empresa y pueden seguir utilizándola hasta conocer esa corrección.

¿Qué dato podría obligarnos a cambiar lo que íbamos a compartir?

Una información puede encajar con lo que la empresa deseaba publicar y seguir necesitando comprobación. Quien la revisa tiene que poder encontrar un dato que cambie la decisión, incluso si eso obliga a retirar una pieza ya preparada. El trabajo invertido seguirá siendo real, mientras la afirmación necesita un apoyo distinto de las ganas de utilizarla.

Adam Grant se ocupa de esa disposición a revisar en Piénsalo otra vez. Escuchar una objeción exige examinar qué información aporta. Al comprobar un contenido, la duda empieza a ser útil cuando puede modificar lo que la empresa está dispuesta a afirmar.

Encontrar la procedencia permite distinguir una afirmación original de los textos que solo la repiten. Si varias páginas remiten a la misma noticia, el número de repeticiones describe su circulación. Para comprobarla habrá que volver a lo que esa noticia conoce y a la información con la que se elaboró.

La revisión necesita atender también a lo que incomoda. Una fecha anterior puede dejar fuera un cambio posterior. Una condición puede limitar la afirmación a un grupo pequeño. Si el gestor mantiene esos detalles al redactar, quizá la publicación diga menos de lo previsto, pero dirá lo que el apoyo permite sostener. El lector podrá comprender a qué situación se refiere sin recibir una seguridad que la empresa aún no tiene.

Al revisar una afirmación El gran libro del community manager Piénsalo otra vez
Qué se examina La procedencia y el contexto de lo que se va a compartir La información que sostiene una idea y la que podría cambiarla
Qué puede dificultarlo La pieza ya está preparada y encaja con lo que se quería decir El esfuerzo invertido se convierte en motivo para defender la idea
Qué permite continuar Publicar con apoyo suficiente, limitar lo afirmado o esperar Mantener o revisar la decisión después de evaluar la objeción

Dejar una pieza sin publicar puede liberar el tiempo necesario para preguntar por lo que falta. Si después llega una confirmación, habrá una base desde la que continuar. Si llega una corrección, el trabajo de revisión habrá evitado que la empresa trasladara a otras personas un error que aún estaba en condiciones de detener.

¿Por qué copiar el mismo mensaje puede dificultar que se entienda?

Una respuesta puede mencionar una fecha porque la actividad a la que pertenece acaba de explicarse en la conversación. Si se copia en otro lugar, el lector nuevo recibe la fecha sin haber leído aquel antecedente. Necesita saber qué ocurrirá ese día antes de poder utilizar la información.

La relación entre públicos, canales y contenidos forma parte de la planificación que trata Moreno. Un canal es el lugar por el que se hace llegar un mensaje. Elegirlo implica pensar también qué encontrará la persona alrededor de ese mensaje y qué sabe cuando empieza a leer. La misma información puede necesitar otra entrada para conservar su sentido.

En la primera conversación, la pregunta ayuda a entender la respuesta. Sus participantes saben a qué actividad o a qué servicio se refieren, de modo que pueden utilizar una expresión breve para continuar. Al separar la respuesta se pierde esa ayuda. Quien prepara la nueva publicación tiene que recuperar el asunto antes de volver a utilizar la fecha, la condición o el pronombre que dependían de él.

La adaptación puede empezar por algo tan limitado como nombrar el asunto que antes se daba por sabido. Si se habla de una fecha, hace falta distinguir si es el momento de una actividad o el último día para realizar una petición. Ambas cosas pueden llevar al lector a actuar, pero de maneras diferentes. La explicación tiene que conservar esa relación al cambiar de lugar, sin obligarlo a deducirla a partir de un número.

El conocimiento de quien publica puede ocultar la falta. Ha participado en la preparación y reconoce de inmediato el nombre del proyecto. El lector nuevo dispone únicamente del mensaje que acaba de encontrar. Para revisar, conviene seguir las palabras como si se recibieran desde ese comienzo. Cada pronombre o referencia anterior necesita un apoyo visible dentro del texto o en un contexto al que realmente se pueda acceder. El vocabulario también depende de lo que ya se ha explicado. Una abreviatura puede resultar familiar para un grupo y quedar sin significado para otro. Desarrollarla en su primera aparición ayuda a continuar. Esa explicación debe pertenecer al mismo recorrido, evitando reunir varias definiciones que hagan esperar demasiado antes de saber para qué se está utilizando el término.

Ajustar el recorrido conserva unas partes que deben permanecer estables. La fecha, la condición de participación, el precio o el alcance de una promesa forman parte de lo que la empresa está comunicando. Una redacción más cercana puede cambiar el modo de contarlo sin cambiar esas condiciones. Si una versión afirma algo diferente, ya se ha producido un cambio en la información y necesita verificarse antes de publicarla.

La pieza continúa cuando el lector sigue un enlace. El mensaje puede haberle preparado para encontrar una explicación determinada. Al llegar, necesita reconocer el mismo asunto y localizar sin otra búsqueda la parte que se le prometió. Revisar solo las palabras visibles en la red deja sin comprobar ese paso, donde una persona que estaba interesada puede quedarse fuera por un destino que no corresponde.

Para mantener las versiones, quien lleva las publicaciones necesita saber qué datos comparten. Si cambia una condición, las copias pueden requerir una revisión conjunta. Adaptarlas por separado sin reconocer ese vínculo permite que una quede actualizada y otra conserve la explicación anterior. La claridad del primer mensaje pierde utilidad si el lector encuentra después indicaciones incompatibles según el lugar por el que haya entrado.

Antes de publicar la nueva versión, conviene leerla sin acudir a la conversación anterior. Cada referencia necesita encontrarse dentro del texto o en un lugar que el lector pueda consultar. Después habrá que abrir el enlace, si lo hay, y comprobar que conduce a la explicación anunciada. Quien llegue desde esa red podrá reconocer el asunto y continuar hacia sus condiciones, aunque sea la primera vez que encuentra una publicación de la empresa.

¿Cómo se acompaña a quien necesita una respuesta?

¿Qué aporta un blog cuando una respuesta necesita más espacio?

Para responder a una duda puede hacer falta explicar qué debe prepararse antes de empezar. Después habrá que contar cómo se utiliza y qué permite hacer. Un artículo de blog ofrece espacio para mantener juntas esas partes, con una dirección que pueda enviarse a quien ha preguntado.

El libro dedica un capítulo al blog como herramienta de comunicación. En una entrevista de 2014, Moreno explica también que las redes pueden difundir el contenido de un blog. Esa relación permite separar dos trabajos que se necesitan. El mensaje ayuda a descubrir la explicación y el artículo ofrece espacio para comprenderla con sus antecedentes.

Para realizar ese traslado hay que conservar la pregunta que puso en marcha la respuesta. La persona que llega desde una red necesita reconocer que el artículo se ocupa del mismo asunto. Si el enlace anuncia una instrucción y conduce a una presentación general de la empresa, ha cambiado el trabajo que se le pide hacer. Después de seguirlo tiene que empezar otra búsqueda, sin saber si encontrará aquello por lo que entró. La publicación puede prepararse alrededor del recorrido que necesita quien pregunta. El comienzo presenta lo suficiente para situar su dificultad y los párrafos siguientes introducen la información antes de que deba utilizarse. Una condición que obliga a esperar o a consultar algo tiene que aparecer antes del paso que depende de ella. Dejarla para el final puede llevar a recorrer de nuevo una explicación que parecía ya comprendida.

