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Capítulo 3.- Crisis de Reputación: Inspector San Cristóbal

Crisis de Reputación: Inspector San Cristóbal

El Barón no es un tipo de largas conversaciones, la duración de las mismas dependen de sus intereses personales y del whisky sobrante en la copa. Jamás pide una segunda ronda, es un maniático del control y nunca deja nada al azar. Él decide el lugar y los temas a tratar, el resto es perder el tiempo, ¿quieres respuestas? Aprieta el culo, tira de contactos o chantajea a quien puedas. Es un tipo exigente, narcisista y ególatra. No existe el tiempo, existe su tiempo. Tú no eres nada a su lado, él es el mismísimo rey sol que se digna a dirigirte la palabra.

La vida real no es como la cuentan los libros de autoayuda, es una selva donde sobrevive y asciende socialmente quien logra imponer respeto. El Barón trabaja donde la legalidad es una fina línea que fácilmente se borra o se dibuja según los “intereses” del momento. El banquero siempre se presenta como “el banco”, no como Barón, pertenece a un entramado secreto que funciona como una secta a la que sus miembros les une un fin común: acumular dinero y poder para decidir quién gana y pierde, vida o muerte, fortuna o desgracia.

Intuye que que me vuelvo a acercar a las cloacas del Estado con un objetivo que no llega a alcanzar, le inquieta no poder atarme en corto, decidir qué puedo y qué no puedo hacer. Lo siento por él, no soy de su propiedad, un chochito que se contenta con regalos caros. Este nuevo servicio es una prueba de fuego, quiere probar mi lealtad. No me ha dado a elegir, tengo que recuperar los doce millones pendientes y bloquear la amenaza que sobrevuela a Diego de la Vega, un tipo desconocido del que apenas existe información en internet.

Espero que la reunión, con el inspector San Cristóbal, en el Nikki Beach aflore alguna pista. El sol ha caído y la pista central, la zona de la piscina, está muy concurrida, un tipo que hace flyboard desvía todas las miradas al cielo. Las reuniones con el inspector siempre son en un lugar público con mucha afluencia de gente para pasar desapercibidos, esperamos el momento oportuno para intercambiar unas cuantas palabras sin que ningún chivato escuche más de la cuenta. Para comunicarnos utilizamos dos cuentas falsas de Twitter. Sonia y Selena son nuestros nombres en la red social, un homenaje a los buenos veranos cuando trabajaba en el cuerpo y todo el equipo se reunía para bailar al son de “Yo quiero bailar” en mitad de la pista.

Quizás no se lo crean, cuento con más de 43.000 seguidores que piensan que Selena es una chica a la que le encanta ir de fiesta. Alguna vez, mientras espero el contacto, me divierto desesperando a los hombres que me buscan por el lugar. Esta vez, el mensaje decía: “¿Quién se apunta a ir de fiesta esta noche al Nikky Beach?”. De los quinientos mensajes recibidos, y a los que no tengo más remedio que dar juego para mantener la tapadera, solo uno me interesa: “Una fiesta sin mi amiga Selena, nunca es una fiesta. Nos vemos allí a partir de las diez“.

Desconozco a qué hora se producirá el encuentro, ambos estamos muy atentos a la conversación que se está produciendo a raíz de mi tweet. El perfil de Sonia está inactivo, no sabré nada del inspector hasta que asegure la zona. Quien convoca la reunión debe quedarse quieto, esperar a que el otro estudie y asegure el terreno.

–Disculpe, ¿puedo acompañarle?

Me giro para saber quién reclama mi atención. Se trata de una joven rubia, de ojos azules, vestida con short, top blanco y sandalias de tacón. Sus curvas son perfectas, goza de la belleza y pasión de la juventud, su piel tensa y morena incita a no despegar la mirada de su cuerpo. No rechazo la compañía, soy un caballero y la invito a un San Francisco. Hablamos de banalidades, ambos sabemos qué desea la otra parte, preferimos jugar, otorgar cierto realismo a la situación para aumentar la tensión sexual. Su voz es un lindo caramelo, no me importaría pasar la noche hablando si no tuviera un caché desorbitado. Soy muy exigente con las mujeres, llámenme superficial, no me importa. Si puedo elegir, ¿por qué no quedarme con la mujer más bella de la fiesta? No entiendo a los payasos que piensan que la belleza está en el interior, eso se llama conformismo, derrotismo y baja autoestima.

–¿Te apetece ir a un lugar más tranquilo? Tengo una villa.

Abandono mi copa, nos cogemos de la mano y la sigo como un buen corderito hacia el matadero. Siento curiosidad por saber su nombre, sé que será falso, pero me ayudará a recordar este momento para futuras pajas. Dejamos atrás el ruido de la fiesta para envolvernos en el silencio de la noche. Caminamos juntos sin decirnos nada, nuestros cuerpos se comunican por sí solos. Le hecho el brazo por encima, ella me responde con un fuerte abrazo. La fiesta se pone caliente, Marbella quiere regalarme un buen sabor de boca antes de marchar a Jaén. No sé cuando volveré, cada encargo es un misterio en el tiempo.

