El manual del emprendedor
Steve Blank y Bob Dorf empiezan por una dificultad de quien prepara un negocio nuevo. Tiene una idea de lo que quiere ofrecer y puede dedicar meses a construirlo. Mientras trabaja, toma decisiones pensando en las personas que espera encontrar al terminar. Todavía necesita saber si esas personas tienen el problema que ha imaginado y si están buscando una manera de resolverlo. El manual del emprendedor se detiene en ese tiempo de preparación, cuando buena parte de lo que orienta el trabajo aún está pendiente de comprobar.
Los autores proponen escribir esas suposiciones para poder contrastarlas con quienes podrían comprar. Si se cree que alguien necesita recibir un pedido en casa, hace falta conocer cómo lo consigue ahora y qué dificultad encuentra. La explicación de esa persona puede mostrar una necesidad distinta de la que se había previsto. Quien prepara la oferta tendrá entonces información con la que decidir qué debe probar, antes de seguir dedicando trabajo y dinero a una solución que todavía conoce sobre todo desde su propia idea.
El libro llama desarrollo de clientes a ese recorrido. La expresión reúne las conversaciones y las pruebas que permiten conocer a quién se puede ayudar, qué se le ofrecerá y en qué condiciones podría llegar a comprarlo. Durante el descubrimiento se estudian el problema y la solución propuesta. La validación añade una exigencia distinta, averiguar si es posible conseguir ventas de una manera que se pueda repetir. Un pedido merece atenderse y estudiarse, mientras sigue pendiente saber cómo se conseguirá el siguiente.
Blank y Dorf reservan a esa búsqueda un trabajo diferente del que realiza una empresa con compradores y una forma de vender ya conocidos. Antes de organizar un crecimiento grande, necesitan comprobar cómo se relacionan la oferta, las ventas y el dinero que permite sostenerlas. Las respuestas pueden obligar a volver sobre una decisión anterior. Por eso el manual admite regresar a una prueba, cambiar una parte de la propuesta y continuar buscando desde lo que se acaba de averiguar.
La obra distribuye ese trabajo en apartados sobre el descubrimiento y la validación de clientes, acompañados por listas de comprobación. Incluye recorridos para negocios que llegan a sus clientes mediante tiendas, distribuidores o vendedores, y para los que lo hacen a través de una web o de una aplicación móvil. Cada recorrido conserva las tareas que necesita su forma de venta. El lector puede consultar el paso en el que se encuentra, preparar la prueba correspondiente y volver a las respuestas obtenidas antes de decidir cómo continúa.
| Campo | Datos del libro |
| Título | El manual del emprendedor |
| Subtítulo | La guía paso a paso para crear una gran empresa |
| Autores | Steve Blank y Bob Dorf |
| Título original | The Startup Owner’s Manual |
| Edición | Edición española en rústica con solapas publicada el 2 de octubre de 2013 |
| Editorial | Gestión 2000 |
| Colección | Gestión 2000 |
| ISBN | 9788498752830 |
| Extensión | 640 páginas |
| Tema | Cómo comprobar una idea de negocio con clientes antes de ampliar su funcionamiento. |
| Materias | Desarrollo de clientes, creación de empresas, modelos de negocio, pruebas de producto, ventas y gestión del efectivo. |
| Referencia bibliográfica | Ficha de la edición española en la editorial |
| Enlace de compra | https://link.amazon/B02Rddpd3 |
¿Qué necesitamos conocer antes de organizar el crecimiento?
¿Cuándo conviene esperar antes de hacer crecer un negocio?
Webvan estaba preparando un servicio para que los hogares pidieran alimentos por internet y los recibieran en casa. Para realizar las entregas necesitaba reunir productos, preparar cada compra y llevarla hasta su destino. El almacén y los vehículos formaban parte del trabajo que debía hacerse después de que alguien confirmara un pedido.
El caso con el que comienza El manual del emprendedor permite observar cómo se amplió esa capacidad. Las primeras pruebas reunieron cerca de mil cien clientes y la empresa había preparado un gran centro de distribución. Al mismo tiempo, había comprometido otros quince centros del mismo tamaño. La ampliación seguía el plan cuando todavía se estaba aprendiendo qué demanda podía recibir el servicio.
Un centro construido muestra que existe una capacidad. Puede guardar productos y organizar pedidos hasta un volumen determinado. Para conocer si esa capacidad tiene trabajo suficiente hay que mirar otra información. Interesa saber cuántas personas compran, cada cuánto regresan y dónde están sus casas. Esas respuestas permiten relacionar las instalaciones con una actividad que realmente está ocurriendo.
La diferencia se hace visible al seguir un reparto. Un vehículo puede disponer de espacio para muchas bolsas y tener pocas direcciones a las que llevarlas. Si además están alejadas entre sí, cada entrega necesita un recorrido que ocupa tiempo. Tener más sitio dentro del vehículo deja abierta la tarea de encontrar pedidos que permitan utilizarlo. El tamaño de lo preparado y el uso que recibe necesitan conocerse juntos antes de decidir cómo ampliarlo.
La satisfacción de los primeros compradores aporta una información valiosa sobre lo que han vivido. Permite averiguar si recibieron lo que esperaban y qué dificultades encontraron. Todavía deja pendiente cuánto se parece ese grupo a los hogares a los que se desea llegar después. Algunos pueden aceptar una forma nueva de comprar con más facilidad que otros. La ampliación necesita encontrar qué condiciones se mantienen al recibir personas distintas.
También hace falta observar el regreso. Una compra puede responder a la curiosidad, a una promoción o a una necesidad de ese día. Cuando la persona vuelve, empieza a ofrecer información sobre la continuidad. Importa conocer qué la llevó a repetir y qué tuvo que ocurrir para que eligiera de nuevo. El crecimiento que se prepara deberá contar con compras que puedan seguir llegando cuando haya pasado el primer interés.
Los autores examinan Webvan como un ejemplo de expansión guiada por una previsión que se trataba como si ya describiera a los clientes. La previsión permite preparar una búsqueda. Si se espera vender en una zona, se puede estudiar qué hogares compran allí y qué necesitan para recibir el pedido. A medida que llegan respuestas, el plan puede cambiar. Mantenerlo abierto permite utilizar lo aprendido antes de comprometer el dinero que todavía queda.
Una primera instalación también puede necesitar ajustes para atender mejor el trabajo que ya tiene. Quizá un paso de la preparación retrase los pedidos o una franja de reparto resulte difícil para los hogares. Conocerlo antes de repetir la misma estructura evita llevar una dificultad todavía abierta a otros centros. La ampliación podrá aprovechar lo que se haya aprendido y conservar como dudas las partes que aún necesitan prueba.
¿Qué tiene que justificar el siguiente gasto de una empresa?
Preparar más capacidad puede parecer una manera de adelantarse a los pedidos. Antes de pagarla, interesa saber qué información sostiene esa espera. Una empresa puede tener ventas que ya necesitan atención y, a la vez, una propuesta cuya demanda sigue por descubrir. El dinero dedicado a cada una estará realizando un trabajo distinto.
La empresa invencible, de Alexander Osterwalder y sus coautores, distingue cuidar los negocios conocidos de explorar posibilidades nuevas. Blank y Dorf permiten reconocer el riesgo de organizar una gran operación alrededor de supuestos pendientes. La comparación añade la pregunta por el reparto de los recursos, porque una búsqueda puede continuar mientras las ventas actuales siguen necesitando medios.
| Destino del dinero | El manual del emprendedor | La empresa invencible |
| Una propuesta todavía incierta | Comprobar cómo podría funcionar el negocio | Dar medios a una exploración y revisar lo aprendido |
| Pedidos que ya se reciben | Conocer si pueden atenderse de una forma repetible | Conservar recursos para cumplir el trabajo actual |
| La ampliación siguiente | Apoyarla en lo que se ha comprobado | Compararla con las necesidades de las otras actividades |
| Si una prueba cambia la propuesta | Revisar qué medios requiere el nuevo intento | Redistribuir recursos conservando las obligaciones actuales |
Podemos imaginar una fábrica pequeña que vende macetas a varias tiendas. Su dueño quiere añadir jardineras grandes para hoteles y ha recibido dos consultas. Para fabricarlas estudia alquilar otra nave. El alquiler empezaría a pagarse todos los meses, mientras las consultas todavía dejan por conocer cuántas piezas compraría cada hotel y qué medidas necesita.
El dueño puede dedicar parte del tiempo a preparar una muestra y hablar de un primer pedido. A la vez, necesita conservar espacio y materiales para las macetas que las tiendas ya encargan. Si utiliza todo el dinero en la nueva nave, la actividad conocida podría quedarse esperando el barro con el que debe cumplir sus entregas.
La comparación permite examinar cada gasto desde la tarea que realizará. La muestra ayuda a estudiar la oferta para hoteles. La compra de barro permite atender las tiendas. El alquiler requerirá otra justificación cuando se conozcan pedidos que utilicen esa capacidad y el dinero necesario para sostenerla. Al llegar esa información, el dueño podrá comparar la ampliación con una fabricación por encargo o con el uso de otro espacio durante unos días.
¿Qué podemos descubrir al enseñar un producto antes de terminarlo?
Imaginemos a un hombre que ya puede abrir y cargar la mesa plegable que está preparando. Antes de terminar el acabado, la acerca a un puesto para que una vendedora la utilice con sus productos. Ella empieza a vaciar las cajas sobre el tablero y busca un lugar debajo para guardarlas mientras atiende.
La vendedora utiliza el tablero, las patas y el espacio inferior durante una misma jornada. Cada parte entra en relación con las cajas que tiene que retirar y recuperar. Al introducir una debajo, encuentra el travesaño que une las patas. Quien prepara la mesa había comprobado muchas cosas en su lugar de trabajo y ahora puede observar un movimiento que había quedado fuera de sus pruebas.
Mostrar pronto exige que exista algo con lo que la otra persona pueda trabajar. La mesa necesita mantenerse firme para que se puedan apoyar los productos y observar cómo se colocan. Si se cae al abrirla, la prueba se detendrá antes de llegar a las cajas. Lo que todavía falta por hacer debe permitir que ocurra la parte del uso que se desea conocer. Un acabado pendiente puede esperar, mientras un soporte que no aguanta exige atención antes de continuar.
El manual relaciona el desarrollo del producto con el conocimiento que se obtiene de los clientes. Cuando ambas tareas avanzan juntas, lo que ocurre durante el uso puede llegar a quien todavía está decidiendo cómo construir. El trabajo ya hecho se convierte en una forma de recibir información sobre lo que falta. Una dificultad observada puede dar dirección a la modificación siguiente.
Quien acompaña la prueba necesita dejar espacio para que aparezca el recorrido habitual. Si guarda las cajas por la vendedora antes de que ella intente hacerlo, puede retirar justo la parte que necesita conocer. Si le explica dónde debería dejarlas, recibirá información sobre el recorrido que acaba de indicar. Conviene reconocer cuándo está ayudando a completar una tarea y cuándo esa ayuda impide ver cómo la haría la otra persona con el producto delante.
La explicación de la vendedora permite comprender la dificultad. Puede necesitar las cajas a mano porque las utiliza varias veces durante el día o querer retirarlas hasta la hora de recoger. La posición del travesaño tendrá un efecto diferente según ese uso. Seguir la tarea completa permite conocer cuántas veces aparece el obstáculo y qué esfuerzo exige cada vez, conservando también las condiciones del espacio disponible en el puesto.
Modificar la mesa necesita otro trabajo. El travesaño mantiene relacionadas las patas y cambiarlo puede afectar a la firmeza. Quien construye deberá examinar cómo conservarla al dejar paso a las cajas. La respuesta del usuario señala una necesidad, mientras la manera de resolverla requiere todavía desarrollo y comprobación. La prueba posterior tendrá que conservar ambas preguntas, el paso de las cajas y la estabilidad durante el uso.
También importa distinguir quién ha participado y dónde. Una vendedora con esas cajas y ese puesto ofrece información sobre una situación que se ha podido observar. Otros puestos pueden guardar envases de otro tamaño o recogerlos de otra forma. Antes de preparar varias mesas iguales conviene reconocer para qué condiciones funciona la modificación y qué parte queda por estudiar con las personas siguientes.
