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El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda

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El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda, de Mark Manson

ÍNDICE

El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda

Un encargo puede salir bien y dejarte pocas ganas de repetirlo. Has cumplido lo prometido, pero para llegar a tiempo has pospuesto un proyecto propio o una conversación importante. La entrega permite valorar el resultado, pero las renuncias obligan a preguntarse si merecía ese esfuerzo.

Mark Manson se ocupa de esa elección en El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda. Su propuesta consiste en decidir qué asuntos merecen atención y qué compromisos justifican aceptar incomodidad o desaprobación. Algunas preocupaciones pierden peso, precisamente, porque otras importan lo suficiente como para seguir atendiendo a ellas.

Esa selección también necesita límites. Un sacrificio puede recaer sobre otra persona, una responsabilidad puede exigir recursos que faltan y un objetivo puede cumplirse sin producir la satisfacción esperada. Examinar esas diferencias ayuda a concretar qué queremos sostener y a qué precio.

Ficha técnica

Libro: El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda
Autor: Mark Manson
Título original: The Subtle Art of Not Giving a F*ck: A Counterintuitive Approach to Living a Good Life.
Área: Valores personales · Prioridades · Responsabilidad · Límites
Tipo de contenido: Preguntas, aprendizajes y ejemplos
Enlace al libro: https://amzn.to/3UXjr1x

Preguntas y aprendizajes de El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda

¿Qué casi todo te importe menos significa desentenderte de los demás?

En una biblioteca, la responsable decide dedicar menos tiempo a comprobar si sus publicaciones reciben tantas reacciones como las de otros centros. Mantiene, en cambio, la atención a los lectores que necesitan ayuda para localizar un libro. Ha reducido una preocupación sin rebajar el cuidado del servicio.

La distinción es central en la propuesta de Manson. Elegir qué merece importancia exige conservar compromisos y aceptar que otras cuestiones queden fuera. La indiferencia hacia todo impediría hacer esa selección.

Aplicado al trabajo, el criterio necesita concretarse. El número de reacciones puede servir para evaluar una publicación, pero no tendría por qué determinar cuánto vale la jornada ni desplazar una obligación con otra persona.

También existe una diferencia entre dejar de perseguir aprobación y desatender una queja. Una reclamación sobre el servicio afecta a una responsabilidad asumida. Una comparación de popularidad puede esperar.

La prioridad se reconoce cuando ambos asuntos compiten por la misma hora. Decidir cuál recibe atención permite comprobar qué se está protegiendo; declarar que todo importa por igual deja esa decisión en manos de lo último que haya reclamado respuesta.

¿Por qué alcanzar una meta puede dejarte menos satisfecho de lo que esperabas?

Una autora recibe los primeros ejemplares de su libro. Lleva meses imaginando ese momento y, cuando llega, siente sobre todo cansancio. La decepción aumenta al interpretar su reacción como una señal de que la publicación ha perdido valor.

Manson cuestiona la obligación de sentirse bien continuamente. Aplicada a un logro, esa expectativa añade otro examen: además de conseguirlo, habría que experimentar exactamente la alegría que se había imaginado.

Una investigación de Iris Mauss y sus colaboradores encontró una paradoja relacionada. En uno de sus experimentos, las participantes inducidas a valorar más la felicidad reaccionaron menos positivamente ante un estímulo agradable. La decepción con sus propios sentimientos ayudaba a explicar el resultado. El estudio examinaba unas condiciones concretas; no demostraba que cualquier búsqueda de bienestar fuera perjudicial.

En el ejemplo de la autora, conviene separar lo ocurrido de la emoción esperada. El libro está publicado y el trabajo previo ha sido exigente. El cansancio puede ocupar ese momento sin borrar el resultado.

La celebración puede llegar después o adoptar una forma más discreta. Exigir entusiasmo al abrir la caja convertiría una emoción en una condición adicional para reconocer el trabajo realizado.

¿Qué problemas aparecen cuando consigues el trabajo que querías?

Una ilustradora independiente consigue suficientes encargos para dejar de preocuparse por la siguiente factura. Poco después necesita ordenar plazos, rechazar solicitudes y reservar tiempo para la administración. La mejora económica ha llegado acompañada de dificultades que antes apenas existían.

El libro plantea que resolver unos problemas puede dar paso a otros. Desde esa perspectiva, importa conocer qué dificultades acompañan a la vida que se desea, en lugar de imaginar una etapa en la que todo resultará fácil.