El artículo tiene lectores que no estuvieron en la conversación inicial. Alguien puede recibir el enlace de otra persona, encontrarlo buscando información o volver a él tiempo después. Por eso necesita conservar sus propios referentes. Las expresiones que dependen de lo dicho antes o de una fecha cercana requieren una orientación que permanezca dentro de la publicación. El texto debe seguir pudiendo explicarse cuando ya no tenga alrededor los mensajes que le dieron origen. La posibilidad de regresar también cambia cómo se organiza la respuesta. Un artículo puede tener un título que nombre la dificultad y apartados que ayuden a encontrar una parte. Esa organización facilita volver al paso que se quiere consultar, sin exigir leerlo todo otra vez. Los títulos deben corresponder a lo que contienen, porque una persona que entra por uno de ellos seguirá necesitando recibir allí la explicación prometida.

El espacio tiene que utilizarse siguiendo la duda del lector. Si una instrucción exige conocer antes una condición, hace falta detenerse y explicarla; quien escribe puede continuar después apoyándose en lo que acaba de aclarar. Ese desarrollo evita pedirle que adivine la relación entre dos pasos. Añadir material sobre la empresa que no interviene en la respuesta, en cambio, le hace recorrer más texto antes de encontrar la ayuda por la que entró.

El artículo tampoco puede anticipar todas las situaciones. Puede explicar una respuesta general y señalar cuándo hace falta preguntar por una condición propia. Esa indicación permite distinguir lo que el lector puede realizar con la información disponible de lo que aún necesita conocer. La vía de contacto continuará el trabajo si anuncia qué habrá que contar y permite llegar a alguien que pueda atenderlo.

Con el paso del tiempo, un artículo compartido puede seguir recibiendo lectores aunque la publicación social haya quedado lejos entre otros mensajes. Esa utilidad requiere atención sobre su contenido. Si cambia un dato que afecta a las acciones explicadas, habrá que revisarlo antes de seguir enviando personas allí. El enlace conserva una dirección, pero la respuesta necesita conservar también su correspondencia con lo que está ocurriendo. La siguiente conversación puede volver a ese artículo sin repetirlo entero. Quien atiende la pregunta necesita leer qué está pidiendo la persona y comprobar si el texto le sirve. Al acompañar el enlace puede señalar el punto por el que conviene empezar, manteniendo abierta la ocasión de preguntar por lo que siga faltando. La publicación amplia continúa así dentro de una atención que reconoce a la nueva persona, en lugar de enviar el mismo destino a cualquier duda.

¿Cómo mantener útil una explicación después de publicarla?

Un artículo puede explicar una condición que era válida al publicarse y que cambia después. Quien entra por primera vez quizá sigue sus indicaciones sin conocer ese cambio. Para mantener útil la explicación hay que comprobar qué acciones dependían de aquella condición y cómo deben contarse ahora.

La elaboración y actualización de contenidos del blog aparece como una parte propia del manual. Actualizar requiere seguir las consecuencias de un cambio dentro de la explicación. Una fecha puede afectar a una instrucción, un requisito puede modificar quién puede continuar y una nueva vía de contacto puede cambiar dónde se realiza el paso siguiente.

Al recibir la información nueva, quien revisa necesita identificar qué afirmación deja de servir. El aviso puede hablar de un servicio entero mientras el cambio solo afecta a una modalidad. Si se modifica la explicación de todos por igual, algunas personas recibirán una condición que no les corresponde. La revisión empieza por conocer el alcance antes de cambiar las palabras que lo expresan. Después hace falta leer el recorrido afectado. Una indicación puede depender de la frase anterior o preparar lo que se hará en el párrafo siguiente. Cambiarla de manera aislada deja esas relaciones sin comprobar. El texto puede utilizar un nombre antiguo después de haber presentado el nuevo o pedir un documento que el primer paso ya no requiere. La persona que lee necesita encontrar una explicación que continúe de una acción a otra.

El conocimiento de quien actualiza puede esconder esas dificultades. Sabe cuál era la versión anterior y reconoce de inmediato la parte nueva. El lector quizá desconoce ambas cosas. Para comprobar la revisión hay que seguir únicamente lo que recibe ahora y preguntar qué haría después de cada paso. Si necesita adivinar una diferencia, falta una explicación que el editor está completando con su propio conocimiento. La fecha puede ayudar al lector a reconocer a qué momento corresponde una información. Para que sirva, debe acompañar una revisión de las partes que han podido cambiar. Modificar el día que aparece en el artículo mientras sigue una instrucción antigua puede darle una seguridad equivocada: encontrará una fecha reciente y un paso que ya no puede realizar. Quien mantiene el texto tiene que comprobar ambas cosas antes de presentarlo como actualizado.

También conviene seguir los caminos por los que se llega a la publicación. Un mensaje social puede conservar un resumen de la condición anterior. Otro artículo puede utilizarla como apoyo para explicar una acción distinta. Si solo cambia la página de destino, el lector encontrará versiones incompatibles. Conocer esas relaciones permite revisar los mensajes que aún se utilizan para enviar personas hacia la respuesta.

La corrección puede necesitar explicar por qué una indicación ha cambiado. Quien había leído la versión anterior quizá organizó algo a partir de ella. Encontrar ahora otras palabras sin orientación puede dejarlo dudando sobre cuál debe seguir. Señalar la parte que se modifica y el momento al que corresponde ayuda a distinguir el cambio de una contradicción que nadie ha atendido.

El trabajo requiere una persona que se haga cargo de esa continuidad. Quien conoce el servicio puede confirmar el dato y quien publica puede comprobar cómo aparece en la explicación. Si ambos dan por hecho que el otro ha realizado la tarea completa, una parte puede quedar sin revisar. La comunicación interna necesita llegar hasta el texto que efectivamente recibirá el usuario.

Antes de enviar a otra persona hacia ese artículo, quien atiende las redes puede abrirlo y leer los pasos afectados por el cambio. Necesita comprobar que la condición nueva se explica antes de utilizarla y que los enlaces conservan un destino adecuado. Si el lector vuelve después con una duda, sus palabras permitirán reconocer qué sigue faltando. La revisión podrá continuar desde ese punto, con atención tanto a quien llega por primera vez como a quien recuerda la explicación anterior.

¿Qué hace falta para que una pregunta llegue a quien puede resolverla?

Quien recibe una pregunta en las redes puede necesitar consultar a un compañero antes de responder. El usuario ya ha explicado su dificultad en ese primer mensaje. Para llevarla dentro de la empresa hace falta conservar lo que contó, de manera que quien busque la información sepa a qué debe contestar.

El papel del gestor dentro de la empresa y la atención al cliente forman parte del libro. La relación entre ambos se reconoce al seguir esa consulta. Quien lee los mensajes puede comprender qué necesita el usuario y seguir sin disponer de autoridad o conocimiento para resolverlo. Su trabajo incluye llevar la pregunta hasta donde pueda recibir una respuesta, manteniendo la conversación con quien la hizo.

Antes de trasladarla hay que reconocer qué falta. El mensaje puede nombrar un servicio sin precisar la parte a la que se refiere, o pedir algo que depende de una condición no explicada. Una pregunta al usuario puede completar ese contexto. Si la consulta interna empieza antes de comprenderlo, otras personas pueden dedicar tiempo a responder a una cuestión distinta. La información que se envía al compañero necesita conservar el sentido de la pregunta. Conviene distinguir las palabras del usuario de la interpretación que hemos hecho de ellas. Si resumimos una duda como una reclamación que la persona nunca formuló, el compañero preparará una respuesta para esa lectura. Al volver hacia fuera, la conversación puede empezar a discutir un desacuerdo que se ha creado durante el traslado.

