El imperio del dolor
El apellido Sackler figuraba en salas de museos y edificios universitarios que habían recibido dinero de la familia. Quien lo encontraba allí podía conocer a los donantes por la ayuda que habían prestado a la cultura o a la enseñanza. Aquellos espacios mostraban lo que sus aportaciones habían permitido hacer. Para saber de dónde había salido el dinero, había que seguir el apellido fuera de los lugares que lo celebraban.
Patrick Radden Keefe sigue ese camino en El imperio del dolor. La búsqueda lo lleva a tres hermanos médicos, Arthur, Mortimer y Raymond, que reunieron negocios dentro de la industria farmacéutica de Estados Unidos. Arthur también trabajaba en publicidad. Conocía el lenguaje de los médicos y preparaba campañas para que recordaran determinados medicamentos cuando llegara el momento de recetar. Desde las páginas de una revista o durante una visita a la consulta, el mensaje comercial podía acercarse a la decisión sobre lo que tomaría después un paciente.
El negocio continuó con otras generaciones de la familia. Murieron unos propietarios, se vendieron participaciones y nuevos responsables empezaron a decidir. Keefe acompaña esos cambios hasta llegar a OxyContin, el medicamento contra el dolor que Purdue comenzó a vender en 1996. Para entonces, Arthur llevaba años muerto. Seguir las fechas y los nombres permite comprender qué relación tiene cada persona con lo ocurrido, aunque el apellido continúe siendo el mismo.
Con el medicamento llegaron las campañas para darlo a conocer y también las noticias sobre sus consecuencias. El relato sigue a quienes lo promocionaban, a quienes lo recetaban y a las personas que trataban de explicar el daño. Algunas advertencias quedaron escritas dentro de la empresa. Otras llegaron a los periodistas o a los tribunales, donde los documentos podían volver a examinarse junto a las respuestas de quienes habían intervenido. Lo que se había dicho al vender el producto empezaba a compararse con lo que había ocurrido después.
Keefe reconstruye ese recorrido mediante entrevistas, cartas, archivos y documentos judiciales. A veces una persona le permite encontrar un papel. Otras veces el papel conserva el nombre de alguien a quien todavía necesita preguntar. Las notas del libro identifican esos materiales y permiten continuar la comprobación. Así va reuniendo una historia que había quedado repartida entre los negocios de la familia, los lugares que recibieron sus donaciones y las personas que reclamaban una explicación.
| Campo | Datos del libro |
| Título | El imperio del dolor |
| Subtítulo | La historia secreta de la dinastía que reinó en la industria farmacéutica |
| Autor | Patrick Radden Keefe |
| Título original | Empire of Pain: The Secret History of the Sackler Dynasty |
| Edición | Edición española publicada en septiembre de 2021 |
| Editorial | Reservoir Books |
| Traducción | Luis Jesús Negro García, Francesc Pedrosa Martín, Albino Santos Mosquera |
| ISBN | 9788418052491 |
| Extensión | 688 páginas |
| Tema | La historia de los Sackler y las decisiones comerciales vinculadas a la promoción de medicamentos. |
| Materias | Periodismo de investigación, historia familiar, industria farmacéutica, publicidad, OxyContin y responsabilidad empresarial. |
| Referencia bibliográfica | Ficha editorial de El imperio del dolor |
| Enlace de compra | https://link.amazon/B04G747pq |
¿Cómo se gana la confianza de quien decide?
¿Qué se pierde cuando una advertencia se cuenta solo a medias?
Arthur Sackler acompañaba al jefe de cirugía mientras terminaba su formación médica. Durante las visitas tenía que trabajar bajo sus órdenes y respetar sus decisiones. Según contaría después, había empezado a preocuparse por la manera en que aquel hombre operaba. Le costaba cuestionar a quien dirigía el servicio, precisamente la persona cuyo trabajo le estaba haciendo desconfiar.
Keefe recoge el episodio a partir de un recuerdo de Arthur. El joven decía haber observado descuidos de su superior y temía que estuviera perdiendo facultades. Esa preocupación lo acompañaba durante las visitas, cuando tenía que escuchar las decisiones del mismo hombre cuyo trabajo le hacía desconfiar. Hablar suponía poner en cuestión a quien estaba por encima de él dentro del hospital.
En una de las visitas encontraron a una mujer que padecía una úlcera. El jefe anunció que la operaría. Arthur pensó que podía evitar aquella intervención y habló con ella para intentar que abandonara el hospital. Sin embargo, guardó la razón de su preocupación por temor a que cuestionar al cirujano se considerara una falta de respeto a su superior. La paciente prefirió quedarse. Arthur recurrió después al marido, que también mantuvo su confianza en la indicación del superior.
La mujer fue operada y murió. Arthur lamentaría haber permitido que la intervención siguiera adelante. Su recuerdo permite conocer tanto el intento de persuadir a la pareja como la parte del motivo que dejó fuera. La posibilidad de que otra actuación hubiera cambiado el resultado aparece como una pregunta que el episodio deja abierta. Su testimonio cuenta el desenlace que conoció, mientras que el resultado de otra actuación permanece desconocido.
Para examinar la conversación conviene regresar al momento anterior a la operación. Arthur estaba utilizando unas observaciones sobre el cirujano para recomendar que la mujer se marchara. Ella y su marido recibían la recomendación sin conocer aquellas observaciones. La diferencia entre lo que uno sabía y lo que los otros habían oído modificaba la decisión que podían preparar. Para ellos, irse podía significar abandonar la atención de un médico respetado por seguir el consejo de alguien que todavía estaba formándose.
El temor a romper la disciplina afectaba así al contenido del aviso. Arthur encontró palabras para pedir una salida, pero evitó explicar por qué desconfiaba de continuar. Su intervención podía parecer menos fundada de lo que a él le parecía. La pareja tenía que interpretar una recomendación a la que le faltaba el antecedente que la había provocado. La reserva protegía su relación con el superior mientras dejaba a los destinatarios con menos información para valorar lo que les proponía.
La pareja podía confiar en que una recomendación del hospital respondiera a razones que sus médicos compartían. Arthur, en cambio, estaba intentando apartarla de aquella recomendación sin explicar su desacuerdo. Al callar lo que había visto, dejaba a la mujer y a su marido sin la posibilidad de preguntar por esos descuidos. Su respuesta tenía que apoyarse en la información que sí habían recibido, aunque él estuviera decidiendo a partir de otra que conservaba para sí.
La jerarquía forma parte de la explicación que Arthur daba de su conducta. El jefe podía dirigir el servicio y el estudiante debía respetar esa organización. Cuando la preocupación afectaba precisamente al trabajo del superior, la forma de plantearla se volvía más difícil. Un equipo necesita estudiar cómo pueden examinarse esas reservas, de modo que la obligación de respetar un puesto permita también hacer llegar la información necesaria sobre una actuación.
El recuerdo deja a Arthur intentando cambiar la decisión de la paciente por un camino que evitaba enfrentarse directamente al cirujano. La petición llegó a la mujer y a su marido, mientras el motivo principal permaneció con él. Al volver sobre aquel momento se puede reconocer la parte del aviso que faltaba antes de que conocieran el desenlace, cuando la conversación todavía tenía que ayudarles a decidir qué hacer.
¿A quién hay que convencer para que una elección llegue a hacerse?
Los medicamentos con receta pasan por la elección de un médico antes de llegar a quien los utilizará. El profesional examina el caso y decide qué tratamiento puede corresponderle. Arthur Sackler dirigió parte de su trabajo publicitario hacia ese momento, haciendo llegar mensajes de los laboratorios a quienes tenían capacidad para recetar.
El imperio del dolor cuenta cómo Arthur combinó su formación médica con el trabajo en William Douglas McAdams, una agencia que acabó comprando. Entre sus clientes estaba Pfizer. La campaña de Terramicina, uno de sus antibióticos, le permitió desarrollar una manera de promover medicamentos a través de varios canales que llegaban a los profesionales. Las revistas y los materiales distribuidos en las consultas formaban parte de ese contacto.
La elección del destinatario tenía una razón comercial. Un anuncio podía interesar al paciente, pero el medicamento necesitaba una receta. El médico ocupaba ese paso y podía encontrar distintos productos mientras preparaba una indicación. Conseguir que recordara una marca acercaba la campaña al punto en que la preferencia podía convertirse en una venta. El laboratorio y la agencia buscaban influir en ese recuerdo antes de que apareciera un caso al que aplicarlo.
Para comprender la relación conviene mantener identificadas a las tres partes. El laboratorio ofrece el producto y paga su promoción. El médico recibe el mensaje mientras conserva la responsabilidad de examinarlo. El paciente utilizará lo que se le indique y puede carecer de información sobre la campaña anterior. Las funciones están conectadas, pero los intereses de cada participante requieren su propio examen. Vender más unidades y elegir lo más adecuado para una persona pueden coincidir en una ocasión y separarse en otra.
El lenguaje profesional ayuda a explicar cómo se producía el acercamiento. Una referencia científica puede aportar información necesaria sobre un medicamento. También puede elegirse para favorecer su presentación dentro de un anuncio. Para distinguir ambos usos interesa encontrar el estudio citado y reconocer qué pregunta examinó, a quiénes incluyó y qué resultados permitió observar. La apariencia clínica del material deja esas comprobaciones pendientes. El lector necesita llegar a la prueba que el anuncio menciona antes de atribuirle el alcance que sugiere la campaña.
Una investigación sobre un grupo de pacientes tampoco resuelve automáticamente cada caso nuevo. Puede aportar un antecedente que el médico debe relacionar con la persona que tiene delante. Esa relación incluye las condiciones estudiadas y las diferencias que existan respecto a la nueva consulta. El anuncio tiende a facilitar el reconocimiento de una marca. La indicación necesita continuar desde ese reconocimiento hasta una valoración del caso, conservando también la información menos favorable para el producto.
La posición del médico convierte su atención en un recurso que las empresas desean conseguir. Recibir muchas veces el mismo nombre puede volverlo familiar sin añadir una prueba diferente cada vez. El profesional necesita distinguir el número de contactos de la cantidad de información nueva. Varias visitas o varias páginas pueden repetir un mismo respaldo. Para conocer qué se sabe del producto habrá que seguir el origen de las afirmaciones, más allá de las ocasiones en que han llegado a la consulta.
La campaña que describe Keefe permite estudiar ese recorrido desde la organización que lo preparaba. Arthur conocía al destinatario, los lugares donde podía encontrarlo y el vocabulario con el que podía interesarlo. Después de esa preparación seguía existiendo una persona que necesitaba atención médica. La utilidad de una receta tenía que decidirse en relación con ella, una responsabilidad que el éxito publicitario de la marca dejaba sin resolver por sí mismo.
¿Quién recibe el mensaje y quién utiliza el producto?
Una visita al médico podía acercar la publicidad de un medicamento a quien estaba en condiciones de recetarlo. El paciente recibiría después una indicación profesional y tendría que vivir con los efectos del tratamiento. Keefe permite seguir esa separación entre el encuentro comercial y la persona que acabaría tomando el producto.
En La empresa invencible, Alexander Osterwalder y sus coautores estudian negocios donde quien utiliza un servicio puede ser distinto de quien paga por él. Distinguir los papeles permite comprender qué necesita cada participante. En el caso de un medicamento, esa identificación también exige conservar la obligación del médico de valorar qué necesita el paciente, una decisión que la venta por sí sola deja sin resolver.
| Qué se sigue | El imperio del dolor | La empresa invencible |
| Personas del intercambio | Quien promociona, quien receta y quien recibe el tratamiento | Quien utiliza, quien paga y quien permite prestar el servicio |
| Información necesaria | Qué se comunica y a quién llega | Qué necesita cada participante para mantener el intercambio |
| Cuestión adicional | Consecuencias para la persona tratada | Trabajo necesario para atender a los distintos grupos |
Imaginemos que un ayuntamiento encarga nuevos bancos para una plaza. La persona que tramita el pedido recibe el catálogo y negocia el precio, mientras que los vecinos serán quienes los utilicen. La cuenta municipal necesita un importe, y la elección necesita también conocer cómo podrán sentarse y levantarse las personas que acuden a la plaza. Preguntar a quienes la usan añade información que el catálogo puede haber dejado fuera.
¿Qué necesita conocer quien compra para otras personas?
En esta conversación ilustrativa, Teresa prepara el pedido del ayuntamiento y Manuel se ocupa del mantenimiento de la plaza. Están revisando dos modelos de banco.
Teresa: «Este modelo cuesta menos y cabe dentro del pedido que hemos preparado».
Manuel: «¿Tiene apoyabrazos? Algunas personas se apoyan en ellos para levantarse».
Teresa: «En la fotografía solo aparece de frente. El proveedor me ha dado las medidas y el precio».
Manuel: «Podemos pedir una muestra antes de encargar todos. Quienes vienen a la plaza podrán probarlo».
Teresa: «La muestra tiene un coste de transporte. Tendré que incluirlo en la cuenta».
Manuel: «También necesitamos saber cómo se limpia y qué piezas pueden cambiarse. Ese trabajo quedará aquí después de la compra».
