Esencialismo
Greg McKeown empieza por examinar a qué estamos dedicando el tiempo. Cada petición aceptada ocupa una parte del día, y ese tiempo deja de estar disponible para otros asuntos. Cuando llegan nuevos encargos, podemos intentar encajarlos entre los anteriores. El trabajo se va acumulando mientras seguimos contando con las mismas horas para atenderlo.
Esencialismo propone detener esa acumulación para decidir qué merece continuar. Hace falta mirar lo que ya hemos aceptado, comprender para qué sirve y compararlo con aquello que queremos cuidar. Una tarea puede ser útil y tener que esperar porque otra necesita ahora nuestra atención. Elegir exige reconocer esa diferencia antes de prometer tiempo que ya está comprometido.
El autor llama esencialista a quien va haciendo esa selección de manera deliberada. Es una práctica que se repite, porque las circunstancias cambian y las peticiones siguen llegando. Lo que ayudaba en una etapa puede haber perdido su función, mientras otra necesidad empieza a reclamar más dedicación. Revisar los compromisos permite advertir ese cambio. También obliga a reconocer que mantener una actividad conocida continúa siendo una decisión, incluso cuando hace tiempo que dejamos de preguntarnos por ella.
Para elegir se necesita conocer las opciones. McKeown concede espacio a la observación, la lectura y la reflexión antes de comprometerse. Apartarse durante un tiempo de las demandas del día ayuda a mirar lo que queda fuera cuando respondemos siempre a lo más inmediato. Esa pausa tiene un trabajo que hacer. Sirve para distinguir qué dificultades merecen esfuerzo y qué resultado queremos conseguir al ocuparnos de ellas. Después habrá que volver a las obligaciones con una elección que se pueda explicar y llevar a la práctica.
La retirada de un compromiso también requiere atención. Puede haber otra persona esperando una respuesta o un grupo organizándose a partir de nuestra ayuda. El libro aborda cómo reconocer lo que se está sosteniendo y cómo comunicar una decisión antes de que siga creciendo el trabajo. El tiempo que se libera empieza a estar disponible cuando se resuelven esos pasos. Dejar de considerar un asunto importante y seguir dedicándole las mismas horas mantendría la agenda ocupada de la misma manera.
Una vez elegido lo que continuará, queda preparar las condiciones para hacerlo. McKeown estudia los obstáculos que interrumpen una tarea, el margen que necesitan los imprevistos y las rutinas que ayudan a empezar. La selección llega así hasta la forma de trabajar. Una obligación puede estar bien elegida y encontrar dificultades al ejecutarse, por lo que también hay que observar qué está frenando su avance. Retirar ese impedimento puede ayudar más que añadir otro esfuerzo al final de una jornada llena.
La obra apareció en inglés en 2014 con el título Essentialism: The Disciplined Pursuit of Less. Su propuesta se desarrolla mediante experiencias del autor, historias de otras personas y comparaciones con tareas conocidas. McKeown utiliza esos casos para examinar el tiempo y la energía que exige cada compromiso, siguiendo la elección hasta lo que habrá que dejar de hacer para poder cumplirla.
| Campo | Datos del libro |
| Título | Esencialismo |
| Subtítulo | Logra el máximo de resultados con el mínimo esfuerzo |
| Autor | Greg McKeown |
| Título original | Essentialism: The Disciplined Pursuit of Less |
| Edición de referencia | Edición en español, 2014 |
| Editorial | Aguilar |
| Traducción | María Andrea Giovine |
| ISBN | 9786071133830 |
| Extensión | 280 páginas |
| Tema | Elección de los compromisos a los que dedicamos tiempo y energía. |
| Materias | Prioridades, decisiones, atención, compromisos, límites, rutinas y organización del trabajo. |
| Referencia bibliográfica | Ficha de la edición en español |
| Enlace de compra | https://link.amazon/B0cpwWT49 |
¿Cómo elegimos lo que merece nuestro tiempo?
¿Qué cambia cuando dejamos de aceptar todas las peticiones?
Un directivo empezó a pasar gran parte de la jornada entre reuniones y llamadas después de que otra empresa comprara la suya. Aceptaba las peticiones que le iban llegando para responder bien en su nuevo entorno. Cada aceptación añadía un compromiso, mientras el tiempo disponible para atenderlos seguía siendo el mismo.
Greg McKeown lo presenta con el nombre de Sam Elliot, modificado para proteger su identidad, en el primer capítulo de Esencialismo. Su disposición a ayudar estaba teniendo una consecuencia que los demás también encontraban en su trabajo. La tensión aumentaba y los resultados empeoraban. Al tratar de atender muchos asuntos, terminaba dando a cada uno menos tiempo del que necesitaba.
El consejo de un mentor le ofreció una manera de revisar aquella jornada sin abandonar el puesto. Podía observar sus tareas como alguien contratado para realizar una aportación determinada. Ese cambio lo obligaba a preguntar qué trabajo merecía su atención, incluso cuando otras personas seguían enviándole invitaciones y encargos. Continuar en la empresa dejaba abiertas decisiones sobre la manera de utilizar el tiempo.
Al principio rechazó lo que le resultaba imposible asumir. Era una revisión de capacidad, comparando los nuevos encargos con las obligaciones que ya tenía. Después añadió una pregunta más exigente, dónde podía hacer una contribución especialmente útil. Una tarea podía caber en la agenda y seguir quitando sitio a otra en la que su ayuda fuera más necesaria. Ambas preguntas atendían problemas diferentes dentro de la misma jornada.
Las reuniones permitían observar esa diferencia. Estar invitado significaba que alguien había considerado su presencia, pero Sam todavía podía examinar qué iba a aportar o qué información necesitaba recibir. Si podía contribuir, había una razón para reservar el tiempo. Si su presencia apenas cambiaba la conversación, ocupar aquella hora exigía compararla con el trabajo que quedaría detenido durante su ausencia.
Lo mismo ocurría con las llamadas dedicadas a ponerse al día. Una información necesaria podía justificar la participación. La costumbre de estar presente podía mantener una llamada aun cuando Sam apenas recibiera algo útil para su tarea. Al revisar estos compromisos fue retirando también cadenas de correo y preparaciones de última hora que consumían atención. El proceso se extendió durante meses, con decisiones que se repetían cada vez que aparecía una nueva petición.
El espacio recuperado comenzó a verse en la preparación de un proyecto. En vez de esperar a que cada dificultad llegara convertida en una urgencia, podía pensar qué iba a necesitar y qué obstáculos convenía atender antes. Esa planificación requería continuidad. Una hora disponible permitía avanzar, mientras varias interrupciones podían obligarlo a reconstruir una y otra vez el punto en el que se había quedado.
McKeown relata que Sam mejoró su rendimiento y la evaluación que recibía. También pudo salir a una hora razonable y dedicar tiempo a su familia. Es el resultado que el autor cuenta para aquel directivo. Para comprender el cambio interesa seguir el trabajo que había ganado espacio, porque dejar una reunión solo ayudaba si ese tiempo se utilizaba en una responsabilidad que merecía atender.
La experiencia plantea una revisión de las peticiones, con las obligaciones del puesto todavía presentes. Algunas reuniones exigen una participación y algunos encargos deben acordarse con quien organiza el trabajo. La pregunta sobre la aportación ayuda a preparar esa conversación. Permite explicar qué se está atendiendo y qué quedaría desplazado al aceptar otra tarea, haciendo visible un coste que una agenda llena puede ocultar a quienes siguen pidiendo tiempo.
¿Cómo sabemos qué estamos dejando fuera cuando elegimos una tarea?
Una lista puede reunir varios encargos sin decir todavía cuál conviene atender primero. En Organízate con eficacia, David Allen propone recoger los asuntos pendientes, aclarar qué significan y mantenerlos actualizados. Esa preparación ayuda a conocer qué se ha asumido. Esencialismo añade una pregunta sobre los compromisos que seguiremos sosteniendo con el tiempo y la energía disponibles.
| Trabajo de revisión | Esencialismo | Organízate con eficacia |
| Reconocer lo asumido | Examinar qué compromisos merecen continuar | Recoger y aclarar los asuntos pendientes |
| Cuando algo cambia | Reconsiderar qué se conserva y qué se retira | Actualizar el estado y la próxima acción |
| Después de elegir | Dejar espacio para lo que se ha decidido cuidar | Mantener recuperable el trabajo que sigue pendiente |
Imaginemos a un hombre que prepara el encuentro anual de su pueblo. Tiene anotado llamar a los músicos, pedir sillas y organizar una exposición. Al revisar descubre que la sala prevista cerrará por obras. La lista le ayuda a ver qué tareas estaban ligadas a ese lugar. Antes de seguir encargando carteles necesita decidir si buscará otra sala, cambiará la actividad o la retirará del programa.
Buscar otra sala exigiría llamadas y preparativos que competirán con las demás partes del encuentro. Puede valer la pena y también puede superar lo que el grupo es capaz de atender. Con los compromisos a la vista, la elección podrá tener en cuenta qué habrá que aplazar para continuar la exposición. Después será necesario actualizar las notas y hablar con quienes esperaban una respuesta. Lo que se retira del trabajo de hoy puede seguir teniendo una conversación pendiente con otra persona.
¿Cómo comunicar un cambio antes de que otros sigan trabajando?
En el encuentro de este ejemplo, dos organizadores revisan la exposición después de conocer el cierre de la sala. Uno ya había ofrecido ayuda para preparar los carteles.
—Si buscamos otra sala, tendré que dejar para después las llamadas a los músicos.
—Antes de elegirla, veamos cuánto trabajo queda para abrir la exposición.
—Hay que recoger las piezas y conseguir a alguien que esté allí durante la tarde.
—Eso todavía no lo tenemos cubierto. Podemos mantener la música y aplazar la exposición.
—Entonces voy a avisar a quienes iban a prestarnos las piezas. Están esperando que les diga cuándo traerlas.
—Y yo pararé los carteles hasta que tengamos otra fecha. Dejaré anotado a quién debemos volver a llamar.
—Así el aplazamiento llegará también a quienes estaban preparando su parte.
¿Cómo mejora algo cuando retiramos lo que le sobra?
Dieter Rams trabajó con Hans Gugelot y sus equipos en un aparato de Braun que reunía radio y tocadiscos. Los modelos anteriores solían ocultar la máquina dentro de muebles de madera. Al revisar aquella presentación, los diseñadores podían distinguir qué necesitaba el funcionamiento y qué se mantenía porque el objeto se había parecido hasta entonces a una pieza de mobiliario.
McKeown recoge este trabajo en el capítulo inicial de Esencialismo, al presentar el criterio de Rams de hacer menos, pero mejor. El aparato que desarrollaron en 1956 tenía una caja de metal con dos laterales de madera. La madera seguía formando parte del diseño, mientras había cambiado la manera de reunirla con los otros materiales y con la máquina que contenía.
El lugar de los mandos permite observar una parte de ese cambio. Quedaron en la zona superior, junto al plato donde se colocaba el disco, en vez de esconderse en un costado. La persona que se acercaba a utilizarlo podía reconocer allí los controles. Mirar el disco y encontrar cómo manejar el aparato pasaban a ocurrir en una misma zona visible.
La colocación de una pieza forma parte de lo que ofrece al utilizarla. Un mando puede funcionar correctamente y resultar difícil de encontrar si queda oculto. Para atender ese problema hay que revisar dónde aparece y qué debe hacer la persona para llegar hasta él. Añadir otra indicación puede ayudar a buscarlo, mientras cambiar su posición puede reducir la búsqueda que estaba exigiendo el diseño.
La cubierta planteó una dificultad distinta durante el desarrollo. Al principio iba a ser de metal, pero vibraba demasiado en las pruebas. Rams propuso cambiarla por plástico transparente. La respuesta conservaba una pieza que cubría el tocadiscos y modificaba el material que estaba dando problemas. La simplificación del aspecto tenía que convivir con lo que se iba descubriendo al poner la máquina en funcionamiento.
Ese recorrido ayuda a comprender la importancia de probar lo que parece resuelto. Una pieza puede encajar en la forma del objeto y producir una dificultad al utilizarlo. Mirarla antes del ensayo da una información. Escuchar y observar lo que sucede durante el funcionamiento aporta otra, que puede obligar a revisar la elección anterior. Continuar con el diseño exige atender lo que acaba de aparecer, incluso cuando cambiarlo pida volver a una decisión que ya se había tomado.