Enviar el mensaje también requiere acordar quién lo va a estudiar. Si se comparte con varias personas sin concretarlo, cada una puede dar por hecho que otra está buscando la información. Mientras tanto, el usuario sigue esperando la respuesta que pidió en la cuenta de la empresa. Saber qué compañero se hace cargo permite volver a él para conocer el resultado y mantener la consulta pendiente hasta poder contestar.

Quien responde desde dentro necesita saber para qué se utilizará su explicación. Una información preparada para un compañero puede emplear nombres internos o dar por sabidas condiciones que el usuario desconoce. Al recibirla, la persona que gestiona la cuenta debe comprobar qué hace falta explicar antes de enviarla. Adaptar las palabras exige conservar lo confirmado, sin añadir una promesa que el compañero no haya hecho.

Durante ese recorrido, el usuario queda esperando fuera. Informarle de que su pregunta necesita una consulta permite reconocer qué está ocurriendo. La atención debe distinguir lo que se sabe de lo que se está averiguando. Afirmar una fecha de respuesta sin conocer cuándo estará disponible el dato puede crear otra espera que después habrá que explicar. La información sobre el proceso también necesita corresponder al trabajo que realmente se está haciendo.

La respuesta interna se comprueba volviendo a la pregunta inicial. Puede resolver una parte y dejar otra fuera, o describir una situación que no coincide con la del usuario. Antes de dar la conversación por cerrada hay que seguir esa diferencia y pedir la aclaración que corresponda. El hecho de haber recibido una contestación dentro de la empresa no significa por sí solo que ya se pueda responder a quien escribió. Cuando se envía la explicación, empieza una nueva comprobación de comprensión. La persona puede utilizarla, preguntar por una palabra o indicar que su necesidad era distinta. Conservar el intercambio permite continuar desde allí. Le evita volver a contar lo que ya había explicado y ayuda a que el compañero reciba la nueva pregunta dentro del asunto que estaba atendiendo.

Si el usuario vuelve a preguntar, quien lo atienda necesitará encontrar la consulta y lo que se había averiguado. Un compañero puede haber confirmado solo una parte, o la persona puede señalar ahora que su dificultad continúa. Conservar ambos mensajes permite pedir la aclaración precisa y regresar después con una respuesta. El usuario podrá seguir desde lo que ya había contado, aunque para ayudarlo hayan tenido que intervenir varias personas dentro de la empresa.

¿Qué necesita quedar anotado mientras otra persona busca la respuesta?

Quien atiende una cuenta puede enviar una pregunta a un compañero y quedarse esperando su comprobación. Durante esa espera llegarán otros mensajes. Para volver al primero necesita conservar qué se preguntó, quién está buscando el dato y qué información falta antes de responder.

David Allen desarrolla en Organízate con eficacia el trabajo de aclarar los asuntos recibidos y preparar recordatorios que puedan encontrarse después. En una consulta de la comunidad, trasladar el mensaje inicia otra tarea que necesita seguimiento hasta que la respuesta vuelva a quien la pidió.

Un mensaje reenviado puede llegar sin la parte que permitiría comprenderlo. El compañero quizá necesita saber a qué producto se refiere o qué ha intentado ya la persona. Recoger ese contexto antes de enviarlo reduce las vueltas dedicadas a averiguar algo que estaba disponible en la conversación inicial.

Mientras continúa una consulta El gran libro del community manager Organízate con eficacia
Qué ha llegado Una pregunta que necesita información de la empresa Un asunto cuyo significado y trabajo deben aclararse
Qué se recoge El contexto de la consulta y la persona que puede ayudar La acción que corresponde y la información para retomarla
Qué se revisa La comprobación pendiente antes de responder al usuario Los cambios que mantienen útil el recordatorio

El seguimiento necesita distinguir entre haber pedido una comprobación y haber obtenido el resultado. Alguien puede confirmar que ha leído la consulta y seguir necesitando tiempo para resolverla. Registrar esa diferencia permite informar al usuario sobre el estado conocido, sin presentar la recepción interna como una solución terminada.

Cuando llegue la respuesta habrá que volver a la pregunta. El dato recibido puede completar una parte y dejar otra sin atender. Quien lleva la conversación necesita comprobarlo antes de cerrarla, para que el usuario reciba la información que estaba esperando y sepa qué falta si aún hay una gestión abierta.

¿Qué queda por hacer después de enviar una consulta?

La siguiente conversación es una ilustración creada entre dos personas de una empresa. Marta atiende las consultas que llegan a su cuenta y Luis comprueba la disponibilidad de los productos. Están preparando el seguimiento de una pregunta que Marta aún no puede contestar.

—Te he enviado la consulta sobre el modelo que busca esa persona. Necesito saber si podrá recogerlo aquí o tendrá que pedirlo a otra tienda.

—He recibido el mensaje, pero tengo que comprobar el almacén. El modelo aparece en la lista y todavía necesito confirmar si sigue disponible.

—Dejaré anotado que falta esa comprobación y que la estás haciendo tú. ¿Qué referencia necesitas para localizar el producto correcto?

—El nombre completo y el tamaño. Si tiene una fotografía de la etiqueta, podré comprobar que hablamos del mismo.

—Voy a pedírsela. Mientras llega, le explicaré que estamos comprobando la disponibilidad, sin confirmar todavía que podrá recogerlo.

—Cuando la reciba revisaré el almacén y te diré qué he encontrado. Si no está, comprobaré también qué información podemos darle sobre otra tienda.

—Le pediré la fotografía y dejaré la consulta pendiente de tu comprobación. Cuando me confirmes el modelo, volveré a escribirle con lo que hayamos encontrado.

¿Cómo responder a una queja sin perder de vista a quien la hace?

Una persona puede reclamar después de intentar obtener una ayuda que sigue necesitando. Al escribir cuenta qué esperaba recibir y qué ocurrió cuando lo intentó. Quien lee la queja necesita seguir ese relato para comprender qué sigue pendiente, aunque las palabras con las que llega expresen mucho enfado.

La atención al cliente ocupa un apartado del manual. La escucha aparece también en las explicaciones de Moreno sobre el trabajo en redes. Para seguir esa atención conviene mantener cerca al usuario que ha escrito, sin convertir el mensaje negativo en un problema distinto de la dificultad que intenta comunicar.

La lectura empieza por reconocer los hechos que la persona está contando. Puede describir lo que esperaba recibir, un intento anterior de pedir ayuda o una indicación que no le permitió continuar. Sus palabras pueden expresar enfado y conservar a la vez información necesaria. Si quien responde atiende únicamente a ese tono, puede dejar sin leer el recorrido que explica por qué se produjo la queja.

Comprender tampoco significa dar por comprobada cualquier afirmación. La empresa puede necesitar averiguar qué ocurrió y distinguir los datos conocidos de los que aún se están buscando. Esa comprobación debe explicarse sin utilizarla para dejar la conversación inmóvil. El usuario necesita saber qué información hace falta y por qué ese dato permitirá continuar la atención. Una pregunta que pide la parte ausente puede ahorrar a la persona repetirlo todo. Para formularla hay que leer primero lo que ya contó. Si la respuesta solicita algo que estaba en el mensaje inicial, el usuario puede recibir una señal de que nadie ha utilizado su explicación. Recuperar el dato y preguntar solo por lo que falta permite avanzar desde el trabajo que ya había hecho al escribir.