Mi acompañante se detiene delante de la villa siete. Coquetamente abre el pequeño bolso donde apenas cabe un móvil, una cartera, algunas pinturas y una llave magnética para abrir la puerta.

–Me gusta este nuevo truco –le digo al inspector sin sorpresa tras entrar a la villa y reconocer su silueta sentada en el sofá–. ¿Compañera o colaboradora esporádica? –San Cristóbal se levanta para estrecharme la mano.

–Se llama Isabel, quiere participar en operaciones encubiertas.

–El inspector dice que usted será mi evaluador. ¿Qué tal me ha visto?

–¿Estabas dispuesta a acostarte conmigo para proteger tu tapadera? –Isabel tarda en responder–. Mejor que te especialices en otro campo.

–Isabel, déjanos solos.

La chica, con rostro triste, obedece a su superior, se acomoda en la hamaca del porche a observar las estrellas. No entiendo por qué quiere ser como nosotros, su belleza le permite tener la vida resulta sin necesidad de madrugar. Para una mujer, las operaciones encubiertas exigen escenas de cama y orgasmos fingidos para acercarse lo suficiente al activo para ganarse su confianza.

–¿Te la hubieras tirado?

–Sería gilipollas si rechazara una invitación como esa.

–Es una pena que no haya pasado tu examen, tenía muchas esperanzas puestas en ella. Bien, qué tienes.

–Espera –saco el móvil para darle un poco de vida a la conversación en Twitter–. No puedo abandonar a mis fans. –El inspector ríe la broma.

–Te gusta joder a esos tíos.

–Es un entretenimiento para matar las horas muertas.

–No me hagas perder el tiempo, la villa es un favor del que no puedo abusar.

–¿Desde cuándo te preocupan las facturas?

–No me preocupan las facturas, me preocupa el tipo que te sigue.

–¿Quién es?

–Aún no lo sé. Puedo quitártelo de encima 48 horas. Luego, estarás solo.

–Por ahora no es un problema, pon a tu chica a seguirle, comprobemos si tiene madera de sabueso, a ver que encuentra. Respecto a ti, necesito que averigües todo lo que puedas sobre Diego de la Vega, el hijo del ex-ministro Pedro de la Vega, es el encargo del Barón para vengarse por mi desliz en la fiesta de anoche.

–El equipo me ha pedido que te dé las gracias por el chivatazo, necesitábamos buena publicidad para que el presupuesto del año que viene no se vea nuevamente reducido. Madrid está cada vez más politizada, cuesta distinguir qué está bien y qué está mal. Crecen los puestos de mandos especializados sustituidos por inexpertos con buenos lazos con los partidos políticos. Ya no sabes de quien fiarte, tenemos micrófonos por todas partes. Si no se jode la operación durante la ejecución, se produce un error procesal que anula el procedimiento. Nos pasamos el día rellenando papeles para justificar el derroche en personal administrativo sin experiencia, apenas nos queda tiempo para el trabajo de campo. Saben como joder bien la autoestima de uno para hacer abandonar una investigación.

–Por eso decidí ir por mi cuenta.

–Ten cuidado con lo que haces, alguien de dentro pregunta por tus trabajos.

–¿Le conoces?

–Conozco a la marioneta, no a quién se esconde detrás. Tenemos el culo a salvo, siempre y cuando a la vicepresidente no le dé por hacer cambios en el organigrama del CNI, cada vez contamos con menos aliados dentro de la casa de campo.

–Se hace tarde. Averigua todo lo que puedas de Diego y Pedro de la Vega.

–¿Qué necesitas?

–Alguien le chantajea con algún asunto turbio del pasado.

–¿Sabes de que se trata?

–No hay informe previo, puede que quiera estudiarlo para invertir en él. Me preocupa tanto interés por parte de un banquero hacia un aspirante desconocido a político mediático.

–También se presenta a las primarias el actual secretario general, ¿cómo pretende ganar un desconocido a alguien que dice contar con el apoyo de las bases?

–Haré ruido para que el inútil se delate en materias importantes. La prensa se nutre de gilipolleces, hace grande cualquier noticia absurda. Provocaré situaciones controladas que le aporten protagonismo a mi cliente y dejen en mal lugar al secretario.

–¿Quieres ayudarle a ganar? ¿El encargo no consiste en neutralizar el chantaje?

–Diego de la Vega es un simple peón. Quiero descubrir las verdaderas intenciones del Barón, algo que nunca conseguiré si pierdo su confianza. –Miro la hora en mi Mónaco Steve McQueen, regalo de un jeque por un trabajo realizado en la ciudad que da nombre al reloj–. Se hace tarde, es mejor que te marches.

Capítulo 4.- Crisis de Reputación: Pedro de la Vega

(Próximamente… abril 2018)

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Sobre Ramón Calatayud

Soy Ramón Calatayud, consultor del sector editorial y ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Escribo novelas, reseñas literarias, reviso historias, diseño personajes, emito informes de lectura y redacto artículos para blog

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