El plástico transparente dejaba ver la máquina bajo la cubierta. Ese efecto cambiaba la apariencia del aparato y mantenía reconocible lo que se encontraba dentro. Quien preparaba un disco seguía necesitando abrir el acceso y colocar después la cubierta cuando correspondiera. La pieza tenía sentido dentro de esa secuencia de uso, junto a los mandos y a las demás partes con las que se escuchaba música.
El criterio de retirar exige seguir esa secuencia antes de decidir. Quitar una cubierta por completo puede hacer desaparecer un elemento y dejar sin atender una protección. Cambiarla por otra puede conservar esa tarea con menos dificultades. La cantidad de piezas retiradas, por sí sola, deja pendiente saber qué ayuda recibe la persona cuando utiliza lo que queda.
También importa reconocer qué conviene conservar. Los laterales de madera permanecieron en el aparato de Braun. Un diseño puede hacerse más despejado mediante cambios en la envoltura sin exigir que desaparezca todo un material. La decisión se toma sobre la función y la forma de cada parte, atendiendo a cómo se relaciona con las otras dentro del objeto terminado.
En el trabajo de Rams y sus compañeros, los cambios se podían examinar durante el uso. Los mandos debían encontrarse donde hicieran falta, el disco tenía que quedar accesible y la cubierta debía acompañar el funcionamiento sin mantener la dificultad que había revelado la prueba. La mejora se reconocía siguiendo esas acciones con el aparato delante, después de haber cambiado lo que las estaba dificultando.
¿Qué dejamos de atender cuando intentamos estar en dos sitios?
Greg McKeown estaba en el hospital con Anna el día después de que naciera su hija. Mientras permanecía allí, atendía llamadas y correos relacionados con el trabajo. Las peticiones podían alcanzarlo sin que saliera de la habitación y empezaban a ocupar una parte de la atención que había llevado hasta su familia.
El autor cuenta este episodio en el comienzo de Esencialismo. Un compañero le había transmitido que una reunión con un cliente sería importante. McKeown reconocía al mismo tiempo que debía estar con su mujer y con la niña. Las dos necesidades estaban presentes cuando decidió acudir al encuentro de trabajo.
El teléfono permitía una disponibilidad que podía confundirse con estar atendiendo ambos asuntos. Un correo se contestaba desde el hospital y una llamada podía recibirse allí mismo. La posibilidad técnica de responder no creaba más tiempo. Durante la respuesta tenía que escuchar, entender y decidir sobre una cuestión del trabajo, dejando parte de su atención ocupada por algo que estaba sucediendo fuera del lugar donde se encontraba.
Aceptar la reunión hizo visible esa elección de otra manera. Para acudir necesitaba salir del hospital y dedicar al cliente un tiempo en el que ya no podría acompañar a Anna. El encuentro podía ser importante para el trabajo y seguir teniendo ese coste. La valoración requería reunir las dos partes, lo que esperaba aportar al asistir y lo que dejaría de atender mientras estuviera fuera.
McKeown relata que la reunión produjo poco y que después reconoció haber elegido mal. Su conclusión procede de aquel resultado y del momento familiar que había dejado. Antes de aceptar, todavía podía comparar lo que le pedían con el tiempo que quería dedicar a su familia. Cuando llega presentada como importante, conocemos la necesidad de quien pide. Todavía hace falta mirar los compromisos que ya ocupan el tiempo de quien recibe la petición.
Esa segunda parte puede quedar fuera del mensaje. Un compañero sabe qué encuentro quiere organizar y por qué desea una asistencia. Puede desconocer cuánto cuesta esa presencia a la otra persona en ese día. Para preparar una respuesta, quien recibe la invitación necesita tener presentes sus responsabilidades anteriores. Podrá explicar qué atención puede ofrecer y qué compromiso quedaría desplazado si acepta también el nuevo.
El caso muestra que la elección empieza antes del desplazamiento. Contestar cada mensaje desde el hospital ya estaba manteniendo abierto un contacto con el trabajo. Cada respuesta resolvía un asunto y hacía posible que llegara el siguiente. Al decidir sobre la disponibilidad, conviene distinguir que una petición pueda recibirse de que deba atenderse en ese momento. Leerla y comprometerse a responderla tienen consecuencias diferentes para el tiempo que se había reservado.
Al terminar la reunión, el tiempo dedicado al encuentro ya había transcurrido. El valor que pudiera encontrar allí tenía que compararse con la ausencia del hospital durante ese rato. Una parte del coste seguía existiendo incluso después de que llegara el momento de volver, porque la jornada había continuado en los dos lugares mientras él atendía a uno de ellos.
Al convertir esta experiencia en uno de los puntos de partida del libro, el autor examina cómo se dejan decidir las prioridades a las peticiones que llegan. Una invitación puede sonar urgente porque trae una fecha y una persona que espera respuesta. Una responsabilidad ya asumida puede permanecer callada y requerir atención durante el mismo tiempo. Reunir ambas antes de contestar ayuda a decidir conociendo qué presencia se está ofreciendo y de dónde tendrá que salir.
¿Cómo reconocemos una decisión que seguimos manteniendo por costumbre?
Greg McKeown estaba estudiando Derecho en Inglaterra cuando empezó a revisar el trabajo que deseaba hacer con su vida. Durante una visita a Estados Unidos pensó en escribir y enseñar. La carrera que cursaba apenas aparecía en ese futuro que estaba considerando, mientras continuaba siendo el camino al que dedicaba su preparación.
El autor ha vuelto a contar esa decisión al explicar cómo diseñar una trayectoria profesional. Su experiencia ayuda a mirar una elección que suele quedar escondida dentro de la costumbre. Cuando una formación ya está empezada, continuar parece el paso que llegará por sí mismo. Hay asignaturas pendientes, fechas y un recorrido preparado para quienes siguen.
Ese recorrido ofrece una ayuda. La persona conoce qué debe hacer para avanzar y puede organizar el trabajo con los pasos que encuentra delante. La dificultad aparece cuando deja de revisar hacia dónde la acercan. Un curso nuevo puede completarse con éxito y seguir preparando una profesión distinta de la que se quiere ejercer. El esfuerzo se está realizando, mientras la dirección de ese esfuerzo requiere otra pregunta.
En el caso de McKeown, escribir y enseñar daban un contenido reconocible a esa pregunta. Podía comparar dos trabajos, el que estaba preparando con Derecho y el que quería llegar a realizar. La comparación necesitaba ir más allá del gusto por una asignatura o del cansancio de una semana. Interesaba saber qué tareas ocuparían los años siguientes si continuaba avanzando por aquella vía.
El autor sitúa aquí el reconocimiento de su capacidad de elegir. Había tomado una decisión antes, al empezar los estudios, y aún podía examinar la siguiente. Mantener el camino también necesitaba tiempo y dedicación. Esa continuidad dejaba de parecer una ausencia de decisión cuando se observaba lo que iba a requerir durante los meses posteriores.
Revisar un rumbo exige conocer lo que se dejaría y lo que habría que preparar. Escribir y enseñar requieren aprendizaje, trabajo y oportunidades para hacerlo. Querer otra profesión señala una dirección, mientras la transición necesita pasos que la vuelvan posible. El episodio de McKeown muestra el cambio que realizó, pero deja a cada persona el examen de sus propias condiciones antes de modificar una formación o un empleo.
McKeown abandonó Derecho y se trasladó a Estados Unidos. Después desarrolló una trayectoria como escritor y profesor. Al volver sobre la elección de una carrera, insiste en la responsabilidad de pensar qué se quiere construir, porque las decisiones de otras personas y los caminos disponibles pueden ir ocupando ese lugar.
La experiencia permite distinguir lo conocido de lo elegido. Seguir una vía familiar puede ser una decisión adecuada cuando responde al trabajo que se desea hacer. Lo importante es poder reconocer esa relación. La costumbre ayuda a repetir los pasos, pero necesita una revisión cuando las tareas que prepara dejan de coincidir con los planes de quien las realiza.
El tiempo futuro todavía permite esa revisión. Los estudios anteriores explican la preparación con la que se cuenta y las posibilidades que se han abierto. A partir de ahí hay que decidir dónde se utilizará el esfuerzo que queda por hacer. McKeown encontró una diferencia entre la carrera que llevaba empezada y la labor que quería desarrollar, y utilizó ese reconocimiento para cambiar lo que iba a preparar después.
¿Cuándo necesita una tarea una decisión nueva sobre su finalidad?
Un proyecto puede conservar sus reuniones y sus fechas después de que cambie la necesidad que lo puso en marcha. Seguir avanzando exige entonces volver a la razón por la que se aceptó. Esencialismo examina la retirada de compromisos que ya ocupan nuestra vida. En Piénsalo otra vez, Adam Grant estudia cómo revisar las creencias que sostienen una elección cuando aparece información diferente.
| Momento | Esencialismo | Piénsalo otra vez |
| Antes de seguir | Qué esfuerzo merece asumir desde ahora | Qué razones siguen apoyando la idea |
| Ante una novedad | Si cambia el valor del compromiso | Si obliga a mantener, ajustar o abandonar la creencia |
| Al modificar el plan | Qué trabajo se retira y a quién debe avisarse | Qué nueva información guiará la decisión |
Imaginemos que una biblioteca prepara una actividad para enseñar a utilizar un catálogo que va a ser sustituido. Los voluntarios ya han reservado varias tardes para aprenderlo y preparar las explicaciones. Al conocer el cambio, necesitan averiguar cuándo llegará el catálogo nuevo y qué podrán aprovechar de lo estudiado. Esa información afecta a lo que tiene sentido preparar para los asistentes.
El tiempo dedicado al catálogo antiguo puede haber dejado conocimientos útiles. También puede haber una parte que habrá que volver a aprender. Grant ayuda a examinar qué se está dando por válido y qué necesita comprobarse. McKeown lleva la atención al esfuerzo que se seguirá comprometiendo. Los voluntarios pueden conservar las explicaciones que servirán en ambos sistemas y aplazar la sesión hasta disponer de la versión nueva.
Si deciden cambiar la fecha, tendrán que comunicarlo a quienes se habían inscrito y revisar las reservas de la sala. Reconocer que el plan necesita un cambio inicia otro trabajo. La decisión termina de tomar forma cuando los compromisos posteriores responden a lo que ahora se sabe del catálogo.
¿Qué cambia cuando decidimos qué merece quedarse?
Un armario puede ir llenándose con prendas que se conservan mucho después de haber dejado de utilizarlas. McKeown toma esa situación cotidiana como una comparación para examinar las actividades que dejamos ocupar nuestro tiempo. La ropa ofrece algo que puede verse y tocarse, un espacio que sigue lleno aun cuando parte de lo guardado apenas salga de él.
En el capítulo inicial del libro, la comparación empieza revisando la pregunta con la que elegimos. Si se considera suficiente encontrar una ocasión en la que una prenda podría servir, resulta fácil conservar casi todas. Cada una puede tener algún uso posible. El problema aparece al reunir las respuestas, porque el armario tiene que contener al mismo tiempo lo que se ha decidido guardar por separado.
La capacidad del armario permite observar el coste de esa selección. Una camisa ocupa lugar aunque lleve meses sin usarse. Quien busca la ropa habitual tiene que distinguirla entre otras cosas, moverlas o apartarlas para llegar a lo que necesita. El espacio que ocupa una prenda cambia así la facilidad con la que se encuentra el resto. Conservarla tiene una consecuencia incluso mientras permanece quieta.
McKeown propone una pregunta más exigente, si la ropa nos gusta y se utiliza. Ese criterio vuelve a la vida que llevamos, donde algunas prendas aparecen una y otra vez y otras siguen esperando. Para examinar una camisa podemos recordar cuándo la elegimos y qué uso le damos. Su función empieza a reconocerse a partir de lo que hacemos, en lugar de depender solo de una ocasión imaginada para el futuro.
El criterio también permite distinguir una necesidad poco frecuente de una posibilidad vaga. Hay ropa que se utiliza pocas veces y atiende un trabajo o una ocasión que conocemos. Esa función puede justificar que siga ocupando sitio. La revisión consiste en poder explicarla y compararla con el espacio que necesita, evitando que cualquier ocasión posible sirva por igual para conservar todo el contenido del armario.