Antes de preparar la solución conviene comprobar que se ha entendido la queja. La empresa puede utilizar una palabra para todo un servicio mientras la persona está nombrando con ella un paso concreto. Devolverle lo comprendido permite que señale esa diferencia. Si aclara dónde se detuvo, quien atiende podrá consultar por ese punto sin enviar a otro compañero una versión más amplia que deje escondida la dificultad original.

La respuesta posible depende de lo que la empresa pueda hacer y de quién tenga la información para confirmarlo. El gestor puede necesitar consultar a un compañero, esperar una comprobación o comunicar un límite. Mantener esas condiciones dentro de la conversación evita que la escucha se convierta en una promesa que nadie podrá cumplir después. La atención puede reconocer lo ocurrido mientras explica con honestidad qué paso está disponible. En una conversación sobre el trabajo profesional en redes, Moreno une escuchar con actuar a partir de lo recibido. La actuación puede empezar al averiguar un dato o al llevar la pregunta hasta quien puede resolverla. Para el usuario necesita tomar una forma que pueda reconocer, porque las conversaciones internas de la empresa quedan fuera de lo que ve en su pantalla.

Al continuar, hace falta conservar los mensajes anteriores. Otra persona puede incorporarse a la atención y necesitar conocer qué se pidió, qué se confirmó y qué seguía pendiente. Si recibe únicamente el último mensaje, puede volver a solicitar una explicación que ya se había dado o interpretar una respuesta sin conocer la pregunta. Mantener ese contexto permite atender el siguiente paso sin devolver al usuario al principio.

La respuesta confirmada tiene que volver al problema descrito. Puede explicar una solución, una comprobación o una imposibilidad, pero necesita corresponder a lo que la persona contó. Una defensa general de la empresa quizá sea verdadera y siga sin explicar qué ocurrió en ese caso. Quien lee la respuesta debe poder reconocer qué parte de su mensaje se ha atendido y qué puede hacer con la información que recibe.

La persona puede comprender la explicación y seguir discrepando de lo que la empresa decidió. Antes de contestar otra vez conviene leer si plantea un dato nuevo, una pregunta pendiente o el mismo desacuerdo que ya ha expresado. Cada caso pide una atención distinta. Si hay algo que comprobar, habrá que estudiarlo; si la diferencia continúa sobre hechos que ambos conocen, podrá explicarse el límite de lo que la empresa ofrece. La respuesta debe conservar lo que el usuario ha aceptado y lo que sigue rechazando, sin dar por alcanzado un acuerdo que sus palabras no muestran.

¿Qué puede entenderse mejor antes de preparar una respuesta?

Una queja puede llegar con palabras duras y una dificultad que sigue afectando a quien escribe. Si la empresa responde únicamente al tono, la persona tendrá que explicar otra vez qué necesita resolver. Quien atiende puede empezar por localizar ese asunto, sin atribuirle por su cuenta una razón que el mensaje no cuenta.

Marshall B. Rosenberg trabaja la escucha de lo ocurrido y de lo que necesita la otra persona en Vivir la comunicación no violenta. Esa distinción ayuda a mantener la conversación en la dificultad presente, antes de convertirla en un juicio sobre cómo es quien reclama.

Una respuesta puede reconocer la espera sin asegurar que ya conoce toda su causa. Si falta un dato para localizar la consulta, habrá que explicar para qué se pide y cómo permitirá continuar. La persona podrá aportar información sobre su problema, en lugar de recibir otra frase general que podría enviarse a cualquiera.

Escuchar también incluye comprobar si la explicación recibida corresponde a lo que la persona está contando. Puede haber entendido que se le pide volver a realizar un paso que ya intentó. Si el gestor conserva esa información, podrá llevarla a quien investiga la incidencia y evitar que la respuesta siguiente repita el mismo recorrido. El esfuerzo que el usuario ya ha hecho empieza a formar parte de la solución que se prepara.

Al recibir una queja El gran libro del community manager Vivir la comunicación no violenta
Lo que se intenta comprender Qué problema sigue teniendo la persona que escribe Qué ha ocurrido y qué ayuda necesita expresar
Lo que puede apartar la conversación Responder a una descalificación sin atender el asunto Acusar a la persona en lugar de describir lo sucedido
Cómo puede continuar Preguntar por el dato que falta y explicar el siguiente paso Formular una petición que el otro pueda comprender y responder

La empresa sigue necesitando explicar qué puede hacer. Comprender una queja deja por decidir quién se ocupará del asunto y qué información podrá ofrecerse después. La conversación tendrá continuidad cuando la persona reconozca qué paso se está dando con lo que acaba de contar, incluso si la comprobación aún necesita tiempo.

¿Qué ocurre cuando se promete algo que la empresa no puede cumplir?

Una promesa puede hacer que quien pide ayuda espere antes de buscar otra opción. La respuesta le ha llegado con el nombre de la empresa y puede contar con que alguien ha confirmado lo anunciado. Si esa comprobación sigue pendiente, estará organizando su tiempo a partir de una seguridad que aún falta por tener.

Manuel Moreno insiste en la honestidad al explicar los errores que debe evitar quien gestiona una cuenta. Esa exigencia alcanza las promesas que se hacen en nombre de una empresa, porque la persona que las recibe puede utilizarlas para organizar lo que hará después. Dar por resuelto lo que apenas empieza a consultarse transmite una información diferente de la que realmente existe.

El problema puede empezar con una frase escrita para tranquilizar. Quien la envía quiere que el usuario sepa que lo han escuchado, pero escoge unas palabras que anuncian un resultado. A partir de ahí, la persona puede esperar una solución que nadie ha estudiado. La empresa tendrá que atender la petición original y explicar también la seguridad que había dado antes de poder sostenerla.

Para evitar esa distancia conviene seguir el trabajo que falta. Recibir una consulta permite comprobar qué ha ocurrido, pedir un dato necesario y hacerla llegar al responsable. Resolverla puede exigir revisar una operación, disponer de un recurso o acordar una decisión. Cada paso tiene una persona que puede realizarlo y una información que todavía necesita conocer. La respuesta pública debe corresponder al punto al que ha llegado ese trabajo.

La consulta interna requiere conservar lo que pide el usuario. Si se transmite solo una versión recortada, el responsable puede contestar a un asunto parecido y dejar fuera la condición que cambiaba la petición. Quien atiende la cuenta necesita comprobar si la respuesta recibida permite contestar a esa persona. Cuando algo sigue sin saberse, habrá que preguntarlo antes de convertir la explicación del compañero en un compromiso nuevo.

También hay que distinguir cuándo se revisará la consulta de cuándo podrá resolverse. La empresa puede tener confirmada la primera fecha y seguir desconociendo la segunda. Explicar esa diferencia permite que la persona sepa qué noticia recibirá y qué continúa pendiente. Si intervienen varios compañeros, quienes atienden deben conocer qué se ha acordado con ellos antes de anunciar un plazo. El usuario utilizará esa fecha sin ver las comprobaciones internas de las que depende. La persona que espera también necesita poder seguir tomando sus decisiones. Puede disponer de alternativas, tener una fecha propia o necesitar saber si debe aportar información. Explicar el estado de la consulta le permite actuar con lo que se conoce. Mantenerla esperando mediante promesas sucesivas consume su tiempo sin darle una base mejor para elegir.