La segunda visita puede comenzar por el movimiento que se había detenido. La vendedora introduce la caja, la recupera y continúa colocando los productos. Quien prepara la mesa observa si debe ayudarla y qué ocurre después al recoger. Si vuelve a aparecer una dificultad, podrá examinarla cuando todavía está cambiando aquella primera unidad, llevando al acabado una mesa que ya haya pasado por el trabajo para el que se quiere utilizar.
¿Por qué necesitamos saber quién utiliza algo y quién lo paga?
Imaginemos a una trabajadora que utiliza un carro para llevar ropa limpia de una planta a otra de la residencia. Conoce los giros del pasillo y la puerta por la que necesita pasar. Una persona que está preparando un modelo diferente la acompaña durante el recorrido y escucha lo que encuentra al moverlo.
La trabajadora puede reconocer si la rueda gira bien cuando el carro va cargado. También sabe si alcanza los estantes sin tener que mover antes toda la ropa. Quien prepara el modelo dispone de una persona que conoce su uso, mientras todavía necesita encontrar quién puede decidir que la residencia lo compre. La autorización del gasto corresponde a un trabajo diferente del que está observando en el pasillo.
Durante la prueba conviene dejar que la trabajadora complete la tarea. Si tiene que detenerse, puede mostrar qué le impide continuar y qué hace para resolverlo con el carro actual. Preguntarle únicamente si le gusta el nuevo modelo dejaría menos información que acompañarla en ese uso. Al terminar podrá explicar qué cambio ha observado y en qué condiciones se ha producido.
La autorización de compra tiene otras condiciones. Una responsable puede estar de acuerdo en que el cambio facilitaría el recorrido y necesitar comparar su precio con el dinero disponible. Quizá existan compras urgentes que ya estaban comprometidas. También puede haber un periodo del año en que se revisan los equipos. Conocer esas condiciones permite distinguir una mejora apreciada de un pedido que ya se puede realizar.
El equipo que prepara el producto necesita averiguar cómo llega una petición desde el pasillo hasta la persona que puede aprobarla. Puede preguntar qué ocurrió cuando se compró el carro anterior. Esa historia permite identificar quién lo solicitó, qué se tuvo que justificar y cómo se recibió. La respuesta ofrece un camino que después habrá que comprobar para esta compra, porque las personas o las condiciones pueden haber cambiado.
La prueba encuentra una función cuando deja información que ambos interlocutores pueden utilizar. La trabajadora puede indicar dónde consiguió pasar con menos maniobras. Quien decide puede pedir que se observe también cuánto dura el carro o qué mantenimiento necesita. La misma prueba empieza a recibir preguntas diferentes, que conviene conocer antes de darla por terminada.
Una aceptación verbal merece conservar su alcance. Si la trabajadora afirma que lo utilizaría, se conoce su disposición dentro de la tarea que realiza. Si la responsable autoriza una prueba, existe permiso para esa prueba. El pedido llegará cuando se acuerden el producto, las condiciones y el pago correspondiente. Registrar cada respuesta con su significado evita que un paso se tome por otro que todavía queda pendiente.
La información de quien compra tampoco sustituye la del uso. Puede autorizar un modelo más barato que tenga dificultades para girar en el pasillo. En ese caso, la decisión sobre el dinero dejaría sin resolver la necesidad que puso la búsqueda en marcha. Volver a las usuarias permite reconocer ese desajuste y estudiar qué opción cumple las condiciones que ambas partes necesitan conservar.
¿Cómo averiguamos qué necesita la persona que podría comprar?
¿Qué ganamos al escribir lo que todavía suponemos?
Imaginemos a una mujer que se prepara para cocinar para personas que trabajan de noche. Antes de organizar los platos escribe que recogerán la cena caliente al salir del turno. Ha elegido un momento que le parece adecuado, aunque todavía necesita hablar con quienes pasarían por él para conocer qué parte coincide con sus costumbres.
La hora de salida empieza a decidir otras partes del trabajo. La mujer tendrá que calcular cuándo enciende la cocina y durante cuánto tiempo debe mantener calientes los platos. Está organizando esas tareas a partir de una afirmación que aún necesita prueba. El manual llama hipótesis a las ideas que se utilizan para preparar el negocio y todavía deben comprobarse con los clientes. Dejarlas por escrito permite reconocer de dónde procede cada decisión.
La frase sobre las cenas contiene varias partes. Hay unas personas elegidas, un momento de recogida y una manera de recibir la comida. Se pueden examinar por separado porque cada una tiene consecuencias distintas. La salida del turno determina la hora a la que habría que estar preparada. Servir caliente exige organizar la cocina y el transporte de una manera que cambia si el plato se recoge frío.
Para empezar, la mujer puede escoger la duda que afecta antes al trabajo que pretende hacer. Si todavía desconoce cuándo comen las personas del turno, necesita conocer esa rutina antes de organizar la hora de recogida. Puede preguntar por la jornada de la noche anterior y seguir cuándo apareció la comida. Así recoge una experiencia sobre la que la persona puede dar detalles, en lugar de depender únicamente de lo que imagina que haría ante una oferta futura.
Las respuestas pueden llevarla a reconocer grupos diferentes. Una persona lleva un recipiente de casa y utiliza una pausa a medianoche. Otra compra comida antes de entrar porque carece de un lugar para guardarla. Ambas trabajan de noche, pero la relación con la comida cambia. Para estudiar una propuesta necesita conservar qué condiciones corresponden a cada una y decidir con cuál seguirá la búsqueda.
La anotación permite registrar ese cambio sin borrar lo anterior. Puede escribir que la idea inicial se refería a recoger al salir y que las conversaciones han señalado una necesidad durante el turno. Después puede escoger un grupo con una pausa y un lugar donde calentar. La nueva afirmación será más útil porque describe las condiciones que tendrá que encontrar en las personas siguientes.
También hace falta decidir qué resultado ayudaría a avanzar. Si organiza una prueba de recogida, conviene conocer qué observará en ella. Puede interesarle si las personas acuden a la hora acordada o si el lugar propuesto les exige desviarse demasiado. Son preguntas diferentes. Elegir una permite preparar la prueba para recibir una respuesta que tenga relación con lo que se desea aprender.
Al conocer el resultado, la mujer tendrá que compararlo con lo que había escrito antes. Si varias personas faltan, puede preguntar qué pasó. Una dificultad del turno merece distinguirse del rechazo a la comida. Quizá la pausa cambió aquel día o el punto de recogida quedó fuera del recorrido habitual. El resultado ofrece un hecho que necesita explicación antes de decidir qué se modifica.
Cambiar la primera idea forma parte del trabajo cuando la información lo aconseja. La utilidad del registro está en conservar por qué se ha cambiado y qué queda todavía por conocer. Otra persona que se incorpore a preparar el servicio podrá leer esas decisiones y reconocer qué apoyo tienen. Las expectativas siguen visibles junto a las respuestas que las han confirmado, limitado o apartado.
¿Qué diferencia necesita reconocer alguien para elegir nuestra oferta?
Al escribir lo que suponemos sobre un negocio podemos encontrarnos con una frase como «preferirán nuestra manera de hacerlo». Para comprobarla necesitamos saber frente a qué la elegirían y qué les permitiría hacer. La diferencia que ve el equipo puede quedar lejos de la dificultad por la que alguien está buscando otra solución.
Peter Thiel examina en De cero a uno, escrito con Blake Masters, qué aportación distinta puede construir una empresa. Su interés por una diferencia valiosa acompaña la búsqueda de Blank y Dorf. Expresar el supuesto permite probarlo, mientras el contraste con otras opciones ayuda a reconocer qué beneficio tendría que percibir el comprador.
| Al examinar la propuesta | El manual del emprendedor | De cero a uno |
| Lo que cree el equipo | Una suposición que necesita comprobar | Una diferencia que podría ser valiosa |
| La referencia del comprador | Lo que utiliza y la dificultad que encuentra | Las opciones frente a las que valorará la oferta |
| La comprobación pendiente | Qué hace al conocer y probar la propuesta | Por qué la elegiría y qué permite sostener esa ventaja |
Veamos un caso creado sobre dos personas que preparan un servicio para reparar calzado a domicilio. Han anotado que la recogida evitará desplazamientos. Al hablar con posibles compradores pueden descubrir que muchos ya pasan por un taller durante su camino al trabajo. Para ellos, ahorrar ese trayecto quizá tenga menos valor del que el equipo esperaba.
Otras personas necesitan un coche para llegar al taller o tienen dificultad para caminar hasta allí. Sus circunstancias hacen diferente la misma recogida. Conocerlas permite elegir a quién mostrar primero el servicio y qué condiciones deberá cumplir. Si el horario obliga a pasar toda la mañana esperando en casa, la oferta introduce otra dificultad que también habrá que escuchar.
El equipo puede escribir una suposición más ajustada sobre ese horario y probar una franja de recogida con quienes la necesitan. La respuesta irá mostrando qué parte de la diferencia ayuda y qué coste exige mantenerla. Después tendrá que estudiar si puede agrupar recorridos o acordar días por zonas, porque la comodidad ofrecida al comprador debe convivir con el trabajo que hace posible entregársela.
¿Por qué debe escuchar a los clientes quien prepara el producto?
Imaginemos a un hombre que prepara un aparato de aviso para el riego y comprueba la luz permaneciendo junto al motor. Ve cuándo se enciende y cuándo se apaga, mientras tiene delante la instalación sobre la que está trabajando. La persona que utilizaría el aviso sigue regando después de haberse marchado a otra parcela.
Cuando la visita, conoce la distancia entre esos dos lugares y puede preguntar en qué momento vuelve hasta el motor. Si solo recibiera una petición de mejorar la luz, desconocería la jornada que explica esa necesidad. Al escucharla él mismo puede seguir preguntando hasta comprender dónde tendría que llegar el aviso. El manual pide ese contacto directo a quienes impulsan el producto, porque después tendrán que decidir qué cambian con lo que han aprendido.
La conversación puede comenzar por un fallo reciente. La persona que cuida la finca puede contar cuándo lo descubrió, dónde estaba antes y qué tuvo que hacer al enterarse. Ese recorrido aporta más que una lista de funciones deseadas. Permite reconocer qué información llegaba a tiempo y cuál aparecía después de haberse producido una pérdida de agua o de trabajo.
Para seguirlo, quien prepara el aparato necesita dejar que la otra persona termine las partes que él aún desconoce. Puede sentir deseos de explicar la luz en cuanto oye hablar de un motor parado. Si se adelanta, quizá pase por alto que el usuario solo vuelve al motor después de varias horas. Necesita saber dónde serviría la luz durante esa jornada para juzgar si ayudaría a quien cuida la finca.
El contacto directo también permite preguntar por una respuesta que parece extraña. Si la persona afirma que mira el motor al pasar cerca pero apenas consulta el teléfono, interesa conocer qué está haciendo durante ese tiempo. Quizá lo lleva guardado en lugar de tenerlo a la vista, o trabaja en una zona donde la cobertura cambia. Cada respuesta abre una condición que afecta al aviso. La elección de una señal deberá conservar esas condiciones, junto al coste y a la dificultad de utilizarla.
Observar el trabajo puede completar lo que se cuenta. Durante una visita acordada, el usuario señala las parcelas y el recorrido que hace. El equipo reconoce qué distancia existe entre la señal y los lugares donde sería necesaria. Durante la visita también puede haber diferencias con un día habitual. El usuario puede señalar qué parcela ha quedado fuera del recorrido o qué trabajo hará en otra época. Conviene escuchar esa explicación antes de tomar lo visto como toda la jornada.
Después hace falta conservar lo aprendido de manera que otra persona pueda entenderlo. Escribir que se necesita un aviso a distancia mantiene más información que decir que la luz tiene que mejorar. Todavía conviene añadir desde dónde se recibiría, qué ocurrió durante el fallo recordado y qué medios están disponibles allí. Quien lea esas notas podrá conocer por qué se está buscando otra señal y qué tendría que permitir hacer en la finca.
La respuesta de una finca tampoco describe por sí sola a todas las demás. Puede haber otras donde el motor permanezca cerca del lugar de trabajo. El equipo necesita reconocer esa diferencia antes de sustituir una solución por otra para todos. El equipo podrá buscar otras fincas donde las personas se marchen lejos del motor, para conocer cómo reciben allí un aviso cuando falla el riego.