Una vez elegidas las prendas que merecen permanecer, todavía falta actuar sobre las demás. Separar lo que sale permite reconocer qué se ha decidido. Si la ropa descartada vuelve a colocarse entre la que usamos, la revisión deja el mismo obstáculo en el lugar de antes. La elección necesita continuar con una salida prevista, para que el espacio que se quería recuperar quede disponible.
Después habrá que organizar lo conservado de una manera que permita utilizarlo. Las prendas escogidas deben poder verse y encontrarse cuando hacen falta. Haber retirado ropa abre esa posibilidad, mientras su colocación determina cuánto se aprovecha. La comparación distingue así la elección de lo importante, la retirada de lo que sobra y el trabajo de facilitar su uso.
El armario vuelve a llenarse si entran prendas nuevas sin revisar el espacio común. Una compra puede gustar mucho y aun así pedir que se decida dónde va a quedar. Compararla con la ropa que ya se ha elegido ayuda a reconocer qué añade y qué lugar necesita. El criterio sigue haciendo falta después de la primera limpieza, cada vez que se propone guardar algo más.
La fuerza de la comparación está en que deja visibles las consecuencias de las elecciones juntas. Una camisa parece una decisión pequeña cuando se mira sola. Dentro del armario comparte espacio con todas las demás. Al escoger qué permanece, se está preparando el lugar donde habrá que encontrar la ropa que se quiere utilizar al vestirse.
¿Qué cambia al preguntarnos si volveríamos a elegir lo que ya tenemos?
McKeown utiliza el armario para explicar la dificultad de retirar cosas que ya son nuestras. Una prenda puede seguir ocupando sitio mientras apenas se utiliza. Su propuesta de preguntarnos cuánto daríamos por ella hoy se acerca a las observaciones de Richard H. Thaler en Todo lo que he aprendido con la psicología económica. Thaler estudia cómo la posesión y los gastos anteriores pueden influir en lo que estamos dispuestos a conservar.
| Qué examinamos | Esencialismo | Psicología económica |
| Lo que ya está en casa | Si merece seguir ocupando espacio y atención | Cómo influye que ya sea nuestro |
| La decisión de hoy | Si lo elegiríamos de nuevo para el uso actual | Qué coste pasado pesa en la valoración |
| Lo que viene después | Qué se conserva y cómo se retira lo demás | Qué consecuencias futuras cambian entre las opciones |
Podemos imaginar a alguien que guarda una máquina de hacer pan que compró años atrás. Al pensar en regalarla recuerda lo que pagó y los panes que esperaba preparar. Para decidir qué hacer ahora necesita mirar también su uso actual. Puede haber dejado de utilizarla por una avería reparable o haber descubierto que prefiere comprar el pan. Esas situaciones piden decisiones distintas.
La pregunta sobre volver a comprarla ayuda a separar el deseo actual de la compra anterior. Si hoy quisiera seguir haciendo pan con ella, quizá merezca estudiar la reparación. Si hoy elegiría otra cosa, conservarla únicamente para justificar el desembolso mantendrá ocupado el mismo espacio. El dinero entregado años atrás seguirá gastado en ambas opciones, mientras lo que cambia es el uso que podrá darse desde ahora a la máquina y al lugar donde se guarda.
Retirarla también exige una acción. Hay que comprobar su estado y decidir si se regala, se vende o se lleva a un punto adecuado. Ese paso pertenece al trabajo de McKeown sobre eliminar lo que se ha decidido apartar. La comparación con Thaler ayuda a entender por qué la decisión puede costar incluso después de reconocer que apenas se utiliza.
¿Qué necesitamos para reconocer lo importante?
¿Por qué necesitamos un lugar donde poder pensar sin interrupciones?
Booth Noir era un pequeño espacio que Greg McKeown describe en la escuela de diseño de Stanford, una universidad de Estados Unidos. Se encontraba apartado de los lugares de paso. Acudir requería dirigirse hasta allí, de modo que su ubicación ya cambiaba la relación entre quien estaba dentro y las personas que recorrían el edificio.
El autor lo presenta en un extracto del capítulo dedicado a apartarse para pensar. Podía recibir a una, dos o tres personas. Estaba preparado sin ventanas, aislado del ruido y sin tecnología. Son las condiciones del espacio que McKeown describe al publicarse el libro en 2014, cuando lo utiliza para estudiar cómo se protege un tiempo de reflexión.
La ubicación fuera del paso atiende una interrupción reconocible. En un lugar común, una persona puede detenerse al ver a otra y aprovechar para preguntarle algo. Esa pregunta quizá resulte útil y todavía exija abandonar por un momento el asunto anterior. Después habrá que recuperar lo que se estaba comparando o recordar por dónde continuaba una explicación. El tiempo de la interrupción incluye ese regreso, además de los minutos de conversación.
El habitáculo reducía la posibilidad de recibir esas visitas casuales. Quien acudía tenía un motivo para desplazarse hasta allí. El cambio no consistía en exigir a todos que dejaran de hablar al cruzar una zona compartida. Se había preparado otro lugar, con unas condiciones que correspondían a una tarea distinta. La organización del espacio ayudaba antes de que apareciera la próxima interrupción.
El ruido y los aparatos ofrecían otras vías de entrada. Un aviso podía hacer cambiar la atención aun cuando nadie se acercara en persona. Retirar la tecnología y aislar el sonido eran maneras de reducir esos cambios. Las condiciones se complementaban, pues protegerse de una conversación de paso seguía dejando abiertas las interrupciones que llegaran por otro medio.
McKeown vincula esa preparación con la exploración anterior a una decisión. Para comparar opciones hay que mantener una pregunta el tiempo suficiente. Una posibilidad puede parecer adecuada hasta que se examina lo que exige. Otra puede resultar útil después de relacionarla con una necesidad que al principio apenas se había reconocido. Ese trabajo necesita continuidad para que una observación pueda llevar a la siguiente.
Preparar un lugar ayuda a sostener la atención, mientras la persona todavía debe decidir a qué la dedicará. El retiro puede utilizarse para examinar una cuestión pendiente, leer la información que falta o comparar lo que implican dos caminos. Si dentro se empieza a responder a los mismos avisos que se querían dejar fuera, la separación pierde parte de su función. El lugar y la manera de utilizarlo tienen que atender la misma tarea.
Un espacio apartado también cambia cómo se entiende la disponibilidad. Durante un rato, quien acude deja otras actividades pendientes para dedicarse a una cuestión. Después volverá a ellas. Esa pausa tiene sentido cuando el trabajo realizado ayuda a responder con más preparación, porque la reflexión forma parte de lo que se necesita hacer antes de comprometer tiempo o esfuerzo.
El ejemplo de Stanford muestra decisiones físicas que pueden examinarse por separado. La distancia del paso, el ruido que entra y los avisos que llegan tienen causas diferentes. Conocer cuál interrumpe permite buscar una protección relacionada con ella. La pregunta será qué puede cambiarse en el entorno para que la persona continúe el asunto que estaba examinando, en vez de tener que recuperarlo desde el principio cada pocos minutos.
¿Qué tenemos que decidir antes de reservar tiempo para concentrarnos?
Podemos imaginar a una mujer que reserva la mañana del martes para preparar las cuentas de una asociación. Apaga los avisos del teléfono y coloca las facturas sobre la mesa. Antes de empezar descubre que parte del trabajo consiste en copiar unas cifras que ya están recogidas en otro documento. Tiene un periodo tranquilo, pero aún necesita decidir qué tarea merece ocuparlo.
En Céntrate, Cal Newport estudia las condiciones que ayudan a permanecer en un trabajo exigente. McKeown se detiene también en la elección de los compromisos a los que dedicamos el esfuerzo. Las dos preguntas aparecen juntas en esa mañana. Primero hay que reconocer qué parte de las cuentas necesita hacerse y después preparar una ocasión para hacerla con atención.
| Decisión | Esencialismo | Céntrate |
| Qué trabajo conservar | Valorar su aportación antes de comprometer tiempo | Reconocer qué tareas exigen concentración sostenida |
| Cómo prepararlo | Retirar encargos que compiten con lo elegido | Reservar condiciones que reduzcan los cambios de atención |
| Qué comprobar después | Si el esfuerzo llega al resultado elegido | Si la sesión permite avanzar en la dificultad |
La mujer puede comprobar para qué sirve la segunda copia de las cifras. Quizá se necesite presentar un resumen distinto, o quizá se haya mantenido una duplicación que nadie consulta. Preguntarlo antes de ponerse a copiar le dará información para decidir. Si el resumen sigue siendo necesario, tendrá que prepararlo. Si los datos ya cumplen la misma función en otro lugar, podrá dedicar ese tiempo a revisar las facturas que aún tienen dudas.
Una vez elegido ese trabajo, necesitará entender cada duda sin que los mensajes la lleven continuamente a otra cosa. Puede dejar juntos los documentos y anotar las preguntas que requieren una llamada posterior. La reserva del martes encuentra entonces una tarea que necesita aquella atención. Al terminar sabrá qué facturas ha podido revisar y qué respuesta debe pedir antes de cerrar las cuentas.
¿Cómo reservamos tiempo para mirar más allá del trabajo diario?
Bill Gates mantenía retiros de lectura y reflexión durante el crecimiento de Microsoft. Apartaba una semana de las ocupaciones habituales para estudiar artículos y libros. Ese tiempo estaba destinado a seguir asuntos que pedían una mirada más amplia que la respuesta a los problemas del día.
McKeown cuenta que asistió a un encuentro de preguntas y respuestas con Gates en Seattle cuando este acababa de terminar una de esas semanas. Al volver a explicar el hábito que recoge en Esencialismo, sitúa la práctica desde la década de 1980. Gates reservaba dos retiros al año, manteniendo en el calendario un tiempo de estudio mientras aumentaban las responsabilidades de la empresa.
Las tareas diarias y la reflexión sobre el rumbo piden preparaciones diferentes. Una consulta puede necesitar una respuesta rápida sobre un trabajo que ya se conoce. Para estudiar un cambio tecnológico hace falta aprender qué está ocurriendo, reconocer qué podría modificar y comprobar qué información falta. Esa investigación puede comenzar con una lectura cuyo valor solo se entiende después de continuar durante varias páginas.
Reservar la semana daba un lugar a ese trabajo antes de que aparecieran las nuevas peticiones. Si la reflexión dependiera del tiempo sobrante, tendría que esperar a que terminaran todos los asuntos que ya tenían a alguien pidiendo una respuesta. La lectura puede carecer de esa presión inmediata y seguir siendo necesaria para decidir sobre los años siguientes. El calendario permite reconocerla como una actividad a la que se destina tiempo por adelantado.
Los materiales reunidos durante el retiro también necesitan continuidad. Un artículo puede presentar una posibilidad y dejar una duda sobre cómo funcionaría. Seguir leyendo permite relacionar esa propuesta con lo que se conoce y advertir sus condiciones. El tiempo se utiliza en comprender, comparar y formular preguntas, incluso antes de decidir si alguna de esas posibilidades merece convertirse en un proyecto.
El hábito de Gates da importancia a volver periódicamente a esa preparación. Una semana de lectura no deja resueltas para siempre las preguntas sobre una empresa. Aparecen tecnologías, necesidades y dificultades diferentes. La repetición permite regresar al examen del rumbo cuando todavía continúan las operaciones cotidianas, utilizando información nueva para revisar lo que se daba por conocido.
La experiencia pertenece a alguien que podía organizar su trabajo para realizar esos retiros. Otras personas pueden disponer de menos control sobre su agenda. El principio que se puede examinar es la reserva anterior del tiempo, con una duración que corresponda a las posibilidades y al asunto. Una lectura breve o una revisión de un trabajo necesitan también un comienzo y un periodo en el que puedan desarrollarse, acordados con las obligaciones que haya que atender.
Para preparar ese tiempo conviene saber qué pregunta se quiere estudiar y qué información puede ayudar. Así se evita dedicarlo entero a buscar materiales o a responder a los asuntos de siempre. Una pregunta puede cambiar al aprender, pero da un punto desde el que empezar. La lectura posterior irá mostrando qué necesita más atención y qué puede dejarse fuera.
Al volver a las tareas habituales seguirá haciendo falta utilizar lo aprendido. El retiro puede haber mostrado una oportunidad que merece estudiarse o una duda que todavía impide elegir. Reconocerla forma parte del trabajo realizado. En la práctica que McKeown atribuye a Gates, la semana de lectura tenía sitio entre las responsabilidades, dedicada a preparar decisiones que difícilmente se resolverían mirando solo lo que exigía respuesta aquel día.