La ilustradora puede preferir organizar una demanda estable a pasar semanas buscando clientes. Esa preferencia no convierte cada sobrecarga en algo que deba aceptar indefinidamente.

Hace falta distinguir qué pertenece al trabajo elegido y qué procede de su organización. Coordinar entregas forma parte del nuevo volumen; prometer fechas imposibles es una decisión que puede modificarse.

Antes de perseguir un ascenso o ampliar un negocio, conocer una semana normal de quien ya ocupa esa posición aporta información decisiva. Las responsabilidades que aparecen después del logro también forman parte de la elección, aunque apenas se mencionen al presentar la oportunidad.

¿Todo sacrificio profesional merece llamarse compromiso?

Revisar un texto difícil puede exigir concentración y varias sesiones de trabajo. Rehacerlo cada noche porque el encargo cambia sin criterio requiere otro tipo de esfuerzo. La primera dificultad pertenece a la tarea; la segunda procede de cómo se dirige el proyecto.

La pregunta de Manson sobre qué dificultades estamos dispuestos a afrontar necesita esa distinción. Elegir un objetivo puede implicar incomodidad, pero soportarla no demuestra por sí solo que se esté avanzando hacia algo valioso.

Llamar «compromiso» a cualquier sacrificio impide examinar quién lo decide y quién lo soporta. La persona que acepta una fecha imposible quizá no sea quien tendrá que trabajar de madrugada para cumplirla.

La evaluación debería aclarar qué aporta ese esfuerzo, qué alternativas existen y durante cuánto tiempo puede sostenerse. Aprender una técnica requiere práctica; trabajar con instrucciones contradictorias exige aclarar el encargo.

Pedir más resistencia al trabajador deja intacta la decisión que sigue produciendo trabajo innecesario. En ese caso, la mejora depende de modificar las condiciones, no de aumentar la tolerancia a sus consecuencias.

¿Necesitas destacar para que tu trabajo tenga valor?

Manson distingue entre hacer el mejor trabajo posible y exigir que el resultado nos sitúe por encima de los demás. Su crítica al excepcionalismo permite aceptar un alcance limitado sin convertir la mediocridad deliberada en un objetivo.

Un manual para una asociación local puede ayudar a sus miembros durante años y seguir siendo desconocido fuera de ella. Su utilidad depende de lo que permite hacer a esas personas, aunque deba cumplir con rigor aquello que promete.

La diferencia importa al evaluar proyectos especializados. Una obra dirigida a un grupo pequeño necesita comprobar si llega a ese grupo, si se entiende y si cubre sus necesidades. Compararla únicamente con las ventas de un título generalista cambia la pregunta que debía responder.

La viabilidad económica también cuenta. Si los ingresos resultan insuficientes para mantener el proyecto, habrá que revisar el modelo. Esa dificultad no convierte en inútil lo que los lectores sí han recibido.

Un resultado discreto puede contener un trabajo excelente. Para valorarlo hacen falta criterios relacionados con su función, además de una posición en una clasificación.

¿Cuándo una métrica de éxito empieza a alejarte de lo que querías conseguir?

Un boletín especializado nace para ayudar a sus lectores a resolver dudas de su oficio. Cuando su responsable empieza a valorar cada envío únicamente por el número de aperturas, dedica más espacio a asuntos polémicos que despiertan curiosidad, aunque apenas guarden relación con ese propósito.

La cifra mejora mientras el contenido cambia de función.

Manson examina cómo los criterios utilizados para valorar una vida pueden condicionar la satisfacción con sus resultados. Trasladada al trabajo, la pregunta es qué conductas termina favoreciendo la medida elegida.

En este ejemplo, las aperturas ofrecen información útil, pero incompleta. También interesa conocer qué consultas resuelve el boletín, qué contenidos se utilizan después y por qué sus lectores siguen suscritos.

El indicador merece conservarse mientras ayude a evaluar el trabajo. Cuando empieza a premiar decisiones que apartan al boletín de su finalidad, necesita otras señales que completen la comparación.

Cambiar la métrica tampoco debería servir para declarar satisfactorio cualquier resultado. La revisión debe recuperar el propósito inicial y comprobar qué datos permiten saber si se está cumpliendo.

¿Haber trabajado mucho obliga a los demás a reconocerlo?