Cuando aparece una dificultad nueva, hace falta volver a la conversación. La explicación debe señalar qué ha cambiado, qué parte continúa en marcha y qué se puede confirmar ahora. Un mensaje que sustituya una promesa por otra igual de incierta dejaría abierto el mismo problema. Reconocer el límite permite revisar el compromiso con la persona que tendrá que convivir con él.

Si la empresa se ha comprometido a volver con una noticia, alguien tendrá que conservar la consulta hasta recibirla. Después necesitará comprobar qué se ha averiguado y regresar a quien espera, incluso si el resultado sigue siendo parcial. Al cambiar la persona que atiende la cuenta, ese compromiso debe pasar también al compañero. Para el usuario continúa siendo la palabra de la misma empresa, y su espera sigue necesitando la información que le dijeron que llegaría.

¿Qué cambia cuando otras personas han empezado a contar con lo prometido?

Una fecha anunciada puede entrar en los planes de quien la lee. La persona reserva tiempo, prepara una visita o espera antes de buscar otra opción. Si la empresa descubre que no podrá cumplir, el cambio afecta también a decisiones que otros ya habían tomado confiando en aquella información.

En Influencia, Robert B. Cialdini estudia cómo un compromiso previo puede intervenir en lo que aceptamos después. Al revisar una promesa de la empresa conviene atender al otro lado de esa continuidad: la persona que ha aceptado puede seguir organizándose alrededor de lo que creyó acordado.

Después de un compromiso El gran libro del community manager Influencia
Qué antecedente existe Una información de la marca sobre la que alguien empieza a contar Un compromiso anterior que puede favorecer la continuidad
Qué necesita examinarse Si la empresa puede realizar lo anunciado Qué se está pidiendo ahora y cómo se relaciona con lo aceptado
Qué cuidado requiere el cambio Avisar del nuevo alcance para que la persona pueda decidir Conservar espacio para valorar la petición actual

Corregir la frase publicada puede dejar fuera a quienes ya la habían leído. El gestor necesita seguir dónde se anunció y cómo estaban participando las personas. Si hubo una inscripción, puede existir una vía para comunicar el cambio a quienes la realizaron. Si solo hubo una publicación abierta, habrá que pensar cómo hacer reconocible la corrección en el mismo lugar donde apareció la promesa.

La explicación debe permitir decidir de nuevo. Decir que ha cambiado la organización puede resultar insuficiente para quien necesita saber si podrá acudir. La nueva fecha, el alcance confirmado y la manera de preguntar por lo que falte ofrecen información para esa decisión. La empresa tendrá que distinguir lo que ya sabe de lo que sigue comprobando, sin añadir una seguridad nueva para tapar la anterior.

Atender al compromiso también exige escuchar a quienes quedan afectados por el cambio. Una alternativa puede servir a una persona y dejar a otra sin posibilidad de continuar. Conocer esa diferencia ayuda a explicar qué opciones existen, en lugar de tratar la aceptación anterior como si hubiera resuelto también cualquier modificación posterior.

¿Cómo se comunica un cambio a quienes ya habían organizado su tiempo?

La siguiente conversación es una ilustración creada entre dos personas de una empresa. Clara lleva la cuenta donde se anunció una actividad y Daniel la coordina. Ya hay asistentes inscritos y necesitan comunicarles un cambio de fecha.

—La nueva fecha ya está confirmada, pero varias personas se apuntaron para la anterior. Necesitan saber qué ha cambiado antes de organizar el viaje.

—Podemos modificar la publicación. También quiero que el aviso llegue a quienes ya se inscribieron, porque quizá no vuelvan a leerla.

—Prepararé el mensaje con las dos fechas y una explicación del cambio. ¿Qué opciones tienen quienes no puedan venir ese día?

—Pueden cancelar la inscripción. Voy a confirmar el procedimiento para que reciban una indicación que podamos cumplir.

—Esperaré ese dato antes de ofrecerles una solución. En el aviso público podemos explicar lo confirmado y señalar dónde recibirán la información las personas inscritas.

—Te enviaré el procedimiento revisado. Si alguien plantea una dificultad distinta, necesitaremos verla antes de prometer otra alternativa.

—Añadiré un contacto para las personas que no puedan venir ese día. Antes de enviar el aviso, compruebo contigo las dos fechas y el enlace para cancelar la inscripción.

¿Cómo se trabaja cuando aparece una dificultad?

¿Cómo distinguir una crítica de un mensaje que busca provocar?

Un comentario escrito con enfado puede contar que alguien sigue esperando una respuesta. Quien atiende necesita encontrar ese hecho dentro del mensaje y averiguar qué se puede comprobar. El tono forma parte de cómo lo recibe, mientras la espera sigue siendo un asunto al que la empresa puede tener que responder.

El gran libro del community manager dedica un apartado a los usuarios que buscan provocar. La presencia de esa conducta entre las dificultades de una comunidad exige distinguirla de la discrepancia, la queja y el error. Una respuesta negativa hacia la empresa puede pertenecer a cualquiera de esos asuntos. La decisión necesita más información que el hecho de haber recibido un comentario incómodo.

La primera lectura puede buscar qué afirma el mensaje y qué permitiría comprobarlo. La persona puede describir una respuesta que no recibió, una información contradictoria o una dificultad para utilizar un servicio. Pedir la parte que falta permite saber si hay una consulta que alguien de la empresa debe atender. La formulación debe ayudar a explicarla, evitando que el usuario tenga que defender toda su personalidad antes de poder contar lo que ocurrió.

La conducta durante el intercambio aporta otra información. Una persona puede expresar enfado y aceptar después una pregunta que ayude a resolver su dificultad. Otra puede desviar cada respuesta hacia una provocación distinta. Esa diferencia se observa en lo que hace con la conversación. Atribuirle por adelantado un motivo íntimo puede impedir reconocer un cambio que sí está ocurriendo delante de quienes moderan.

La empresa interviene también en cómo continúa el intercambio. Una respuesta que desprecie al usuario puede apartar la conversación del hecho que se intentaba conocer. Preguntar por la información que falta ofrece una ocasión de explicarlo. Si las siguientes intervenciones mantienen únicamente descalificaciones, habrá que conservar qué se intentó aclarar y qué sigue sin saberse. Esa falta de información permite reconocer un límite de lo que se puede atender, manteniendo abierta la comprobación de cualquier hecho que sí haya llegado.

Las demás personas de la comunidad también forman parte de ese espacio. Pueden necesitar información sobre el mismo servicio o estar recibiendo ataques durante la discusión. Quien modera tiene que atender esas consecuencias. La continuidad de una conversación depende de que las personas puedan participar sin quedar expuestas a una cadena de insultos que termina ocupando el lugar de cualquier explicación.

Las reglas del espacio sirven cuando permiten reconocer qué conducta se está limitando. Una crítica a un producto puede mantenerse mientras se retira una descalificación hacia otra persona. Para comprender la intervención, los participantes necesitan saber qué comportamiento la ha provocado. Aplicar una medida únicamente porque la opinión perjudica a la empresa vuelve confuso el criterio con el que se permite hablar.

También conviene conservar lo necesario para seguir atendiendo el asunto. Si una intervención termina la discusión pública, la queja que había dentro puede requerir una comprobación o una respuesta por otro canal. Moderar la conducta y resolver una consulta tienen recorridos distintos. Dar por terminadas ambas cosas al mismo tiempo podría dejar sin atender una dificultad que afecte a más usuarios.