Teresa: «Prepararé la comparación con esos datos. El precio seguirá siendo importante, pero todavía falta conocer el banco que vamos a recibir».
Manuel: «Cuando tengamos la muestra, podremos explicar qué hemos probado y qué sigue dependiendo de la información del fabricante».
¿Qué necesitamos saber de quien nos cuenta una noticia?
Medical Tribune llegaba gratuitamente a los médicos que lo recibían. Arthur Sackler lo había fundado en 1960 y sus páginas ofrecían noticias relacionadas con la profesión. Para los lectores era una manera de seguir las novedades de su trabajo. Los gastos de preparar y distribuir el periódico se pagaban mediante la publicidad que aparecía junto a la información.
Keefe relaciona la publicación con la actividad publicitaria de Arthur. El propietario del periódico también tenía negocios que promovían medicamentos para empresas farmacéuticas. En una entrevista sobre El imperio del dolor, el autor señaló la poca visibilidad que Arthur daba a su participación en el medio. La cuestión aparece al seguir quién llegaba a los médicos y desde qué posición lo hacía.
El nombre de un periódico permite reconocer un lugar donde buscar información. Para comprender cómo trabaja hace falta conocer algo más sobre su organización. Hay personas que escogen los temas, fuentes a las que se consulta y recursos que permiten pagar la preparación de cada número. La propiedad puede influir en esas decisiones directamente o mediante la elección de quienes las realizan. Reconocer esa posibilidad ayuda a estudiar el medio sin convertir todas sus páginas en una misma afirmación.
Para un anunciante, pagar por aparecer en Medical Tribune ofrecía acceso a personas que podían recetar sus productos. Esos lectores tenían un motivo profesional para abrir el periódico y continuar leyéndolo. La publicación reunía así la búsqueda de noticias con el interés de las farmacéuticas por hacerles llegar sus mensajes. El profesional podía encontrar ambas cosas en las mismas páginas, aunque cada una respondiera a una finalidad distinta.
Cuando el lector conoce la relación comercial de una publicación puede añadir una comprobación a su lectura. Si una noticia favorece a un producto, interesa saber qué pruebas presenta y qué información conserva sobre sus límites. También puede buscarse cómo han tratado el mismo asunto otras fuentes que trabajen por separado. La coincidencia entre ellas tendrá más valor si procede de comprobaciones distintas. Varios textos que copian la misma nota de prensa mantienen un solo origen, por muchos lugares en los que aparezcan.
Esa revisión incluye la selección de temas. Una publicación puede describir correctamente un resultado y dedicar menos atención a otra información relacionada. Para estudiar ese reparto hace falta observar más de una página y conocer qué se publicó durante un periodo. Un silencio aislado puede deberse a falta de espacio o a una decisión ordinaria de la redacción. Atribuirlo a una orden del propietario exige encontrar pruebas de esa intervención. La relación empresarial orienta una investigación, pero todavía deja por demostrar cómo actuó en cada caso.
Conocer los intereses del propietario tampoco permite saber qué ocurrió al preparar cada noticia. Hay que volver a quienes la escribieron, a las fuentes que consultaron y a las comprobaciones que hicieron. El lector puede encontrar un trabajo riguroso dentro de una publicación financiada con publicidad. Para reconocerlo necesita leer ese trabajo, del mismo modo que para comprender el periódico necesita conocer quién lo pagaba. Son dos partes de su lectura que se completan sin sustituirse.
El recorrido de Arthur permite comprender por qué la procedencia de las noticias forma parte de su lectura. Los mensajes comerciales y las páginas informativas llegaban a un público parecido a través de organizaciones relacionadas. Conocer esa relación devolvía al lector una parte de la información sobre el medio. Desde ella podía continuar examinando lo publicado, manteniendo a la vista quién había hecho posible que aquella noticia llegara hasta sus manos.
¿Qué necesitamos saber de quien parece una autoridad?
Una publicación dirigida a médicos puede presentar información con una voz distinta de la del anuncio que aparece en sus páginas. Saber quién la prepara y quién la sostiene ayuda a comprender esa diferencia. La investigación de Keefe sobre Arthur Sackler permite seguir vínculos de propiedad y publicidad que el lector podía desconocer al recibir una publicación.
Robert B. Cialdini estudia en Influencia el peso que damos a ciertas señales de autoridad. Un título, una apariencia profesional o una pertenencia reconocible pueden favorecer que escuchemos con confianza. Esa primera disposición deja por examinar la relación entre la capacidad atribuida a una persona y la afirmación que nos está presentando.
| Qué recibe el lector | El imperio del dolor | Influencia |
| Señal inicial | Una publicación destinada a profesionales | Una apariencia o condición asociada a la autoridad |
| Información que falta | Quién interviene en su propiedad y preparación | Qué conocimiento o responsabilidad sostiene la señal |
| Trabajo de revisión | Reconstruir la procedencia del mensaje | Relacionar la autoridad reconocida con lo que se pide |
| Límite | Conocer la propiedad deja pendiente revisar cada afirmación | Reconocer una señal deja pendiente comprobar su pertinencia |
Imaginemos una cooperativa que debe elegir una máquina para envasar sus productos. Antes de decidir recibe un informe firmado por un instituto de estudios industriales. La portada, los gráficos y el vocabulario pueden hacer que parezca una evaluación ajena a los fabricantes. Para utilizarlo necesita averiguar quién realizó las pruebas, qué máquinas examinó y quién pagó el trabajo.
Si descubre que una de las empresas financió el informe, esa información pasa a formar parte de su lectura. Todavía tendrá que mirar el método y los resultados. Una prueba pagada por el fabricante puede estar bien realizada y seguir necesitando que se conozca esa relación. Ocultarla impide al destinatario decidir cuánto quiere comprobar por otras vías antes de aceptar la recomendación.
La perspectiva de Cialdini ayuda a reconocer la confianza que pudo despertar el nombre del instituto. La investigación de Keefe lleva hacia la organización que había detrás del mensaje. Son trabajos relacionados que pueden hacerse por separado. La apariencia explica una primera recepción, mientras la procedencia permite investigar qué intereses acompañaban a la información.
La cooperativa puede conservar el informe y pedir las condiciones de las pruebas. Si compara dos máquinas, tendrá que saber si ambas trabajaron con el mismo producto y durante un tiempo parecido. Los datos seguirán siendo utilizables en aquello que permitan observar. La relación económica, una vez conocida, dará a quienes eligen una razón para revisar el respaldo de la recomendación antes de firmar el pedido.
¿Qué demuestra el nombre de alguien que parece respaldar una propuesta?
Ocho tarjetas de médicos acompañaban la publicidad de Sigmamycin, un antibiótico. Tenían nombres y datos de consulta que parecían permitir el contacto con aquellos profesionales. Su presencia junto al medicamento ofrecía al lector personas a las que atribuir una experiencia, antes de que hubiera podido preguntarles qué sabían del producto.
Keefe sitúa el anuncio dentro del trabajo de la agencia de Arthur Sackler. El periodista John Lear, de The Saturday Review, investigó las referencias y descubrió que eran falsas. Intentó escribir, enviar telegramas y llamar por teléfono. Los contactos fracasaban porque los datos de aquellas tarjetas carecían de las personas y las consultas que sugerían. La noticia quedó publicada en 1959 y el episodio figura también en un relato contemporáneo de la investigación del sector farmacéutico.
La comprobación empezaba por una afirmación anterior a cualquier experiencia médica. Para que alguien pudiera recomendar un producto, esa persona tenía que existir. El anuncio había reunido signos que ayudaban a dar por superado ese primer paso. Un nombre, una dirección y un horario suelen permitir relacionar una tarjeta con una consulta. Al utilizarlos para presentar identidades inventadas, el material tomaba prestada la confianza que los lectores concedían a ese formato.
Hay varias preguntas que deben conservar su lugar en el recorrido de un respaldo. Primero interesa reconocer a la persona. Después puede comprobarse si hizo la declaración que se le atribuye y qué relación tenía con el producto. Una tercera pregunta trata de saber qué experiencia o investigación sostiene su valoración. Encontrar a un médico permitiría continuar esas comprobaciones, pero su existencia tampoco demostraría automáticamente la eficacia de lo recomendado. En este anuncio, la búsqueda fallaba ya en el primer paso.
La pluralidad añadía otra dificultad. Ocho tarjetas podían recibirse como ocho apoyos diferentes a una misma propuesta. Para valorar esa coincidencia habría que conocer qué había observado cada profesional y si sus experiencias procedían de trabajos separados. La cantidad visible solo tiene sentido después de identificar qué se está contando. Una lista de nombres falsos puede ser larga y seguir careciendo de una sola experiencia atribuible a una persona.
El aspecto del anuncio también podía facilitar que las referencias se dieran por comprobadas. Los datos parecían estar allí para permitir el contacto, y esa disponibilidad podía producir confianza antes de utilizarla. Lear siguió precisamente ese camino. En lugar de detenerse en que las tarjetas mostraban direcciones, trató de hacer llegar cartas a ellas. El resultado convirtió un detalle de presentación en una afirmación que se podía examinar fuera del material publicitario.
Conviene mantener el alcance de lo descubierto. Las tarjetas falsas muestran un engaño en la promoción y dejan sin respaldo aquellas recomendaciones. Para conocer el efecto del medicamento harían falta pruebas sobre el producto. La falsedad del anuncio tampoco permite calcular cuántos médicos lo creyeron o cuántas recetas se escribieron por su causa. Son cuestiones distintas que necesitarían sus propios registros, más allá de la búsqueda que realizó el periodista.
El episodio ofrece una manera de estudiar cualquier testimonio presentado para dar confianza. Es posible comenzar preguntando quién habla y qué forma existe de llegar hasta esa persona. Después habrá que averiguar qué puede sostener de lo que se anuncia en su nombre. En Sigmamycin, los intentos de contacto dejaron a la vista una ausencia que la composición del anuncio había cubierto con tarjetas. El papel conservaba nombres y horarios, pero nadie podía responder desde las consultas que prometían identificar.
¿Qué comprobación necesita una promesa antes de publicarse?
Los nombres de médicos utilizados en una promoción daban al mensaje una procedencia que el lector podía intentar comprobar. El episodio de Sigmamycin obliga a detenerse en ese paso anterior a discutir la calidad del anuncio. Una afirmación atribuida a un profesional necesita que la persona exista y que las palabras le correspondan.
En Confesiones de un publicitario, David Ogilvy relaciona el trabajo del anuncio con el conocimiento del producto. La agencia necesita comprender qué está ofreciendo antes de escoger la promesa que llegará al comprador. Keefe examina una actuación que permite añadir otra pregunta, de dónde procede el apoyo que se presenta para sostener esa promesa.
| Parte del mensaje | El imperio del dolor | Confesiones de un publicitario |
| Apoyo anunciado | Una recomendación atribuida a un médico | Un dato sobre el producto que sostiene la promesa |
| Comprobación previa | Identidad y procedencia de lo atribuido | Conocimiento del producto y condiciones del dato |
| Responsabilidad al publicar | Responder por el respaldo que se hace visible | Conservar el significado al convertirlo en anuncio |
Imaginemos que una agencia prepara un anuncio de mochilas y recibe una frase que atribuye su resistencia a la prueba de un especialista. Antes de convertirla en titular, necesita saber quién hizo la prueba y qué se midió. La entrega del anuncio se acerca, mientras todavía faltan los documentos que permitirían utilizar aquella recomendación.
¿Qué hacemos cuando todavía falta el respaldo de una frase?
Lucía prepara el anuncio y Óscar lleva la relación con el fabricante. Tienen delante una propuesta que cita a un experto en materiales.
Lucía: «Necesito el informe del especialista que aparece en esta frase».
Óscar: «El fabricante nos ha enviado su nombre y dice que la mochila ha pasado sus pruebas».
Lucía: «Entonces falta saber cuáles fueron. La frase promete resistencia durante años».
Óscar: «Puedo pedirle el documento. El anuncio debe entregarse mañana».
Lucía: «Tenemos también las medidas y el peso que admite cada compartimento. Esos datos sí vienen en la ficha».
Óscar: «¿Podríamos publicar esa parte mientras esperamos?»
Lucía: «Podemos preparar un anuncio sobre lo que está documentado. La recomendación quedará pendiente hasta conocer su procedencia y su alcance».
Óscar: «Le pediré que identifique al especialista y explique las condiciones de la prueba. Después revisaremos si el resultado permite decir lo que habíamos escrito».
Lucía: «Guarda también su respuesta con la versión del anuncio. Así podremos reconocer qué información utilizamos para cada frase».
¿Qué intereses acompañan a una decisión comercial?
¿Quién decide cuándo una preocupación necesita una solución?
La publicidad de Librium utilizó la imagen de una joven universitaria para presentar preocupaciones asociadas a su nueva etapa. El anuncio se dirigía a médicos y acercaba el tranquilizante a una circunstancia que estos podían reconocer. La situación ofrecía un lugar desde el que recordar el producto cuando apareciera una consulta parecida.