Una persona dedica meses a preparar una propuesta para un congreso. Cuando no la seleccionan, interpreta que la organización le ha faltado al respeto. El esfuerzo explica su decepción, pero todavía no permite saber si la evaluación fue injusta.

Aquí conviene distinguir el trato que debe mantenerse de la respuesta que se esperaba obtener. Presentarse a una convocatoria exige tiempo; ese tiempo no garantiza una plaza.

La crítica de Manson a la necesidad de sentirse excepcional permite examinar el salto entre valorar el esfuerzo propio y esperar que los demás lo premien de una manera determinada.

Quien presenta la propuesta puede pedir que se respeten las condiciones anunciadas y que se actúe con corrección. La selección depende también del programa, de las otras candidaturas y de los criterios establecidos.

Un incumplimiento del procedimiento merece reclamarse. Un resultado desfavorable dentro de un proceso correcto puede seguir doliendo sin convertirse por ello en una ofensa.

El trabajo realizado forma parte de la trayectoria de quien se presenta. Reconocerlo no obliga al comité a reservarle un lugar ni convierte a los demás aspirantes en responsables de su decepción.

¿Puedes hacerte cargo de un problema que no has causado?

La imprenta retrasa una entrega y una librería se queda sin los ejemplares previstos para una presentación. El librero no ha provocado la demora, pero es quien puede avisar a los asistentes y coordinar con el autor una alternativa.

Manson distingue la culpa por lo ocurrido de la responsabilidad sobre la respuesta posible. Esa separación permite actuar mientras se aclara el origen del problema.

La aplicación debe conservar las obligaciones de todos. Informar al público no exime a la imprenta de explicar qué ha sucedido y proponer cómo corregirá la entrega. El librero tampoco tiene por qué asumir en solitario todas las consecuencias.

La respuesta puede repartirse según la capacidad de cada parte: comunicar el cambio, reorganizar el acto o resolver el envío. Ocuparse de la situación deja así de significar que cualquier fallo ajeno pasa a ser un problema exclusivamente propio.

La presentación necesita una decisión antes de que lleguen los asistentes. La reclamación puede continuar después. Ambas actuaciones responden a responsabilidades diferentes y ninguna anula la otra.

¿Aceptar lo que sientes significa aceptar la situación que lo provoca?

Una persona puede reconocer que está enfadada por un trato injusto y pedir, al mismo tiempo, que ese trato cambie. Admitir la emoción y aprobar la conducta que la ha provocado son decisiones diferentes.

Esta distinción permite leer con cuidado la aceptación del malestar que propone Manson. Reducir el reproche por sentir algo deja abierta la posibilidad de actuar sobre su causa.

Una investigación de Brett Ford y sus colaboradores encontró relaciones favorables entre aceptar pensamientos y emociones y la salud psicológica. Esas asociaciones no se observaron de la misma manera al analizar la aceptación de las situaciones externas. El estudio separaba dos usos de la palabra «aceptar» que los consejos cotidianos pueden mezclar.

En el ámbito profesional, alguien puede admitir su decepción por un cambio de funciones y solicitar una explicación. También puede necesitar apoyo para valorar qué opciones tiene y cómo plantearlas.

La aceptación emocional permite describir la experiencia sin añadir la exigencia de sentirse de otra manera. Convertirla en una obligación de soportar cualquier circunstancia atribuiría a esa idea una consecuencia que la distinción anterior no justifica.

¿Qué puedes empezar antes de sentirte motivado?

El principio de «hacer algo» que plantea Manson propone empezar por una parte abordable de la tarea. La acción puede generar impulso para continuar; esperar a tener ganas convierte la motivación en un requisito que quizá siga aplazándose.

Un traductor puede pasar la mañana esperando encontrar la disposición adecuada para trabajar en un pasaje difícil. Cada vez que abre el documento, vuelve al mismo punto y lo cierra para atender otra cosa.

La tarea inicial tiene que acercarse al encargo. Reorganizar carpetas o instalar una aplicación puede ocupar varias horas sin producir una línea de traducción. Hace falta distinguir, además, la resistencia a empezar de un impedimento real: si faltan instrucciones, habrá que pedirlas; si existe agotamiento, reducir la tarea no sustituye al descanso.

Cuando las condiciones permiten trabajar, el traductor puede redactar una primera versión del párrafo y señalar los términos que debe consultar. Aceptar que esa versión contiene errores evita exigir al primer intento la calidad de la entrega final.