La prueba siguiente puede centrarse en cómo llega el aviso hasta una de esas personas. El aparato tendrá que utilizar un medio adecuado y la persona deberá reconocer qué significa la señal cuando la reciba. Conocer si eso ocurre exige volver al uso, con un momento en el que se pueda comprobar qué ha entendido y qué ha hecho después.
¿Qué nos cuenta mejor una necesidad que una promesa de compra?
Imaginemos a un vecino que dice que le vendría bien que alguien recogiera en casa la ropa que lleva a arreglar. La mujer que está estudiando ese servicio recibe la respuesta con interés y continúa preguntando. Le pregunta por la última prenda que llevó a arreglar, para conocer qué tuvo que hacer aquella vez antes de ofrecerle una recogida.
Ella pregunta por unos pantalones que el vecino llevó recientemente. Él recuerda cuándo los preparó, cuánto esperaron antes de salir de casa y quién se ocupó después de recogerlos. La mujer ya puede seguir una prenda desde que aparece el arreglo hasta que regresa a casa. Cada parte tiene relación con una ayuda que está intentando comprender.
El manual propone buscar conocimiento sobre los clientes antes de dar por conocidas sus necesidades. Preguntar por una experiencia permite trabajar con hechos que la persona puede describir, junto a las dudas de memoria que conviene conservar. La respuesta sobre lo que haría en el futuro puede mostrar una disposición, mientras un episodio pasado ofrece condiciones que ya formaron parte de su vida.
Las preguntas siguientes pueden aclarar una parte que ha quedado abierta. Si el vecino dice que tardó mucho en llevar los pantalones, interesa saber qué ocurrió durante la espera. Puede haber faltado tiempo para el trayecto o puede que aún desconociera qué arreglo quería. Ambas situaciones producen una demora, pero piden ayudas distintas. Una recogida podría resolver la primera y dejar sin resolver la segunda.
También conviene conocer cómo se apañó. La ayuda de una familiar puede haber hecho posible la vuelta. Si ese recurso funciona y está disponible siempre, la mujer tendrá que conocer por qué buscaría otra ayuda y cuándo pagaría por recibirla. Si la familiar solo pudo acercarse aquel día, el vecino puede encontrar la misma dificultad al llevar otra prenda. La experiencia permite formular esa distinción antes de preparar una oferta que trate todas las demoras como si fueran iguales.
El recuerdo debe conservar la incertidumbre que tenga. Una persona puede saber que esperó varios días y desconocer cuántos fueron. Registrar una duración exacta inventada haría parecer más segura una información que necesita matiz. Cabe volver a una fecha, consultar un mensaje o dejar anotado que la duración es aproximada. La decisión posterior debería utilizarla con ese alcance.
Con lo aprendido se puede preparar una propuesta que permita hacer otra comprobación. Si el problema está en el horario, interesa ofrecer una franja de recogida que encaje con él. Si la prenda necesita instrucciones, conviene acordar cómo llegarán a la tienda. Cada condición nace de una parte del episodio que ya se ha podido examinar.
La aceptación de esa propuesta tendrá un valor diferente de la primera opinión. La persona conoce una hora, un precio y lo que tendrá que preparar. Si decide probarla, se puede observar lo que hace al llegar el momento acordado. Su comportamiento ofrece información sobre una oferta determinada, en lugar de depender únicamente de una promesa formulada antes de conocerla.
¿Qué respuesta nos haría cambiar lo que íbamos a ofrecer?
Una entrevista puede traer información que nos aleje de la primera propuesta. Quien responde cuenta qué hizo, cuánto tuvo que esperar o por qué escogió otra solución. Para aprender de esa experiencia hace falta dejar que cambie alguna pregunta y, quizá, una decisión que el equipo tenía preparada antes de salir.
En Piénsalo otra vez, Adam Grant estudia cómo recibimos los datos que cuestionan una idea propia. La conversación deja de explorar cuando solo admitimos respuestas favorables. Blank y Dorf sitúan las entrevistas dentro del descubrimiento del negocio. Grant permite examinar qué disposición llevamos a ellas y qué hacemos con una respuesta que cuesta encajar.
| Durante la entrevista | El manual del emprendedor | Piénsalo otra vez |
| Qué se busca | Conocer la experiencia y las necesidades de posibles clientes | Examinar las razones que sostienen una idea |
| Una respuesta inesperada | Puede revelar otro problema o una condición pendiente | Puede pedir que revisemos la conclusión inicial |
| Lo que ocurre después | Se ajusta lo que habrá que comprobar | La nueva información puede modificar una decisión |
Podemos observarlo en una aplicación creada sobre un vivero que estudia repartir árboles frutales a domicilio. El equipo había pensado hacer las entregas a mediodía. Una conversación sobre una compra anterior permite conocer una dificultad que todavía quedaba fuera de esa propuesta.
¿Qué aprendemos al seguir una experiencia distinta de la prevista?
En esta conversación imaginada, Sara pregunta a Ernesto por el último árbol que compró. Trabaja en un vivero y quiere conocer cómo consiguió llevárselo hasta su casa.
Sara: «¿Cómo te llevaste el árbol que compraste la última vez?»
Ernesto: «Tuve que volver el sábado con mi hijo. En su coche cabía la maceta y en el mío costaba meterla».
Sara: «Yo pensaba que la dificultad estaba en el peso. ¿Qué te impidió llevarla?»
Ernesto: «La anchura. Llegué hasta el coche y vi que la maceta apenas pasaba por la puerta».
Sara: «Estamos pensando en repartir a mediodía. ¿Podrías recibir un pedido a esa hora?»
Ernesto: «Entre semana estoy fuera. El sábado por la mañana sí podría. También tendría que mirar por dónde entra en casa».
Sara: «Voy a preguntar a otros compradores cómo hicieron el traslado. Necesitamos conocer esas medidas antes de prometer una entrega».
Ernesto: «Y preguntar hasta dónde la dejáis. Una cosa es recibirla en la calle y otra tenerla dentro del patio».
¿Qué conviene conocer de la solución que alguien ya utiliza?
Imaginemos un negocio que tiene el cuaderno de turnos en un lugar por el que pasan quienes trabajan allí. La persona encargada escribe el reparto semanal y los demás lo consultan antes de marcharse. Si hay un cambio, una nota junto al día correspondiente permite reconocer dónde se está pidiendo una respuesta.
Una persona que prepara una aplicación propone pasar ese trabajo al teléfono. Necesita conocer cómo se organiza la semana antes de decidir qué parte cambiará. El cuaderno guarda los nombres y también recibe las notas que las personas dejan para pedir un intercambio. El producto nuevo llegará a una actividad que ya ocurre y deberá tener en cuenta lo que permite hacer la herramienta anterior. Al examinar la página, puede parecerle una forma lenta de organizar información. Para comprender su uso necesita seguir también lo que las personas hacen alrededor. El cuaderno se encuentra en un lugar compartido, se abre sin una clave y permite ver varios días juntos. Algunas de esas condiciones pueden ser importantes para quien consulta y pasar inadvertidas a quien solo piensa en trasladar los nombres a una pantalla.
La observación puede comenzar por un cambio reciente. Una persona quiso trabajar otro día y dejó una nota. Quien reparte los turnos habló con un compañero, recibió su aceptación y modificó la página. Después ambos volvieron a consultarla. La tarea incluye la petición, el acuerdo y la información final que permite saber cuándo debe acudir cada uno.
Para proponer una alternativa conviene reconocer qué dificultad apareció dentro de ese recorrido. Quizá el acuerdo tardó porque faltó localizar al compañero. Quizá alguien leyó una versión anterior o una nota quedó tapada. Cada dificultad permite estudiar una ayuda distinta. El teléfono puede facilitar un aviso, mientras que otra parte del trabajo podría seguir necesitando una conversación para acordar el cambio.
La incorporación tiene un coste que va más allá del precio. Las personas tendrán que aprender dónde consultar, reconocer qué avisos reciben y saber cuál es la versión válida. Quien prepara los turnos necesitará encontrar cómo corregir un error. Ese trabajo ocurre durante el paso desde un sistema conocido hacia otro que todavía debe hacerse familiar.
Una prueba acotada permite observar ese paso sin dar por resueltos todos los turnos. Se puede acordar un intercambio y seguirlo hasta que las dos personas confirmen qué día trabajarán. Durante la prueba conviene registrar quién necesita ayuda para entrar, dónde aparece una duda y qué información se consulta más de una vez. Las observaciones tienen valor porque pertenecen a una tarea que el negocio ya sabe reconocer.
Mantener dos sistemas durante mucho tiempo puede introducir otra dificultad. Si el cuaderno y la aplicación muestran cambios diferentes, las personas necesitarán saber cuál deben seguir. La prueba debe dejar clara esa condición. Puede señalarse qué intercambio se está probando y dónde se confirmará el resultado antes de que nadie cambie su jornada. Así la búsqueda de información conserva la organización de quienes participan.
El equipo podrá comparar lo ocurrido con la experiencia anterior. Si el aviso llegó antes pero hubo que hacer varias llamadas para aclararlo, interesa conservar ambas partes. La mejora debe mirarse junto al esfuerzo añadido, porque las personas realizarán el trabajo completo cada vez que alguien cambie un turno. Un paso más rápido puede tener poco valor si deja pendiente otra parte que antes era fácil.
¿Cómo empezamos a poner a prueba una solución?
¿Quién puede necesitar primero lo que estamos preparando?
Pensemos en una mujer que llega por la mañana a su negocio y encuentra una avería en la cámara de frío. Necesita atender a los productos que guardaba y comprobar qué puede conservar. Después de aquella jornada empieza a buscar una manera de enterarse antes si vuelve a ocurrir algo durante las horas en que el local permanece cerrado.
El equipo que prepara un sistema de aviso puede acercarse a esa búsqueda. La mujer sabe que tiene una dificultad y está intentando resolverla. Puede contar qué ha probado, a quién ha consultado y qué le falta por conocer de las ofertas que ha recibido. Esa experiencia permite conversar sobre condiciones de uso que una descripción general de las cámaras apenas haría visibles.
En el método de desarrollo de clientes de El manual del emprendedor, las primeras personas dispuestas a probar tienen un papel importante durante la búsqueda. Interesa encontrar a quienes reconocen una necesidad y ya dedican esfuerzo a atenderla. Sus respuestas permiten estudiar una dificultad existente, con acciones y recursos que se están utilizando antes de que el producto nuevo llegue a sus manos.
La mujer del ejemplo puede mostrar cómo revisa ahora la cámara al cerrar. Ese gesto conserva su utilidad aunque esté buscando un aviso para las horas siguientes. Preguntarle qué necesita cambiar permite distinguir entre la tranquilidad que desea y el trabajo que un sistema debe realizar. Puede necesitar que la noticia llegue a un teléfono y que exista una persona con posibilidad de acudir. La propuesta empieza a encontrar sus condiciones al seguir ese recorrido.
La urgencia merece conocerse mediante lo ocurrido. Una avería anterior puede haberle costado una jornada y productos que todavía necesitaba vender. También puede haber generado preocupación sin que desee cambiar de sistema de inmediato. Preguntar qué está haciendo ahora para evitar otra noche parecida permite reconocer el lugar que ocupa el problema entre sus tareas. La intensidad de una expresión durante la charla ofrece menos información que las decisiones que ya ha tomado para buscar ayuda.
La disposición a probar también tiene condiciones propias. La mujer puede desear una solución terminada y preferir esperar a que otras personas utilicen primero el equipo. Su necesidad seguirá siendo importante, pero quizá corresponda buscar otro primer participante. Quien acepta una prueba necesita conocer su alcance, conservar las medidas de cuidado necesarias y disponer del tiempo para informar de lo que observe. El interés por el resultado deja pendiente ese acuerdo sobre el trabajo de probarlo.
Para el equipo, una primera colaboración permite aprender sin suponer que toda persona con una cámara actuará igual. La instalación puede depender del horario del local o de quién recibe los avisos. Cuando aparezca una segunda propuesta, convendrá comprobar si esas condiciones se mantienen. El parecido entre los negocios permite preparar preguntas, mientras cada visita necesita una respuesta propia.
