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Hay que saber cuando se es conquistado

Hay que saber cuando se es conquistado

El otro día volví a ver Gladiator, posiblemente la mejor película de Russell Crowe, una película que a pesar del paso de los años, sigue enganchándome igual que la primera vez que la vi. No sé que tiene, pero desde el comienzo, la batalla en Germanía, te metes en la piel de un general romano con ganas de venganza tras la degradación, el asesinato del emperador Marco Aurelio y su familia a manos de Cómodo, quién será Emperador hasta su triste final en la arena del Coliseo romano.

He decidido hacer varias reseñas sobre la película de Gladiator, enfocarla desde distintos puntos de vista. Hoy, quiero centrarme en una conversación que se produce entre Máximo y Quinto mientras esperan una respuesta de los bárbaros:

Máximo: –Nervio y ansia, ¿aún nada?

Quinto: –Ni un indicio.

Máximo: –¿Cuánto hace que salió?

Quinto: –Unas dos horas. ¿Querrán luchar?

Máximo: –Eso pronto lo sabremos.

Máximo: –Han dicho que no.

Quinto: –Hay que saber cuando se es conquistado.

Máximo: –¿Tú lo sabrías? ¿Y yo?

En esta corta conversación se distingue quién es el líder y quién es el subordinado. Máximo, el líder, busca datos, hechos para evaluar la situación y tomar decisiones. Quinto, el subordinado, busca calma sus nervios, habla desde un punto de vista emocional, visceral, no quiere dejarse arrastrar por la tensión del momento.

No es que Máximo no tenga miedo, no desprecia al rival, sabe que si muestra algún indicio de duda, la línea puede romperse, generarse incertidumbre entre las filas y abrir una brecha, un hueco por donde ser atacado y sufrir más daño del inicialmente pensado.

La batalla de Germanía es un claro ejemplo de lucha entre multinacional y startup. Aparentemente, el pequeño no puede hacer nada contra el grande, los recursos y efectivos que muestran las legiones romanas permite cierto margen de error. Sin embargo, tal y como se pudo comprobar ayer en el partido de futbol entre el Real Madrid y el Leganés, basta con que el pequeño infunda una pequeña duda en el equipo rival, unido a una pasión descontrolada capaz de mantener las piernas débiles y cansadas en pie, para que la proeza se produzca.

En la empresa, como en el deporte, el éxito o el fracaso se mide por la actitud con la que nos enfrentamos a los retos. Una multinacional sin liderazgo, sin visión, es un elefante herido apartado de la manada que pide a gritos que lo maten. Evidentemente no podrás matarlo rápidamente, primero tienes que cansarlo, agotar al rival física y psíquicamente, hacerle ir donde le cueste llegar, no plantándole un ataque directo. Atacar a un rival más fuerte y con más experiencia directamente es la técnica del tonto motivado que se cree que lo aprendido en las escuelas de negocios es lo que luego sucede en la vida real.

La película Gladiator comienza como se inicia una dura negociación, un problema que debe ser resuelto con el menor número posible de bajas, asestar el golpe definitivo y volver a casa después de una larga campaña lejos del hogar. Máximo lo sabe, sus tropas están sobradamente preparadas para el último combate, igual que sabe que el más mínimo gesto de duda, incertidumbre o miedo puede estropear la estrategia y dar una posibilidad al equipo rival.

Los bárbaros, el equipo rival, lanzan un último ataque a la desesperada, no es que crean que es la mejor decisión, es que no les queda otra, eso o rendirse, inclinarse ante el poder de Roma. Enfrentarse a un rival desesperado, moribundo, que no tiene nada que perder, es el rival más peligroso de todos, estará dispuesto a realizar cualquier acción para sobrevivir un día más.

Máximo: –Hay que saber cuando se es conquistado.

Quinto: –¿Tú lo sabrías? ¿Y yo?

Con unas sencillas preguntas, Máximo le recuerda a Quinto que no dé nada por ganado hasta que termine la batalla, algo similar a lo vivido ayer por la afición del Real Madrid, creyeron que por ganar con solvencia el último partido, este sería igual, que los errores no corregidos desaparecerían sin tomar medidas, sin corregir errores, gran decisión para iniciar un camino hacia el fracaso. Solo el perdedor piensa que ha ganado antes de empezar la partida, el buen jugador prefiere centrarse en cómo romper la línea rival para generar el mayor daño en el menor tiempo posible.

No prepares una estrategia pensando en el rival, prepárala atendiendo a tus recursos, fortalezas y debilidades. Si eres pequeño, haz creer que eres grandes. Si estás lejos, haz creer que estas cerca. Si estás en banca rota, finge que te va bien. La vida, la empresa, el juego o el ligoteo es cuestión de actitud, cómo te ven los demás.

Sobre Ramón Calatayud

Soy Ramón Calatayud, consultor del sector editorial y ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Escribo novelas, reseñas literarias, reviso historias, diseño personajes, emito informes de lectura y redacto artículos para blog

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