Librium y Valium eran medicamentos de Roche, una empresa para la que trabajó la agencia de Arthur Sackler. El imperio del dolor sigue su promoción dentro de la historia del negocio familiar. Arthur participaba en las campañas, mientras la fabricación correspondía al laboratorio. Mantener esa diferencia ayuda a identificar qué decisiones se están estudiando cuando se examina la presentación de los productos.
Una campaña necesita escoger a quién se dirige y en qué ocasiones propone utilizar lo que anuncia. Al ampliar esas ocasiones puede aumentar también la cantidad de personas que parecen necesitarlo. En los materiales que estudia Keefe, la promoción llevaba los tranquilizantes hacia situaciones de la vida cotidiana. La publicidad construía una relación entre la dificultad descrita y un producto que el médico podía recetar.
El recorrido empieza con una experiencia reconocible. Salir de casa, cambiar de ambiente y empezar unos estudios pueden traer preocupaciones. La campaña selecciona esa parte y la acompaña con una respuesta comercial. Para saber qué ayuda necesita una persona habría que continuar desde la descripción general hasta su caso, con sus circunstancias y con la atención profesional que corresponda. El parecido con la escena ofrece una primera asociación, pero todavía deja pendiente esa valoración.
El mensaje puede influir también en qué se busca durante una conversación. Cuando una situación ya se conoce a través de un anuncio, resulta más fácil reconocer los rasgos que coinciden con él. Otros aspectos pueden necesitar preguntas nuevas. Una evaluación que conserva abierto el caso tiene que atender tanto al parecido como a las diferencias. La experiencia de la persona puede ser más amplia que el recorte elegido para presentar el medicamento.
El anuncio ya había reunido la preocupación y la respuesta antes de que empezara aquella consulta. El médico recibiría después a una persona cuya historia podía parecerse a la imagen o apartarse de ella. Preguntarle desde cuándo se encontraba así y qué estaba viviendo permitía recuperar lo que la escena publicitaria había dejado fuera. La decisión sobre el tratamiento necesitaba apoyarse en esa valoración y en las pruebas sobre el medicamento. La familiaridad con la campaña podía hacer que la marca acudiera antes a la memoria, pero todavía faltaba conocer a quien se tenía delante.
La ampliación del público puede producirse añadiendo una circunstancia distinta a la misma oferta. Para estudiar ese cambio conviene comparar los anuncios y reconocer qué personas presentan, qué dificultad describen y qué respuesta sugieren. El producto puede conservarse mientras la campaña le va buscando otros lugares en la vida de sus destinatarios. Esa expansión pertenece a la promoción y necesita distinguirse de una nueva prueba sobre sus efectos.
El caso de Arthur ayuda a mantener visible esa diferencia porque permite seguir el trabajo de quien preparaba el mensaje. La agencia conocía al médico como destinatario y buscaba que asociara el producto con situaciones reconocibles. El paciente llegaría después con una experiencia propia. La consulta necesitaba recuperar sus condiciones, precisamente allí donde el anuncio había ofrecido una imagen lo bastante general como para que muchas personas pudieran parecerse a ella.
¿Qué se pierde cuando tratamos a un grupo como si fuera una sola persona?
Arthur, Mortimer y Raymond Sackler compartieron la propiedad de Purdue. Cada uno tenía una tercera parte de la empresa que habían adquirido juntos. Al morir Arthur en 1987, aquella participación pasó a formar parte de los asuntos de su herencia, junto con otros intereses que había mantenido durante su vida.
Keefe encontró documentación de la negociación por la que el patrimonio de Arthur vendió su tercio a Mortimer y Raymond. La operación permite seguir un cambio de propietarios dentro de la misma familia. Quienes recibieron la participación al morir Arthur y quienes acabaron comprándola tenían posiciones distintas, aunque todos pudieran aparecer reunidos bajo el apellido Sackler.
El dato adquiere importancia al avanzar hasta OxyContin, comercializado en 1996. Arthur había muerto años antes de ese lanzamiento. Su trayectoria publicitaria ayuda a Keefe a contar los antecedentes de la promoción de medicamentos dentro de la familia, pero ese papel anterior necesita conservar sus fechas. Una relación entre maneras de trabajar no equivale a una participación personal en cada decisión posterior. En una entrevista sobre las diferencias dentro de la familia, Keefe explicó que había conservado esa separación al escribir el libro.
La distinción exige mantener separadas varias preguntas. Una trata de quién era propietario de la empresa en una fecha. Otra busca quién ocupaba un cargo y qué capacidad tenía para decidir. Una tercera intenta averiguar qué hizo cada persona en una operación determinada. Tener acciones puede permitir recibir beneficios sin intervenir en todas las tareas. Ejercer un cargo puede implicar responsabilidades que deberán estudiarse a partir de las funciones y las actuaciones de quien lo ocupaba.
El parentesco podía mantenerse mientras la propiedad cambiaba de manos. Los herederos de Arthur seguían perteneciendo a la familia después de vender su participación, pero ya ocupaban otra posición respecto a Purdue. Para conocer quién podía beneficiarse de sus ventas había que seguir aquella operación. Para saber quién decidía sobre una campaña, además, hacía falta reconocer a las personas que dirigían la empresa en la fecha en que se preparó. El árbol familiar y los documentos del negocio contaban relaciones diferentes.
La reconstrucción de Keefe avanza por documentos que permiten examinar esos cambios. Una venta modifica la propiedad. Un nombramiento identifica una función. Una carta o un acta puede mostrar una intervención en un asunto. Cada material responde a una pregunta y necesita leerse dentro de su momento. Reunirlos permite seguir la continuidad del negocio sin atribuir a todos los parientes una misma actuación durante décadas.
Esa atención también protege la explicación de las responsabilidades. La valoración de una campaña requiere reconocer quién la preparó, quién la aprobó y qué sabía cada participante cuando actuó. Son cuestiones que deben apoyarse en pruebas de esa etapa. Un apellido compartido puede hacer más fácil recordar a la familia, pero ofrece poca ayuda para distinguir entre la persona que tomó una decisión y otra que solo aparece cerca de ella en el árbol familiar.
El caso de Arthur conserva, por tanto, dos relaciones que pueden estudiarse juntas. Su trabajo pertenece a la historia que el libro reconstruye y su muerte fija un límite a lo que pudo hacer después. La venta de su participación añade otro cambio, esta vez en la propiedad. A partir de él, la investigación necesita seguir a quienes compraron y a las personas que asumieron funciones en la empresa, manteniendo identificada cada actuación cuando vuelve a aparecer el nombre Sackler.
¿Cómo cambia una decisión cuando se acerca el final de una ventaja?
Purdue había encontrado en MS Contin una fuente importante de ingresos. El medicamento liberaba su contenido durante varias horas y la empresa tenía una protección temporal sobre él. Con esa ventaja podía vender en unas condiciones que cambiarían cuando otros fabricantes pudieran ofrecer versiones equivalentes. Preparar ese cambio exigía mirar más allá de las ventas que todavía estaba consiguiendo.
El imperio del dolor sigue esa preocupación al contar cómo se preparó la búsqueda de otros medicamentos. En 1990, un científico de Purdue envió un memorando a Richard Sackler y a otros responsables sobre la posible competencia de los genéricos. El documento relacionaba el riesgo para MS Contin con el interés por continuar el trabajo sobre otros productos de liberación controlada. La previsión comercial entraba así en las decisiones sobre qué desarrollar.
Una patente concede derechos sobre una invención durante un tiempo determinado. Durante ese periodo puede limitar lo que otros fabricantes están autorizados a hacer. Esa protección debe distinguirse de la autorización para comercializar un medicamento. La primera trata sobre derechos de explotación y la segunda exige examinar las condiciones que se piden para ofrecer el producto. Tener una ventaja frente a competidores y haber demostrado una indicación médica responden a preguntas diferentes.
Cuando se acerca el final de la exclusividad, una empresa puede prever que otras compañías ofrecerán productos equivalentes. La competencia puede cambiar los precios y la parte de las ventas que conserva el fabricante anterior. Esas posibilidades explican por qué el calendario adquiere valor dentro de una decisión comercial. Los ingresos que se consiguen hoy pueden convivir con una previsión menos favorable para los años siguientes.
La duración del desarrollo añade otra espera. Preparar un medicamento, reunir las pruebas y obtener las autorizaciones correspondientes requiere trabajo antes de poder venderlo. Si la empresa quiere disponer de otro producto al terminar su ventaja, tendrá que empezar mucho antes. El momento de buscarlo puede responder, por tanto, a lo que se conoce de las necesidades médicas y también a lo que se espera de la competencia. Para estudiar la decisión interesa identificar qué peso tuvo cada información. Keefe explicó esa relación entre el final de la protección y la búsqueda de otro producto en su conversación con Fresh Air.
El memorando aporta una prueba sobre una de esas razones. Deja por escrito la preocupación por el negocio de MS Contin y la búsqueda de otras opciones. Ese respaldo permite reconocer el motivo comercial sin convertirlo en explicación única de todo lo que ocurrió después. Conocer por qué se inició un trabajo todavía deja por estudiar cómo se eligió el producto, qué resultados se obtuvieron y cómo se decidió presentarlo.
La diferencia afecta a la lectura de una novedad. Un medicamento puede ser nuevo para el mercado y necesitar una comparación con las opciones que ya existen. La pregunta sobre lo que aporta requiere pruebas relacionadas con quienes lo utilizarán. Cambiar el nombre, disponer de otra formulación o conseguir derechos comerciales distintos describe cambios que habrá que valorar por separado. Cada uno puede importar para el fabricante sin resolver por sí solo el beneficio del paciente.
Para seguir ese recorrido conviene conservar el calendario del negocio junto al de las comprobaciones. El primero ayuda a explicar la prisa o la anticipación con que se buscan alternativas. El segundo permite conocer qué estaba demostrado cuando se tomó cada decisión. Si se mezclan, una necesidad empresarial de llegar antes de cierta fecha puede acabar tratándose como si resolviera las dudas que el desarrollo todavía tenía abiertas.
En el caso que examina Keefe, la advertencia sobre MS Contin aparece antes del lanzamiento del producto que daría otra dimensión al negocio de Purdue. El documento permite regresar a esa etapa sin leerla únicamente desde el resultado posterior. Los responsables tenían delante una previsión de competencia y estaban buscando otra fuente de ingresos. Lo que pudieran ofrecer a los pacientes requeriría continuar con otras preguntas y con las pruebas necesarias para responderlas.
¿Qué pruebas sostienen una promesa?
¿Qué queda por comprobar después de recibir un permiso?
Purdue llevó a los médicos una pastilla que administraba oxicodona de forma prolongada. Su preparación buscaba repartir la llegada de la sustancia al organismo durante varias horas. Esa duración permitía presentar el tratamiento alrededor de un número menor de tomas, una característica que podía explicarse por el funcionamiento del producto.
Al hablar de los riesgos aparecía un paso diferente. La oxicodona pertenecía a los opioides, una familia de sustancias empleadas para aliviar el dolor que también pueden producir adicción. La preparación de liberación prolongada modificaba cómo se administraba. Para conocer cuánto alteraba cada riesgo hacía falta examinar ese resultado, manteniendo separadas las características de fabricación de los efectos observados en las personas.
En la investigación que desarrolla El imperio del dolor, Patrick Radden Keefe vuelve sobre la relación que la empresa estableció entre liberación lenta y menor peligro. La información inicial del medicamento, aprobada por la FDA, recogía que se creía que aquella forma de liberación reducía el potencial de abuso. La FDA es la autoridad estadounidense que revisa medicamentos y otros productos sanitarios. Una formulación incluida en la información aprobada podía acompañar las explicaciones comerciales con un respaldo que un médico reconocía.
El verbo utilizado conservaba una duda. Expresaba una creencia sobre una ventaja esperada. Para convertirla en un resultado demostrado habría que conocer qué comparación la sostenía, qué personas habían participado y durante cuánto tiempo se habían observado sus respuestas. El funcionamiento propuesto podía ofrecer una razón para investigar esa posibilidad. La prueba de que ocurría necesitaba llegar por otro camino.
La diferencia resulta fácil de perder cuando varias afirmaciones se reúnen en una explicación breve. Se informa de que existe un mecanismo de liberación lenta, se añade que el producto ha recibido una autorización y se habla de un riesgo menor. La primera frase describe el diseño y la segunda señala una decisión administrativa. La tercera exige averiguar qué se observó al utilizar el producto. Si las tres reciben la misma confianza, el permiso acaba pareciendo una comprobación de cualquier ventaja que se mencione a su lado.
Al volver a la autorización, el lector puede reconocer qué parte del mensaje procedía de ella. La información inicial decía que se creía que la liberación prolongada reducía el potencial de abuso. Si una explicación posterior borraba esa reserva, estaba dando un paso adicional. La misma afirmación podía llegar al médico con una seguridad mayor que la que conservaba el documento de partida. Comparar las palabras permite localizar ese cambio sin confundirlo con un resultado nuevo de la investigación.