¿Qué necesitamos entender antes de decidir qué dato es el más importante?
Nora Ephron recordaba una clase en la que el profesor Charlie O. Simms les pidió escribir una noticia. El ejercicio incluía el viaje de los profesores del instituto a una conferencia en Sacramento. Debían salir un jueves y los alumnos tenían que elegir cómo empezar a contar aquella información.
Había nombres, un lugar y un asunto sobre el que se iba a hablar. Cada dato podía parecer un buen comienzo, sobre todo si alguien reconocía la importancia de los participantes. Los alumnos podían reunirlos en un texto correcto y dejar todavía pendiente la noticia que afectaba a sus lectores. El trabajo exigía relacionar el viaje con lo que ocurriría en el instituto.
El profesor señaló que ese jueves se suspendían las clases. Todos los profesores estarían fuera, de modo que la conferencia cambiaba también el día de quienes estudiaban allí. Ephron recordaba haber aprendido a buscar el significado de los hechos. Greg McKeown recoge el episodio en Esencialismo para explicar cómo se distingue lo importante dentro de la información que recibimos.
La consecuencia dependía de una relación que había que construir. Saber que se celebraba una conferencia apenas decía qué cambiaría para los alumnos. Conocer que todos sus profesores viajarían hasta ella permitía continuar el razonamiento. Eran esas personas quienes daban clase, y su ausencia afectaba al jueves previsto en el horario. Al unir ambas partes aparecía una información que los alumnos podían utilizar para organizarse.
Los otros datos seguían teniendo una función. El lugar explicaba adónde iban los profesores y el tema permitía entender por qué se reunían. Después de conocer la suspensión de las clases, el lector podía acercarse a esas razones. La noticia ganaba un orden que respondía a lo que necesitaba comprender, en vez de obligarlo a recorrer una lista hasta deducir por su cuenta la consecuencia.
Encontrar esa relación también ayuda a decidir qué detalles se dejan para más adelante. Un nombre puede llamar mucho la atención y aportar poco al cambio que se está explicando. La selección requiere volver a la pregunta del lector. En aquel ejercicio, el alumno necesitaba saber qué ocurriría con su jornada y por qué. Una vez explicado, los nombres de la conferencia podían ocupar el espacio que merecieran dentro de ese relato.
McKeown propone mirar los hechos con la atención de un periodista al revisar el rumbo del propio trabajo. Se puede conocer cada cita de una semana y seguir sin advertir qué actividad está quedándose sin tiempo. Reunir lo ocurrido permite empezar a buscar una pauta. Para reconocerla hay que relacionar las partes, igual que el viaje de los profesores adquiría otro significado al mirarlo desde las clases del jueves.
La búsqueda del sentido debe conservar la precisión. En el recuerdo de Ephron se está contando un ejercicio de aprendizaje, con unas condiciones preparadas por el profesor. Antes de trasladar una conclusión a una noticia verdadera habría que comprobar que esas condiciones se cumplen. Que varios profesores asistan a un encuentro puede dejar clases pendientes de cubrir. Saber que todos se marchan y que las clases se suspenden exige información sobre aquella jornada, sin completar lo desconocido por intuición.
Ese cuidado distingue entender de adivinar. La consecuencia más útil para el lector necesita apoyarse en hechos suficientes. Si falta un dato, la pregunta siguiente debe buscarlo. Después se podrá elegir el comienzo del texto y explicar cómo se ha llegado hasta él, dejando que el lector siga una relación que también puede comprender.
La lección que Ephron conservó unía la información con las personas que iban a recibirla. El jueves sin clases pertenecía al mismo ejercicio que la conferencia en Sacramento. Al reconocer cómo se afectaban ambas cosas, los alumnos podían escribir una noticia que empezara por el cambio más cercano a sus lectores y continuara después hacia las razones de aquel cambio.
¿Por qué el descanso forma parte del trabajo que queremos hacer bien?
Anders Ericsson y sus colaboradores estudiaron cómo organizaban el tiempo unos grupos de violinistas de distinto nivel. La práctica ocupaba una parte importante de sus jornadas. Al recoger lo que hacían también aparecía el sueño, una actividad que utilizaba horas durante las que el instrumento quedaba apartado.
Greg McKeown recupera esa investigación en Esencialismo al examinar cómo se cuida la capacidad de trabajar. En su explicación sobre el descanso, destaca que los violinistas de mayor nivel dormían una media de 8,6 horas por cada veinticuatro horas. El dato acompaña al de la práctica, en vez de desaparecer de la cuenta al medir el esfuerzo de los músicos.
Tocar bien exige más que permanecer ante el instrumento. El músico escucha un pasaje, reconoce una dificultad y vuelve a intentarlo. Puede estar buscando una colocación más adecuada de los dedos o una manera de enlazar las notas. Para utilizar la repetición necesita percibir qué está ocurriendo y distinguir el intento que mejora del que reproduce el mismo error. La práctica tiene así un trabajo de atención dentro de cada sesión.
Mirar solo cuánto dura la sesión deja sin examinar cómo se aprovecha. Dos periodos iguales pueden contener maneras diferentes de trabajar. En uno se puede haber reconocido una dificultad y ensayado una corrección. En otro, el mismo movimiento puede haberse repetido sin advertir qué necesitaba cambiar. Contar minutos da información sobre la dedicación, mientras conocer lo que se hizo durante ellos ayuda a entender el aprendizaje.
El sueño entra en esa pregunta por las condiciones con las que se vuelve a practicar. Una jornada termina y la siguiente vuelve a exigir escucha, movimiento y corrección. El músico es la misma persona que tiene que realizar ese trabajo repetidamente. Al considerar el descanso, la organización del tiempo empieza a mirar también la continuidad entre sesiones, en vez de tratar cada una como un esfuerzo separado de las demás.
La media observada describe a aquellos participantes. Una cantidad de horas puede ayudar a estudiar cómo repartían sus días, pero la investigación necesita leerse junto a las otras diferencias entre los grupos. Los músicos tenían trayectorias de aprendizaje, niveles de práctica y formas de organizarse que también formaban parte del resultado. A partir de esa observación podemos prestar atención al descanso sin convertir una cifra en una receta que garantice tocar mejor.
Esta distinción resulta útil cuando se interpreta un horario lleno. Si se considera valiosa cada hora que se añade al violín, el sueño puede parecer el lugar del que sacar tiempo. El cálculo habrá aumentado la duración de la práctica y seguirá necesitando preguntar cómo se encontrará el músico al regresar. La capacidad que se quiere utilizar al tocar también forma parte de los recursos disponibles. Tratarla como si permaneciera igual por mucho que se reduzca el descanso deja una parte del trabajo sin estudiar.
Para comprender el enfoque de McKeown conviene mantener delante la práctica siguiente. El objetivo es que el músico pueda volver al pasaje, escuchar lo aprendido y reconocer lo que necesita mejorar. El tiempo durante el que duerme queda relacionado con una tarea que continuará después. Reservarlo dentro de la jornada significa considerarlo antes de que las demás actividades ocupen todas las horas.
El dato del sueño ayuda también a revisar qué entendemos por dedicación. Un violinista puede haberse retirado del instrumento y seguir organizando su vida alrededor de un trabajo exigente. La observación de las horas de descanso evita que se valore únicamente lo que otro puede ver mientras toca. El estudio conserva ambas partes de su día, mostrando que la preparación del músico se extiende más allá del momento en que vuelve a apoyar el violín sobre el hombro.
¿Cómo decidimos antes de comprometernos?
¿Qué dejamos fuera cuando aceptamos una opción que apenas nos convence?
Derek Sivers había aceptado participar en varias conferencias en distintos países. Cada encuentro exigía reservar unos días, de manera que su agenda empezaba a reunir los viajes para los que había dado su conformidad.
Para acudir a una conferencia hay que mirar más allá del rato de intervención. Desplazarse hasta otro país utiliza tiempo que acompaña a la cita. Preparar lo que se va a decir y volver a la actividad habitual también pueden exigir una dedicación. Cada encuentro aparta así unas horas de los demás trabajos, y la cantidad aumenta al reunir varias invitaciones dentro de una misma agenda.
Al revisar aquellos compromisos, Sivers comprobó que apenas le interesaban. Greg McKeown cuenta en Esencialismo que decidió quedarse en casa y prescindir de los encuentros. Recuperó doce días que pudo dedicar a otros fines. Las conferencias que había aceptado por separado estaban utilizando juntas una parte de su tiempo que quería emplear mejor.
La invitación y el compromiso ocupan momentos diferentes. Cuando llega una propuesta todavía puede estudiarse. Al aceptarla se empieza a contar con la presencia de quien ha respondido. La fecha queda reservada y las otras actividades tendrán que buscar un espacio distinto. El coste aparece durante ese recorrido, incluso cuando la conversación inicial había durado muy poco.
El criterio que Sivers describe en su explicación sobre las decisiones que acepta busca una convicción fuerte cuando ya hay demasiadas actividades. Una propuesta que apenas convence deja de superar la prueba por el mero hecho de parecer razonable. Para responder, la persona necesita comparar lo que le atrae con lo que apartará de la agenda. La posibilidad de aceptar sigue presente, acompañada por las horas que habrá que entregar después.
McKeown utiliza esa exigencia durante la selección. Antes de comprometerse se puede explorar, pedir información y conocer mejor lo que ofrece la invitación. Escuchar una propuesta todavía deja abierta la respuesta. Confundir ese interés inicial con una aceptación hace que la exploración empiece a producir obligaciones antes de que se haya decidido si merecen el tiempo que van a ocupar.
Los doce días de Sivers muestran lo que puede quedar fuera al elegir. El tiempo dedicado a los viajes habría seguido siendo tiempo bien definido, con unas fechas que ya no podrían utilizarse en casa. Para valorar las conferencias tenía que mirar también aquello que deseaba hacer durante esos días. La comparación deja de ser entre viajar y quedarse sin actividad. Pasa a realizarse entre usos distintos de las mismas horas.
Retirar un compromiso ya aceptado es otra tarea. El relato cuenta la decisión de Sivers, mientras la manera de realizarla depende de lo acordado con quienes organizan cada encuentro. Cancelar puede exigir avisar, revisar condiciones y permitir que otras personas se organicen. Esa diferencia refuerza la utilidad de seleccionar antes de prometer una participación, cuando todavía se puede examinar la propuesta sin modificar un acuerdo hecho.
Una vez recuperado el tiempo, queda por decidir qué proteger con él. Las invitaciones pueden seguir llegando. Si se vuelven a aceptar apenas parezcan interesantes, la agenda terminará ocupándose de una forma parecida. El criterio necesita acompañar a las propuestas nuevas, dando a cada una una oportunidad de demostrar por qué merece utilizar unas fechas que sirven también para otras tareas.
El ejemplo de las conferencias se refiere a actividades que Sivers podía elegir. Mantener esa condición ayuda a comprender el alcance de su regla. Hay obligaciones que proceden de acuerdos anteriores y necesitan otro tratamiento. Al estudiar una invitación nueva, en cambio, todavía se puede escuchar, comparar y responder antes de que la fecha cambie de una posibilidad abierta a una participación prometida.
Quedarse en casa retiró unos viajes de su calendario. La elección siguiente tendría que ocuparse de los días que habían vuelto a quedar disponibles. Para hacer el trabajo que valoraba, Sivers necesitaba algo más que haber rechazado las conferencias, debía reservar también un uso para el tiempo que acababa de recuperar.
¿Qué necesitamos aprender antes de ampliar una idea?
McKeown reserva espacio para explorar antes de comprometerse con una opción. Esa búsqueda puede acercarse al trabajo de El método Lean Startup, de Eric Ries, cuando todavía hay una suposición importante por comprobar. Ries relaciona las pruebas con el aprendizaje que necesita la decisión siguiente. Examinar una posibilidad y decidir que merece más recursos son momentos diferentes.
| Durante la exploración | Esencialismo | El método Lean Startup |
| Qué se busca | Distinguir qué opción merece el compromiso | Comprobar una suposición decisiva |
| Qué se limita | El esfuerzo entregado antes de elegir | El tamaño de la prueba necesaria para aprender |
| Qué viene después | Seleccionar lo que se seguirá desarrollando | Mantener o cambiar el rumbo según lo observado |
Podemos imaginar una cooperativa que estudia preparar cestas de verdura para recoger los sábados. Antes de abrir otro punto de entrega, quiere saber si las personas interesadas pueden acudir en ese horario. Preguntar si les gusta la idea ofrece una primera información. Una prueba de recogida permite observar otro paso, si reservan una cesta y pasan a buscarla dentro de la franja acordada.