Al volver al local, el equipo puede revisar con la mujer qué dato falta antes de acordar la prueba. Quizá necesite conocer dónde puede colocarse el dispositivo o a quién corresponde autorizarlo. Al concertar la visita pueden acordar que esté también quien recibe las llamadas por averías. Esa persona podrá explicar dónde suele encontrarse y cuánto tardaría en acudir después de recibir el aviso.
¿Cómo elegimos qué debe resolver primero un producto?
La responsable de los datos de Schwab necesitaba preparar envíos publicitarios sin repetirlos dentro de una misma casa. Los nombres de la lista correspondían a personas distintas, pero algunas compartían domicilio. Antes de organizar el envío tenía que encontrar esa relación entre los registros, para saber cuáles iban a terminar llegando al mismo lugar.
Blank cuenta en su blog sobre las funciones de E.piphany que el equipo incorporó esa posibilidad después de escuchar la necesidad. El trabajo de los destinatarios ofrece una manera de examinar lo que una función permite hacer y lo que sigue pendiente al terminar de utilizar las demás.
Para estudiar una prioridad hace falta conocer dónde se detiene esa tarea. Si una persona puede completar el trabajo y después desea hacerlo con menos pasos, existe una mejora que puede valorar. Si todavía tiene que resolver una relación fuera del producto para poder empezar, la necesidad es distinta. La función que falta condiciona lo que conseguirá hacer con todas las demás. Reconocer ese punto permite ordenar el trabajo sin decidir únicamente por el tamaño de cada petición.
Podemos verlo con una aplicación creada sobre una herramienta para reservar citas. Una persona que atiende llamadas necesita saber si una hora sigue disponible. Puede interesarle que el programa permita cambiar el color de cada tipo de cita, pero antes debe impedir que dos clientes reciban el mismo hueco. La primera necesidad nace de la tarea de reservar. La segunda puede ayudar a organizarla una vez que la reserva existe. Colocar ambas en una lista sin explicar su relación deja pendiente por cuál conviene empezar.
La prioridad también necesita corresponder a los primeros usuarios que se pretende atender. Una petición puede ser indispensable para un comprador y quedar lejos del trabajo de los demás. Antes de incorporarla, el equipo puede buscar situaciones parecidas y comprobar qué se resuelve en ellas. Esa búsqueda permite distinguir una condición compartida de un encargo particular, manteniendo abiertas las consecuencias de elegir uno u otro camino.
El compromiso del interesado ofrece información adicional. Puede estar dispuesto a probar la función, preparar sus datos o revisar el resultado con el equipo. Esa participación ayuda a conocer qué trabajo hará posible el cambio. Una afirmación favorable todavía deja pendientes los medios y el tiempo con los que se utilizará. Preguntar por ellos permite continuar desde lo que el cliente necesita hacer, en lugar de convertir cada sugerencia en una orden de desarrollo.
Escoger una función exige revisar lo que ocupará su lugar en el calendario. El trabajo de los técnicos tiene una duración y el primer producto necesita llegar a poder utilizarse. Retirar una parte menos necesaria puede permitir completar otra que ahora se comprende mejor. La decisión conserva la información de lo que se aplaza, porque aquello podría seguir siendo útil cuando el producto tenga otros usuarios o atienda tareas nuevas.
La primera versión se puede examinar entonces siguiendo un recorrido completo. El equipo empieza por lo que quiere conseguir el usuario y comprueba qué pasos podrá realizar con lo construido. Si vuelve a encontrar un punto donde depende de una función ausente, dispone de otra pregunta para la próxima visita. La lista se irá ordenando desde las posibilidades de trabajar con el producto, con una razón reconocible para dedicar tiempo a cada parte.
¿Qué parte del primer uso debe estar resuelta antes de ofrecerlo?
Escoger una función principal permite preparar una primera versión alrededor de una tarea. La persona que la pruebe necesitará llegar hasta un resultado que pueda reconocer. Si recibe una pantalla que promete ayudarla y después tiene que resolver por su cuenta el paso decisivo, el equipo habrá dejado incompleta la experiencia que quería estudiar.
Guy Kawasaki presta atención a ese encuentro en El arte de empezar 2.0. Una primera versión permite recibir respuestas y descubrir usos, dentro de lo que puede hacerse con los medios disponibles. Blank y Dorf ayudan a escoger qué necesita aprender el negocio. La comparación lleva a comprobar qué debe recibir la persona para que ese primer intento le permita hacer algo.
| Al preparar la primera versión | El manual del emprendedor | El arte de empezar 2.0 |
| La tarea elegida | Permite comprobar una parte importante de la propuesta | Da al usuario un motivo para probarla |
| Lo que se entrega | La ayuda necesaria para observar esa prueba | Una experiencia con la que pueda hacer la tarea ofrecida |
| Lo que puede esperar | Funciones que todavía dejan intacta la duda principal | Mejoras que podrán prepararse después del primer uso |
Imaginemos un pequeño servicio que presta mesas para celebraciones. Sus responsables quieren probar si las familias utilizarían una reserva por teléfono antes de preparar una página completa. Pueden anotar la cantidad, acordar un día y confirmar el precio mediante un mensaje. La primera versión exige todavía saber qué mesas están disponibles y cómo llegarán a la casa.
Las fotografías de otros montajes o una lista larga de colores pueden esperar durante esa prueba. La confirmación de disponibilidad necesita estar resuelta antes de aceptar una reserva. Si dos familias cuentan con las mismas mesas, la dificultad del primer uso procederá del reparto del material y hará más difícil conocer cómo habían recibido la oferta.
El equipo puede preparar pocas reservas y seguirlas hasta la devolución. Sabrá qué tuvieron que preguntar las familias y dónde necesitó intervenir para cumplir. Esas intervenciones ayudan a elegir el trabajo siguiente. Quizá haga falta aclarar las medidas o cambiar la manera de confirmar una entrega. La primera versión habrá permitido realizar una tarea reconocible y descubrir qué necesita mejorar para la próxima ocasión.
¿Qué necesitamos preparar para probar una sola duda?
Antes de construir un programa para pagar facturas, los autores del manual proponen preparar páginas que muestren distintas ventajas. Cada una permite dar una explicación breve y recibir una respuesta. Para empezar pueden elegir la facilidad de uso y explicar qué pasos evitaría el programa al pagar una factura. Después tendrán que observar qué entiende quien lee esa explicación.
En un extracto del libro publicado por los autores, la rapidez, la facilidad y la flexibilidad dan lugar a tres propuestas de prueba. Son nombres y páginas utilizados para explicar cómo se puede comprobar un interés. Su función es permitir elegir qué pregunta se está haciendo antes de exigir que exista todo el producto.
Si el equipo desea saber si se entiende el ahorro de pasos, puede mostrar una forma de realizar el pago y explicar qué trabajo evita. La persona necesita recibir información suficiente para reconocer la tarea. Una frase que promete facilidad puede resultar agradable y seguir dejando desconocido lo que se le propone hacer. La prueba tendrá más valor si permite distinguir entre aceptar una palabra y comprender una posibilidad de uso.
La respuesta también necesita definirse antes de empezar. Dejar un correo para recibir noticias muestra una disposición distinta de solicitar una demostración o reservar una prueba. Cada acción pide un esfuerzo y deja otras decisiones pendientes. El equipo puede escoger la que corresponda a la duda actual y conservar su alcance al interpretar lo ocurrido. Un registro de interesados permitirá hablar después con esas personas, mientras el uso del programa todavía necesitará su propia observación.
Preparar lo necesario puede requerir trabajo fuera de la pantalla. Si la oferta promete que alguien responderá, debe existir una manera de recibir la solicitud y atenderla. Si se pregunta por una tarea, conviene que la explicación utilice palabras que sus destinatarios comprendan. La sencillez de la página depende de lo que necesita hacer, sin dejar al visitante ante una respuesta que nadie podrá recoger.
Podemos ampliar el procedimiento con una aplicación creada sobre repuestos. Un equipo desea saber si varios talleres necesitan ayuda para localizar una pieza. Puede recibir solicitudes por teléfono y buscar las referencias manualmente antes de construir una plataforma. Esa prueba permitirá estudiar la búsqueda, siempre que el taller conozca qué se ofrece y qué plazo tiene. Si lo que se necesita comprobar es la facilidad de pedir sin ayuda, atender cada encargo con una conversación resolvería otra pregunta y dejaría aquella pendiente.
La comparación exige cuidar las condiciones que pueden cambiar el resultado. Una explicación vista desde un teléfono pequeño se recibe de otra manera que durante una demostración guiada. Los visitantes pueden llegar con conocimiento previo diferente. Registrar esas condiciones permite reconocer de qué experiencia proceden las respuestas, antes de atribuirlo todo a la oferta que se estaba probando.
Al terminar, puede ocurrir que la duda inicial siga abierta. Quizá llegaron pocas personas o descubrieron un mensaje confuso antes de encontrar la propuesta. El equipo dispone entonces de una dificultad que puede reparar. La próxima prueba puede concentrarse en esa parte, conservando el registro anterior para distinguir qué se cambió y por qué se espera obtener una respuesta más útil al volver a intentarlo.
¿Qué dato necesitaremos para decidir después de la prueba?
Una prueba pequeña permite observar algo antes de pagar una preparación mayor. Su tamaño tiene sentido al lado de lo que necesitamos averiguar. También conviene decidir qué haremos con la respuesta, porque el equipo puede terminar reuniendo datos y seguir sin saber si aconsejan continuar, corregir o dejar pendiente la propuesta.
Eric Ries organiza ese aprendizaje en El método Lean Startup mediante el ciclo de crear, medir y aprender. Blank y Dorf sitúan los experimentos dentro de la búsqueda del negocio. La comparación permite mirar desde la decisión que queremos tomar hacia la prueba que estamos preparando, conservando qué podrá demostrar y qué quedará fuera.
| Antes de probar | El manual del emprendedor | El método Lean Startup |
| La duda | Una suposición del negocio que requiere contacto con clientes | Una pregunta que debe orientar lo que se construye |
| La observación | La respuesta obtenida en las condiciones preparadas | Un dato relacionado con lo que se quería aprender |
| El paso posterior | Revisar la suposición y la prueba siguiente | Utilizar lo aprendido para continuar o cambiar |
Pensemos en una aplicación creada sobre dos personas que quieren ofrecer el alquiler de una máquina para pelar almendras. Antes de comprarla, estudian pedir una prestada y organizar una jornada. Necesitan decidir qué están intentando conocer con ese primer uso.
¿Qué podremos concluir con la jornada que estamos preparando?
En esta escena imaginada, Diana y Pablo preparan la prueba de una máquina prestada. Están decidiendo qué datos recoger antes de hacer el anuncio.
Diana: «Si viene mucha gente, sabremos que merece la pena comprarla».
Pablo: «Pueden venir a verla. Nosotros necesitamos saber si la alquilarían al precio que hemos calculado».
Diana: «Podemos anunciar el precio antes de reservar los turnos».
Pablo: «Y anotar quién reserva y termina pagando. La máquina tiene que dejarles probar el trabajo que están comprando».
Diana: «También mediremos cuánto tarda cada turno. De eso depende cuántos podemos ofrecer al día».
Pablo: «Con la jornada conoceremos esas reservas y esos tiempos. Todavía quedará por ver cuántos volverían otra temporada».
Diana: «Entonces compararemos lo ingresado con los gastos de esa jornada antes de decidir otra prueba».
Pablo: «Dejemos esas cuentas preparadas. Así sabremos qué incluye cada dato cuando terminemos».
¿Qué cambia cuando llega el momento de pagar?
Pensemos en una mujer que prepara una recogida de mantas para llevarlas a la lavandería. Al hablar con familias del barrio, escucha que cargar las mantas y hacer dos viajes ocupa una parte de la mañana. Esa dificultad permite preparar una oferta, mientras el importe que cada familia estará dispuesta a pagar sigue necesitando una respuesta.
La conversación cambia cuando la mujer presenta un día de recogida, una fecha de devolución y el precio. La familia puede comparar lo ofrecido con el trabajo que realiza ahora. Tendrá en cuenta el dinero junto al horario y a lo que espera recibir. La decisión permite conocer el servicio en unas condiciones que la primera conversación todavía había dejado abiertas.