También hay que conservar la distancia entre abuso y adicción. La preocupación por un uso distinto del indicado se relaciona con cómo se utiliza el medicamento. La posibilidad de desarrollar una adicción requiere examinar sus efectos y las circunstancias del tratamiento. Tratar ambas preguntas como si fueran una sola puede hacer que una explicación sobre una característica física parezca suficiente para resolver una dificultad más amplia.
La documentación permite regresar a las palabras que acompañaron el lanzamiento. Keefe vuelve sobre aquella aprobación en su conversación con Elizabeth Vargas, relacionándola con el mensaje que la empresa llevó a los médicos. Al leerla junto a la campaña se puede estudiar qué alcance tenía y qué seguridad fue adquiriendo al circular. La comprobación conserva su utilidad incluso cuando ya existe un permiso, porque permite conocer qué parte de la confianza procede de lo observado y cuál se añadió durante la explicación.
¿Qué debemos mirar antes de repetir una conclusión?
Jane Porter y Hershel Jick publicaron en 1980 una carta sobre registros de pacientes ingresados en un hospital. El texto aparecía en The New England Journal of Medicine y ocupaba un párrafo. Sus autores estaban comunicando una observación hecha con la información que habían revisado, por lo que el hospital formaba parte de la descripción del resultado.
Entre los pacientes que habían recibido algún medicamento narcótico, hallaron cuatro casos de adicción razonablemente documentada en personas sin antecedentes de ella. Conviene conservar la palabra documentada al leer ese dato. La carta informaba de lo que los registros permitían reconocer. Para saber qué ocurriría bajo otras condiciones se necesitaba una investigación capaz de observar esas condiciones.
El contexto de la promoción que investiga El imperio del dolor permite seguir la diferencia entre un dato limitado y la promesa que acaba apoyándose en él. La breve carta se utilizó para reforzar una idea general sobre la rareza de la adicción al tratar el dolor. Sin embargo, un resultado referido a personas ingresadas deja pendiente el estudio de un tratamiento prolongado que continúa fuera del hospital. Cambian las circunstancias que habría que observar y también la información necesaria para sostener la afirmación.
La carta se había publicado en 1980, mucho antes de que existiera OxyContin. Sus autores hablaban de pacientes que habían recibido medicamentos narcóticos dentro del hospital. Al utilizar aquel párrafo años después, el lector necesitaba conservar esas condiciones para entender el dato. El prestigio de la revista podía dar confianza a la referencia, pero había que volver a lo que Porter y Jick habían observado antes de aplicarlo a otro tratamiento.
En 2017, Pamela Leung y sus colaboradores estudiaron las referencias que habían recibido aquellas cinco frases. Localizaron seiscientas ocho citas y comprobaron que en muchas desaparecía la condición de que los pacientes estaban hospitalizados. Su análisis de las citas examinaba cómo se había utilizado un texto anterior. La cantidad de veces que alguien lo mencionó era un dato sobre su circulación, distinto de una nueva observación de pacientes.
Esta distinción permite entender cómo una conclusión puede parecer cada vez mejor apoyada sin que se haya vuelto a comprobar. Un artículo remite a otro y el siguiente puede recoger la misma afirmación, acumulando referencias alrededor de ella. Para saber si existen pruebas nuevas hay que seguir cada camino hasta reconocer qué estudio aporta información propia. Varias menciones de una misma carta siguen dependiendo de aquella carta, aunque aparezcan impresas en lugares diferentes.
Al ampliar el uso de un resultado conviene explicar qué permanece parecido y qué ha cambiado. El lugar donde se recibe el tratamiento, su duración y las personas incluidas pueden afectar a lo que se necesita investigar. Identificar esas diferencias evita pedir a un registro anterior una respuesta que nunca se preparó para ofrecer. La revisión puede encontrar apoyo suficiente en otros trabajos o puede descubrir que la cuestión sigue pendiente. En ambos casos, el límite inicial ayuda a formular mejor la búsqueda.
La carta tampoco necesita presentarse como el origen único de la crisis. La historia de Purdue reúne decisiones de promoción, supervisión y ventas que requieren sus propias pruebas. El uso de aquella carta muestra uno de esos pasos, el traslado de una observación a una afirmación utilizada en otro contexto. Reconocerlo permite conservar lo que el documento aporta y devolverle las condiciones que algunas citas habían dejado fuera.
¿Cómo se corrige una explicación que ya está circulando?
Una afirmación puede seguir utilizándose en folletos y conversaciones después de que se haya corregido el documento del que salió. Las personas que recibieron la versión anterior conservan lo que leyeron entonces. El recorrido de las citas de Porter y Jick permite reconocer esa dificultad, porque la frase que llegaba a un médico podía haber pasado antes por otras publicaciones.
Ideas que pegan, de Chip Heath y Dan Heath, estudia cómo una explicación puede entenderse, recordarse y circular. Esa facilidad de comunicación deja abierta la cuestión de su veracidad. Una frase puede repetirse con mucha eficacia y seguir necesitando una comprobación sobre lo que afirma.
| Qué se necesita revisar | El imperio del dolor | Ideas que pegan |
| Explicación recibida | Qué condiciones se han perdido al citar el documento | Qué idea puede recordar quien escucha |
| Corrección necesaria | Recuperar el alcance de lo observado | Expresar la condición con palabras comprensibles |
| Personas que deben recibirla | Quienes conservan y utilizan la versión anterior | Quienes tendrán que entender y recordar la explicación |
| Comprobación posterior | Si se sigue repitiendo una afirmación más amplia | Si lo recordado conserva la condición necesaria |
Pensemos en una empresa que fabrica paneles para revestir paredes. Un laboratorio ha observado cómo respondía una muestra en unas condiciones definidas. El vendedor resume el resultado en una frase y un distribuidor la repite en su catálogo. Al llegar al instalador, el cliente puede entender que aquella ventaja se mantendrá en cualquier habitación.
Cada persona ha recibido una explicación más breve que el informe. Para saber qué se ha conservado, hace falta comparar el catálogo con las condiciones de la prueba. Quizá el ensayo utilizó una temperatura determinada o una manera de colocar el panel que la instalación posterior no mantendrá. Esos datos pueden parecer secundarios mientras se repite la ventaja y resultar necesarios cuando alguien decide utilizar el producto.
Los Heath ayudan a pensar cómo expresar la condición de una manera que el comprador pueda recordar. Keefe permite ver el recorrido documental que hace falta para recuperarla cuando ya se ha perdido. Una explicación legible puede decir dónde se probó el panel y qué se observó allí, utilizando palabras conocidas sin ampliar el resultado.
La empresa tendría que revisar también las piezas donde continúa apareciendo la frase anterior. Cambiar el catálogo central deja pendiente la información que conservan los distribuidores. La corrección necesita llegar a esos lugares para que quien reciba una oferta pueda distinguir el resultado observado de una promesa que lo había extendido a otros usos. La frase seguirá circulando con el alcance que sus condiciones permitan sostener.
¿Qué cambia cuando empezar sale gratis?
Purdue hacía llegar los cupones a los pacientes a través de los médicos. Cada profesional podía ofrecerlos junto a una receta de OxyContin, que se presentaba después en una farmacia participante. Allí el paciente obtenía gratis un primer suministro. La oferta se incorporaba a la atención que estaba recibiendo, con una entrega pagada por la empresa que fabricaba el medicamento.
Patrick Radden Keefe explica esta práctica en su entrevista sobre El imperio del dolor. La oferta facilitaba el acceso inicial al producto porque retiraba el pago de aquella entrega. Desde el punto de vista comercial, permitía que una persona empezara a utilizarlo con una dificultad económica menos en ese momento. La valoración de lo que ocurriera después se realizaría con una experiencia que antes de recibir la receta todavía faltaba.
Al principio, los cupones cubrían un suministro de treinta días. Más adelante, el programa pasó a ofrecer siete. En ambos casos había un final para la entrega gratuita. Ese plazo delimitaba lo que pagaba la empresa y permitía saber cuándo el paciente tendría que volver a resolver cómo continuar el tratamiento. La oferta facilitaba el acceso durante unos días, mientras la atención de la persona podía necesitar más tiempo.
La diferencia se vuelve importante al separar el coste inmediato de la experiencia posterior. El precio inicial aparece antes de utilizar el producto y puede conocerse con facilidad. La respuesta de cada persona aparece durante su uso y necesita seguimiento. El cupón informa de una ventaja económica para esa primera entrega. Por sí mismo deja pendiente qué beneficios y dificultades tendrá el paciente.
Una promoción así puede recibir una valoración favorable al mirarla desde la necesidad del momento. Alguien necesita alivio, recibe una receta y dispone de una manera de conseguirla sin pagar la primera vez. Cada paso tiene un sentido que puede comprenderse. Para conocer el efecto de la práctica comercial habrá que continuar el recorrido, observando qué decisiones se toman cuando la entrega inicial se termina y qué información tienen quienes deben tomarlas.
Al agotarse la entrega, el paciente seguía necesitando atención sobre lo que le había ocurrido durante esos días. Había empezado con una receta y una ventaja económica, pero ahora existía también una experiencia del tratamiento que el médico debía valorar. La continuación podía plantear gastos y decisiones que el cupón inicial dejaba abiertos. Para entender la oferta había que acompañar a la persona más allá del momento en que obtenía gratis la primera caja.
Tampoco todos los comienzos producen la misma historia. Una persona puede encontrar una ayuda y otra puede atravesar dificultades que requieren una respuesta diferente. Para estudiar el programa hacen falta datos capaces de conservar esa variedad. Contar cuántos cupones se utilizaron permite conocer su alcance comercial, mientras que comprender sus efectos exige seguir a las personas que los recibieron. La empresa puede registrar una primera entrega sin que ese registro describa por completo el resultado para quien la utilizó.
El médico y la farmacia ocupaban pasos distintos dentro del programa. El primero emitía la receta y podía entregar el cupón. La farmacia participante dispensaba el medicamento al recibirlos. De ese modo, la promoción llegaba al paciente a través de los mismos lugares donde obtenía su tratamiento. La empresa facilitaba aquella primera entrega dentro de una relación de atención que después debía continuar.
El recorrido permite estudiar lo que hace visible la palabra gratis. Sitúa delante una ventaja inmediata y puede dejar en segundo plano la duración que vendrá después. Al seguir las entregas y las decisiones posteriores, el precio inicial vuelve a ocupar su lugar dentro de la historia completa. La primera receta podía estar pagada por la empresa, mientras el cuidado de quien la recibía todavía tenía que continuar.
¿Qué termina premiando una recompensa?
El representante de Purdue visitaba a una médica de Virginia que recetaba mucho OxyContin. Aquella consulta contribuía a las ventas de su zona y, con ellas, al resultado comercial de su trabajo. La empresa ofrecía primas a sus representantes cuando alcanzaban determinados objetivos de ventas, sumando ese pago al sueldo que recibían.
Patrick Radden Keefe recoge en El imperio del dolor una ocasión en la que la médica le comunicó que un familiar joven había muerto por una sobredosis del producto. El autor vuelve sobre este encuentro en su conversación con Elizabeth Vargas. El relato permite encontrar al mismo representante recibiendo una señal de crecimiento en las ventas y una noticia sobre sus consecuencias para una familia.
La prima respondía a una cuenta. La empresa podía reunir cantidades vendidas, establecer una meta y reconocer si el representante la había alcanzado. El fallecimiento pertenecía a otro recorrido que necesitaba investigarse con información sobre la persona y sus circunstancias. Conocer el resultado comercial de una zona dejaba abierta esa parte de la historia de los pacientes.
La recompensa orientaba el trabajo antes de llegar al pago. Preparar más visitas o dedicar tiempo a un médico que pudiera aumentar las recetas podía acercar al objetivo de ventas. Una vez conocido ese objetivo, la actividad diaria disponía de una dirección. El sistema comunicaba qué avance iba a contar para la prima y qué registro permitiría reconocerlo al terminar el periodo.
La experiencia de los pacientes requería otro seguimiento. Una receta podía permitir que alguien recibiera un alivio que necesitaba y también podía abrir una situación con dificultades que exigían atención. Para distinguirlo hacía falta conocer la evolución de esas personas. El dato comercial aparecía cuando se vendía el medicamento, mientras que una parte de sus consecuencias se conocería después. Esa diferencia de tiempo ayuda a explicar por qué ambas cuentas podían avanzar separadas.
Valorar el sistema exige preguntar cómo podía llegar esa información posterior a quienes preparaban los objetivos. Una advertencia que solo se conserva en un documento tiene una función diferente de otra que modifica lo que se va a pedir en la siguiente visita. El análisis necesita seguir quién recibe el aviso, quién puede revisar la meta y qué cambia después de conocerlo. Son preguntas sobre el funcionamiento de una recompensa, en vez de suposiciones sobre el carácter de cada trabajador.
Tampoco resulta suficiente cambiar el nombre de la prima. Una recompensa presentada como reconocimiento del buen trabajo seguiría necesitando una definición de lo que cuenta como bueno. Si se conserva el mismo cálculo de ventas, el dinero continuará premiando el crecimiento medido por esa cifra. Para saber si se ha incorporado otra finalidad habrá que reconocer qué información nueva afecta a la evaluación y de qué manera puede hacerlo.