Para aprovechar esa prueba hay que decidir qué se quiere averiguar. Si la duda es el horario, cambiar al mismo tiempo el lugar, el precio y el contenido de la cesta hará más difícil interpretar lo ocurrido. La cooperativa puede conservar unas condiciones conocidas y preguntar después por las dificultades de recogida. Los resultados quizá aconsejen otra hora o muestren que la nueva entrega necesita una organización que aún falta preparar.
La prueba debe llevar hasta una elección. Puede ofrecer razones para repetir, ajustar una parte o dejar la posibilidad por ahora. La exploración ha ocupado un tiempo limitado para evitar que el grupo asuma de golpe un servicio completo sin conocer sus condiciones. Las cestas que ya se entregan los demás días seguirán necesitando personas para prepararlas.
¿Cómo distinguimos un trabajo que hacemos bien de aquel al que queremos dedicarnos?
Enric Sala era profesor en la institución oceanográfica Scripps, en California. Estaba realizando un buen trabajo y deseaba pasar más tiempo explorando los océanos. Greg McKeown cuenta su recorrido al examinar cómo se elige la actividad a la que merece la pena dedicar la capacidad de una persona.
El trabajo académico utilizaba conocimientos que Sala ya tenía. Podía estudiar el mar y contribuir desde un puesto que sabía desempeñar. El deseo de explorar pedía otra dedicación. Para seguirlo, necesitaba mirar qué parte de sus jornadas estaba reservada a la universidad y qué tiempo quedaba para estar en los lugares que quería conocer.
Hacer bien una tarea puede dificultar esa revisión. Los resultados dan motivos para continuar y otras personas pueden seguir esperando la misma ayuda. Al examinar únicamente la calidad de lo realizado, el puesto parece justificado. Para elegir dónde dedicar los años siguientes hay que incorporar también el trabajo que se desea hacer y el lugar en el que esos conocimientos pueden resultar más útiles.
En la entrevista donde explica el caso, McKeown distingue el buen trabajo de Sala de la contribución que él quería desarrollar. Le interesaba estar en el océano y llamar la atención sobre la necesidad de protegerlo. La investigación, la exploración y la comunicación podían encontrarse en esa dedicación. El problema consistía en lograr que las tareas diarias dieran tiempo a esa combinación.
Sala dejó la universidad y consiguió un puesto en National Geographic. Ese cambio abrió una dirección diferente, aunque el nombre de la institución todavía dejaba sin resolver qué trabajo haría allí. Durante los años siguientes seguía realizando tareas valiosas relacionadas con los océanos y volvió a examinar si eran las que quería priorizar. La revisión continuaba dentro del nuevo empleo.
Este segundo momento ayuda a comprender el primero. Cambiar de organización puede modificar las oportunidades y conservar una distribución del trabajo que sigue dejando poco tiempo para lo buscado. Una persona puede acercarse a su campo de interés y continuar lejos de la actividad que quería realizar. Para saberlo necesita mirar sus funciones, las horas que requieren y las tareas que deben esperar mientras las atiende.
Sala planteó una revisión de su puesto. Quería continuar en National Geographic y dedicar más tiempo a explorar los océanos, además de comunicar lo que encontraba. Llegó a ser explorador residente. McKeown presenta ese ajuste como una manera de acercar la dedicación diaria a la aportación que Sala consideraba más importante.
El recorrido exigía definir qué se quería cambiar. Pedir simplemente menos trabajo habría dejado abierta la pregunta de para qué. En este caso había un uso que se buscaba ampliar, la presencia en los océanos y la comunicación de su protección. Conocer esa dirección hacía posible estudiar qué funciones acercaban a ella y cuáles ocupaban el tiempo necesario para llevarla adelante.
La capacidad de Sala seguía formando parte de ambas etapas. Lo aprendido como científico podía acompañarlo al investigar, explorar y comunicar. La elección se refería a dónde poner el mayor esfuerzo dentro de esas posibilidades. Reconocer lo que se sabe hacer proporciona opciones, mientras decidir en cuál centrarse exige compararlas con la contribución que se quiere ofrecer.
La historia que cuenta McKeown incluye una salida de la universidad y una revisión posterior del trabajo en otra institución. Esa continuidad evita convertir el cambio inicial en una solución que lo resuelve todo. Las oportunidades necesitan transformarse en tareas y esas tareas ocupan los días. El nuevo puesto terminó acercando a Sala a los océanos porque la revisión había llegado hasta la manera en que iba a utilizar su tiempo.
¿Cómo sabemos qué queremos haber terminado?
Después del huracán Katrina, la reconstrucción de Nueva Orleans dejaba muchas viviendas pendientes. Brad Pitt impulsó la organización Make It Right para trabajar en esa recuperación.
Una recuperación urbana reúne necesidades diferentes. Puede haber casas pendientes de reconstruir, otros edificios dañados y servicios que los vecinos necesitan recuperar. Ayudar a la ciudad abre un campo muy amplio de trabajo. Cuando los recursos tienen que repartirse entre tareas, una intención así deja todavía por elegir a qué parte de la recuperación se dedicarán.
El proyecto se dirigía a familias del Lower Ninth Ward y fijaba una cantidad, construir ciento cincuenta viviendas. Greg McKeown se detiene en esa formulación del objetivo al estudiar cómo una intención puede orientar muchas decisiones. La cantidad permitía reconocer qué se aspiraba a terminar.
La meta de Make It Right acotaba una parte de ese campo. Elegía viviendas, señalaba unas familias y fijaba una cantidad. Desde ahí se podía estudiar una propuesta preguntando si contribuía a preparar esas casas. Una actividad podía ser útil para Nueva Orleans y quedar fuera del trabajo elegido por esta organización. El criterio ayudaba a reconocer esa diferencia antes de utilizar en ella personas, dinero o tiempo.
La cifra también exigía definir qué se estaba contando. Una casa que incumpliera las condiciones previstas para sus habitantes habría añadido un edificio y dejado parte del objetivo sin atender. El propósito incluía viviendas asequibles, respetuosas con el medio ambiente y resistentes a las tormentas. La cantidad y esas cualidades tenían que permanecer juntas al examinar el trabajo.
Esto cambia la forma de seguir los avances. Una reunión puede ser necesaria para preparar una construcción, pero asistir a ella todavía deja pendiente la casa. Un diseño puede acercar el proyecto a una solución y seguir necesitando comprobaciones antes de edificarse. Distinguir los pasos intermedios del resultado final ayuda a conocer qué ha avanzado y qué trabajo requiere aún atención. La actividad del equipo adquiere sentido por la relación que mantiene con las viviendas previstas.
La intención puede orientar también las renuncias. Si una idea nueva utiliza recursos y apenas ayuda a cumplir la meta, habrá que compararla con las tareas que deja esperando. Esa comparación resulta más difícil cuando solo se habla de ayudar a una ciudad. La pregunta sobre las ciento cincuenta casas acerca la decisión a un trabajo que se puede describir y a unos destinatarios que ya están identificados.
Contar con un objetivo definido tampoco sustituye las comprobaciones. Saber qué vivienda se desea entregar deja pendientes el diseño, los materiales, la construcción y el examen de si responde a lo previsto. La precisión del propósito da una referencia para esas tareas. Los resultados deben observarse en las casas, atendiendo a las condiciones que se habían señalado para quienes las utilizarán.
Por eso conviene conservar la diferencia entre una aspiración y una realización. Las ciento cincuenta viviendas son la meta que McKeown toma como ejemplo. Para afirmar cuánto se completó haría falta estudiar lo entregado y cómo respondió a las exigencias. La formulación inicial hace posible plantear esas preguntas, sin resolverlas por el hecho de estar bien escrita.
Al revisar un proyecto desde ese criterio, se puede volver a lo que se quería haber terminado. Habrá una cantidad pendiente y unas condiciones que comprobar, junto a pasos intermedios necesarios para alcanzarlas. El trabajo se mantiene orientado cuando cada decisión puede relacionarse con esas viviendas y con las familias para las que estaban previstas.
¿Cómo reservamos medios para una posibilidad sin desatender lo que ya funciona?
La empresa invencible, de Alexander Osterwalder y sus colaboradores, distingue el cuidado de los negocios actuales de la exploración de otros posibles. Ambos trabajos necesitan personas y dinero. La atención de Esencialismo a las renuncias que acompañan a cada elección ayuda a mirar cómo se reparten esos medios cuando varias actividades los necesitan al mismo tiempo.
| Qué se decide | Esencialismo | La empresa invencible |
| El esfuerzo disponible | Qué dedicación puede asumir la persona o el grupo | Qué medios reciben los negocios actuales y las pruebas |
| Una propuesta nueva | Qué otro compromiso se reducirá para atenderla | Qué evidencia justifica la inversión siguiente |
| La revisión | Si la elección sigue mereciendo el esfuerzo | Cómo cambian los resultados y el riesgo de la cartera |
Imaginemos un taller que fabrica mesas por encargo y quiere probar una nueva estantería. Los carpinteros ya tienen entregas acordadas para el mes. Preparar el primer modelo utilizará parte de sus horas y de la madera disponible. Antes de prometer una fecha para la prueba, el taller necesita saber quién podrá trabajar en ella y cómo se mantendrán los encargos que esperan los clientes.
Una reserva pequeña permite reconocer qué se está dedicando a la estantería. Puede ocupar una tarde acordada y utilizar una cantidad de material que el taller puede asumir. Esa limitación dejará algunas preguntas sin resolver, pero permitirá empezar a observar el montaje y conocer la respuesta de posibles compradores. La empresa invencible lleva esa observación al reparto de recursos entre propuestas. McKeown ayuda a mantener presente qué trabajo compite por las mismas horas.
Cuando llegue información nueva habrá que volver al reparto. Tal vez la estantería necesite otra prueba o quizá convenga detenerla mientras se cumplen las mesas pendientes. La reserva podrá cambiar, siempre que se explique qué medios se mueven y qué consecuencias tiene para quienes cuentan con ellos. Dar prioridad a una actividad afecta al tiempo que las otras personas tienen para terminar la suya.
¿Qué hace falta para dejar de sostener un compromiso?
¿Cómo protegemos un compromiso cuando aparece otra invitación?
Cynthia Covey tenía doce años cuando acompañó a su padre a una conferencia en San Francisco. Stephen R. Covey había acordado pasar con ella la tarde que quedaría después. Habían preparado un paseo y una comida, de modo que el viaje incluía un tiempo que ambos esperaban compartir.
Al terminar la conferencia llegó una invitación para cenar con otras personas. Era una posibilidad nueva y requería las mismas horas. Su padre explicó que tenía un compromiso con Cynthia y mantuvo el plan. La hija recordó después el episodio, que Greg McKeown incluye en el capítulo sobre atreverse a rechazar una petición.
La decisión tenía un antecedente. Antes de la cena propuesta, Covey había reservado tiempo a su hija. Las personas que aparecían al terminar la conferencia podían desconocer aquel acuerdo. Para ellas se abría una ocasión de reunirse, mientras padre e hija ya tenían un uso previsto para la tarde. Explicarlo daba a los demás una información necesaria para entender la respuesta.
McKeown utiliza el relato de Covey y su hija, que puede escucharse en este extracto autorizado del libro, para mostrar una dificultad habitual al decir que se está ocupado. La invitación recién llegada tiene una voz presente y espera una respuesta. El compromiso anterior puede quedar más apartado de la conversación, incluso cuando la persona que lo espera está allí mismo. La elección necesita devolverlo al lugar que ya tenía en la agenda.
Aceptar la cena habría cambiado el plan con Cynthia. Para valorar la propuesta, su padre tenía que contar también esa consecuencia. La reunión nueva podía resultar agradable y seguir necesitando horas que estaban prometidas. Considerar solo su interés habría hecho desaparecer de la comparación a quien había organizado su tarde a partir del acuerdo anterior.
La explicación puede centrarse en ese compromiso. Decir que se ha reservado la tarde deja saber qué tiempo está disponible y cuál tiene ya otro destino. Evita que la persona que invita tenga que deducir si se está aceptando, si todavía hay dudas o si debe seguir organizándose sin contar con aquella asistencia. Una respuesta que se entiende facilita la preparación del encuentro que los demás sí van a realizar.