Para interpretar esa respuesta hace falta que el precio se entienda. Si una persona cree que incluye el lavado y otra piensa que solo corresponde al transporte, sus decisiones se referirán a ofertas diferentes. La mujer necesita explicar qué se recogerá, qué se devolverá y qué coste asumirá cada familia. La prueba de compra empieza por compartir esas condiciones antes de solicitar un compromiso.
Reservar, pagar y recibir el servicio son momentos relacionados con información propia. Una reserva puede mostrar una intención con fecha. Un pago anticipado añade una obligación diferente para quien compra y para quien lo recibe. Al realizar la recogida aparecerán dificultades que todavía estaban por observar. La mujer puede conservar el significado de cada paso y conocer qué ha ocurrido antes de concluir que el servicio está funcionando.
El precio también puede estudiarse desde la ayuda que aporta. Steve Blank cuenta en un caso posterior sobre Tidepool que entender mejor el gasto de los fabricantes cambió la estimación de ingreso anual por usuario de 36 a 90 dólares. El cambio correspondía a una propuesta calculada tras conocer más sobre el comprador. Ofrece una pregunta útil sobre el valor recibido, mientras el pago efectivo conserva la necesidad de comprobarse por separado.
En la recogida de mantas, la mujer puede preguntar qué deja de hacer la familia al utilizar el servicio. Quizá evita pedir un coche prestado o puede conservar una mañana para otras tareas. Esas respuestas permiten entender la utilidad de la oferta. Después tendrá que conocer qué importe acepta esa familia en unas condiciones determinadas. El tiempo ahorrado puede ser parecido para dos hogares y ocupar un lugar distinto dentro de lo que cada uno puede gastar.
Una respuesta negativa merece una pregunta antes de cambiar todo el precio. Si la familia necesita recibir las mantas antes de una visita, la fecha puede ser la dificultad decisiva. Si prefiere llevar varias cosas juntas a la lavandería, habrá otra comparación que conocer. Registrar la razón permite estudiar qué parte de la propuesta necesita revisión, manteniendo las condiciones de quienes sí aceptaron.
Al llegar el día de la recogida, la mujer puede comprobar qué reservas se convierten en entregas y qué acuerdos se cumplen. Si aparece una cancelación, tendrá ocasión de preguntar qué cambió desde que se confirmó. Esa información permitirá preparar la siguiente oferta con decisiones observadas, conservando la diferencia entre haber recibido una opinión favorable y haber realizado un servicio por el importe acordado.
¿Qué promesa empieza a cumplirse cuando una persona ya ha pagado?
Recibir un pago permite conocer una respuesta distinta del interés expresado en una charla. Desde ese momento, la persona espera algo que ha aceptado comprar. El negocio tendrá que entregarlo en las condiciones ofrecidas y observar qué ocurre durante su uso. La primera transacción abre trabajo que la decisión de pagar todavía dejaba pendiente.
Marc Randolph permite seguir ese paso en Eso nunca funcionará. El servicio de Netflix dependía de cómo se recibían, utilizaban y devolvían las películas, además de conseguir el primer alquiler. Blank y Dorf prestan atención al compromiso del comprador. La comparación continúa desde él hacia el trabajo que hará posible cumplir y volver a vender.
| Después de aceptar la compra | El manual del emprendedor | Eso nunca funcionará |
| Lo que ya se conoce | Una persona ha aceptado precio y condiciones | Existe un pedido que el servicio debe atender |
| Lo que empieza | Cumplir la oferta y observar la experiencia | Preparar la entrega, el uso y la devolución |
| Lo que sigue pendiente | Si otras personas comprarán y si alguien repetirá | Qué condiciones permiten mantener una experiencia útil |
Podemos imaginar a una mujer que prepara un servicio para digitalizar fotografías antiguas. Ha explicado el precio por lote y una vecina paga el primero. La compra permite saber que ella acepta esas condiciones. Ahora necesita recoger las fotografías, conservar su orden y entregarle unos archivos que pueda abrir.
Si la vecina recibe un enlace que desconoce cómo utilizar, tendrá una dificultad después del pago. Resolverla puede formar parte de la entrega que el servicio necesita preparar. Quizá convenga explicar cómo descargar las imágenes o acordar otro soporte antes de recoger las fotos. Escuchar esa experiencia ayuda a conocer qué creyó estar comprando la persona y qué ha conseguido utilizar al recibirlo.
El primer lote también permitirá observar cuánto tiempo exige el trabajo completo. La mujer tendrá que contar la recogida, la preparación de las imágenes y la ayuda posterior. Con esos datos podrá revisar el precio y lo que promete al siguiente comprador. El dinero recibido habrá confirmado una primera venta, mientras su cumplimiento empieza a mostrar qué hace falta para que las siguientes puedan atenderse.
¿Qué necesitamos entender para que una venta llegue a producirse?
¿Cuánto nos queda cuando otra persona vende nuestro producto?
Un vendedor podía recomendar una pieza de SuperMac a alguien que había entrado en la tienda pensando en otra marca. Por esa recomendación recibía un incentivo adicional. Cuando el comprador se decidía, la pieza salía de la tienda y quedaba un pago que la empresa debía atender por la ayuda que acababa de recibir para venderla.
Blank explica en su relato del blog que el incentivo consumía el beneficio y se perdía dinero. Para estudiar una cuenta así conviene conservar los trabajos que realizan quienes participan en la venta, junto al importe que recibe cada uno.
Para estudiar una venta mediante intermediarios hace falta seguir el dinero hasta quien prepara el producto. El precio que ve el comprador puede repartirse entre participantes que realizan trabajos diferentes. Una tienda ofrece un lugar donde conocer el producto y puede explicar cómo utilizarlo. Un distribuidor puede facilitar que llegue a más tiendas. La remuneración de esos trabajos necesita aparecer antes de calcular qué cantidad queda para quien lo fabrica.
Podemos observarlo con una cuenta creada sobre una conserva que se vende por diez euros. Si la tienda paga seis al fabricante y preparar el envase le cuesta cuatro, quedan dos antes de atender otros gastos. Si para conseguir aquella venta el fabricante añade un pago de dos euros al intermediario, esos mismos dos dejan de estar disponibles. La venta sigue teniendo un precio de diez para el comprador, mientras la cantidad que conserva quien la prepara ha cambiado por el acuerdo con la tienda.
El cálculo necesita incluir los costes que pertenecen a esa forma de vender. El transporte puede estar a cargo de una u otra parte. Una devolución puede exigir recoger el producto y sustituirlo. La empresa necesita conocer cómo se reparten esas tareas para comparar dos acuerdos que quizá anuncian la misma cantidad por envase. Una diferencia que parece pequeña al principio puede acompañar a todos los pedidos posteriores.
La ayuda del intermediario también debe examinarse por lo que aporta. Puede encontrar compradores que el fabricante tendría dificultades para atender por sí mismo. Puede agrupar entregas o explicar el uso del producto. Reconocer esa aportación permite estudiar si el pago tiene sentido dentro del trabajo completo, con las cantidades y los recursos disponibles. El precio de una intervención se comprende junto a lo que hace posible y al dinero que deja para sostenerlo.
La información necesita comprobarse con acuerdos y operaciones. Preguntar qué suele cobrar una tienda puede ofrecer una primera orientación. La oferta para ese producto concreto, sus condiciones de devolución y el coste de hacerlo llegar permitirán preparar una cuenta más cercana al trabajo que se va a realizar. Cada cambio en el reparto requiere volver al importe que recibe la empresa, conservando qué gastos siguen a su cargo.
Al revisar el primer pedido, el fabricante puede comparar lo previsto con lo que realmente tuvo que pagar y hacer. Si descubre un trabajo que apenas había considerado, podrá incorporarlo antes de negociar el siguiente. La cantidad vendida sigue siendo un dato útil, acompañada ahora por el dinero y las tareas que hicieron falta para que cada envase llegara a quien lo compró.
¿Qué pasos faltan entre el interés y un pedido?
La responsable de ventas de Autodesk encontró una posible ayuda para preparar los informes que necesitaba en su trabajo. E.piphany le había enseñado un programa que permitiría obtenerlos con más rapidez. Ella podía explicar para qué le serviría y estaba interesada en utilizarlo, de modo que la conversación empezó desde una tarea que conocía.
Steve Blank cuenta en su relato sobre aquella operación que Informática prefería otra alternativa y tenía que recomendar la instalación. Desde esa posición, el departamento necesitaba examinar una propuesta que entraría en el trabajo del que respondía.
Para quien prepara el producto, la primera persona interesada puede ofrecer una entrada a la empresa. Conoce la dificultad y puede mostrar cómo trabaja ahora. También puede ayudar a identificar quién necesita examinar la propuesta. Esa colaboración tendrá más utilidad si se pregunta por el procedimiento de compra, en vez de dar por hecho que el deseo de utilizar algo incluye la capacidad de encargarlo.
Las decisiones pueden necesitar información diferente. Quien utilizará una herramienta quiere saber qué tarea podrá realizar con ella. Quien autoriza el gasto necesita conocer su coste y las obligaciones que lo acompañan. Quien responde de la instalación puede preguntar qué trabajo exigirá mantenerla y qué ocurrirá con los sistemas existentes. Las respuestas se relacionan dentro del mismo pedido, aunque se preparen en reuniones distintas.
Pensemos en una aplicación creada sobre un taller que estudia comprar una máquina. El encargado desea utilizarla para terminar antes unas piezas. La persona que administra el negocio necesita conocer el importe y las condiciones de pago. Quien cuida la instalación eléctrica debe examinar si puede utilizarse en el lugar previsto. El entusiasmo por el trabajo de las piezas no resuelve por sí mismo las otras dos preguntas, que siguen formando parte de la compra.
Conocer ese procedimiento permite preparar pasos que puedan realizarse. Una revisión técnica puede necesitar planos antes de la visita. Una autorización puede tener una fecha en la que se estudian los gastos. Preguntar por esas condiciones ayuda a situar la siguiente conversación y a saber qué información conviene llevar. La venta empieza a tener un recorrido reconocible, con decisiones cuyo estado se puede comprobar.
El apoyo de una persona también puede cambiar durante el proceso. Al conocer el trabajo de instalación quizá aparezca una dificultad que antes quedaba fuera de su decisión. Escucharla permite revisar la propuesta desde lo que acaba de aprender, conservando su necesidad inicial. El objetivo sigue siendo resolver una tarea, dentro de un acuerdo que otras personas tendrán que aceptar y poder sostener.
Al terminar cada reunión, se puede preguntar qué falta para continuar y quién tendrá que intervenir. La respuesta permite distinguir una valoración favorable de un permiso concedido o de un pedido formal. El equipo puede preparar la tarea siguiente desde ese estado, con una compra que se va haciendo posible a través de las condiciones de quienes participan en ella.
¿Qué necesitamos contar después de recibir muchas visitas?
Satish estaba preparando un producto y había hablado con posibles clientes para conocer qué necesitaban. Fue incorporando funciones que le pedían y llegaron personas a utilizarlo. Podían empezar de manera gratuita y conocer esa parte del servicio antes de encontrarse con una oferta por la que tendrían que pagar.
Sin embargo, nadie pasaba al servicio de pago. En su artículo sobre escuchar a los clientes, Blank cuenta que preguntó a Satish por las pruebas que apoyaban esa forma de cobrar y por las personas a las que pretendía dirigirse. Para seguir esas preguntas hace falta distinguir lo que los usuarios habían hecho al llegar de lo que ocurría al recibir la oferta de pago.
Para observar esos pasos hace falta saber qué acción corresponde a cada dato. Una visita indica que alguien llegó a una página o a un punto de información. Un registro añade que entregó los datos requeridos para empezar. La utilización necesita comprobar qué hizo después con el producto. La compra corresponde a otro acuerdo, en el que recibe una oferta con un precio y decide aceptarla. Las cifras empiezan a explicar un recorrido cuando se conoce qué ocurrió detrás de cada una.
