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¿Es mejor la educación pública que la privada?

¿Es mejor la educación pública que la privada?

¿Es mejor la educación pública que la privada? Dejemos que decidan los padres, no los políticos. Estoy cansado de encender la televisión y escuchar al político de turno hablar sobre educación. Todos parecen preocuparse por ella, más nunca hacen nada porque es un problema demasiado complejo que no se arregla en una mesa de negociación, ni en los platos de televisión, ni visitando un par de colegios.

La educación de un país representa su presente y su futuro, forja la actitud de las nuevas generaciones que tendrán que sustituir a nuestros mayores.

Habitualmente se escucha que hay que primar la calidad frente a la calidad, más bien se sabe que luego se hace lo contrario. En la educación solo importan los números para fardar delante de las cámaras, el mayor número de aprobados y las caras sonrientes de los niños en las puertas del colegio. Que los niños no aprendan nada, que los profesores hayan perdido su autoridad o que los padres impongan la ley a la escuela de que mi hijo no puede suspender porque eso le puede crear un trauma, no importa.

Cada inicio de un nuevo curso escolar ya no se prepara viendo que material y contenido se puede aprovechar, se estudia cuantas  ordenes de alejamiento, divorcios y custodias compartidas hay que recordar por parte del profesorado para no verse envuelto en un error que puede acabar tomando declaración delante del juez.

Este es el sistema educativo que tenemos. Le guste a quien le guste, es lo que hay, abramos de una vez los ojos. Seguimos discutiendo si es mejor lo público o lo privado, sin entrar a resolver el problema. Ahora el foco se centra en los colegios concertados, esos mismos que la izquierda más rancia quiere eliminar porque no se atreve a decir en público que su coste, su mantenimiento es mucho más barato que un colegio público, eso no es políticamente correcto de cara a sus votantes.

Tampoco se pueden refundar varios colegios públicos en uno solo porque eso no es política de izquierdas, hay que mantener viejos edificios con cinco alumnos por clase por pura propaganda política.

En un mundo donde cada vez los recursos son más escasos, no se puede jugar con el futuro de un país. Sin educación, la cultura y la historia muere, dejamos de recordar quienes somos, de donde venimos y comienza las manipulaciones vergonzosas que hemos tenido que aguantar cada minuto de nuestro tiempo durante el pasado mes de octubre.

Por ello, animo a que se imponga lo antes posible el cheque escolar, tal y como sucede en los países nórdicos, no como presumen algunos sin tener ni idea de como funciona. Un cheque escolar para que los padres decidan donde quieren que sus hijos aprenden sin mirar si el centro es público o privado, un cheque escolar donde el centro educativo pueda decidir que alumnos puedan entrar a forma parte de sus aulas.

Puede que si implantamos el cheque escolar nos llevemos más de una sorpresa, que lo público o lo privado no guste tanto, que la educación no sea de izquierdas, ni de derechas, sino del conocimiento práctico.

El cheque escolar es el remedio para decirle al padre que no quiere que su hijo sufra con un suspenso, que lo mejor es que se busque otro colegio. El cheque escolar es el remedio para que el niño terrorista deje de joder a una clase entera porque la Administración quiere mirar para otro lado. El cheque escolar es el mejor modo de implantar esos nuevos modelos educativos que tanto demandan la sociedad pero que son imposibles de llevarlos a cabo con tanto funcionario sin conocimiento al que mantener. Un profesor no es un rellenador de papeles profesional.

Si no tomamos medidas pronto, alejamos el debate de la educación de los platos de televisión y lo convertimos en un pacto de Estado, estaremos fabricando en las escuelas mano de obra no cualifica con muchos problemas para encontrar un empleo digno, y ya sabemos a lo que lleva eso, a los populismos y a los nacionalismos que tanto les gusta a algunos.

Dejemos que decidan los padres, no los políticos

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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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