El caso permite estudiar una dificultad de las medidas utilizadas para dirigir una actividad. Elegir una cifra facilita reunir resultados, pero también selecciona una parte del trabajo. El número de ventas tiene una utilidad comercial comprensible. Utilizarlo como prueba de toda la ayuda prestada al paciente ampliaría su significado hasta una cuestión que ese registro todavía deja por responder.
La conversación en aquella consulta permite recuperar las dos partes del trabajo. Un representante podía recibir una prima por un crecimiento que ya estaba registrado y conocer después una consecuencia que requería atención. Para estudiar la respuesta de la empresa interesa saber cómo se recogían esas noticias, quién podía examinarlas y qué cambios producían en los objetivos de las visitas siguientes.
¿Qué puede dejar fuera la cifra con la que valoramos un trabajo?
El pago de una prima comercial relaciona el ingreso del trabajador con aquello que la empresa ha decidido contar. Si la recompensa crece al aumentar las ventas, el vendedor tiene una razón económica para buscar ese aumento. El examen de Keefe sobre los incentivos de Purdue permite seguir esa relación sin dar por conocida la respuesta de cada empleado.
En Moneyball, Michael Lewis recoge las preguntas de Bill James sobre las estadísticas del béisbol. Antes de utilizar una cifra para valorar a un jugador, James quería saber qué acciones entraban en ella. El mismo cuidado ayuda a examinar una recompensa, porque el dato elegido empieza a tener consecuencias sobre quienes cobran según su resultado.
| Qué se examina | El imperio del dolor | Moneyball |
| Cuenta utilizada | Ventas vinculadas a una recompensa | Actuaciones reunidas en una estadística |
| Pregunta sobre la cifra | Qué conducta permite aumentar el pago | Qué parte del juego queda registrada |
| Información pendiente | Consecuencias que la recompensa puede dejar fuera | Trabajo que la estadística todavía no describe |
| Uso posterior | Orientar el esfuerzo comercial | Valorar al jugador y decidir cómo utilizarlo |
Una cifra puede estar bien calculada y seguir siendo insuficiente para el propósito que se le asigna. Registrar una venta acredita una operación. Para conocer la experiencia posterior de quien recibe el producto hacen falta otros datos. La diferencia entre esas preguntas merece quedar visible antes de convertir el crecimiento de una cuenta en una valoración de todo el trabajo.
Imaginemos un servicio que paga una prima por cada reparación terminada. Los empleados pueden aumentar esa cantidad atendiendo más encargos. Para saber qué están consiguiendo, también interesa conocer qué significa dar uno por terminado. Un aparato puede haberse entregado al cliente y volver después porque conserva la avería. Si la prima solo recoge la primera entrega, el regreso aparece en otra parte del registro.
La lectura desde James invita a recuperar esas intervenciones antes de comparar empleados. Quien recibe trabajos difíciles puede necesitar más tiempo y completar menos durante la misma semana. La cuenta debe conservar esas condiciones para que una diferencia de encargos no se convierta por sí sola en una diferencia de capacidad.
Keefe añade una pregunta sobre el efecto del pago. La cifra, además de describir, puede orientar el trabajo cuando permite ganar más. En el servicio de reparaciones convendría seguir qué ocurre con las segundas visitas después de introducir la prima. Ese seguimiento aportaría información sobre el resultado de la medida. La fórmula de pago, por sí misma, permite reconocer el incentivo, mientras la conducta observada sigue necesitando sus propios registros.
¿Qué ocurre cuando llegan las primeras advertencias?
¿Cuándo empezó a conocerse un problema?
En 1999, una secretaria del equipo jurídico de Purdue investigó conversaciones de Internet sobre el uso de OxyContin. El trabajo respondía a un encargo recibido dentro de la empresa. Al consultar aquellos grupos encontró información sobre usos problemáticos del medicamento que podía trasladarse a quienes habían pedido la búsqueda.
Patrick Radden Keefe explica este hallazgo en su conversación con Terry Gross sobre el libro. Para comprender lo que añadió a la investigación hay que situar una declaración posterior. Responsables de Purdue habían presentado el año 2000 como el momento en que comenzaron a conocer el problema a través de la prensa. El trabajo de la secretaria pertenecía al año anterior y se había originado dentro de la compañía.
La diferencia permitía revisar aquella cronología. Un relato que empieza con una noticia deja fuera otras vías posibles de conocimiento. La búsqueda interna recuperaba una de ellas, con una fecha que podía conservarse. Desde ese punto, el periodista podía preguntar qué estaba circulando antes de la explicación pública y quién había tenido acceso a ello.
Un documento fechado ofrece un apoyo distinto de un recuerdo contado muchos años después. Conserva que alguien escribió o preparó una información en un momento determinado. Para utilizarlo hace falta leer qué contiene y distinguir a quien lo redactó de quienes pudieron recibirlo. La existencia del documento permite comenzar ese trabajo, mientras su circulación requiere examinar otros apoyos.
Esta diferencia tiene consecuencias al atribuir una decisión. Encontrar un aviso en un departamento deja pendiente saber qué conocimiento tenía la persona que autorizó una acción posterior. La investigación necesita seguir a los destinatarios y reconocer qué información les había llegado. Si se reúnen todos los puestos bajo el nombre de la empresa, puede desaparecer una separación necesaria para explicar la responsabilidad de cada uno.
También conviene distinguir el aviso de la respuesta que recibió. Una comunicación puede quedar archivada, provocar una consulta o dar lugar a un cambio. Para averiguar cuál de esas continuaciones ocurrió hacen falta documentos y testimonios relacionados con lo que vino después. La fecha inicial señala una oportunidad de conocer. La actuación posterior permite estudiar cómo se utilizó lo recibido.
Seguir el aviso exige volver a las personas que intervinieron en aquel trabajo. La secretaria podía dar cuenta de lo que había buscado y de lo que encontró. Quien recibió el resultado podía explicar para qué lo necesitaba y qué hizo con él. Si aparecía después una comunicación a otro departamento, su fecha añadía un paso a la historia. Así podía reconstruirse la circulación de la información sin atribuir a todos los trabajadores lo que solo se había podido situar en manos de algunos.
Las declaraciones públicas requieren la misma atención. Una fecha anunciada años después puede expresar el recuerdo de quien habla, la información que reconoce haber recibido o una versión preparada para explicar la conducta de la organización. Para distinguir esas posibilidades interesa conservar las palabras utilizadas y relacionarlas con los documentos contemporáneos. Una contradicción comprobada permite revisar esa parte del relato, sin resolver automáticamente todas las demás.
El hallazgo que cuenta Keefe cambia el punto desde el que puede seguirse la historia. El problema había dejado un rastro interno antes del momento señalado públicamente. A partir de ahí, la investigación tiene una tarea más precisa, acompañar ese rastro hasta reconocer qué personas lo conocieron y qué decisiones pudieron tomar con la información que ya tenían.
¿Qué hacemos cuando la experiencia contradice una promesa?
Purdue presentaba OxyContin con una promesa de alivio durante doce horas. Esa duración organizaba el tratamiento alrededor de dos tomas diarias. La persona que recibía la receta podía esperar que el medicamento la ayudara durante el tiempo anunciado, hasta llegar a la siguiente toma. El intervalo formaba parte de lo que se le estaba ofreciendo.
Patrick Radden Keefe examina los avisos de que el alivio terminaba antes para una parte de los pacientes. Su conversación sobre el libro en el John Adams Institute permite seguir la distancia entre el funcionamiento anunciado y la experiencia que llegó después. La investigación conserva la promesa junto a las dificultades que la ponían en cuestión.
El intervalo anunciado podía facilitar una vida menos organizada alrededor de cada toma. Esa ventaja resultaba comprensible para quien soportaba dolor continuado. Si el alivio desaparecía antes, la persona tenía que afrontar una parte del periodo que la explicación había presentado de otra manera. Conocer esa experiencia exigía recoger cuándo aparecía la dificultad y cómo se había desarrollado el tratamiento.
Steven May, antiguo representante de Purdue, explicó cómo se respondía a esos avisos en una entrevista de The New Yorker Radio Hour. Según su testimonio, cuando un médico comunicaba que sus pacientes necesitaban una toma antes, los representantes insistían en mantener el intervalo anunciado y planteaban utilizar una concentración mayor del medicamento. La respuesta conservaba las doce horas, modificando otra parte del tratamiento. Así podía mantenerse la duración con la que se presentaba el producto, mientras el aviso del paciente pasaba a interpretarse desde la cantidad recibida.
El tiempo también tenía valor comercial. Presentar dos tomas al día ofrecía una diferencia que podía recordarse con facilidad al comparar productos. Reconocer ese interés permite comprender por qué una modificación del mensaje podía afectar a la promoción. Para saber cómo se resolvió la dificultad hace falta seguir las instrucciones, las comunicaciones recibidas y las decisiones sobre lo que se seguiría diciendo a los médicos.
La revisión puede distinguir entre conocer un caso y reconocer un patrón. Un paciente aporta información sobre lo que le ha ocurrido. Varios avisos semejantes permiten formular una investigación más amplia, sin convertir automáticamente cada uno en la misma historia. Hace falta conservar cómo se recogieron, qué circunstancias tenían y cuántas personas estaban utilizando el producto. De esa manera se puede examinar una repetición sin borrar sus diferencias.
También cambia lo que debe hacer cada parte. El médico necesita atender a la persona que tiene delante. La empresa dispone de otra posibilidad, reunir avisos llegados desde lugares distintos y revisar el conjunto. Esa capacidad permite identificar una dificultad que quizá cada profesional solo ve en algunos pacientes. El trabajo de reunirla tiene valor cuando puede llegar a la información y a las decisiones que afectan al uso del producto.
La necesidad de examinar los avisos sigue existiendo aunque haya experiencias favorables. Que una duración se cumpla para alguien permite conocer ese resultado. Para afirmar hasta dónde llega habrá que conservar también a quienes encontraron una respuesta distinta. Si solo permanecen visibles los casos que encajan en el anuncio, la explicación pierde una parte de los efectos que necesita comprender.
La cifra que organizó la campaña tenía que responder ante las observaciones posteriores. El médico necesitaba atender lo que estaba ocurriendo con su paciente y la empresa podía reunir experiencias recibidas desde consultas diferentes. Seguir ese camino permite reconocer si lo aprendido llegaba a modificar la duración que se prometía a las siguientes personas.
¿Qué tendría que cambiar para revisar una decisión?
Los avisos sobre un alivio que duraba menos de las doce horas anunciadas planteaban una dificultad sobre la promesa del producto. Para seguir ese episodio de la investigación de Keefe interesa conservar qué se comunicó y qué respuesta recibió. La existencia de una respuesta permite continuar la investigación, pero todavía hace falta mirar si atendía al problema señalado.
Adam Grant examina en Piénsalo otra vez cómo utilizamos la información que contradice una idea. Su propuesta invita a aplicar criterios de comprobación tanto a los datos favorables como a los contrarios. Esa disposición se reconoce en lo que la persona está preparada para cambiar después de conocer el resultado.
| Momento de la revisión | El imperio del dolor | Piénsalo otra vez |
| Llega una advertencia | Hay una observación y una respuesta que reconstruir | Aparece información que puede cuestionar una creencia |
| Se examina su contenido | Qué problema se comunicó y cómo se trató | Qué razones sostienen o limitan la objeción |
| Se decide qué hacer | Qué actuaciones cambiaron después | Qué parte de la idea necesita conservarse o modificarse |
| Límite | Los documentos exigen atribuir acciones a sus responsables | Una actitud abierta deja pendiente comprobar cada dato |
Imaginemos una empresa que fabrica ventanas. Su anuncio promete evitar la entrada de agua bajo unas condiciones que aparecen en la documentación. Una compradora envía fotografías de una filtración. Para estudiar la reclamación, la empresa necesita conocer la colocación, el lugar por donde entra el agua y las condiciones en las que ocurrió.
Reunir esa información puede confirmar una dificultad del producto o mostrar un problema de instalación. Las dos posibilidades requieren una comprobación. La empresa también puede conservar pruebas favorables de otras ventanas, pero esas pruebas responden a lo que sucedió en otros lugares. Para atender la advertencia tiene que volver a la ventana que presenta el daño y explicar qué ha podido averiguar.
Grant ayuda a reconocer si el procedimiento admite una respuesta que aconseje cambiar la promesa. Si cada reclamación se atribuye de antemano al comprador, el examen empieza con una conclusión cerrada. Keefe permite mirar qué documentos quedaron de las advertencias y cómo las decisiones posteriores se relacionaron con ellos.
La comparación conserva una diferencia de responsabilidad. Estar a la defensiva describe una posible manera de razonar. Los actos de una empresa requieren conocer quién recibió información, qué capacidad tenía para intervenir y qué hizo. El caso de las ventanas permitiría registrar el resultado de la inspección, la respuesta enviada y los cambios realizados. Esos documentos darían contenido a la revisión cuando llegara otra reclamación sobre el mismo producto.
¿Qué cambia cuando quien revisa pasa a trabajar para la empresa?