Podemos utilizar una cuenta creada para distinguirlos. Si llegan cien personas a una oferta y veinte se registran, el equipo conoce una respuesta entre esos dos pasos. Todavía necesita saber cuántas llegan a probar aquello para lo que se apuntaron. Si solo cinco lo hacen, la dificultad de las otras quince aparece antes del uso. Preguntar únicamente por qué compraron o dejaron de comprar saltaría un momento del recorrido que aún falta comprender.
La comparación necesita conservar de qué personas se está hablando. Un registro de esta semana puede incluir usuarios que todavía están conociendo el producto, mientras otro de hace meses contiene decisiones con más tiempo para producirse. Reunir ambos como si hubieran tenido la misma oportunidad de pagar puede volver confusa la cuenta. Seguir a quienes entraron durante un periodo permite ver lo que van haciendo después sin cambiar de grupo a mitad de la explicación.
También importa lo que recibió cada grupo al llegar. Una oferta presentada como gratuita puede atraer a quienes desean utilizar esa parte y tienen poco interés en otra de pago. Una invitación a probar una tarea durante unos días prepara una decisión diferente. Conocer el mensaje y las condiciones permite interpretar la conducta que aparece después, antes de atribuirla únicamente al precio o a la calidad del producto.
Cada paso detenido puede pedir una prueba distinta. Si la persona se registra y apenas empieza, quizá necesite comprender cómo utilizar lo que ha recibido. Si usa el producto y rechaza pagar, hará falta conocer qué compara y qué utilidad conservaría con el cambio. La investigación puede dirigirse a ese momento, escuchando a quienes realmente han llegado a encontrarlo. Las respuestas permitirán preparar una modificación cuyo efecto se pueda observar después.
Al volver a contar, conviene mantener el mismo significado de cada acción. Si cambia la invitación o se acorta la prueba, el registro de esa diferencia permitirá estudiar qué ocurrió con las personas que la recibieron. La siguiente cifra se podrá leer entonces como una parte de un trabajo que conserva sus pasos, con información para reconocer dónde continúa el recorrido y dónde vuelve a necesitar una pregunta.
¿Qué acción está contando cada cifra que comparamos?
Una visita y un pedido pertenecen a momentos distintos. Para comparar los números necesitamos saber qué acción se incluyó en cada cuenta. Una persona puede abrir varias veces una página y seguir sin comprar. También puede pedir información por teléfono después de haberla consultado, dejando una parte de su recorrido fuera del registro de la web.
Michael Lewis sigue en Moneyball cómo una cifra puede dejar fuera una aportación útil si solo cuenta determinadas jugadas. Blank y Dorf necesitan reconocer qué respuestas acercan a una compra. La comparación ayuda a volver desde el número hasta la acción registrada, antes de utilizarlo para decidir qué está funcionando.
| Al leer un resultado | El manual del emprendedor | Moneyball |
| Qué hay detrás de la cifra | Una acción dentro del recorrido hacia la compra | Una actuación que el registro ha decidido incluir |
| Qué pregunta permite responder | Dónde avanza o se detiene el comprador | Qué parte de la ayuda del jugador se está midiendo |
| Qué debemos buscar además | Pasos que ocurren fuera de esa cuenta | Actuaciones útiles que la cifra puede dejar fuera |
Veamos una aplicación imaginada en una tienda que ofrece cestas de regalo. La dueña recibe un informe con muchas aperturas de una página nueva y pocas compras por internet. Antes de cambiar las cestas necesita conocer qué está contando el informe y cómo llegan los demás pedidos.
Al revisar la semana descubre que varias personas preguntaron por teléfono si podían llevar productos propios para añadirlos. Algunas acabaron comprando en la tienda. La página había participado en un recorrido que el número de compras por internet recogía de manera incompleta. Eso deja otra duda sobre quienes se quedaron sin llamar y todavía necesita averiguarse.
La dueña puede registrar durante la prueba de dónde llega cada consulta y qué pregunta se repite antes del pedido. Conservar la diferencia entre una visita, una llamada y una compra le permitirá reconocer dónde necesita explicar algo mejor. También podrá comprobar qué trabajo añade responder por teléfono. Los números empezarán a describir partes conocidas de la misma venta y ofrecerán una ayuda más precisa para preparar el paso siguiente.
¿Qué nos permite saber si alguien vuelve a comprar?
Imaginemos que Marisa empieza un reparto de verduras y guarda los encargos de cada semana. En la hoja puede seguir a las personas que ya compraron, viendo qué viernes vuelve a aparecer su nombre. Cuando un nombre vuelve a aparecer, Marisa puede buscar el pedido anterior y conocer cuánto tiempo ha pasado entre las dos compras.
Para estudiar esa vuelta necesita decidir qué espera observar. Hay familias que compran verduras para varios días y otras que completan la compra en una tienda. Si Marisa considera perdido a cualquiera que deje pasar un viernes, puede mezclar el abandono con una frecuencia de compra distinta. La primera pregunta es cuánto tiempo necesita cada persona antes de tener una ocasión razonable de pedir de nuevo.
Una vez conocido ese intervalo, puede reunir a quienes empezaron en fechas parecidas. Las familias que recibieron la primera caja hace dos meses han tenido más oportunidades de regresar que las que probaron la semana pasada. Compararlas sin conservar esa diferencia haría que los nuevos compradores parecieran menos constantes por el hecho de llevar menos tiempo. Los autores del manual proponen observar grupos según su momento de llegada, para seguir después lo que sucede con ellos.
La propuesta aparece en un extracto del libro sobre cómo conservar compradores. Blank y Dorf relacionan la vuelta con el conocimiento de las dificultades que encuentra quien utiliza el servicio. Contar los regresos ofrece una parte de la información. Preguntar qué ocurrió permite buscar una razón que todavía falta cuando solo se dispone de nombres y fechas.
Marisa puede volver a una familia que compró una vez y preguntarle por aquella caja. Si escucha que sobró mucha cantidad, conoce una experiencia distinta de la que suponía al preparar el reparto. La familia había probado un producto adecuado para una casa más grande. Puede conservar el interés por las verduras y haber dejado de pedir porque el tamaño le exige gastar más o regalar una parte.
Preparar una caja menor permite poner a prueba esa explicación. Conviene dejar reconocible qué se ha cambiado y qué se mantiene. Si al mismo tiempo se modifica el día, el contenido y el precio, será más difícil saber qué ayudó a que la familia regresara. El nuevo encargo mostrará que aceptó la propuesta concreta que recibió. Seguir sus compras permitirá conocer si esa respuesta se mantiene cuando vuelve a necesitar verduras.
También hace falta escuchar a quienes siguieron comprando. Quizá el horario les permita recibir la caja al regresar del trabajo o la composición resuelva una parte de la comida semanal. Esas razones ayudan a reconocer qué trabajo está realizando el servicio en sus casas. Una modificación pensada para recuperar a una persona podría dificultar la compra a otras si se aplica a todos los pedidos sin comprobarlo.
La información que se conserva debe servir para atender el reparto y respetar lo que las personas hayan aceptado compartir. Un dato sobre el tamaño de caja permite preparar el siguiente pedido. Preguntar por una compra anterior requiere que la persona pueda elegir si desea responder y seguir recibiendo comunicaciones. El conocimiento de sus necesidades se construye durante esa relación, con un uso comprensible de lo que cuenta.
La caja pequeña puede encontrar un sitio junto a la grande o mostrar otra dificultad durante la prueba. Marisa tendrá que mirar los pedidos siguientes para conocerlo. En su hoja quedarán las fechas, las cantidades y los cambios que realizó, de modo que pueda volver al momento en que alguien regresó y relacionarlo con la propuesta que había recibido. El seguimiento continúa donde empieza la próxima oportunidad de compra.
¿Cómo decidimos qué hacer con el dinero y las respuestas recibidas?
¿Cuánto cuesta conseguir un nuevo comprador?
Pablo paga un anuncio para presentar un servicio de alquiler de herramientas. Podemos imaginar que al acabar la semana tiene delante el recibo de la publicidad y una hoja con las reservas. Para relacionar ambas cosas necesita encontrar quiénes llegaron por ese anuncio y cuáles habían alquilado por primera vez.
El número de llamadas ofrece información sobre la respuesta inicial. Entre ellas puede haber personas que buscan una herramienta distinta, que consultan para más adelante o que terminan reservando. Cada resultado permite responder a una pregunta. Si lo que Pablo quiere conocer es cuánto gastó para conseguir un comprador nuevo, tendrá que contar a quienes llegaron hasta ese paso, conservando aparte las consultas.
En la ilustración, el anuncio cuesta ciento veinte euros y se relaciona con seis primeros alquileres. Repartir el gasto entre esas seis personas da veinte euros por comprador. Esa cuenta explica el uso de la cantidad pagada por publicidad. Para repetirla hay que mantener reconocibles tanto el gasto incluido como la respuesta que se está contando. Cambiar una de esas partes modifica lo que significa el resultado.
Puede haber reservas que lleguen por recomendación o por un cartel en la puerta. Atribuirlas todas al anuncio daría a la campaña una ayuda que quizá procedía de otro sitio. Preguntar cómo se conoció el servicio permite reunir indicios. A veces una persona vio varias cosas antes de decidirse, de modo que conviene conservar esa incertidumbre en lugar de tratar una respuesta imprecisa como una medición exacta.
El tiempo también cambia la cuenta. Una persona puede ver el anuncio el viernes y reservar la semana siguiente. Si se cierra el seguimiento demasiado pronto, parte de las respuestas todavía estará por llegar. Pablo necesita escoger un periodo que permita observar el recorrido que desea estudiar. Esa decisión debe mantenerse al comparar dos pruebas, porque dar más tiempo a una produciría una diferencia ajena al propio anuncio.
El manual sitúa el esfuerzo de conseguir compradores dentro de las preguntas que hay que comprobar antes de ampliar una forma de vender. Blank también incluye el coste de adquisición entre las medidas que propone observar en su explicación sobre las cuentas de una empresa que busca un modelo. En esta aplicación, la cuenta publicitaria ofrece un comienzo al que todavía falta añadir otros recursos empleados en la búsqueda.
Pablo puede dedicar varias horas a contestar mensajes, demostrar el uso de las máquinas y preparar cada reserva. Si compara anuncios que requieren trabajos diferentes, necesita reconocer ese esfuerzo. Una campaña puede costar menos al contratarla y exigir más atención para convertir una consulta en alquiler. La comparación debe explicar qué costes se incluyen, para que una cifra breve conserve el trabajo que hay detrás de ella.
Después podrá relacionar ese coste con la actividad que producen los compradores. Para hacerlo tendrá que conocer qué ingreso dejan los alquileres y qué cuesta atenderlos. Es otra cuenta que se apoya en la anterior, sin confundir el precio cobrado con dinero que queda disponible. Tampoco conviene atribuir a una persona años de compras futuras antes de haber tenido ocasión de observarlas.
En la siguiente campaña, Pablo puede repetir el registro y comprobar si el coste se parece al de la primera semana. Un periodo con muchas reparaciones domésticas quizá produzca una respuesta distinta de otro más tranquilo. Las dos pruebas irán dejando información sobre cuándo llega la demanda y qué esfuerzo hace falta para atenderla. La cifra podrá revisarse desde esos resultados, conservando las condiciones en que cada anuncio encontró compradores.
¿Cuándo recuperamos el dinero gastado para conseguir una compra?
Saber cuánto se ha gastado en conseguir un comprador deja abierta la cuenta de lo que cuesta atenderlo. El dinero de su pedido tiene que pagar materiales, preparación y entrega. La parte que queda podrá contribuir a recuperar el gasto comercial y los demás costes. También importa cuándo llega el cobro frente al momento en que hubo que pagar.
Josh Kaufman examina esas relaciones en MBA Personal. Distinguir ingresos, costes y dinero disponible permite continuar desde la adquisición de clientes que estudian Blank y Dorf hacia la duración de esa inversión. Una venta aporta información sobre la demanda, mientras la cuenta necesita reconocer qué trabajo ha hecho posible cobrarla.
| Para seguir el dinero | El manual del emprendedor | MBA Personal |
| El gasto inicial | Medios utilizados para conseguir un comprador | Una salida que necesita recuperarse con la actividad |
| La primera compra | Una respuesta real al precio y la oferta | Un ingreso acompañado de costes para cumplirla |
| La recuperación | Depende de compras y condiciones que deben observarse | Requiere conocer cuánto queda y cuándo vuelve el dinero |
| El momento del cobro | Se observa cuándo paga el comprador | Se compara con las salidas que hubo que afrontar antes |
Pensemos en un ejemplo con cifras inventadas de un servicio de lavado de alfombras. Una campaña cuesta 180 euros y consigue seis compradores nuevos. Dividir ese gasto entre seis da 30 euros por comprador en esa campaña. Todavía falta conocer qué deja cada encargo después de realizarlo.