Al regresar al documento, encontrará frases que puede corregir y dudas identificadas. El siguiente paso estará situado dentro del trabajo, aunque la motivación continúe siendo irregular.

¿Ayudar consiste en resolver siempre lo que le corresponde al otro?

Dos profesionales colaboran en un proyecto. Uno termina habitualmente las tareas del otro para evitar retrasos. El resultado llega a tiempo, pero la distribución del trabajo permanece igual porque el incumplimiento queda resuelto antes de hacerse visible.

En sus materiales sobre límites, Manson examina las relaciones organizadas alrededor de alguien que rescata y alguien que espera ser rescatado. Su planteamiento permite distinguir el apoyo de la sustitución habitual de responsabilidades ajenas.

La aplicación requiere contexto. Cubrir una ausencia, acompañar a quien está aprendiendo o ayudar durante una dificultad excepcional puede ser necesario. El problema aparece cuando la ayuda sustituye indefinidamente la responsabilidad acordada.

En este proyecto, conviene aclarar qué parte no se está pudiendo cumplir y por qué. Quizá falte formación o el reparto sea inviable. También puede ocurrir que uno de los colaboradores cuente con que el otro terminará siempre lo pendiente.

La solución puede incluir apoyo y una nueva distribución, pero debe hacer visible el trabajo real. Mientras una persona siga absorbiéndolo en silencio, el calendario mostrará entregas cumplidas y ocultará quién las está sosteniendo.

¿Qué se gana al renunciar a mantener todas las opciones abiertas?

Una diseñadora inicia varios proyectos personales y cambia de uno a otro en cuanto encuentra una posibilidad más atractiva. Cada comienzo conserva el entusiasmo de lo nuevo; ninguno recibe continuidad suficiente para desarrollar una propuesta propia.

Manson relaciona el compromiso con la profundidad. Elegir implica rechazar algunas alternativas, y esa renuncia permite dedicar tiempo a trabajos y relaciones que difícilmente se desarrollan mientras todas las opciones reclaman la misma atención.

La exploración cumple una función: comparar intereses y conocer posibilidades. El compromiso comienza cuando una de ellas recibe recursos que dejan de estar disponibles para las demás.

La diseñadora puede reservar una temporada para desarrollar un proyecto y archivar el resto. Seguirán apareciendo ideas interesantes, pero ya no tendrán que convertirse inmediatamente en nuevas obligaciones.

La diferencia se apreciará en el trabajo acumulado. Las versiones podrán desarrollarse y las decisiones anteriores servirán de base para avanzar. Esa continuidad era precisamente lo que la sucesión de comienzos estaba impidiendo.

¿Qué cambia en tus prioridades cuando recuerdas que tu tiempo es limitado?

Una persona quiere recoger la historia de su familia, pero lleva años posponiendo las conversaciones mientras atiende proyectos con mayor visibilidad profesional. El trabajo familiar carece de un plazo formal y pierde siempre frente a los encargos que sí lo tienen.

En el tramo final del libro, Manson utiliza la mortalidad para examinar las prioridades. La influencia de Ernest Becker sitúa la reflexión en el significado que atribuimos a nuestra vida y en lo que esperamos dejar después de ella. Es una perspectiva filosófica, no una promesa de bienestar.

En este ejemplo, considerar el tiempo limitado permite reconocer que la tarea depende también de otras personas y de la oportunidad de escucharlas. El aplazamiento tiene consecuencias aunque nadie haya fijado una entrega.

La respuesta no requiere abandonar el trabajo ni actuar como si mañana fuera el último día. Puede consistir en reservar una conversación, preparar las preguntas y empezar a conservar los recuerdos.

Esa primera cita ocupa un espacio real en el calendario. El proyecto deja de depender de que, algún día, todas las demás obligaciones estén resueltas.

Ejemplos a partir de El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda

Ejemplo: una presentación se complica porque el ponente se reprocha estar nervioso

Un ponente llega a una presentación con la voz algo temblorosa. Conoce el contenido, pero empieza a vigilar cada pausa. Se pregunta por qué sigue poniéndose nervioso después de tantos años y dedica parte de su atención a comprobar si los demás lo han notado.

La situación reúne dos dificultades: hablar ante el público y juzgarse por la emoción que acompaña a ese trabajo.