Distinguir la decisión del trato personal ayuda a mantener esa conversación. La propuesta puede recibirse con interés y el tiempo seguir ocupado. Para explicar la respuesta hace falta hablar del acuerdo que se protege. Discutir si la cena merece la pena abriría otra cuestión, distinta de la disponibilidad que se está preguntando. En el episodio, había una tarde preparada con la hija y ese antecedente sostenía la elección.
El compromiso se completa después de la respuesta. Padre e hija todavía tienen que salir y pasar juntos las horas que habían planeado. Haberlo prometido antes de la conferencia preparaba una expectativa. Mantenerlo cuando apareció otra invitación permitió que esa expectativa llegara hasta la tarde compartida. Cynthia recordó lo que su padre hizo con el tiempo, junto a lo que había acordado hacer antes.
El caso muestra así dos momentos de una misma responsabilidad. Se reserva una parte del día para alguien y después se siguen tomando decisiones que pueden protegerla o entregarla a otra actividad. La promesa anterior necesita permanecer presente cuando llega la siguiente petición. De ese modo, la respuesta nueva puede apoyarse en lo que ya se había aceptado, y la persona que esperaba conserva el tiempo con el que había organizado su plan.
¿Cómo explicamos lo que ofrecemos sin aceptar un trabajo distinto?
Steve Jobs quería que Paul Rand preparara varias opciones para el logotipo de NeXT. La petición incluía alternativas que pudieran examinarse antes de escoger la imagen de la empresa.
El diseñador explicó una forma de encargo distinta. Ofrecería una solución profesional y el razonamiento que la acompañaba. Jobs conservaría la libertad de utilizarla o descartarla, mientras el trabajo realizado tendría que pagarse.
Greg McKeown recoge el episodio en el capítulo sobre rechazar peticiones con una respuesta que se entienda. En el extracto autorizado que lee el propio autor aparece como un caso en el que la explicación del servicio permite mantener un límite. Rand estaba diciendo qué trabajo asumía antes de que empezara la preparación del diseño.
La petición de varias opciones repartía las decisiones de una manera. El diseñador desarrollaría caminos distintos y Jobs elegiría después entre ellos. La propuesta de Rand seguía otro recorrido, él estudiaría el encargo, escogería la solución que consideraba adecuada y explicaría por qué la recomendaba. Ambas formas pueden terminar en una imagen, pero exigen un trabajo y una distribución de responsabilidades diferentes.
Aclararlo al principio evita que la misma palabra, logotipo, oculte encargos distintos. El cliente puede estar pensando en una colección de alternativas y el diseñador en una propuesta resuelta. Mientras se habla de cómo contratarlo, esa diferencia todavía puede examinarse. Después de realizar el trabajo, la entrega encontrará expectativas que ya se han formado durante la espera.
La oferta necesita explicar qué incluye el pago. En este caso se remuneraba el trabajo de estudiar el problema y desarrollar la solución profesional. La libertad de Jobs para descartarla permanecía, sin convertir el diseño realizado en una tarea pendiente de pago hasta que fuera elegido. Esa condición le permitía valorar qué aceptaba antes de que Rand dedicara tiempo al encargo.
El cliente conservaba también la posibilidad de buscar otro servicio. Si necesitaba comparar varias opciones, podía acudir a un profesional que trabajara así. Para ejercer esa elección debía conocer la propuesta de Rand. Una aceptación poco definida habría hecho más difícil comparar, porque Jobs podía creer que recibiría alternativas cuando el diseñador había entendido otra cosa.
El límite se refería al alcance del trabajo y podía comunicarse al describirlo. Rand ofrecía estudiar, resolver y presentar una propuesta. Dejar fuera una colección de opciones formaba parte de esa explicación. La respuesta daba al cliente algo que examinar, con una entrega y unas condiciones que podía aceptar o rechazar, antes de que la conversación produjera una obligación para ambos.
El resultado fue el logotipo de NeXT, acompañado de la explicación de la solución. Para valorar aquella entrega había una referencia previa, el encargo que Rand había propuesto asumir. Su criterio profesional se manifestaba en la elección de un camino y en las razones que daba para recomendarlo. La presentación podía centrarse en ese trabajo, en vez de simular una elección entre alternativas que quedaban fuera del servicio acordado.
El ejemplo ayuda a distinguir la claridad de una imposición. Describir un servicio deja abierta la respuesta de quien lo recibe. El diseñador puede conservar el trabajo que está dispuesto a realizar y el cliente puede decidir que necesita otro. El acuerdo solo llega cuando ambos conocen esas condiciones y quieren continuar con ellas. La utilidad de la conversación está en resolver la diferencia antes de que se consuma el tiempo que después será necesario entregar.
Una vez empezado el encargo, las peticiones nuevas podrán compararse con lo hablado al principio. Si cambian el alcance, habrá que decidir de nuevo qué se acepta. Las condiciones iniciales siguen sirviendo para reconocer ese cambio. El trabajo que se presentó y el trabajo que finalmente se espera pueden mantenerse unidos mientras cada parte sabe qué responsabilidad le corresponde.
¿Cómo explicamos un límite cuando otra persona necesita una respuesta?
Una petición puede interesarnos y seguir exigiendo más tiempo del que tenemos disponible. McKeown trabaja la capacidad de rechazar compromisos para cuidar los elegidos. En Rompe la barrera del no, Chris Voss presta atención a las condiciones que harían posible cumplir un acuerdo. Esa segunda mirada ayuda cuando el límite tiene que hablarse con alguien que también necesita organizar su trabajo.
| Durante la conversación | Esencialismo | Rompe la barrera del no |
| Antes de responder | Examinar qué compromiso merece aceptarse | Conocer qué necesita y puede hacer la otra parte |
| Al explicar un límite | Decir qué dedicación se puede ofrecer | Preguntar por las condiciones de cumplimiento |
| Si aparece una alternativa | Valorar si cabe entre lo ya elegido | Aclarar pasos, responsables y plazos |
Pensemos en una persona que repara ropa y recibe un encargo para el viernes. Ya tiene varias prendas prometidas para ese día. Puede explicar la primera fecha que puede ofrecer y preguntar cuándo se necesita utilizar la nueva prenda. Si se llevará a una celebración el sábado, quizá haya una diferencia entre entregarla el viernes por la mañana o por la tarde. Si el plazo sigue siendo imposible, deberá mantener ese límite.
Preguntar sirve para conocer la petición antes de proponer otra forma de atenderla. Puede aparecer una alternativa y también puede confirmarse que hace falta buscar a otra persona. El compromiso anterior seguirá existiendo en ambos casos. La conversación tendrá que terminar con una respuesta que el cliente pueda utilizar para decidir qué hace con su prenda.
¿Cómo mantener un plazo sin dejar la petición en el aire?
La siguiente conversación es una aplicación imaginada en el taller de arreglos. La encargada está revisando el trabajo que ya tiene acordado para esa semana.
—Necesito este vestido para el viernes por la mañana.
—Para esa hora tengo ocupada la semana. Podría dejarlo terminado el lunes. ¿Cuándo vas a utilizarlo?
—El sábado. Tengo que viajar el viernes por la tarde.
—Entonces la fecha que puedo ofrecerte llega después de que lo necesites.
—¿Y si solo acortamos el bajo?
—Tendría que probarlo y coserlo igualmente. Si lo aceptara, tendría que retrasar una prenda que ya he prometido.
—Voy a preguntar en otro taller. Necesito saberlo hoy.
—Te dejo señalada la medida que hemos comprobado. Así podrás explicar el arreglo cuando consultes.
¿Por qué lo que ya hemos gastado puede hacernos gastar todavía más?
El programa Concorde necesitaba nuevas aportaciones mientras avanzaba el desarrollo del avión. Los gobiernos británico y francés ya habían financiado una parte del trabajo. Al estudiar la cantidad siguiente, encontraban un proyecto empezado y un gasto que se había realizado antes de llegar a aquella decisión.
Greg McKeown utiliza ese caso en Esencialismo para explicar el peso de los costes hundidos. Son recursos que ya se han empleado y que la decisión presente carece de poder para devolver por sí sola. En la lectura autorizada de los capítulos sobre rechazar y revisar compromisos, el autor examina cómo la inversión acumulada puede convertirse en una razón para seguir dedicando recursos a algo cuyo interés necesita volver a estudiarse.
El dinero gastado aporta información. Permite saber cuánto ha costado llegar hasta el estado actual y qué trabajo se ha completado con él. La dificultad comienza cuando esa cuenta sustituye a la pregunta sobre el siguiente paso. Haber pagado mucho explica el tamaño de una inversión, mientras decidir cuánto más conviene aportar exige conocer el trabajo pendiente y lo que se espera conseguir al realizarlo.
En el desarrollo de un avión, continuar significa asumir nuevas tareas antes de disponer del resultado. Habrá que valorar lo que falta por hacer y los recursos que requerirá. También habrá que estudiar qué utilidad tendrá el aparato al terminar. Esas preguntas se refieren al futuro que todavía puede cambiarse. La cantidad ya entregada seguirá siendo la misma tanto si se continúa como si se detiene la financiación.
El esfuerzo anterior puede hacer que detenerse resulte especialmente difícil. La retirada deja visible que parte de lo invertido quizá quede sin recuperar. Añadir dinero conserva la posibilidad de terminar, pero trae también la posibilidad de aumentar la pérdida. Para comparar las opciones hay que mantener ambas consecuencias a la vista, en vez de tratar la continuación como la única manera de respetar el trabajo realizado.
La trampa puede repetirse. Después de una nueva aportación, la inversión acumulada será mayor. Si esa suma basta para justificar otra entrega, cada decisión habrá aumentado el motivo utilizado para tomar la siguiente. De ese modo, el proyecto puede seguir adelante sin que se haya respondido qué aporta el gasto nuevo. El pasado irá ocupando la explicación de decisiones que todavía comprometen recursos disponibles.
Revisar la continuidad tampoco exige abandonar automáticamente lo que se empezó. Un trabajo puede seguir mereciendo recursos porque lo que falta cuesta menos que la ayuda que se espera recibir. Para reconocer esa situación hace falta estudiar el estado actual, las obligaciones que quedan y las alternativas posibles. El criterio se apoya en la contribución que todavía puede obtenerse, conservando el conocimiento de lo ya realizado sin convertirlo en una orden de continuar.
También conviene separar las cuentas que se están comparando. La inversión industrial necesaria para desarrollar el Concorde y los ingresos y gastos de determinadas operaciones aéreas pertenecen a preguntas diferentes. Que un avión llegue a transportar pasajeros permite conocer un resultado del programa. Para saber si se recuperó la inversión de desarrollo hace falta seguir otra cuenta, con los costes y las cantidades correspondientes a ese trabajo.
El argumento de McKeown se dirige a la decisión sobre el recurso siguiente. Al llegar a ella, una persona puede reconocer la pérdida acumulada y estudiar a la vez lo que aún está en sus manos. Si decide continuar, tendrá que poder explicar qué espera conseguir con esa nueva dedicación. Si decide detenerse, conservará los recursos que todavía estaba a tiempo de comprometer, mientras afronta las consecuencias de lo que ya había hecho.
¿Cómo comprobamos si una tarea sigue siendo necesaria?
Cada viernes se prepara un informe y se envía a un grupo de personas. Podemos seguir este ejemplo imaginado desde el trabajo de quien reúne los datos. La tarea se repite en la misma parte de la semana y parece tener un sitio reservado antes de que nadie vuelva a preguntarse para qué se utiliza.
En Esencialismo, McKeown recoge una técnica atribuida a Daniel Shapero que consiste en probar una retirada limitada. Se puede escuchar su explicación en el audio autorizado del capítulo dedicado a revisar compromisos. En vez de añadir otra actividad para comprobar si mejora el resultado, se deja de realizar una existente y se observa si el trabajo puede continuar. La prueba busca información sobre una tarea cuyo valor actual todavía resulta incierto.
El primer paso es conocer la tarea. En el informe, habría que averiguar qué datos reúne, quién lo recibe y para qué se empezó a preparar. Alguien puede utilizar una cifra para tomar una decisión que ocurre solo en determinadas fechas. Otra persona puede necesitar el documento completo para cumplir una obligación. Esas funciones deben conocerse antes de interpretar el silencio de una semana como una prueba de que nada se pierde al retirarlo.