Curtis Wright participó en la revisión de OxyContin mientras trabajaba en la FDA, la autoridad sanitaria de Estados Unidos. Purdue había presentado su producto para obtener una autorización de comercialización. La revisión se realizaba desde una institución que tenía que examinar la información ofrecida por la compañía antes de decidir bajo qué condiciones podía venderse.
Patrick Radden Keefe cuenta que Wright pasó después a trabajar para Purdue. El cambio forma parte de la investigación de El imperio del dolor y aparece también en su entrevista sobre el libro con Elizabeth Vargas. Seguir esa trayectoria permite observar a la misma persona en dos posiciones distintas respecto al producto.
En la primera debía participar en una evaluación. La empresa presentaba una propuesta y los revisores tenían que estudiar qué permitían afirmar sus pruebas. En la segunda existía una relación laboral con la compañía. Los conocimientos de Wright podían mantener su utilidad profesional mientras cambiaba la institución para la que trabajaba. La capacidad de entender un medicamento y la posición desde la que se defiende o cuestiona su propuesta son aspectos que conviene conservar separados.
El conocimiento especializado explica por qué una empresa puede interesarse por alguien que ha trabajado en una autoridad. Esa experiencia permite comprender requisitos y procedimientos. Para examinar un posible conflicto de intereses hace falta añadir otra pregunta, si existían vínculos capaces de influir en una decisión que debía tomarse con independencia. La utilidad de contratar a una persona deja abierta esa investigación sobre las relaciones anteriores.
El cambio de empleo, por sí solo, tampoco demuestra que hubiera un acuerdo previo. Para sostenerlo se necesitarían pruebas sobre contactos, conversaciones o compromisos que precedieran a la revisión. La secuencia temporal permite distinguir lo que ya estaba ocurriendo de lo que solo aparecería después. Si se mezclan ambos momentos, el lector puede terminar atribuyendo una intención pasada a partir de un hecho posterior.
La revisión puede reconstruirse conservando cada decisión y el apoyo que tenía entonces. Interesa saber qué información se pidió, qué se aceptó y qué dudas quedaron recogidas en los documentos. Esa lectura permite estudiar la actuación sin apoyarse únicamente en el cargo que la persona ocupó más tarde. El puesto posterior aporta una relación que merece atención, pero la evaluación anterior sigue necesitando sus propias pruebas.
La misma separación ayuda a comprender la función de la independencia. Quien revisa puede compartir conocimientos con quienes presentan la solicitud y haber trabajado en asuntos parecidos. Esa cercanía profesional puede facilitar la comprensión y también hace necesario conocer qué compromisos conserva cada parte. La independencia se examina siguiendo relaciones y decisiones, en vez de darla por segura al conocer el nombre de una institución.
Para reconstruir la relación hacen falta las fechas de ambos trabajos. Mientras Wright estaba en la FDA, participaba en el examen de una solicitud de Purdue. Cuando pasó a la compañía, la relación era la de un empleado con la empresa que lo contrataba. Si se encontraran conversaciones sobre ese empleo anteriores a la autorización, permitirían formular preguntas más precisas sobre la revisión. Sin esos apoyos, el cambio de puesto conserva su interés para la investigación, pero deja abierta la explicación de los motivos con que se actuó antes.
El recorrido de Wright vuelve a situar la atención en los momentos que Keefe reconstruye. La institución revisaba una solicitud y la empresa buscaba una autorización. Después apareció una nueva relación profesional. Mantener visibles esas etapas permite estudiar qué se sabía, quién debía responder ante quién y qué pruebas harían falta para explicar si la posibilidad de trabajar para Purdue había influido durante la revisión.
¿Cómo se puede comprobar una responsabilidad?
¿Qué dejamos de investigar cuando culpamos a una persona?
Richard Sackler dirigió un correo a sus compañeros en febrero de 2001 sobre quienes abusaban de OxyContin. Lo escribió como presidente de Purdue, la empresa que vendía el medicamento. En sus palabras, esas personas eran las culpables del problema y delincuentes. El mensaje quedó entre los papeles que Keefe utilizaría para estudiar cómo se hablaba del daño dentro de la compañía.
El correo aparece citado en el escrito judicial de Massachusetts que reúne documentación interna de Purdue. Ese origen exige distinguir dos cosas. Podemos conocer las palabras que se atribuyen a Richard en un documento identificado. La explicación general que presenta quien interpone la demanda sigue siendo una posición que se está defendiendo dentro del procedimiento. Leer ambas con cuidado evita tratar cualquier acusación del escrito como una sentencia.
La cuestión que abre el mensaje se entiende siguiendo hacia dónde dirige la atención. Si el problema se atribuye por entero a quienes hacen un uso peligroso del medicamento, la respuesta se concentra en encontrar y detener esa conducta. Esa búsqueda puede necesitarse en determinados casos. Al mismo tiempo, deja por examinar otras partes de la historia que pertenecen a quien fabrica y promociona el producto.
Para llegar a ellas hay que reconstruir la información que acompañó a la pastilla. El médico recibe una explicación sobre sus beneficios y riesgos antes de prescribirla. La persona que la toma recibe una indicación y una cantidad. Después pueden aparecer cambios que se comunican durante el tratamiento. Cada momento aporta datos diferentes. La revisión pierde parte de ellos cuando empieza suponiendo que todos los daños proceden de una conducta elegida al margen de la prescripción.
Una persona que empezó con una receta podía contar qué le había explicado el médico y qué le ocurrió al tomar el medicamento. Alguien que lo obtuvo por otra vía tendría otros antecedentes que reconstruir. Incluso podía haber cambios dentro de una misma vida, con un inicio bajo atención médica y dificultades posteriores. Escuchar esos recorridos por separado permitía buscar las decisiones que habían intervenido en cada uno, en lugar de utilizar una acusación común como respuesta a todas las historias.
La palabra utilizada para reunir a esas personas puede ir ocupando el lugar de su historia. Una vez que se las considera responsables de todo lo ocurrido, su testimonio corre el riesgo de leerse únicamente como una explicación de su conducta. Todavía podría contener una advertencia sobre una promesa comercial, una indicación recibida o una señal que alguien había pasado por alto. Escuchar exige permitir que esa información modifique la explicación inicial.
A medida que se reconstruye cada historia aparecen actuaciones de personas diferentes. El paciente pudo tomar una decisión sobre el uso de la pastilla. El médico había recibido información antes de recetarla. La empresa había escogido qué beneficios destacar y qué advertencias comunicar. Conocer una de esas actuaciones permite empezar a estudiarla, mientras las demás siguen requiriendo sus propias preguntas. Una explicación centrada de antemano en el último eslabón dificulta llegar a los anteriores.
El correo permite conocer una respuesta interna de Richard en una fecha determinada. Para saber cómo se llevó a la práctica harían falta decisiones posteriores, comunicaciones y actuaciones de la compañía. Su lectura aporta una pieza que se debe relacionar con otras. El trabajo del periodista consiste en continuar esa búsqueda, siguiendo qué información llegó a cada persona y qué hizo con ella, hasta que las responsabilidades puedan describirse con más detalle que el que ofrece una etiqueta.
¿Era una sorpresa o había un aviso que revisar?
Un documento escrito antes de conocerse todo el daño permite volver a la información de aquel momento. En el correo de Richard Sackler, Keefe encuentra una manera de hablar de quienes consumían el producto. Para estudiar sus consecuencias hay que situar las palabras junto a las advertencias disponibles y las actuaciones que siguieron, conservando la fecha de cada una.
El cisne negro, de Nassim Nicholas Taleb, examina acontecimientos de gran impacto que quedan fuera de las expectativas y la facilidad con que después parecen explicables. Esa idea necesita distinguirse de una advertencia recibida y pendiente de atender. Una dificultad puede sorprender a unas personas mientras otras ya disponían de información sobre ella.
| Qué se reconstruye | El imperio del dolor | El cisne negro |
| Momento anterior | Documentos y decisiones de quienes actuaban | Información con la que se formaban las expectativas |
| Resultado posterior | Consecuencias que permiten ampliar la investigación | Acontecimiento que parece más explicable al conocer el desenlace |
| Pregunta necesaria | Quién sabía qué y qué hizo después | Qué quedaba fuera de lo esperado y para quién |
| Límite | Un aviso parcial deja abierta parte de la evolución posterior | La magnitud de un daño no basta para llamarlo cisne negro |
Imaginemos una comunidad de vecinos que descubre daños en la cubierta después de unas lluvias. Durante la discusión aparece una inspección anterior donde se había señalado una reparación pendiente. El documento permite saber que existía una observación antes del daño. Todavía hace falta conocer quién la recibió, qué decía sobre la urgencia y qué alternativas se habían estudiado.
La reconstrucción puede encontrar que la persona encargada desconocía la inspección. También puede mostrar que recibió el informe y pidió otro presupuesto. Cada secuencia explica un recorrido distinto. Conocer el daño final ayuda a formular preguntas, pero atribuir a quienes decidían todo lo que se sabe después cambiaría las condiciones en las que actuaron.
Taleb invita a desconfiar de esa facilidad retrospectiva. Keefe aporta el trabajo documental que permite examinar qué información estaba ya disponible. La comparación ayuda a conservar ambas preguntas. Un aviso anterior puede sostener una parte de la crítica sin demostrar que cada consecuencia posterior se hubiera podido anticipar con detalle.
En la comunidad, la siguiente reunión podría reunir el informe, las comunicaciones y las respuestas recibidas. Si quedaba una observación sin comprobar, habría que reconocerla dentro de la decisión sobre la cubierta. La documentación permitiría distinguir un riesgo advertido, una información que circuló mal y una dificultad que el examen anterior todavía dejaba fuera. Esas diferencias seguirían siendo necesarias al decidir qué trabajo encargar ahora.
¿Quién responde cuando una empresa admite lo que hizo?
Purdue Frederick se declaró culpable en mayo de 2007 por la promoción engañosa de OxyContin. La declaración pertenecía a la empresa y establecía una conducta que había admitido en un procedimiento penal. La noticia incluía también a tres ejecutivos, cuyos nombres había que conservar para entender quién respondía por lo ocurrido y con qué responsabilidad.
Michael Friedman, Howard Udell y Paul Goldenheim fueron los ejecutivos que se declararon culpables. La empresa admitió un delito de mayor gravedad, mientras que ellos respondieron por infracciones penales de menor gravedad como responsables de la compañía. La diferencia entre esas categorías del procedimiento estadounidense dejaba a la sociedad en una posición y a los tres hombres en otra. Las tres admisiones individuales seguían perteneciendo al ámbito penal.
Al seguir el caso hay que reconocer también quiénes quedaron fuera de esa lista. Friedman, Udell y Goldenheim eran directivos, mientras que los Sackler eran los propietarios del negocio. Ninguno de los tres ejecutivos pertenecía a la familia. Por eso una frase que atribuya aquella declaración de culpabilidad a los Sackler cambiaría la identidad de quienes la habían realizado.
La diferencia ayuda a entender cómo continúa el trabajo de Keefe. El periodista puede estudiar la relación entre una decisión de la empresa y las personas que la prepararon, aprobaron o conocieron. El resultado de un procedimiento aporta hechos que debe conservar. La investigación histórica sigue una pregunta más amplia sobre cómo se llegó a esos hechos y qué papel tuvo cada participante en el recorrido.
Para responderla necesita algo más que un organigrama. Un cargo indica una responsabilidad dentro de la compañía, pero todavía hay que conocer qué información recibió quien lo ocupaba y qué hizo después. Un correo puede mostrar una instrucción. Un acta puede recoger una decisión compartida. Una respuesta del destinatario puede ayudar a seguir cómo se entendió la indicación. Cada documento permite avanzar hasta un lugar distinto.
La noticia podía reunir bajo una misma cantidad pagos que correspondían a participantes distintos. Para saber qué había asumido cada uno había que abrir ese total y leer sus obligaciones. La empresa respondía como sociedad y los ejecutivos lo hacían a título individual por las infracciones que habían admitido. Esa separación continuaba siendo necesaria aunque el acuerdo apareciera en un solo titular. El tamaño de la cifra llamaba la atención, pero los nombres permitían comprender quién estaba respondiendo.
La sociedad sigue siendo una forma de organizar el trabajo de muchas personas. Admitir una conducta empresarial permite establecer lo que la organización hizo, pero deja por estudiar cómo se distribuyeron las decisiones dentro de ella. Esa búsqueda requiere mantener los nombres visibles. Si todo se atribuye a una palabra general, resulta difícil seguir quién propuso una actuación, quién podía revisarla y quién acabó ejecutándola.
La declaración de culpabilidad tampoco permite extender una conclusión a cualquier persona relacionada con la compañía. Cada atribución nueva necesita su apoyo. Lo mismo ocurre en la dirección contraria. Que una persona quede fuera de un acuerdo determinado deja abierta la pregunta sobre su actuación, que tendrá que examinarse por las vías y con las pruebas correspondientes.
El episodio de 2007 exige leer el resultado en su propio alcance. Hay una admisión de la sociedad y otras tres individuales que deben conservarse como tales. Al continuar la historia de la familia, Keefe vuelve a decisiones que esa lista por sí sola deja sin explicar. El lector puede seguir ambos recorridos manteniendo identificado quién responde en cada uno y qué hechos sostienen lo que se está diciendo de él.