Después de moderar, conviene volver al asunto que había llegado con el comentario. Puede quedar una consulta por responder aunque la discusión pública haya terminado. Revisar qué se comprobó y qué se comunicó permite distinguir esa tarea del comportamiento que se limitó. Si otra persona pregunta por la misma dificultad, quien la atienda tendrá que leer su mensaje y continuar desde lo que aporta, sin trasladarle una etiqueta nacida en la conversación anterior.

¿Qué se puede preparar antes de que llegue un problema?

Una pregunta sobre un problema puede llegar antes de que quien lleva las redes sepa qué ha ocurrido. Para responder necesita consultar a alguien de la empresa que pueda comprobarlo. Si ya conoce a quién acudir, podrá empezar por enviar la pregunta en vez de buscar en ese momento quién se hará cargo.

Manuel Moreno incluye la prevención y el plan de actuación entre los temas dedicados a las crisis. Preparar el trabajo antes de un problema permite decidir quién debe conocerlo y qué necesita recibir para estudiarlo. La dificultad que llegue después puede conservar detalles inesperados, pero el responsable de la cuenta puede disponer de un camino para pedir ayuda dentro de la empresa.

Para empezar, hace falta saber qué persona revisará la consulta. Si varias personas creen que otra responderá, la consulta puede circular sin que nadie la estudie. Designar a quien debe revisarla permite saber dónde está el asunto y cuándo hace falta volver a preguntar por él. La responsabilidad necesita corresponder a alguien con acceso a la información, además de un nombre escrito en un documento. La disponibilidad forma parte del acuerdo. Un compañero puede estar ausente cuando llega el mensaje o necesitar la ayuda de otra persona para comprobarlo. La preparación puede identificar quién continúa en esas circunstancias. Quien atiende las redes evita empezar una búsqueda nueva, mientras el usuario sigue contando con que la empresa ha recibido su pregunta.

Para que el responsable pueda trabajar necesita recibir algo más que un aviso de que hay comentarios. Le ayuda conocer qué se afirma, dónde apareció, cuándo llegó y qué se ha respondido hasta entonces. Esos datos permiten volver al mensaje original y distinguirlo de las interpretaciones añadidas después. El recorrido interno debe conservar las palabras necesarias para comprender la pregunta, evitando que cada traslado convierta el asunto en una versión distinta.

La comprobación puede tardar. Durante ese tiempo, quien responde públicamente necesita distinguir lo confirmado de lo que sigue revisándose. Puede explicar que la empresa conoce la consulta y está buscando la información que falta, siempre que eso corresponda al trabajo real. Una respuesta escrita para llenar el silencio puede crear otra dificultad si da seguridad sobre algo que nadie ha podido verificar.

El intercambio exterior también puede aportar información. Una persona añade un dato, otra señala una contradicción y la pregunta inicial cambia de alcance. Reunir esas novedades permite que el responsable interno estudie la situación que está ocurriendo ahora. Si sigue recibiendo únicamente el primer aviso, puede preparar una explicación que llegue tarde para lo que los usuarios ya están preguntando.

Si otra persona entra a atender la cuenta durante la comprobación, necesita encontrar lo que ya se ha hecho. Debe conocer la pregunta, el compañero al que se consultó y la información comunicada al usuario. De otro modo podría pedir otra vez el mismo dato o enviar una respuesta que contradiga a la anterior. Dejar accesibles esos antecedentes permite continuar mientras quien escribió sigue esperando noticias de la misma empresa.

Después de atender el problema se puede volver a cada espera para conocer qué la produjo. Quizá el primer contacto estaba ausente, el aviso llegó sin un dato necesario o la comprobación terminó sin que nadie informara a quien llevaba la cuenta. Cada dificultad señala un acuerdo que se puede revisar antes del siguiente mensaje. Preparar quién continúa y cómo devuelve la información ayuda a que la próxima persona que pida ayuda encuentre ese trabajo ya organizado.

¿Cómo corregir una información sin crear otra confusión?

Una persona puede tomar una decisión con un dato equivocado que leyó en la cuenta de la empresa. Si esta corrige después el texto, ella quizá siga utilizando la versión que recuerda. Hace falta que conozca qué ha cambiado para que pueda revisar lo que hizo con aquella información.

Manuel Moreno trata la rectificación entre sus consejos para responder ante una crisis. Una corrección necesita explicar qué información cambia y permitir que quienes recibieron la anterior encuentren la nueva. El trabajo se extiende al recorrido que hizo el mensaje, con personas que pueden haberlo conocido en lugares diferentes.

Primero hay que comprender el alcance del error. Un dato puede estar mal y dejar válido el resto de la explicación. También puede afectar a una condición de la que dependen varios pasos. Quien prepara la rectificación necesita distinguir esas posibilidades antes de anunciarla. Si ofrece un aviso demasiado amplio, el lector puede dejar de confiar en información que sigue siendo utilizable. Si lo limita demasiado, puede conservar decisiones que necesitan revisión.

La explicación del cambio debe permitir comparar las dos versiones sin exigir una búsqueda difícil. A la persona que ya había leído le ayuda saber qué entendió antes, qué debe entender ahora y qué consecuencia tiene esa diferencia. La corrección puede necesitar una referencia temporal si el dato fue válido durante una etapa y cambió después. Corregir un error y comunicar un cambio ocurrido más tarde son trabajos distintos, que conviene mantener reconocibles.

La empresa puede empezar por los lugares donde sabe que publicó el dato. Corregir la página original ayuda a quienes entren después; los lectores que lo conocieron en una red pueden necesitar un aviso allí. También conviene revisar las respuestas individuales en las que se utilizó. Cada una puede conservar una indicación equivocada aunque el artículo ya se haya modificado. Volver a esos mensajes permite explicar el cambio a personas que quizá siguen actuando con la respuesta anterior.

Los mensajes relacionados requieren una lectura propia. Un enlace puede llevar ya a la página corregida y seguir acompañado por una frase que repite el dato anterior. Una publicación puede conservar una imagen con la información equivocada, mientras su texto ha cambiado. Reconocer esas diferencias permite corregir lo que cada lector está recibiendo, en lugar de dar por actualizado todo el recorrido porque una parte ya se modificó.

La persona que atiende las respuestas necesita conocer la rectificación. Si recibe una pregunta sobre la contradicción, debe poder explicar qué pasó con el dato y qué versión corresponde utilizar. Repetir una respuesta antigua puede volver a introducir el error después de haberlo corregido. La coordinación interna forma parte de la información que después llega a la comunidad.

El reconocimiento del error puede producir preguntas que aún necesitan comprobación. Quien responde tiene que distinguirlas de lo que ya se sabe. Inventar una causa para ofrecer una explicación completa añadiría otra afirmación que más tarde podría necesitar su propia corrección. Es posible reconocer qué se ha comprobado y dejar identificada la parte que continúa estudiándose, con una manera de volver a informar cuando se conozca.

Las consultas posteriores pueden mostrar que el dato antiguo sigue utilizándose. Quien pregunta por una contradicción quizá acaba de encontrar una imagen sin corregir o conserva una respuesta que recibió antes. Pedir la referencia permite volver a ese lugar y revisar lo que todavía se está diciendo allí. La rectificación podrá continuar hasta esa explicación, además de ayudar a la persona que necesita saber qué información debe utilizar ahora.

¿Cómo se aprende de las respuestas y se cuidan las relaciones?

¿Cómo saber si una publicación está ayudando a conseguir lo previsto?

Una publicación preparada para recibir consultas puede acumular visitas sin que el equipo sepa cuántas preguntas ayudó a conseguir. Las llegadas a la página muestran que se abrió el contenido. Para estudiar el propósito con el que se escribió hay que conocer también qué consultas recibió la empresa y por dónde llegaron.