La actividad elegida necesita admitir una prueba que pueda corregirse. Si retirarla impide atender una obligación o puede causar un perjuicio difícil de reparar, hace falta otro modo de revisar su utilidad. Para el informe podemos imaginar que se conservan los datos y se acuerda suspender únicamente su preparación y envío. Así seguirá existiendo una manera de atender una necesidad que aparezca mientras se estudia el documento.
El periodo de observación debe corresponder al uso que se quiere conocer. Dos semanas pueden mostrar qué ocurre con decisiones semanales y dejar fuera una consulta que solo se realiza al cerrar el mes. Elegir una duración exige mirar cuándo se utilizaba el informe. De lo contrario, la prueba acabaría antes de que llegara el momento en el que su ausencia podía notarse.
Mientras dura, interesa escuchar las peticiones. Si alguien solicita una cifra, se puede preguntar para qué la necesita y cuándo vuelve a utilizarla. Esa respuesta ayuda a distinguir el dato útil del trabajo que lo rodeaba. Tal vez el informe tenga diez páginas y una persona consulte una sola cantidad. Conocer esa diferencia abre la posibilidad de ofrecer la información necesaria sin reconstruir cada semana todo el documento.
También conviene observar lo que sucede después de esa petición. Una tarea puede parecer terminada porque otra persona está resolviendo a mano lo que antes encontraba en el informe. En ese caso, las horas han cambiado de lugar. Para valorar la retirada habrá que conocer ese trabajo adicional, evitando confundir el tiempo ahorrado por quien preparaba el documento con el esfuerzo total que ahora hace la oficina.
Al terminar el periodo, la decisión puede tomar formas distintas. Si el informe resulta necesario, se recuperará con una razón conocida. Si se utiliza solo una parte, podrá estudiarse una versión más ajustada o una entrega en el momento en que haga falta. Si nadie depende de él y el trabajo continúa, habrá apoyo para dejar de prepararlo. La prueba habrá respondido qué ocurre al retirarlo, permitiendo elegir con más información que la costumbre de repetirlo.
La revisión sigue teniendo un alcance limitado. Se ha observado una actividad durante unas condiciones conocidas, y el trabajo puede cambiar después. Conviene que quien necesite de nuevo aquellos datos sepa dónde pedirlos. Esa posibilidad permite conservar la decisión tomada sin convertirla en una prohibición de revisar otra vez el servicio que la oficina necesita.
¿Qué conviene revisar antes de hacer más rápida una tarea?
Una tarea que se repite puede parecer una buena candidata para realizarse de forma automática. Antes de preparar esa ayuda conviene averiguar para qué sigue haciéndose. McKeown pide examinar qué merece ocupar nuestro esfuerzo. La semana laboral de 4 horas, de Timothy Ferriss, incluye la eliminación y la automatización dentro de su propuesta para reorganizar el trabajo.
La comparación ayuda a distinguir dos decisiones. Podemos retirar una tarea que ha perdido su función o cambiar cómo se realiza una que todavía hace falta. La rapidez tiene utilidad cuando se ha reconocido cuál de esas situaciones tenemos delante.
| Pregunta | Esencialismo | La semana laboral de 4 horas |
| Antes de mejorar el proceso | Qué aportación justifica conservarlo | Qué actividad puede eliminarse |
| Si el trabajo sigue siendo necesario | Qué espacio merece entre los compromisos | Qué parte puede delegarse o automatizarse |
| Al liberar tiempo | A qué actividad elegida se destinará | Qué dependencia del responsable se ha reducido |
Pensemos en una tienda que envía cada viernes dos informes de existencias. Uno sirve para preparar los pedidos y el otro conserva un formato que se utilizaba con un proveedor anterior. El encargado puede preguntar quién consulta cada documento y qué decisión toma al leerlo. Quizá descubra que el segundo ya carece de destinatario. Crear una herramienta para producirlo más deprisa ahorraría parte de su preparación y mantendría un envío que nadie necesita.
El informe de pedidos requiere otra respuesta. Si sigue ayudando a evitar faltas de producto, conviene estudiar cómo se prepara y qué comprobaciones necesita. Puede haber datos que el sistema reúna por su cuenta, mientras una persona revisa los pedidos pendientes antes de enviarlos. El tiempo recuperado podrá dedicarse a esa revisión o a otra tarea elegida. Para saber cuánto se ha ganado habrá que contar también el mantenimiento de la herramienta y las dudas que aparezcan al utilizarla.
¿Cómo facilitamos el trabajo que hemos elegido?
¿Cómo elegimos qué ideas van a ocupar el trabajo de un equipo?
Jack Dorsey recibía ideas de usuarios, ingenieros, diseñadores y personas que atendían consultas. Cada grupo encontraba partes del servicio que podían mejorarse. Al llegar a la dirección, esas propuestas todavía necesitaban convertirse en una elección sobre el trabajo que se iba a realizar.
En su charla de Stanford de 2011, Dorsey describió al director como un editor. Recibía material de muchas procedencias y escogía una o dos ideas que pudieran impulsar el servicio y el producto. Esencialismo acerca esa manera de trabajar a una responsabilidad que continúa después de escuchar. La información reunida necesita una decisión que deje al equipo saber a qué va a dedicar sus fuerzas.
Las propuestas pueden ser buenas por razones diferentes. Quien utiliza el servicio conoce una dificultad de su uso. El equipo de atención escucha dudas que tal vez se repitan. Quien diseña puede encontrar una forma más fácil de realizar una tarea, mientras ingeniería estudia cómo construirla. Esa variedad amplía lo que la dirección conoce. También hace necesario comparar ideas que llegan explicadas desde necesidades distintas.
Elegir exige volver al propósito del servicio. Una mejora puede resultar interesante y aportar poco a lo que el equipo está intentando conseguir en ese momento. Otra puede resolver una dificultad que impide a muchas personas utilizar lo que ya existe. Para distinguirlas hay que comprender qué cambia cada propuesta y qué trabajo necesita, antes de convertir el interés que despierta en una obligación compartida.
El coste aparece al empezar a construir. Hará falta estudiar la idea, acordar cómo se realizará, preparar las piezas que cambian y comprobar el resultado. Esas tareas se reparten entre personas que quizá ya estén ocupadas en otra mejora. La comparación debe contar con ese trabajo, porque una idea añadida puede retrasar las que ya tenían un lugar en la jornada. La cantidad de propuestas escuchadas y la cantidad que se puede terminar son cosas distintas.
La imagen del editor ayuda a reconocer dónde se toma esa decisión. Un editor puede leer mucho material y conservar una parte para la obra que está preparando. La lectura de lo descartado también le da conocimiento, sin obligarlo a incorporarlo todo. McKeown examina la selección de lo que una empresa decide hacer en su reflexión sobre las decisiones de Apple. En el trabajo de Dorsey, escuchar a los distintos grupos permitía conocer mejor el producto. Escoger unas pocas ideas determinaba cuáles pasarían a utilizar tiempo y coordinación del equipo.
Después de la elección hay que comunicarla. Las personas que construyen necesitan saber qué se intenta conseguir y qué parte hará cada una. Si la prioridad solo existe en la cabeza de quien dirige, las demás propuestas pueden seguir llegando como encargos separados. Explicar el trabajo elegido permite reconocer cuándo una petición nueva lo ayuda y cuándo abre una tarea que habrá que volver a valorar.
Esa continuidad también exige cuidar el equipo y sus medios. Dorsey incluía entre sus responsabilidades la dinámica de las personas, la comunicación y el dinero. Una selección de ideas necesita esas condiciones para convertirse en trabajo terminado. Puede estar bien elegida y encontrarse con una dificultad de coordinación que todavía deba resolverse. La tarea de dirección continúa siguiendo lo que hace falta para llevarla a cabo.
Una propuesta que queda fuera puede conservarse como información para otra revisión. Habrá ocasiones en que cambien las necesidades o se complete el trabajo anterior. En ese momento podrá estudiarse de nuevo desde la situación que exista. Guardarla conserva una posibilidad, mientras prometer realizarla ya compromete una dedicación. Distinguir ambas cosas ayuda a escuchar con interés sin transformar cada conversación en un nuevo encargo.
El equipo podrá comprobar su avance cuando sepa qué parte está intentando completar. Las ideas seguirán llegando desde quienes utilizan y construyen el servicio. La responsabilidad de editarlas permite atender esa información y decidir cuándo merece cambiar el trabajo en curso, conservando una dirección que los demás puedan comprender y seguir.
¿Qué tenemos que conocer antes de quitar un paso que retrasa a los demás?
Quitar una autorización puede acelerar un trabajo y puede trasladar una decisión que alguien seguirá teniendo que tomar. McKeown propone buscar el obstáculo que está frenando lo esencial. La nueva fórmula del trabajo, de Laszlo Bock, ayuda a mirar qué información y qué capacidad necesita la persona que continuará después de retirar ese paso.
Bock recoge el intento de Google de prescindir de los responsables de ingeniería en 2002. Las consultas que antes atendían acabaron concentrándose en Wayne Rosing y la empresa recuperó esos puestos. La comparación permite distinguir un trámite que puede suprimirse de un trabajo necesario que tendrá que organizarse de otra manera.
| Durante el cambio | Esencialismo | La nueva fórmula del trabajo |
| Qué se busca | El obstáculo que limita el avance elegido | La ayuda que necesitan las personas para trabajar |
| Qué se retira | Un paso que añade dificultad evitable | Una práctica cuyo efecto debe comprobarse |
| Qué debe quedar resuelto | Cómo continuará la tarea al desaparecer el obstáculo | Quién puede decidir y a quién acudir ante una dificultad |
Imaginemos un almacén donde cada reposición pequeña necesita la firma del encargado. Los trabajadores saben qué material falta, pero el pedido espera mientras él está fuera. Antes de retirar la firma, el grupo puede acordar qué compras conocen bien y qué cantidad pueden autorizar. Los gastos que superen ese límite seguirán necesitando una consulta.
El paso se habrá reducido cuando los trabajadores puedan reponer ese material con la información disponible. Después conviene comprobar si los pedidos llegan a tiempo y si aparece alguna compra que requiere una explicación mejor. El encargado podrá atender las excepciones sin tener que revisar otra vez cada decisión que ya dejó acordada con sus compañeros.
¿Qué necesita quien va a decidir sin pedir una firma cada vez?
En el almacén de este ejemplo, una trabajadora y el encargado examinan el retraso antes de cambiar la autorización de compras.
—Los guantes se terminaron ayer. El pedido sigue esperando tu firma.
—¿Es la misma reposición que hacemos cada mes?
—Sí. Tenemos la referencia y sabemos cuánto costó la última caja.
—Podéis pedir esa caja directamente si mantiene el precio acordado. Dejaré la cantidad autorizada junto a la referencia.
—¿Qué hacemos si el proveedor solo tiene una caja más cara?
—Me avisáis con el precio y la cantidad. Esa diferencia seguirá necesitando una decisión.
—Entonces podremos reponer lo habitual sin esperar y sabremos qué cambio tenemos que consultarte.
—Revisaremos los primeros pedidos para comprobar si falta alguna indicación.
¿Qué cambia cuando reconocemos los pequeños pasos que alguien da bien?
Los agentes de Richmond podían acercarse a un joven para reconocer algo que había hecho bien. Ward Clapham, que dirigió la policía de aquella ciudad canadiense, impulsó un programa de vales para atender esas contribuciones. El encuentro podía empezar desde una buena conducta que el agente acababa de observar.
El programa Positive Tickets forma parte de la explicación de McKeown sobre los avances pequeños. En su artículo dedicado a estos vales, cuenta que daban acceso gratuito al cine o a un centro juvenil. El reconocimiento tenía así una continuación que la persona podía aprovechar, además de las palabras intercambiadas con el agente.
El cambio empieza por lo que se busca durante el trabajo. Un policía necesita reconocer una falta para intervenir cuando ocurre. Este programa ampliaba su atención hacia los actos útiles de los jóvenes. Si se fijaba únicamente en lo que debía corregir, esas contribuciones podían pasar sin respuesta. El vale daba una manera de detenerse también en ellas y hacer visible que alguien las había observado.