Manson denomina «bucle de retroalimentación infernal» a esa segunda capa de malestar: enfadarse por estar enfadado o preocuparse por la propia preocupación. El concepto describe una reacción; no equivale a un diagnóstico.

El ponente puede reconocer que está nervioso y regresar a la explicación que debe desarrollar. Consultar sus notas o hacer una pausa son acciones que cumplen una función. Intentar demostrar que domina cada reacción de su cuerpo añade una exigencia distinta de la presentación.

Después podrá evaluar si las ideas se entendieron y si las preguntas quedaron atendidas. Exigir que todo transcurra sin ninguna señal de nervios convertiría una emoción puntual en otro motivo para descalificar el trabajo.

Ejemplo del libro: Manson quería el escenario, pero no los ensayos

Durante años, Mark Manson se imaginó tocando la guitarra ante un público entusiasmado. El atractivo de aquella imagen continuó incluso después de haber dejado de tocar en serio. Siempre parecía faltar una condición previa: terminar los estudios, ganar dinero o encontrar tiempo.

Al examinar ese deseo, distinguió el resultado que imaginaba del proceso necesario para alcanzarlo. Ensayar, organizar un grupo y buscar actuaciones ocupaban mucho más espacio que el momento de salir al escenario. Según su relato, esa parte apenas le interesaba.

El caso permite estudiar un objetivo a través de las tareas que lo componen. Querer dirigir una revista puede significar disfrutar seleccionando textos y trabajando con autores. También puede consistir, principalmente, en imaginar el reconocimiento asociado al cargo.

La diferencia necesita observarse sin atribuir cualquier obstáculo a una falta de vocación. Una persona puede desear el trabajo y carecer de recursos para hacerlo.

Cuando existe margen para explorar, conocer las tareas menos visibles ayuda a precisar qué se quiere. La elección incluye entonces las correcciones y la coordinación de cada semana, además de la presentación pública del proyecto.

Ejemplo del libro: el éxito de Megadeth se mide con los resultados de Metallica

Tras su salida de Metallica, Dave Mustaine fundó Megadeth y desarrolló una carrera de gran reconocimiento. Manson recupera un testimonio del músico en el que la comparación con su antigua banda seguía pesando en su valoración del éxito, pese a lo que ya había conseguido.

El interés del caso está en la referencia elegida. Si la condición para sentirse satisfecho consiste en superar a una persona o a un grupo concreto, el resultado propio queda subordinado a lo que haga ese rival.

Esta es la lectura que Manson construye a partir de aquel testimonio. No permite describir cómo se siente Mustaine hoy ni reducir toda su trayectoria a una sola motivación.

La aplicación profesional puede verse en quien aumenta sus ventas y continúa considerándolas insuficientes porque otro autor vende más. Cada avance del competidor desplaza de nuevo el punto de llegada.

Compararse puede aportar información sobre el mercado. Convertir la derrota de alguien concreto en un requisito para reconocer el propio trabajo introduce una condición que nunca depende por completo de lo que uno haga.

Ejemplo: una venta pone a prueba la confidencialidad que la empresa promete

Una agencia recibe una propuesta rentable con una condición: mostrar los documentos internos de un cliente anterior. Los conserva como parte de aquel trabajo, pero el cliente pidió que permanecieran reservados.

La agencia puede proteger esa información y arriesgarse a perder el nuevo encargo, o utilizarla para impresionar a quien está a punto de contratarla. Su declaración de confidencialidad adquiere un coste concreto.

La reflexión de Manson sobre los valores invita a observarlos en las decisiones y en las consecuencias que estamos dispuestos a asumir. La cuestión es qué prioridad se conserva cuando otra elección también ofrece algo deseable.

En este supuesto, la empresa podría explicar su método mediante una demostración preparada para la ocasión y presentada como tal. Esa alternativa mantiene la posibilidad de vender sin exponer el material reservado. El posible comprador también puede rechazarla.

Un principio se hace visible cuando modifica las condiciones que estamos dispuestos a aceptar. Mantenerlo puede costar una venta. Afirmar que ese ingreso se recuperará necesariamente convertiría una decisión ética en una garantía comercial sin fundamento.

Ejemplo: una tarde de descanso acaba convertida en una cuenta de tareas pendientes

Una profesional reserva el sábado para descansar. A media tarde empieza a repasar lo que podría haber adelantado y termina abriendo el portátil, pese a que no tiene una entrega urgente. Al revisar sus pendientes, comprueba que los compromisos de la semana están atendidos.