¿Qué queda por comprobar después de aceptar un acuerdo?
El acuerdo de 2007 tuvo sujetos y obligaciones que necesitan conservarse al explicar qué resolvía. Purdue y los ejecutivos implicados ocupaban posiciones definidas dentro de aquel procedimiento. La investigación de Keefe continúa después, permitiendo preguntar qué cambió en la actividad y qué problemas siguieron apareciendo.
En Rompe la barrera del no, Chris Voss distingue la aceptación de una propuesta del trabajo necesario para cumplirla. Preguntar cómo se realizará ayuda a reconocer personas, pasos y condiciones. Esa lectura puede servir para preparar un seguimiento, mientras el efecto jurídico de un acuerdo depende de sus documentos y de las autoridades competentes.
| Después de acordar | El imperio del dolor | Rompe la barrera del no |
| Qué debe conservarse | Quién acepta y qué obligaciones asume | Qué significa la aceptación para cada participante |
| Qué sigue pendiente | Cambios que deben comprobarse en la actividad | Acciones, personas y medios para ejecutar lo pactado |
| Cómo se examina | Documentos y conducta posterior | Preguntas sobre pasos y dificultades de cumplimiento |
| Límite | Los efectos legales requieren su propio examen | Una conversación no garantiza por sí sola el cumplimiento |
Imaginemos que se cancela una función y el organizador acepta devolver el precio de las entradas. Las personas que habían comprado ya conocen esa respuesta. Para recuperar su dinero necesitan saber qué pasos se van a seguir y cuándo podrán comprobar el pago. La aceptación abre un trabajo que todavía debe hacerse.
¿Cómo se convierte una aceptación en un pago comprobable?
En este diálogo creado, Pilar compró varias entradas para su familia y Raúl atiende las devoluciones de la organización.
Pilar: «He recibido el mensaje que acepta la devolución. ¿Tengo que enviar algún dato?»
Raúl: «Tenemos el pedido, pero necesito comprobar si lo pagaste con tarjeta o por transferencia».
Pilar: «Con tarjeta. En el mensaje aparece la cantidad completa».
Raúl: «Voy a revisar que corresponde a las cuatro entradas. Después enviaremos la orden al mismo medio de pago».
Pilar: «¿Cuándo sabré que se ha enviado?»
Raúl: «Podemos mandarte el justificante cuando emitamos la devolución. La fecha en que aparezca en tu cuenta dependerá también de la tramitación del banco».
Pilar: «Entonces necesito la fecha prevista para esa orden y un contacto por si no recibo el justificante».
Raúl: «Anotaré ambas cosas en la respuesta. Si encontramos una diferencia en el pedido, te la explicaremos antes de darlo por cerrado».
Pilar: «Guardaré el mensaje y comprobaré el ingreso. La aceptación ya está, pero el dinero seguirá pendiente hasta que llegue».
¿Qué puede aclarar un documento escrito años atrás?
Richard Sackler prestó declaración en agosto de 2015 en un procedimiento de Kentucky contra Purdue. Habían pasado años desde el lanzamiento de OxyContin y desde muchas de las comunicaciones por las que se le preguntaba. Los abogados utilizaron correos y otros documentos para volver a aquellas decisiones. La conversación quedaba apoyada en palabras que se habían conservado desde entonces.
Keefe examina esa declaración como una vía para estudiar el papel de Richard dentro del negocio. El interés del registro consiste en que reúne una pregunta, una respuesta y, en determinados momentos, el documento utilizado para formularla. Cada parte permite conocer una cosa distinta. La pregunta señala qué se quiere aclarar y la respuesta muestra lo que el testigo afirma en ese momento.
El documento aporta otra referencia temporal. Un mensaje de los años noventa se escribió antes de que su autor conociera todo lo que sucedería después. La explicación de 2015 llega con ese recorrido ya ocurrido. Mantener identificadas ambas fechas permite distinguir la información disponible durante la decisión de la información que pudo llegar más tarde. Esa separación ayuda a examinar qué podía saber una persona cuando actuó.
La memoria posterior necesita valorarse con su propio alcance. Haber olvidado una cantidad o una conversación deja una ausencia en la respuesta. Para averiguar qué ocurrió hay que buscar otros apoyos, sin convertir automáticamente esa falta de recuerdo en una mentira. El documento puede recuperar parte de lo sucedido. Todavía habrá que estudiar si el testigo lo recibió, qué entendió de él y qué hizo después.
Un correo también tiene límites. Podemos leer una propuesta que nunca se aceptó, una instrucción que alguien entendió mal o una explicación que recibió una corrección en el mensaje siguiente. Son posibilidades de lectura que exigen comprobar la conversación completa. Por eso la fecha y las palabras aisladas se relacionan con sus destinatarios, sus respuestas y las actuaciones posteriores que se hayan podido documentar.
Al mostrar el texto al testigo aparece una ocasión de aclararlo. La persona puede reconocerlo, explicar una expresión o señalar un antecedente que falte. Esa explicación nueva necesita contrastarse con los registros disponibles. Si permite localizar otra comunicación, añade una vía que se puede seguir. Si se limita a una afirmación general, la comprobación continúa dependiendo de lo que ya se había conservado.
En la declaración, el documento acompañaba a la pregunta para que Richard pudiera responder sobre unas palabras determinadas. Después se podía volver a ambos registros y comprobar qué había aclarado. Si explicaba un término, interesaba relacionarlo con el resto del intercambio. Si decía que faltaba un antecedente, esa respuesta ofrecía otro lugar donde buscar. La conversación avanzaba cuando permitía acercarse a lo que había ocurrido entonces, manteniendo la pregunta inicial a la vista.
El valor del registro crece al poder revisarse después. Las palabras quedan disponibles para compararlas con otros documentos y con testimonios sobre la misma etapa. La comprobación deja de depender únicamente de lo que recuerde quien escuchó la declaración. Otras personas pueden volver al intercambio y reconocer qué sostiene cada conclusión, conservando las dudas donde las respuestas siguen siendo incompletas.
La declaración de 2015 permite seguir así una diferencia entre recordar y reconstruir. El recuerdo pertenece a quien habla desde el presente. La reconstrucción relaciona esa respuesta con los rastros que otras actuaciones fueron dejando. Keefe utiliza ese trabajo para acercarse a decisiones anteriores, manteniendo a la vista tanto lo que se escribió entonces como lo que Richard dijo años después al ser preguntado por ello.
¿Qué cambia cuando un documento se hace público?
Un escrito judicial de Massachusetts puso en 2019 comunicaciones internas de los Sackler al alcance de Patrick Radden Keefe. El periodista pudo leer mensajes que habían formado parte del trabajo de la familia dentro de Purdue. Tenían autores, destinatarios y fechas que permitían situarlos en una conversación del negocio. Desde fuera de la empresa, ahora podía volver a las palabras utilizadas en aquel momento.
El autor explicó después ese cambio en una entrevista sobre el libro. Durante la preparación de su reportaje de 2017 había hablado con personas que conocían el negocio, pero quería saber cómo trataba la familia ciertos asuntos dentro de él. La lectura del escrito añadió palabras de sus propios integrantes. Esa información podía relacionarse con lo que ya había reunido mediante otros testimonios.
Los documentos se habían creado antes de llegar al procedimiento. Una comunicación interna puede guardarse durante años sin que otras personas tengan ocasión de conocerla. Su existencia y su acceso pertenecen a momentos distintos. Para un periodista, saber que alguien escribió un mensaje ofrece una dirección de búsqueda. Poder leerlo permite comenzar a comprobar lo que se dice sobre él.
La diferencia se entiende mirando qué necesita quien quiere revisar una afirmación. Si solo conoce el relato de otra persona, puede preguntarle qué vio y cómo lo entendió. Al disponer del registro puede volver también a las palabras, comprobar la fecha y reconocer a sus destinatarios. La revisión gana una pieza que se mantiene disponible mientras cambia quien la estudia.
La entrada de un documento en un escrito judicial exige otra atención. La parte que lo presenta está defendiendo unas acusaciones y selecciona el material que considera útil para sostenerlas. El texto del mensaje y la explicación que se ofrece de él necesitan leerse por separado antes de relacionarlos. El primero permite conocer unas palabras registradas. La segunda propone cómo deben entenderse dentro del conflicto.
Por eso el acceso abre un trabajo que todavía queda por hacer. Una frase puede responder a una pregunta anterior y una propuesta puede haber recibido después una corrección. Para seguir esas relaciones conviene buscar la conversación completa y los registros de lo que vino a continuación. Lo que se ha hecho público permite identificar las preguntas, mientras la respuesta sigue dependiendo de la información que se consiga reunir.
Al explicar de dónde procedía cada mensaje, Keefe permitía que el lector siguiera también su acceso a la información. El periodista había podido consultar el escrito judicial y relacionarlo con los testimonios que ya tenía. Cuando una persona le había hablado de una comunicación interna, ahora podía buscar si aparecía entre aquellos materiales. Leerla añadía las palabras registradas y podía confirmar una parte del relato o hacer necesario volver a preguntar por ella.
La publicación puede ampliar el número de personas capaces de encontrar relaciones. Un investigador reconoce una fecha y otro identifica un nombre que falta en la explicación. Estas son posibilidades que abre el acceso, sin asegurar que todas vayan a producirse en cada expediente. La ventaja consiste en que la información puede seguir examinándose fuera del círculo que la había conservado hasta entonces.
En la historia que cuenta Keefe, los documentos de 2019 ayudaron a continuar una investigación ya iniciada. Las palabras habían quedado escritas en otro momento y ahora podían incorporarse a una reconstrucción más amplia del negocio familiar. Al explicar ese paso, el periodista permite reconocer cuánto depende una historia de que sus pruebas lleguen a ser consultables, además de que alguien se haya ocupado de guardarlas.
¿Qué relación existe entre el prestigio y los hechos?
¿Qué cuenta de una persona el nombre que vemos en una sala?
El templo egipcio de Dendur se exhibía en una sala del Metropolitan Museum de Nueva York que llevaba el apellido Sackler. El espacio había abierto en 1978 con la ayuda económica de Arthur, Mortimer y Raymond, los tres hermanos de la familia. Al recorrerlo, los visitantes encontraban el monumento y el nombre de los donantes dentro del mismo lugar.
Keefe utiliza el espacio al comienzo de su reportaje sobre los Sackler, que precedió al libro. La elección permite seguir dos recorridos de la misma fortuna. En el museo se reconoce a quienes han dado una parte de ella. Para conocer cómo se había reunido hace falta salir de la información que ofrece esa contribución y estudiar los negocios de los donantes.
El reconocimiento cumple una función comprensible dentro de una institución que recibe ayuda privada. Una aportación puede permitir construir una sala o sostener un trabajo que antes carecía de recursos suficientes. El nombre señala esa colaboración. Al mismo tiempo, la institución comunica al público qué personas merecen un lugar visible dentro de su historia. La donación y ese reconocimiento pasan a estar relacionados.
Esa relación deja una pregunta sobre lo que el visitante puede conocer a partir de ella. Ver un apellido permite saber que hubo una aportación, siempre que el museo lo explique de ese modo. Todavía quedan fuera el origen de los fondos y las decisiones empresariales anteriores. Para estudiarlos hay que buscar información adicional. La utilidad del regalo describe una consecuencia de dar dinero, mientras su procedencia requiere otro recorrido de comprobación.
La historia del negocio también había cambiado durante los años en que el apellido permanecía en el museo. Arthur murió en 1987 y sus herederos vendieron su parte de Purdue a Mortimer y Raymond. OxyContin se lanzó en 1996, cuando la propiedad ya era distinta. Para seguir la fortuna había que acompañar esos cambios. El nombre de la sala reunía a la familia, mientras los documentos permitían distinguir a las personas y a las empresas que intervenían en cada etapa.
Las fechas evitan atribuir un origen equivocado a una donación. La aportación al templo de Dendur precede al lanzamiento de OxyContin, de manera que ese medicamento todavía no podía producir sus ingresos. Estudiar cómo los negocios posteriores afectaron a la reputación familiar representa otra pregunta. Ambas pertenecen a una historia larga que debe contarse siguiendo el momento en que ocurrió cada cosa.
La institución que recibe una contribución también tiene decisiones propias. Puede estudiar qué condiciones acompaña el regalo, qué reconocimiento se ofrece y cómo se explica al público. Esas tareas se refieren al trabajo del museo. Conocer la responsabilidad de un donante en su empresa exige otras pruebas. Mantener las dos funciones identificadas permite examinar la relación entre ellas sin esperar que una placa resuelva por sí sola la investigación.
El reconocimiento había permanecido durante muchos años. Quienes visitaban la sala en distintas fechas encontraban el mismo nombre, mientras la información pública sobre la familia iba cambiando. Esa permanencia permitía volver a leerlo con preguntas que antes faltaban. El nombre que seguía en la pared recordaba una contribución y empezaba a relacionarse con una historia empresarial que el periodista estaba ayudando a reconstruir.