La conducta reconocida debía poder entenderse. Quien recibe el vale necesita saber qué ha hecho para obtenerlo. Esa explicación une el reconocimiento con una acción que ya conoce y que quizá pueda repetir en otra ocasión. Un juicio general sobre ser buena persona deja más lejos el paso que se está valorando. Nombrar el acto acerca la conversación a algo que ocurrió y que ambos pueden identificar.
Atender un paso pequeño también cambia el momento de la respuesta. Se puede reconocer una contribución cuando aparece, sin esperar a que todos los aspectos de la vida del joven estén resueltos. La acción útil conserva su valor junto a las dificultades que todavía pueda tener. El agente encuentra una ocasión de hablar desde esa capacidad y de mostrar que ha prestado atención a ella.
El contacto añade información a la relación. Un joven que solo encuentra a la policía cuando hay problemas puede asociar su presencia a una corrección. Si también se acercan a él para reconocer un acto útil, conoce otra forma de encuentro. El programa busca construir esa posibilidad mediante conversaciones que empiezan por una contribución, en vez de depender siempre de un conflicto para que ambas partes se dirijan la palabra.
El incentivo acompaña a ese reconocimiento. Poder ir al cine o utilizar un centro juvenil ofrece una actividad que el joven puede relacionar con el encuentro anterior. El joven necesita relacionar el vale con lo que hizo y con la explicación que le da el agente. El objeto entregado por sí solo dejaría sin aclarar por qué se valora lo que la persona ha hecho.
La continuidad requiere que esa atención forme parte del trabajo. Llevar vales sirve cuando los agentes encuentran ocasiones para reconocer una contribución y saben explicarla. También necesitan disponer de actividades en las que los jóvenes puedan utilizarlos. La relación se apoya en un reconocimiento que después tiene una respuesta disponible, de manera que lo anunciado al entregar el vale pueda cumplirse.
McKeown vuelve al programa en una conversación posterior con Clapham sobre las relaciones y la confianza. Esa mirada ayuda a situar el alcance del ejemplo. Reconocer un acto abre una ocasión de contacto y puede alentar que vuelva a realizarse. Para conocer cambios más amplios en una comunidad haría falta estudiar muchas otras condiciones. El aprendizaje que se puede seguir aquí comienza en el encuentro entre quien reconoce una contribución y quien sabe qué hizo para recibir esa respuesta.
¿Cómo nos ayuda repetir una preparación antes de una tarea difícil?
Michael Phelps tenía un orden de preparación antes de competir. Al acercarse las pruebas de Pekín en 2008, seguía una secuencia que había trabajado durante años con Bob Bowman, su entrenador. El comienzo de la carrera llegaba después de una serie de acciones conocidas, repetidas mucho antes de aquella competición.
McKeown desarrolla el caso al hablar de las rutinas en Esencialismo. En una explicación del autor sobre la preparación de Phelps, describe cómo empezaba dos horas antes y seguía el calentamiento, la disposición del material y los estiramientos. Ese orden daba un lugar a las tareas que debían realizarse antes de nadar.
Podemos detenernos en el material. Las gafas se colocaban a un lado y la toalla al otro. Son objetos que el nadador necesita y que podría dejar de muchas maneras. Haber elegido una colocación y repetirla reduce la necesidad de decidir dónde se encuentran cada vez. La preparación puede continuar desde lo dispuesto, sin que todos los detalles vuelvan a abrirse mientras llega la hora de la prueba.
La misma continuidad aparece al seguir la secuencia completa. Cada acción llega después de otras que ya se han realizado y prepara una parte del paso siguiente. El recorrido incluye los auriculares y la subida al bloque de salida por un lado conocido. El bloque es la plataforma desde la que se inicia la prueba. Al llegar hasta él, el nadador ha ido atendiendo lo que necesita hacer antes de lanzarse al agua.
La rutina depende de haber sido practicada. Preparar una lista antes de competir deja escritos unos pasos, mientras repetirlos enseña cómo se enlazan durante el trabajo. Con los ensayos se conoce qué hace falta tener a mano y en qué orden resulta útil hacerlo. Una parte de la atención que exigiría decidir cada detalle se ha dedicado a esa preparación previa.
Phelps añadía la representación mental de su carrera. Por la mañana y antes de dormir volvía sobre lo que haría al nadar. Esa práctica trabajaba con una secuencia que también debía entrenar físicamente. Imaginar la tarea y realizarla pertenecen a trabajos distintos que pueden prepararse juntos. El recorrido mental daba otra ocasión de atender los movimientos y el orden antes de que llegara el momento de competir.
El ejemplo ayuda a distinguir entre preparar una respuesta y esperar que todo suceda solo. Una rutina puede atender decisiones repetidas, pero la carrera continúa exigiendo esfuerzo y capacidad. Phelps debía nadar y responder en el agua. La preparación organizaba el camino hasta esa exigencia, dejando realizadas tareas que de otro modo todavía pedirían atención al acercarse la salida.
También permite comprender por qué conviene revisar lo que se repite. Una secuencia útil responde a unas necesidades conocidas. Si cambian las condiciones, habrá que comprobar qué parte sigue ayudando y qué paso requiere ajuste. Mantener un orden tiene sentido por el trabajo que facilita, de modo que la familiaridad necesita convivir con la atención a lo que está ocurriendo en ese momento.
La aportación de la rutina se encuentra en esa distribución del esfuerzo. Algunas decisiones reciben tiempo durante la preparación para que, después, puedan seguirse de una manera conocida. Cuando empieza la tarea difícil, lo anterior ya está atendido. Phelps llegaba a competir después de haber recorrido muchas veces aquellos pasos, llevando hasta la salida una preparación que todavía tendría que utilizar al nadar.
¿Cómo seguimos atendiendo lo importante cada día?
¿Cómo volvemos a lo que podemos hacer en este momento?
Larry Gelwix pedía a sus jugadores de rugby que reconocieran qué necesitaba atención en ese momento. Sus jugadores seguían en el campo y encontraban situaciones que iban cambiando mientras se movían. Había acciones que terminar y otras que comenzaban a pedir una respuesta.
Greg McKeown utiliza ese caso en Esencialismo y lo retoma en su explicación sobre cómo mantener la atención en lo importante. Gelwix dirigió durante años al equipo Highland. Gelwix buscaba devolver a los jugadores a una tarea presente, cuando pensar en el resultado o en lo que hacía el rival podía apartarlos de su propia respuesta.
El rugby exige atender una situación que cambia mientras se juega. Los movimientos de una persona modifican lo que pueden hacer sus compañeros y lo que intentarán los contrarios. Para responder hay que observar y continuar desde esa información. Una decisión útil en una jugada puede necesitar otra colocación cuando el juego avanza. La atención tiene que acompañar ese cambio, en vez de permanecer detenida en la respuesta anterior.
Conocer al rival forma parte del trabajo. Sus movimientos pueden mostrar un hueco o una dificultad que el equipo necesita atender. La diferencia aparece entre utilizar esa observación y quedarse absorbido por ella. Gelwix quería que sus jugadores regresaran a lo que podían hacer ellos. La información sobre el contrario debía ayudar a preparar una respuesta propia, con las capacidades y la colaboración que tenían disponibles.
El error anterior puede producir una dificultad parecida. Un jugador puede volver mentalmente a una acción fallada cuando el partido ya está pidiendo otra cosa. Reconocer el fallo ayuda si permite corregir la respuesta siguiente. Mantener la atención en lo que ya sucedió deja sin atender una ocasión nueva. La pregunta del entrenador ofrece un paso para salir de esa repetición, mirando qué necesita ahora el equipo desde la situación en la que se encuentra.
Esa vuelta al presente conserva el aprendizaje. La jugada terminada puede mostrar una falta de coordinación o una colocación que conviene cambiar. El equipo tendrá ocasión de estudiarla con más tiempo después. Durante el encuentro necesita llevar la corrección posible hasta una acción, sin exigir que la explicación completa del error esté resuelta antes de continuar jugando.
También hace falta distinguir la meta de la tarea inmediata. Ganar expresa el resultado que se desea al terminar. Mientras el partido continúa, cada jugador necesita reconocer qué ayuda puede aportar para acercarse a él. La meta orienta, pero deja abierta la decisión sobre el movimiento que corresponde realizar ahora. Esa decisión necesita información del campo y de los compañeros, en el momento en que todavía sirve para actuar.
La pregunta puede repetirse porque la respuesta cambia. Una dificultad atendida deja paso a otra y el equipo debe volver a mirar. Repetir la pregunta mantiene un hábito de atención, mientras cada situación pide una respuesta propia. El entrenador ofrece una forma de buscarla y los jugadores tienen que reconocerla en lo que está sucediendo, en vez de repetir siempre la misma solución.
Al terminar el partido habrá otro trabajo. Se podrán estudiar las acciones, revisar errores y preparar el entrenamiento siguiente. La atención que se pide durante el juego responde a un tiempo distinto, cuando todavía queda una acción que realizar. Gelwix llevaba a su equipo hasta esa posibilidad de intervenir, después de lo ya ocurrido y antes de conocer el resultado final.
¿Por qué necesitamos dejar un margen para lo que todavía desconocemos?
Greg McKeown recuerda un trayecto con sus hijos en el que convirtió la explicación de un margen en un juego. Se trataba de avanzar de un lugar a otro manteniendo el movimiento. La observación se centraba en la distancia respecto al vehículo que iba delante y en cómo cambiaba la respuesta al dejar espacio.
El autor cuenta ese ejemplo en su conversación sobre Esencialismo con Brett McKay. Si el coche de delante reduce la velocidad, viajar muy cerca obliga a responder con poco recorrido disponible. Una separación mayor deja más tiempo para observar el cambio y ajustar la marcha. El conductor sigue atendiendo las normas y deteniéndose cuando debe, mientras la comparación hace visible para qué servía aquel espacio.
El margen se prepara antes del cambio. Cuando ambos coches avanzan con normalidad, la distancia puede parecer un tramo que cabría ocupar. El conductor podría acercarse y aprovecharlo para estar un poco más adelante. Al hacerlo, gastaría una parte de la posibilidad de ajustar su marcha después. La utilidad del espacio reservado aparece cuando el vehículo anterior cambia algo que todavía era desconocido al decidir acercarse.
Esa diferencia ayuda a comprender la reserva de tiempo. Una tarea puede estar prevista para terminar antes de que empiece la siguiente. Si ambas se colocan sin separación, una pequeña demora de la primera llegará a la segunda. Dejar un intervalo ofrece un lugar donde absorber parte de ese retraso. El intervalo tiene una función dentro del plan, incluso cuando la primera tarea acaba a la hora esperada y queda sin utilizar.
Preparar ese hueco requiere aceptar que el cálculo inicial tiene límites. Puede conocerse bien una actividad y aparecer una dificultad nueva al realizarla. El margen evita que todo el plan dependa de haber previsto cada variación. El trabajo sigue necesitando preparación, pero la reserva deja una respuesta disponible para lo que todavía no se sabe cuando se organiza.
La cantidad que hace falta depende de lo que se está intentando hacer. Un pequeño retraso puede tener consecuencias distintas según lo que venga después. Antes de comprometer todo el tiempo disponible conviene mirar qué parte podría demorarse y qué actividades dependen de que termine. Así se reconoce dónde un intervalo ayuda de verdad, en vez de añadirlo por igual a todas las tareas sin estudiar su relación.
También importa conservar la reserva. Un hueco puede llenarse con otra petición porque parece estar libre. Si se ocupa por completo, el plan vuelve a depender de que todo termine según lo previsto. Aceptar esa nueva tarea exige reconocer qué ayuda se está gastando al darle el sitio reservado, del mismo modo que acercarse al coche de delante consume distancia antes de conocer su próximo movimiento.
Cuando el margen se utiliza, la situación cambia. Una demora puede ocupar parte del intervalo y dejar menos separación hasta la actividad siguiente. Habrá que revisar lo que queda y decidir si todavía permite continuar con las condiciones previstas. La reserva ayuda a responder, mientras el plan necesita seguir observándose después de haberla consumido.
El ejemplo del coche mantiene visible ese trabajo durante todo el trayecto. El conductor observa la distancia, ajusta la marcha y vuelve a conocer el espacio del que dispone. McKeown lleva esa atención a la preparación de las obligaciones. Lo que aún queda libre puede ser la parte del plan que permita atender una variación sin trasladarla entera a todo lo que estaba previsto hacer después.



