El gran libro del community manager dedica un capítulo a medir resultados. La pregunta por la medida empieza antes de reunir cifras, cuando se decide qué se quiere conocer de una actuación. Un dato resulta útil para ese trabajo si guarda relación con la decisión que habrá que tomar después de observarlo.

Las visitas permiten contar accesos, que pueden repetirse desde una misma persona. Las consultas recibidas permiten contar peticiones, que también pueden proceder de alguien que volvió a preguntar. Para relacionar ambas cantidades hace falta conocer qué se ha contado en cada una y durante qué periodo. Incluso entonces puede faltar una parte del camino: algunas personas quizá llegaron al servicio por otro medio y preguntaron sin haber visto esa publicación. Conservar ese límite permite estudiar los datos sin convertir una coincidencia en una relación que aún se desconoce.

La relación entre propósito y dato requiere una explicación compartida dentro del equipo. Si una persona entiende que se buscaba aumentar las visitas y otra espera recibir consultas sobre un servicio, pueden juzgar de manera distinta el mismo resultado. Antes de revisar la publicación conviene que ambas reconozcan qué trabajo se había encargado y qué información permite estudiarlo. La medida sirve entonces para una decisión que todos pueden comprender.

El recorrido del lector también necesita atención. El mensaje que lo lleva hasta el contenido puede prometer una explicación que la página no ofrece. La visita queda registrada y la persona termina buscando en otro sitio. Revisar únicamente el contador dejaría fuera esa distancia. Para comprenderla hay que relacionar lo que se anunció, lo que se encontró y la acción que después estuvo disponible.

Comparar publicaciones pide conservar las condiciones en las que se difundieron. Una pudo llegar a personas que ya conocían la empresa y otra a quienes nunca habían oído hablar de ella. Una explicación más extensa puede requerir más tiempo de lectura que una información breve. Las cifras pueden reunirse y seguir necesitando esas diferencias para que la comparación permita decidir algo sobre el trabajo realizado.

Cuando se cambia una parte del contenido, interesa reconocer qué se intentaba mejorar. Si el mensaje estaba atrayendo a personas que buscaban otro servicio, la revisión puede describir mejor la oferta antes de invitarlas a consultar. Después habrá que observar qué personas llegan y qué peticiones envían. Modificar a la vez el título, el público, la explicación y la forma de pedir información reúne cambios cuya aportación será más difícil de separar. La decisión de revisión debe dejar reconocible qué se está intentando averiguar.

La relación entre una publicación y una actuación posterior también puede tener límites. Una persona puede haber conocido la empresa antes, volver por otro medio o preguntar después de hablar con alguien. Atribuir todo lo ocurrido al último mensaje que vio daría más alcance al dato del que se puede sostener. La información disponible puede apoyar una interpretación y conservar una parte del recorrido que sigue sin conocerse.

Al decidir un cambio conviene anotar qué dificultad se intentaba corregir y qué parte se modificó. Si después cambian las cifras, el equipo podrá compararlas con esa decisión y con las condiciones en que se publicó. Tal vez haya cambiado también el público o la manera de recibir consultas. Conocer esas diferencias ayuda a interpretar el resultado, manteniendo identificada la parte del contacto que se pudo observar y aquella que sigue sin conocerse.

¿Qué trabajo estamos premiando cuando miramos una cifra?

Si una publicación se valora únicamente por las aperturas que consigue, quien la prepara puede dedicar más esfuerzo al momento del clic. El lector aparecerá en el recuento antes de conocer si ha encontrado lo que buscaba. Para estudiar la utilidad habrá que seguir lo que ocurre al llegar, sin dar por terminado el recorrido en esa primera acción.

Tim Wu examina el negocio que reúne atención y ofrece a los anunciantes la posibilidad de llegar al público en Comerciantes de atención. La mirada tiene allí un valor económico. Al medir la actividad de una comunidad, interesa distinguir ese valor de la ayuda que la empresa quería ofrecer a quien llega a ella con una pregunta.

La diferencia alcanza a quienes escriben. Si un equipo recibe siempre reconocimiento por la publicación con más aperturas, puede aprender a buscar ese resultado incluso cuando el asunto necesita otro ritmo. Una explicación que responde una duda frecuente quizá recibe menos visitas y permite que las personas completen mejor el procedimiento. Ambos recuentos describen cosas que conviene mantener separadas.

Al valorar una publicación El gran libro del community manager Comerciantes de atención
Qué se observa Una respuesta relacionada con el objetivo elegido La atención que un medio consigue reunir
Qué puede quedar fuera Lo que la persona comprende o consigue después La experiencia del público más allá de prestar atención
Qué exige revisar el criterio Si la cifra ayuda a decidir cómo mejorar el trabajo Qué incentivos crea premiar la cantidad de miradas

Para revisar el criterio hay que volver al trabajo que se esperaba de cada pieza. Una invitación necesita llegar a personas interesadas y ofrecerles información para decidir. Una respuesta de ayuda puede necesitar que se comprenda un paso. Pedirles el mismo resultado solo porque aparecen en la misma cuenta hace difícil reconocer qué debe mejorar en cada una.

El informe puede conservar las aperturas y añadir qué se conoce de la actividad posterior. Cuando esa información falte, conviene decirlo a quien tiene que decidir. Así podrá escoger qué necesita investigar antes de encargar más publicaciones parecidas a la que reunió más miradas.

¿Qué puede enseñar una respuesta que una cifra deja fuera?

Una pregunta recibida después de publicar puede señalar el paso que un lector sigue sin comprender. Al sumarla a un recuento se registra que ha llegado otro mensaje. Para reconocer qué explicación necesita la persona hay que conservar también sus palabras y leer qué está intentando averiguar.

Manuel Moreno distingue en el libro la medición cuantitativa y la cualitativa. Contar ayuda a reconocer cantidades y frecuencias. Examinar el contenido de lo que se recibe permite estudiar cómo se ha comprendido una explicación, qué se esperaba encontrar y qué necesita seguir preguntando una persona después de leerla.

Las consultas que llegan a una cuenta pueden reunir dificultades diferentes. Algunas piden un dato ausente y otras intentan comprender una palabra que ya estaba en la publicación. Si ambas se guardan bajo una misma etiqueta, el equipo puede creer que necesita añadir información cuando una parte ya estaba allí. La revisión mejora al conservar la diferencia entre lo que faltaba y lo que resultaba difícil de entender.

Quien agrupa las preguntas necesita mantener un vínculo con los mensajes originales. Una categoría permite reunir asuntos parecidos, pero debe poder revisarse cuando aparezca una diferencia. Dos personas pueden utilizar una misma palabra para pedir cosas distintas. Volver a lo que escribió cada una evita que el orden del registro termine sustituyendo el significado de la consulta. Conviene comprobar qué había leído la persona antes de preguntar. Puede estar comentando la publicación nueva, una explicación antigua que encontró mediante un enlace o una respuesta recibida de un compañero. Ese antecedente permite volver al texto que utilizó. Si se atribuye la duda únicamente a lo último publicado, el equipo puede corregir una explicación y dejar intacta la que sigue enviando a los lectores hacia el mismo obstáculo.

Cuando el equipo localiza el paso que falta, puede preparar una intervención que corresponda a él. Una condición sin explicar necesita aparecer antes de que el lector tenga que utilizarla. Una palabra desconocida puede requerir una explicación junto a su primera aparición. Una información repartida entre lugares diferentes puede necesitar una referencia que permita encontrarlos. Cada cambio responde a un trabajo distinto del lector, que conviene reconocer antes de reescribir.