El templo de Dendur ofrece así un lugar desde el que empezar a conocer a los Sackler. La sala muestra lo que una aportación permitió construir. Keefe continúa desde allí hacia los documentos, las personas y los negocios que permiten entender la fortuna familiar. El lector puede conservar el valor de lo que está viendo y seguir preguntándose qué recorrido llevó el dinero hasta ese lugar.
¿Quién decide lo que acaba significando un nombre?
Un apellido colocado en una sala de museo acompaña la visita de personas que quizá desconocen la procedencia de la aportación. La institución le ofrece un lugar dentro de su propio espacio. Keefe sigue esa presencia pública de los Sackler y permite preguntar qué relación se establece entre dar dinero, recibir reconocimiento y conservarlo con el tiempo.
En TOTEM, Andy Stalman relaciona la marca con la reputación y las promesas que las personas reconocen en ella. Esa mirada ayuda a distinguir el nombre que alguien desea mostrar del significado que otros le atribuyen después de conocer sus actuaciones. La recepción del público puede cambiar aunque las letras de la sala sigan siendo las mismas.
| Qué adquiere significado | El imperio del dolor | TOTEM |
| Nombre visible | Un apellido reconocido por una institución cultural | Una identidad que el público relaciona con experiencias y promesas |
| Acción que lo acompaña | La aportación y las condiciones de reconocimiento | La conducta que sostiene lo que se comunica |
| Participantes | Donante, institución y visitantes | Organización y personas que forman su reputación |
| Cambio posible | Nueva información modifica la recepción del homenaje | Las experiencias pueden conservar o alterar la confianza |
Podemos seguirlo con una biblioteca que estudia una oferta de patrocinio. El donante pagaría una reforma y pide que una sala lleve su nombre. La biblioteca necesita el dinero para realizar las obras y también está decidiendo qué reconocimiento concederá dentro de un espacio común. La cantidad ofrecida y el nombre prometido forman parte de la misma negociación, con consecuencias distintas.
Antes de aceptar, quienes la dirigen pueden aclarar la duración del reconocimiento y quién decidirá su revisión si cambian las circunstancias. Esas condiciones permiten conocer qué se está comprometiendo. El público, por su parte, encontrará la sala una vez terminada y podrá interpretar el nombre como un agradecimiento o como una relación más amplia con la institución.
La lectura desde Stalman permite atender a esa interpretación. Una identidad recibe significado de lo que las personas conocen y experimentan. La investigación de Keefe añade los acuerdos y las decisiones que hicieron posible la presencia del apellido en determinados lugares. Para conocer el reconocimiento concedido hace falta volver a esas condiciones, sin suponer que todas las donaciones fueron iguales.
La biblioteca puede explicar quién aportó el dinero y qué permitió construir. Si después aparece información que obliga a revisar el acuerdo, la discusión necesitará distinguir el uso de la sala del nombre que la acompaña. Las obras podrán seguir disponibles mientras se examina el reconocimiento. Mantener identificadas ambas cosas permitirá hablar con los usuarios sobre lo que recibieron y sobre la decisión que la institución todavía tiene que tomar.
¿Por qué una protesta necesita elegir dónde se hace?
Nan Goldin y el grupo PAIN eligieron el ala Sackler del Metropolitan Museum para una protesta en marzo de 2018. Allí se mostraba el templo de Dendur, junto a una lámina de agua. El apellido de los donantes ya estaba ante los visitantes cuando llegaron los participantes. Su acción se dirigía a un reconocimiento que formaba parte del propio museo.
Los participantes arrojaron al agua frascos preparados con etiquetas que recordaban OxyContin. Al situarlos allí relacionaban el medicamento con el apellido de los donantes. La familia era propietaria de Purdue, la empresa que lo vendía. El público podía conocer la contribución al museo sin haber seguido el negocio farmacéutico, y los frascos introducían esa otra información en el espacio de la sala.
Goldin había relatado su adicción a OxyContin y el tratamiento que recibió. Esa experiencia pertenecía a su vida y necesitaba conservarse como un testimonio personal. Al crear PAIN buscó organizar una respuesta compartida. En su texto de 2018 explicó que dirigiría la campaña hacia la filantropía de la familia, que ella conocía por los museos y las galerías.
La acción aprovechaba una relación que ya existía en el espacio. El apellido identificaba a los donantes y el templo permitía ver lo que su contribución había ayudado a construir. Los manifestantes añadían una información que ese reconocimiento dejaba fuera. Para entender el gesto, el visitante tenía que empezar a relacionar el nombre de la sala con la empresa y con la reclamación que estaba escuchando.
Los frascos preparados para la protesta cumplían una función dentro de esa explicación. Su forma y sus etiquetas remitían al medicamento sin necesitar que cada visitante conociera el historial de Purdue. La acción permitía empezar por un objeto reconocible y continuar hacia las personas que reclamaban atención. Los detalles de la historia empresarial tendrían que desarrollarse después con las fuentes correspondientes.
Los participantes también se tumbaron en el suelo para recordar las muertes. Junto a los frascos aparecían ahora los cuerpos de quienes estaban protestando, y la acción incluía una petición de dinero para financiar tratamiento. Goldin y PAIN llevaban esa demanda a un lugar donde se reconocía la generosidad de la familia. Querían que la conversación sobre las donaciones incluyera también a quienes necesitaban atención por las consecuencias del medicamento.
La elección del museo también dirigía una pregunta a la institución. Aceptar una donación, ofrecer un reconocimiento y conservar un nombre son decisiones en las que interviene el propio museo. Goldin podía reclamar que se revisaran, mientras la institución tendría que responder utilizando sus procedimientos. La existencia de una acción pública y el resultado posterior de esa revisión son momentos distintos.
Mantenerlos separados evita atribuir una decisión compleja a un solo gesto. Una protesta puede atraer atención, unir a quienes comparten una demanda y hacer visible una relación. Saber cuánto influyó en una decisión posterior exige seguir lo que ocurrió entre ambos momentos. Las respuestas institucionales, las conversaciones y otras acciones de la campaña aportan información para estudiar ese recorrido.
Keefe incorpora el activismo de Goldin a una historia en la que el apellido había recibido reconocimiento durante décadas. La escena del Met permite comprender cómo ese mismo lugar podía utilizarse para pedir cuentas. La sala seguía mostrando una aportación cultural, mientras los manifestantes colocaban junto a ella la pregunta por las consecuencias del negocio. El espacio formaba parte de lo que estaban diciendo porque permitía reconocer la relación que deseaban discutir.
¿Qué coste puede tener mantener una objeción?
Una protesta puede pedir a una institución que cambie su relación con alguien que le aporta dinero. Atender esa petición obliga a mirar la conducta cuestionada y también los recursos que podrían dejar de llegar. El recorrido que cuenta Keefe sobre Nan Goldin y los museos permite seguir esa tensión sin dar por hecho que todas las instituciones respondieron de la misma manera.
Richard H. Thaler estudia en Todo lo que he aprendido con la psicología económica decisiones donde el trato recibido por otras personas entra en una elección con dinero. Un experimento que recoge permite observar a participantes que aceptan cobrar menos para favorecer a quien antes había repartido por igual. La preferencia tiene un coste dentro de las opciones preparadas.
| Qué entra en la elección | El imperio del dolor | Psicología económica |
| Beneficio disponible | Una aportación que puede sostener actividades | Una cantidad mayor para quien decide |
| Conducta examinada | Actuaciones vinculadas a quien aporta el dinero | Reparto anterior conocido por el participante |
| Coste de elegir | Recursos que pueden dejar de recibirse | Ingreso al que se renuncia en el experimento |
| Alcance | Cada institución necesita explicar su propia decisión | El resultado describe elecciones bajo condiciones definidas |
La comparación permite hacer visible una dificultad sin equiparar sus daños ni sus escalas. Un experimento económico estudia decisiones limitadas entre participantes. Un museo conserva obligaciones con trabajadores, visitantes y personas afectadas por la relación que mantiene. Conocer que una renuncia cuesta dinero ayuda a describirla, mientras sus razones y consecuencias requieren el examen del caso.
Imaginemos un club deportivo que recibe una oferta para pagar los desplazamientos de sus equipos. Al revisar al patrocinador aparecen actuaciones que parte de los socios cuestiona. Aceptar permitiría realizar los viajes previstos. Rechazar la oferta obligaría a buscar otra ayuda, cobrar una cantidad distinta o reducir el calendario. Esas posibilidades necesitan entrar en la reunión junto a la objeción sobre el patrocinador.
Thaler ayuda a reconocer que la cantidad propia puede convivir con una valoración sobre a quién se beneficia. Keefe permite seguir cómo una discusión pública llega a instituciones que tienen decisiones pendientes sobre el dinero. Ninguna de esas perspectivas resuelve de antemano lo que el club debería hacer, pero ambas evitan describir la elección únicamente por el ingreso disponible.
Para continuar, el club podría presentar el coste de cada alternativa y explicar qué reconocimiento pide el patrocinador. Los socios sabrían qué actividad cambia al escoger y qué relación se hace pública a cambio de la aportación. Si deciden renunciar, todavía tendrán que organizar los viajes que puedan mantener. La objeción habrá adquirido consecuencias en el trabajo y en el presupuesto que deberán preparar después.
¿Cómo seguir buscando cuando alguien rechaza responder?
Patrick Radden Keefe pidió entrevistar a los Sackler mientras investigaba la historia de la familia. Quería poder preguntarles por decisiones de su negocio y conocer sus respuestas. Los integrantes de la familia rechazaron esas entrevistas. Para continuar el trabajo, el periodista necesitaba encontrar otras personas y documentos que le permitieran acercarse a lo ocurrido.
En una entrevista sobre la investigación del libro, Keefe explica que combinó esas conversaciones con la consulta de documentos internos y archivos familiares. Las vías se acompañaban, porque cada una permitía acceder a algo que la otra podía dejar fuera. Una persona podía recordar un episodio del que seguían faltando fechas. Un registro podía conservar una fecha y dejar abierta la pregunta sobre lo que había ocurrido a su alrededor.
Un testimonio ayuda a reconocer cómo se vivió una situación desde un puesto determinado. Quien participó en una reunión puede describir lo que escuchó, mientras otra persona quizá conozca el trabajo que produjo aquella decisión. Esas versiones necesitan conservar su origen. Presentarlas como si cada testigo hubiera conocido todo lo que sucedía dentro de la familia ampliaría su experiencia más allá de lo que puede contar.
Los documentos permiten volver a palabras y fechas que se registraron en su momento. Una carta puede identificar una relación. Un correo puede mostrar una propuesta antes de que se conozca el resultado. Para comprenderlo todavía hay que saber a quién se dirigía, qué conversación continuaba y qué ocurrió después. El papel conserva un rastro, mientras la explicación de ese rastro exige relacionarlo con otros.
Keefe contó en otra conversación sobre su trabajo el hallazgo de una entrevista antigua de Arthur Sackler en un periódico de Tufts. Allí Arthur relataba una historia sobre su padre y el valor que daba al apellido. El periódico se había conservado en microfilme, una película fotográfica en la que se guardaban copias reducidas de las páginas. Recuperar esa copia permitió leer palabras del propio Arthur muchos años después de su muerte, cuando ya era imposible preguntarle por su vida.
La comprobación puede avanzar entre ambas vías. Una persona recuerda que existió una comunicación y permite buscarla. Al encontrarla aparece el nombre de alguien que todavía falta entrevistar. Esas son formas posibles de continuar una investigación como la que describe Keefe. El resultado depende de lo que realmente se encuentre, por lo que cada paso conserva la posibilidad de confirmar, corregir o dejar abierta la información anterior.
Sin la entrevista seguían faltando respuestas que solo la persona interrogada habría podido dar. Un correo podía mostrar una instrucción, pero quizá dejaba fuera por qué su autor la había elegido entre otras opciones. Keefe podía buscar otra carta o el testimonio de alguien con quien hubiera hablado de ello. Si esa búsqueda carecía de resultado, la instrucción seguía documentada y el motivo continuaba sin una explicación suficiente. Contar la acción exigía conservar también esa diferencia.
El paso del tiempo añade dificultades a esa tarea. Algunos testigos pueden haber muerto y otros conservar recuerdos incompletos. Los archivos pueden guardar documentos que todavía resultan inaccesibles. Reconocer esas ausencias ayuda a entender por qué unas partes de una historia quedan mejor documentadas que otras. La explicación puede avanzar con lo encontrado sin presentar la falta de un papel como prueba de que un hecho ocurrió de la manera imaginada.
El trabajo del autor permite comprender cómo una entrevista rechazada cambia las vías de acceso a la información. La investigación continuaba buscando personas y registros que pudieran responder a sus preguntas. Las cartas conservaban palabras de quienes ya habían muerto y los testigos podían ayudar a situar una decisión dentro del trabajo de la empresa. Al relacionar lo que iba encontrando, Keefe podía continuar la historia de una familia que había evitado hablar con él, conservando las dudas donde todavía le faltaban pruebas.



























