Manuela fue una mujer afortunada, pues tuvo una madre que le enseñó los valores de ser mujer, a vivir en un mundo de hombres y a saber defenderse en la vida, pues desde muy pequeña se tuvo que hacer cargo de un cortijo que, por culpa de su padre, estaba casi en la ruina.
Gracias a la ayuda de un buen capataz, como fue José, y con los mejores trabajadores, consiguieron un imperio del que todos disfrutaban porque eran como una familia.