Si el servicio cobra 70 euros por una alfombra y emplea 45 en los costes incluidos en el ejercicio, quedan 25 para atender otros gastos. Esa primera compra deja menos que los 30 dedicados a conseguirla. Una segunda compra podría ayudar a recuperar la diferencia, pero necesitaría ocurrir y seguir teniendo costes que permitan conservar una parte del cobro.
Los responsables pueden observar si esas personas repiten, cuánto tardan y qué servicio contratan entonces. Antes de ampliar la campaña, necesitan conservar dinero para lavar las alfombras ya encargadas y atender los demás pagos. Si el coste de transporte cambia entre zonas, habrá que incluir esa diferencia. El promedio de una campaña conserva su utilidad mientras se conoce qué pedidos lo sostienen y qué queda fuera de la cuenta.
¿Cómo conservamos tiempo para seguir haciendo pruebas?
Imaginemos a dos personas que preparan una máquina para limpiar aceitunas y tienen seis mil euros para continuar. Han conseguido que una primera versión funcione con su propia cosecha. Todavía necesitan probarla fuera, donde las aceitunas pueden llegar en condiciones distintas y quien trabaja tendrá otra manera de organizar la jornada.
Una parte de ese dinero se irá utilizando antes de recibir pedidos. Hay un sitio donde guardar la máquina, materiales que reponer y desplazamientos para hacer las pruebas. Si ambos socios reúnen esos pagos, pueden empezar a reconocer qué parte de la reserva quedará disponible al terminar cada mes. La cuenta necesita fechas porque el momento de pagar cambia cuánto pueden seguir haciendo antes de que entre otro ingreso.
El manual relaciona la búsqueda del negocio con la conservación de recursos para seguir comprobándolo. Blank recoge también el dinero restante y los meses que permitiría trabajar entre las medidas de su artículo sobre las cuentas durante esa búsqueda. La cifra sirve para volver a las decisiones pendientes. En este ejemplo, el tiempo que financia tiene un uso reconocible en las visitas y modificaciones que aún faltan.
Para preparar esa relación conviene distinguir lo que ya está comprometido de lo que todavía se puede elegir. El pago del local puede tener una fecha conocida. Comprar una segunda máquina es una decisión que quizá pueda esperar. Si todo aparece reunido en una previsión anual, se pierde parte de esa diferencia. Revisarlo por momentos permite saber qué necesidad encontrará el equipo antes de la próxima prueba y qué pago está pensando añadir por iniciativa propia.
También hay gastos que varían al aprender. Una prueba puede exigir cambiar una pieza o volver a un lugar para observar un fallo. El precio de esa visita apenas estaba definido al empezar. Por eso, dividir el dinero disponible entre un gasto mensual supuesto ofrece una orientación que necesita actualizarse. La primera cuenta conserva valor cuando explica sus condiciones, sin convertirse en una fecha segura hasta la que todo podrá continuar igual.
Los ingresos previstos requieren otro cuidado. Una persona puede haber mostrado interés y seguir pendiente de decidir una compra. Otra puede haber aceptado un pedido que pagará después de recibir la máquina. El equipo necesita conocer qué dinero tiene disponible ahora y qué condiciones faltan para recibir el resto. Un posible ingreso puede formar parte de la preparación sin ocupar el lugar del dinero con el que todavía hay que pagar los materiales.
Al estudiar una compra grande, los socios pueden preguntar qué prueba permite realizar y qué dejaría pendiente. Si necesitan fabricar una unidad para que alguien la utilice, quizá exista un taller donde hacerla por encargo. Si necesitan atender varios pedidos ya confirmados, la comparación será diferente. La opción se valora por el trabajo que permite hacer y por lo que queda disponible para continuar después.
Gastar menos tampoco demuestra por sí solo que se esté avanzando. Ahorrar todos los desplazamientos puede impedir observar la máquina durante una jornada ajena. La reserva durará más y seguirá sin responder una duda importante. El equipo necesita relacionar cada prueba con algo que desea conocer, para decidir qué gastos permiten recibir información que cambiará su siguiente paso.
Después de visitar una explotación, ambos pueden registrar qué han pagado, qué descubrieron y qué trabajo nuevo necesitan preparar. Una pieza que costará más de lo esperado cambiará la cuenta. Un pedido pagado añadirá dinero real. La revisión conserva el vínculo entre lo que queda y lo que todavía hace falta averiguar, de modo que la siguiente salida pueda organizarse con los medios que el equipo tiene en ese momento.
¿Cuándo conviene cambiar una parte importante de la idea?
Óscar prepara un servicio para transportar compras hasta las casas. Podemos imaginar que intenta reunir los encargos en dos mañanas de la semana, buscando un recorrido que le permita atender varias entregas seguidas. Cuando empieza a confirmar las peticiones, cada familia le plantea una hora distinta y él todavía tiene que descubrir cuáles podrán agruparse.
Una diferencia así puede llevar a revisar el día de reparto o a estudiar otro tipo de comprador. Son cambios de alcance diferente. Mover la misma ruta al jueves mantiene gran parte de la propuesta. Pasar a recoger mercancía para restaurantes cambia quién necesita el transporte, cómo lo utiliza y con quién habrá que acordar su precio. Reconocer el alcance permite saber qué partes del trabajo anterior siguen ayudando y cuáles requieren nuevas pruebas.
Blank y Dorf explican que los resultados pueden exigir ajustes o un cambio importante en el modo de hacer negocio. Su extracto sobre el aprendizaje durante las pruebas conserva esa posibilidad dentro de la búsqueda. En el caso creado, la dificultad para reunir los horarios de las casas da una razón para investigar. Todavía deja por comprobar si los restaurantes ofrecen una alternativa que Óscar pueda atender.
Para seguirla conviene reunir lo que se sabe antes de anunciar el cambio. Óscar puede conservar cuántas familias pidieron, qué horas necesitaban y qué recorridos pudo realizar. Después puede anotar lo que plantean los restaurantes. Si solo recuerda la conversación más entusiasta de cada grupo, corre el riesgo de comparar impresiones distintas. Las peticiones y las pruebas permiten volver a las condiciones reales que acompañaban a cada respuesta.
La primera recogida para un restaurante necesita un acuerdo que ambas partes comprendan. Óscar debe saber qué transporta, qué preparación exige y qué hora de llegada se necesita. El restaurante necesita conocer qué puede recibir del servicio y cuánto tendrá que pagar. La prueba sirve para observar la propuesta en funcionamiento, donde puede aparecer una espera de carga que la conversación inicial había dejado fuera.
Un resultado favorable permite continuar buscando. Si el trayecto funciona un día, todavía falta conocer qué ocurre con otros proveedores o cuando cambia la cantidad de mercancía. Una segunda prueba puede mostrar qué condiciones se repiten y qué dificultades eran propias del primer restaurante. La decisión de dedicar más trabajo a ese grupo necesita mantener esas diferencias, en vez de extender a todos una experiencia aislada.
Durante el cambio también siguen existiendo compromisos anteriores. Una familia puede tener una recogida ya confirmada y depender de ella. La nueva dirección requiere decidir cómo se atiende lo acordado y qué se comunica a quienes habían empezado a utilizar el servicio. El transporte cambia de orientación mediante acciones que afectan a otras personas, por lo que el aprendizaje debe acompañarse de una explicación de lo que cada una puede esperar.
El equipo puede preparar una revisión después de varias rutas, escogiendo de antemano qué necesita conocer. Interesará observar si los restaurantes repiten los encargos, cuánto tiempo ocupa atenderlos y qué queda después de pagar el recorrido. Esas preguntas dan una dirección al trabajo siguiente. Cambiar el nombre del destinatario en una hoja conserva poco valor si la nueva propuesta sigue sin encontrar ocasiones de compra que puedan sostenerla.
Cuando Óscar vuelva a organizar la furgoneta, tendrá que escoger qué recogidas puede prometer y con qué medios. Las respuestas recibidas pueden aconsejar continuar con la prueba, modificar una condición o dejar aquella posibilidad. Cada elección llegará desde un trabajo que ha permitido conocer mejor la necesidad, mientras la decisión sobre el cambio conserva delante lo que todavía queda por demostrar.
¿Qué incertidumbre queda después de elegir otro camino?
Cambiar una parte del negocio puede responder a lo aprendido durante una prueba. El equipo ha encontrado una dificultad o una oportunidad que merece otro intento. La dirección nueva empieza con esa información, junto a condiciones que aún tendrá que conocer. El cambio permite continuar una búsqueda y deja trabajo por hacer antes de afirmar cómo será el resultado.
Nassim Nicholas Taleb examina en El cisne negro los límites de lo que creemos saber del futuro a partir de la experiencia. Un cambio deliberado del modelo en Blank y Dorf tiene un alcance distinto de una sorpresa extrema. La comparación ayuda a conservar esa diferencia y preguntar qué compromisos asumimos mientras todavía quedan cosas por descubrir.
| Después de encontrar una dificultad | El manual del emprendedor | El cisne negro |
| Qué aporta lo observado | Razones para mantener o revisar una parte del negocio | Experiencia cuyo alcance conviene delimitar |
| Qué queda abierto | Cómo responderán los clientes a la propuesta cambiada | Acontecimientos que la experiencia anterior puede dejar fuera |
| Qué se decide ahora | La siguiente comprobación y los medios que requiere | Cuánto se compromete mientras persiste la incertidumbre |
Podemos imaginar un obrador que prepara pan para restaurantes. Al hablar con varias familias, sus responsables encuentran interés por un reparto semanal y deciden estudiarlo. La nueva dirección responde a conversaciones que han mantenido. Todavía desconocen cuántas personas pedirán cada semana y qué recorridos podrán atender con el vehículo disponible.
Pueden empezar en una zona y mantener las entregas que ya tienen comprometidas. Si aceptan de inmediato un alquiler largo para otro vehículo, añadirán un pago fijo antes de conocer el uso que tendrá. La prueba del reparto ayudará a estudiar pedidos y recorridos. Seguirán existiendo otras dificultades posibles, como una avería o un cambio inesperado de costes.
Preparar una alternativa de entrega puede reducir el efecto de una avería conocida como posibilidad. También hace falta conservar margen ante hechos que ahora apenas saben describir. El aprendizaje de la prueba permitirá decidir con más información sobre el reparto, dentro de ese alcance. Al revisar el gasto siguiente podrán distinguir lo que han comprobado de aquello que continúan esperando que ocurra.
¿Cómo preparamos una forma de trabajar que pueda continuar?
¿Qué cambia si la gente todavía desconoce el producto?
Eva lleva un medidor de agua a una casa para enseñar cómo funciona. Podemos imaginar que las personas a las que visita lo comparan de inmediato con el contador que ya tienen instalado. Conocen aquella lectura porque aparece en el recibo y buscan en el aparato nuevo una tarea parecida. Antes de valorar una compra necesitan entender qué diferencia está intentando mostrarles.
En ese encuentro, Eva dispone de información sobre el funcionamiento que las otras personas apenas empiezan a recibir. Decir que el aparato es más avanzado puede dejar la misma duda sobre para qué sirve. Puede empezar por una situación que la familia reconoce, un paso de agua que continúa cuando cree haber cerrado todas las salidas. La demostración permite observar esa condición y preguntar qué ayuda ofrece al detectarla.
El manual distingue circunstancias en las que los posibles compradores conocen una clase de producto de otras en las que también necesitan aprender a reconocer su uso. Esa diferencia afecta al trabajo de darlo a conocer. El extracto de Blank y Dorf sobre los cambios durante la búsqueda relaciona las decisiones con el tipo de mercado que se está intentando atender. En esta aplicación, lo observado corresponde a las familias con las que Eva está hablando. Su desconocimiento deja abierta la posibilidad de que otros grupos ya utilicen herramientas parecidas.