Lo que le incomoda es haber pasado varias horas sin producir nada.

La exploración de los valores que plantea Manson permite examinar el criterio situado detrás de esa reacción. La cantidad de trabajo terminado puede haberse convertido en la única medida de un día bien aprovechado.

La pregunta avanza desde qué siente hasta qué exigencia se está imponiendo. Descansar figuraba en sus planes, pero, al llegar el momento, solo reconoce como legítimo el tiempo que deja una tarea acabada.

Aparece así un problema distinto de la organización de la agenda. Si cada tarde libre necesita justificarse con un resultado, terminar otro encargo solo aplazará el mismo conflicto hasta la siguiente pausa.

Ejemplo: un equipo recibe la orden de asumir responsabilidades, pero carece de recursos

Un departamento tiene más encargos de los que puede atender. Su responsable pide a cada trabajador que organice mejor su tiempo, pero mantiene los plazos y sigue aceptando tareas. El equipo puede decidir el orden de trabajo; la cantidad llega fijada desde arriba.

Manson invita a examinar la capacidad de respuesta ante lo que nos ocurre. Al trasladar esa idea a una organización, hace falta comprobar quién dispone de autoridad para cambiar las condiciones.

En este caso, presentar toda la sobrecarga como una cuestión de actitud oculta una decisión directiva. Los trabajadores pueden señalar prioridades, pero alguien debe resolver qué encargo se aplaza, qué alcance se reduce o qué recursos se incorporan.

La responsabilidad personal resulta útil cuando describe acciones posibles. Pierde precisión si convierte una limitación de capacidad en un defecto del carácter.

La reunión debería terminar aclarando qué puede resolver el equipo y qué decisión corresponde a la dirección. Pedir más implicación sin modificar ninguna condición deja intacto el volumen de trabajo.

Ejemplo: un favor se convierte en una deuda que nadie había aceptado

Un profesional recomienda a una colega para varias colaboraciones. Meses después le pide que prepare gratis una formación y ella responde que no dispone de tiempo. Él recuerda entonces todas las oportunidades que le ha enviado y presenta la negativa como una falta de lealtad.

La colega había recibido ayuda, pero nunca había aceptado ese intercambio. La condición aparece cuando se reclama.

En sus textos sobre límites, Manson examina las relaciones en las que ayudar se convierte en una forma de conseguir aprobación o de exigir una respuesta. Esa observación permite revisar qué esperaba cada persona al ofrecer y recibir el favor.

Agradecer una ayuda no equivale a aceptar cualquier encargo posterior. Cuando se espera una contraprestación concreta, resulta más claro plantearla antes que convertirla después en una prueba de afecto.

La conversación pendiente consiste en aclarar si había un acuerdo o una expectativa unilateral. Recordar repetidamente el favor no puede crear a posteriori una condición que la otra persona nunca pudo valorar.

Ejemplo: ocultar un retraso para evitar una decepción termina dañando la confianza

Un socio sabe que su parte del proyecto no estará lista en la fecha acordada. Durante varios días responde que todo va bien porque quiere evitar una conversación incómoda. El otro continúa organizando la entrega hasta que apenas queda margen para cambiarla.

El retraso y la ocultación producen consecuencias distintas. El primero afecta al calendario; la segunda ha impedido que la otra persona actúe con información suficiente.

En sus materiales sobre relaciones, Manson defiende que la honestidad puede ser más importante que mantener una sensación agradable en cada conversación. Aplicada al trabajo, esa prioridad exige comunicar una dificultad mientras todavía sea posible organizarse alrededor de ella.

La explicación necesita contenido: qué parte está terminada, qué falta y qué plazo resulta viable. Decirlo con dureza o utilizar «yo soy así» para desentenderse del efecto no mejora la comunicación.

Avisar a tiempo puede provocar decepción. También permite redistribuir tareas o ajustar la entrega. Ocultar la información conserva durante unos días una tranquilidad basada en un calendario que uno de los socios ya sabe que no cumplirá.

Ramon Calatayud
Autor:
-Consultor editorial-

Escritor de novelas y profesional del mundo editorial desde hace más de 15 años. En este sector ayuda profesionalmente a escritores y guionistas de todo el mundo además de ayudar a diseñar estrategias de ventas.

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