El alcance de esa lectura también necesita cuidado. Los mensajes disponibles pertenecen a quienes decidieron escribir. Algunas personas habrán entendido sin preguntar y otras habrán abandonado sin dejar una explicación. El contenido de las consultas permite conocer dificultades presentes entre quienes se comunicaron. Para hablar de todas las personas que encontraron la publicación haría falta información que esos mensajes, por sí solos, no contienen.

La cantidad puede acompañar esa interpretación. Saber cuántas preguntas repiten una dificultad ayuda a estudiar su presencia en las consultas recibidas. La frecuencia necesita conservar el grupo al que pertenece y el periodo durante el que se reunió. Una categoría con pocos mensajes puede seguir describiendo un obstáculo importante para quienes lo encontraron, mientras otra reúne muchas consultas fáciles de resolver con un dato visible.

Después del cambio, las preguntas nuevas permiten seguir la comprobación. Una persona puede haber entendido el requisito añadido y necesitar ayuda para utilizarlo. Otra puede seguir leyendo la versión anterior desde un lugar que quedó sin revisar. Conocer qué encontró cada una ayuda a decidir dónde continuar el trabajo. El recuento permitirá saber cuántas consultas llegaron en ese periodo; sus palabras conservarán las diferencias que hacen falta para atenderlas.

¿Cómo empieza una relación profesional que pueda continuar?

Una persona comparte una explicación sobre su trabajo y alguien descubre en ella una ayuda para una duda propia. Antes de escribirle puede leerla y comprobar qué parte le sirve. Si sigue faltando algo, tendrá un punto concreto desde el que preparar la pregunta y explicar por qué acude a ella.

El gran libro del community manager dedica un capítulo a los contactos profesionales. La relación empieza con personas que necesitan comprender para qué les escribe alguien y qué se espera de ellas. Poder localizar un perfil facilita el encuentro, mientras construir un trato que continúe exige ocasiones de hablar que tengan sentido para las dos partes.

El primer mensaje necesita relacionarse con el trabajo de quien lo recibe. Una petición demasiado amplia puede exigirle que adivine la duda, busque los antecedentes y prepare una explicación antes de saber si puede ayudar. Explicar desde dónde se pregunta permite que reconozca la parte que conoce y el esfuerzo que requerirá contestar. La posibilidad de responder queda unida a una necesidad comprensible.

La atención que ofrece la otra persona también tiene condiciones. Puede disponer de tiempo para una pregunta breve y carecer de él para revisar un trabajo entero. Aceptar esa diferencia ayuda a mantener proporcionada la petición. La relación puede continuar cuando quienes participan saben qué han acordado y encuentran espacio para decir hasta dónde pueden llegar.

La respuesta recibida puede contener una indicación que quien preguntó tendrá que probar por su cuenta. Al utilizarla podrá conocer qué ha comprendido y dónde sigue necesitando ayuda. Volver con ese intento permite hacer una pregunta nueva sobre el trabajo realizado. El contacto podrá reconocer la dificultad que queda, sin recibir otra vez toda la tarea como si su primera explicación no se hubiera utilizado.

Al retomar la conversación, contar qué ocurrió ofrece información que antes faltaba. La persona que respondió puede reconocer cómo se utilizó su aportación y comprender una dificultad nueva. Quien pregunta también puede descubrir que el asunto siguiente necesita otro conocimiento. Mantener el trato admite esa diferencia, sin convertir cada ayuda anterior en una deuda que obligue a contestar cualquier petición futura.

La reciprocidad requiere conocer qué puede ser útil para el otro. Compartir un dato, facilitar un contacto o reconocer un trabajo puede ayudar si responde a una necesidad que la persona tiene. Ofrecer lo mismo a todos convierte el gesto en un envío que cada destinatario tendrá que estudiar para saber si le sirve. Una aportación pertinente empieza por haber prestado atención a la tarea ajena.

El contacto puede conservar etapas de silencio sin quedar convertido en una obligación de presencia constante. Las personas siguen trabajando y sus necesidades cambian. Al volver a escribir después de un tiempo, conviene recuperar lo necesario de la conversación anterior y explicar el motivo actual. La otra persona podrá situar la petición sin tener que reconstruir todo el recorrido antes de decidir si puede responder.

Al volver a escribir, recuperar la explicación anterior y contar qué se hizo con ella ayuda a retomar el trato. La otra persona podrá reconocer el asunto y decidir si puede colaborar en la pregunta nueva. También puede aparecer una ocasión de ofrecerle una información que le sirva en su propio trabajo. Cada intercambio necesita ese motivo comprensible y espacio para que ambos expresen qué ayuda pueden dar con el tiempo y el conocimiento de que disponen.

¿Qué ayuda podemos pedir cuando la otra persona conoce solo una parte?

Un contacto profesional puede acercarnos a alguien que conoce un trabajo del que necesitamos aprender. Antes de pedirle una solución completa, conviene explicar en qué punto nos hemos detenido y qué hemos intentado. Esa información permite a la otra persona reconocer si puede ayudar, si necesita preguntar algo más o si el asunto corresponde a alguien distinto.

Los autores de El coach de Silicon Valley describen una ayuda que empieza por conocer qué intenta hacer la persona y dónde encuentra dificultades. En la relación con Campbell, hablar del trabajo permite examinar qué se necesita antes de preparar otra respuesta. Al llevar esa idea a un contacto profesional, conviene explicar la parte que desconocemos sin suponer que el otro ya conoce nuestro problema.

La preparación puede hacer más fácil una respuesta sin exigir que sea favorable. Si alguien pregunta por un asunto delimitado, el contacto puede señalar una información, explicar un paso o reconocer que lo desconoce. Para quien recibe esa ayuda, aceptar el límite forma parte del trato que permitirá volver a hablar sin que cada encuentro se convierta en un encargo mayor.

La respuesta también necesita escucharse antes de preparar otra petición. Puede mostrar que la dificultad estaba en un lugar distinto del que se había descrito. Quien pregunta tendrá entonces una parte que revisar por su cuenta. Contar después qué ha podido hacer con lo recibido ofrece una continuación relacionada con la conversación anterior, en vez de volver únicamente cuando necesita otro favor.

Al pedir una ayuda profesional El gran libro del community manager El coach de Silicon Valley
Cómo empieza la relación Un interés compartido ofrece un motivo para hablar La conversación busca comprender el trabajo de una persona
Qué necesita conocer el otro Qué se le está pidiendo y qué parte podría aportar Qué se intenta conseguir y dónde aparece la dificultad
Qué permite continuar Un intercambio pertinente que respeta lo que cada uno puede ofrecer El acompañamiento reúne escuchar, corregir y observar el trabajo posterior

Una relación profesional puede continuar también cuando aparece una ocasión de ayudar en sentido contrario. Antes de ofrecer algo, habrá que escuchar si la otra persona lo necesita y si desea recibirlo. Encontrar una información que le sirva puede dar lugar a otra conversación, sin convertir la ayuda anterior en una deuda que deba pagar con una presentación o una recomendación.

Ramon Calatayud
Autor:
-Consultor editorial-

Escritor de novelas y profesional del mundo editorial desde hace más de 15 años. En este sector ayuda profesionalmente a escritores y guionistas de todo el mundo además de ayudar a diseñar estrategias de ventas.

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