Para conocerlo tendrá que preguntar cómo atienden ahora la misma dificultad. Algunas personas pueden haber sufrido una pérdida de agua y disponer de un modo de vigilarla. Otras quizá conozcan un aviso semejante por su trabajo. Si reúne esas experiencias, podrá distinguir entre quienes buscan una alternativa a algo conocido y quienes todavía necesitan comprender por qué podrían prestarle atención. Las dos conversaciones pedirán información distinta antes de llegar a una decisión.
La explicación también debe permitir comprobar qué se ha entendido. Eva puede pedir que la familia le cuente qué haría si apareciera una lectura inesperada. Su respuesta mostrará qué relación ha establecido entre el aparato y el cuidado de la casa. Si esperan que localice por sí solo cualquier avería, habrá que precisar qué detecta y qué trabajo seguirá necesitando una persona. Una compra apoyada en esa expectativa podría producir después una dificultad que ya estaba presente durante la demostración.
Aprender a utilizar la información forma parte de la propuesta. Alguien tendrá que mirar el aviso, decidir si merece comprobarse y encontrar ayuda cuando haga falta. Si el equipo requiere atención continua, esa dedicación debe entrar en la conversación. El hecho de que una lectura sea útil deja pendiente saber si las personas disponen del tiempo y de los medios necesarios para actuar a partir de ella.
La siguiente prueba puede prepararse para un grupo que ya haya explicado una necesidad reconocible. Eva puede volver con una demostración de lo que quedó pendiente y observar si las personas relacionan mejor el aparato con aquella dificultad. Después podrá comprobar qué condiciones de instalación y de pago aceptarían. Separar esos momentos permite descubrir si una respuesta viene de comprender el uso o de la forma concreta en que se está ofreciendo.
Cuando escuche una comparación con otro producto, tendrá otra información sobre el lugar al que puede llegar su propuesta. Podrá estudiar qué conocen de esa alternativa y qué necesitarían cambiar para utilizar la suya. La manera de dar a conocer el aparato seguirá ajustándose a esas respuestas. Si la familia ya conoce otro aviso parecido, Eva podrá preguntar cómo lo utiliza y qué dificultad sigue teniendo con él antes de volver a explicar su aparato.
¿Cómo hacemos que todo el equipo trabaje con lo aprendido?
Sara y su socio están preparando una oferta de reparaciones a domicilio. Podemos imaginar que ella sale a hablar con las personas que han necesitado arreglar un aparato y él trabaja en la página donde se explicará el servicio. Al volver, Sara tiene que hacer llegar una experiencia que su compañero apenas conoce, para que lo que escuchó pueda entrar en las decisiones que están tomando juntos.
Una frase breve puede cambiar de sentido al pasar de una persona a otra. Sara dice que un cliente se quejó de la espera y su socio piensa en reducir los días hasta la visita. Las notas muestran que el cliente ya había conseguido una cita al día siguiente. La dificultad estaba en haber tenido que reservar una mañana entera para recibir al técnico. La palabra espera reunía dos problemas posibles y solo la experiencia contada permite distinguir a cuál se refería aquella persona.
Para compartir lo aprendido, los socios pueden conservar primero lo que han podido observar o escuchar. Saber cuándo se pidió ayuda, qué respuesta se recibió y qué tuvo que hacer la persona permite seguir el recorrido. Después vendrá la interpretación sobre dónde aparecía la dificultad. Si esa interpretación llega sin el recorrido, el compañero apenas dispone de información para comprenderla o para plantear otra lectura de lo ocurrido.
El manual trata el aprendizaje como un trabajo que debe llegar a las decisiones del equipo. En un artículo complementario sobre las reuniones de E.piphany, Blank cuenta que compartir lo oído fuera permitía a los técnicos intervenir también en la forma de explicar la propuesta. Ese episodio pertenece a su relato del trabajo de la empresa. En la aplicación de las reparaciones, las notas permiten que los dos socios examinen una misma experiencia aunque solo uno estuviera presente al escucharla.
Pueden estar de acuerdo en el problema y discrepar sobre la solución. Sara puede pensar en ofrecer una franja de una hora. Su socio puede conocer cuánto varían las reparaciones y temer que el retraso de una visita afecte a todas las demás. Las dos observaciones tienen un lugar en la preparación. Compartir la experiencia del cliente permite formular el problema, mientras la organización del servicio añade condiciones que la respuesta propuesta necesita atender.
La prueba siguiente puede centrarse en una parte pequeña. Quizá decidan explicar una hora aproximada y avisar antes de salir de la reparación anterior. Tendrán que observar qué entiende quien recibe ese aviso y cuánto le ayuda a organizarse. La decisión debe quedar escrita junto a la razón que la produjo. Si la página cambia y solo conserva la nueva frase, quien se incorpore después necesitará reconstruir por qué se eligió.
También puede aparecer información que contradiga la primera interpretación. Otra persona quizá prefiera conocer el día cuanto antes y pueda adaptar su mañana con facilidad. Esa experiencia merece guardarse con sus condiciones, en lugar de utilizarla para borrar de inmediato la anterior. Los socios podrán preguntar qué diferencias hay entre las casas y qué ayuda necesita cada grupo. El trabajo compartido va reuniendo casos que permiten afinar la propuesta.
Al volver a hablar con clientes, ambos conocerán qué pregunta está abierta y qué respuesta han decidido probar. La información nueva podrá compararse con lo que ya tenían, conservando cuándo cambió una decisión y qué la hizo cambiar. La página del servicio irá recogiendo ese trabajo, de manera que las palabras que reciba la siguiente persona procedan de una explicación que el equipo ha examinado y puede seguir revisando.
¿Qué puede conservar un equipo cuando cambia la solución?
Dos socios pueden compartir un propósito y discrepar sobre el producto que lo hará posible. Lo aprendido con los clientes introduce otra parte de la conversación. Necesitan contar qué observaron, qué cambia en sus supuestos y qué decisión están intentando tomar. La finalidad común puede orientar esa revisión mientras la propuesta conserva espacio para cambiar.
Simon Sinek examina en Empieza con el porqué la razón que dirige las decisiones de una organización. Blank y Dorf piden que el equipo trabaje con lo que descubre al buscar su modelo. La comparación permite distinguir esa razón compartida de las respuestas que se prueban para llevarla a la práctica.
| Dentro del equipo | El manual del emprendedor | Empieza con el porqué |
| Lo que se pone en común | Supuestos, observaciones y decisiones pendientes | La finalidad que orienta las elecciones |
| Lo que puede cambiar | Producto, destinatario u otra parte del modelo | La manera de hacer visible esa finalidad |
| Cómo se concreta la continuidad | Se acuerda qué comprobar a partir de lo aprendido | Se estudia qué conserva sentido dentro de la nueva opción |
Podemos seguirlo en una situación creada sobre dos socios que quieren facilitar el aprendizaje de personas adultas. Habían pensado abrir un aula y una primera prueba de horarios les devuelve una dificultad que afecta al lugar escogido.
¿Qué vamos a conservar al preparar la siguiente prueba?
En esta conversación imaginada, Laura y Rubén revisan lo que contaron las personas interesadas en sus clases. Tienen que decidir si continúan buscando un aula grande.
Laura: «Queríamos reunir a todo el grupo aquí, pero cinco personas terminan de trabajar después de la hora que propusimos».
Rubén: «Podemos empezar más tarde. El local seguirá disponible».
Laura: «Tres también dijeron que tardan una hora en llegar. Cambiar la hora deja ese trayecto igual».
Rubén: «Nuestra idea era facilitarles aprender. Tal vez un grupo cerca de sus casas conserve mejor esa intención».
Laura: «Necesitamos preguntar en qué zona coinciden y si hay una sala que puedan utilizar».
Rubén: «Yo buscaré las salas. Antes de reservar, comparemos el coste de dos grupos pequeños con el aula que habíamos visto».
Laura: «Llevaré esas opciones a quienes respondieron. Así podrán decir si el cambio les permite acudir».
Rubén: «La finalidad sigue siendo la misma. La próxima decisión será sobre un lugar y un horario que podamos comprobar con ellos».
¿Cómo distinguimos una venta especial de una forma de vender que puede repetirse?
Podemos imaginar que el responsable de un taller recibe una pieza rota de una máquina antigua. La persona que se la ha llevado explica dónde iba colocada y qué dejó de funcionar cuando se rompió. Él empieza a medirla, conservando la muestra junto a las herramientas para comparar la forma que necesita preparar. Algunas medidas se ven en la pieza y otras tendrá que comprobarlas en el lugar donde debe encajar.
Después de varios intentos fabrica una pieza que funciona. El comprador la acepta y paga por ella, terminando un trabajo que había empezado con aquella muestra sobre la mesa. Parte del recorrido ha dependido de condiciones especiales. El comprador conocía el taller, llevó la pieza rota y pudo esperar mientras se probaba una solución. Para encontrar otras ventas habrá que saber quién tiene una necesidad parecida, cómo se llegará a esa persona y qué estará dispuesta a hacer para recibir la pieza. Haber aprendido a fabricarla responde a una pregunta diferente de haber encontrado una manera de venderla de nuevo.
Blank y Dorf sitúan esa comprobación dentro de la validación del negocio. En el extracto del manual sobre cómo probar el modelo, relacionan la posibilidad de ampliar con un proceso de venta que pueda volver a funcionar. La aplicación del taller permite seguir esa pregunta en un trabajo pequeño. Cada nuevo pedido ofrece una ocasión de observar cuánto de lo anterior se conserva y qué parte vuelve a necesitar preparación.
El responsable puede empezar por hablar con personas que reparan máquinas del mismo tipo. Algunas conocen piezas que se rompen con frecuencia y otras trabajan con modelos muy distintos. Esa información ayuda a elegir qué busca comprobar. Si desea fabricar varias unidades iguales, necesita localizar una necesidad que se repita con medidas compatibles. Si encuentra encargos diferentes, tendrá que estudiar el trabajo que exige preparar cada uno.
Los dos recorridos pueden tener sentido, pero piden formas distintas de organizar el taller. Fabricar piezas iguales requiere conocer la cantidad que se puede vender antes de preparar materiales para muchas unidades. Hacer trabajos a medida requiere reconocer el tiempo de medir, diseñar y probar en cada encargo. El hecho de que haya personas dispuestas a comprar ayuda a empezar, mientras las condiciones de atenderlas determinan qué se puede prometer y qué tendrá que cobrarse.
La repetición también afecta al modo de encontrar compradores. Conseguir una venta por una relación personal puede ser una oportunidad valiosa. El siguiente pedido quizá llegue por una recomendación o necesite una búsqueda distinta. El taller tiene que conocer qué esfuerzo ocupa esa búsqueda y cuánto tarda en producir una respuesta. Un trabajo que se fabrica deprisa puede seguir necesitando semanas para encontrar a quien lo contrate.
Al preparar varias ventas conviene registrar las condiciones que acompañan a cada una. El tipo de máquina, la información recibida, las horas dedicadas y el momento de cobrar permiten comparar recorridos. Si un pedido requiere una excepción, puede reconocerse como tal. La comparación ayuda a distinguir una dificultad que aparece siempre de otra que pertenece a un encargo particular y exige una decisión propia.
También hay que mirar la capacidad de cumplir lo acordado. Dos compradores pueden aceptar el precio y necesitar la pieza durante la misma semana. El taller tendrá que comprobar si dispone del tiempo y de las máquinas necesarias para atender a ambos. Vender otra unidad añade una obligación real. La posibilidad de ampliar necesita conservar el trabajo que permitirá entregar lo prometido, junto a las condiciones para encontrar más pedidos.
Después de varias operaciones, el responsable podrá revisar qué pasos conoce mejor y dónde siguen apareciendo dudas. Puede haber encontrado una clase de encargo frecuente, un modo de medir que evita repeticiones o un tiempo de preparación distinto del que había supuesto. Esa información permitirá decidir qué organización necesita. La estructura irá recibiendo un trabajo que se ha podido observar, en lugar de quedar preparada únicamente para la repetición que se imaginaba al terminar la primera pieza.



























