Inicio » Novelas » Crisis de Reputación » Capítulo 3.- Crisis de Reputación: El inspector

Capítulo 3.- Crisis de Reputación: El inspector

Crisis de Reputación: El inspector

El Barón no es un tipo de largas conversaciones, la duración de las mismas dependen de sus intereses personales y del whisky sobrante en la copa. Nunca pide una segunda ronda, es un maniático del control, nunca deja nada al azar. Él decide el lugar y los temas a tratar, el resto es perder el tiempo. No le importa si no te has terminado la copa y si tienes preguntas que resolver, si quieres respuestas, aprieta el culo, tira de contactos o chantajea a quien puedas.

La vida real no es como la cuentan los libros de autoayuda, es una selva donde sobrevive y asciende socialmente quien sabe imponer respeto. El Barón Jásper trabaja donde la legalidad es una fina línea que fácilmente se borra o se dibuja según los “intereses” del momento. El banquero siempre se presenta como “el banco”, nunca como Barón, pertenece a un entramado que funciona como una secta a la que sus miembros les une un fin común: acumular más dinero y poder para decidir quién gana y quién pierde, la vida o la muerta, la fortuna o la desgracia.

El Barón fue mi primer cliente en las sombras. No puedo afirmar si fue casualidad o causalidad el servicio que unió nuestros caminos: arruinar el pequeño imperio del nuevo marido de su ex-mujer. Si no estas conmigo, estas contra mí, es su lema más repetido. Ningún vendedor de carne iba a mancillar uno de sus trofeos más preciados, un trofeo que no puede acariciar, pero sí debe mantener como parte del acuerdo alcanzado para que ella firmara el divorcio y él pudiera casarse con una bella mujer tailandesa de veinticinco años.

Su ex-mujer es su talón de Aquiles. No es que lo diga él, he mantenido numerosa reuniones y algo tiene ella que le hace vulnerable. Si conocieras al Barón, como le conozco yo, tampoco entenderías por qué la mantiene con vida, es difícil de entender para alguien que la denomina técnicamente como un pasivo de un millón de euros anuales.

El Barón no tiene hijos, los considera un gasto, una pérdida de tiempo, una distracción y una debilidad para ascender a la cumbre del poder. Si alguna de pareja le comenta el tema de tener hijos, le regala un perro que desaparece tan rápido como se cansa de la amante. Es un tipo excesivamente exigente, narcisista y ególatra. No existe el tiempo, existe su tiempo. Tú no eres nada a su lado, él es el mismísimo rey sol que se digna a dirigirte la palabra. Si no pagara tan bien, hace tiempo que hubiera buscado un enemigo que pagara por quitarlo de en medio. No me confundan, no soy un asesino, soy un especialista en diseñar cortinas de humo para llevar a cualquier persona a la desesperación más profunda. Y si algo se me da bien, nunca lo hago gratis.

Intuye que tramo algo, que me vuelvo a acercar a las cloacas del Estado con un objetivo que no llega a alcanzar. Eso le desespera y le inquieta, no poder atarme en corto, decidir qué puedo y qué no puedo hacer. Lo siento por él, pero no soy de su propiedad. Este nuevo servicio es una prueba de fuego, quiere comprobar mi lealtad a su persona, no al banco, al banco no le importa quince millones de euros, él puede reponerlos con una llamada.

Realmente no me ha dado a elegir, tengo que recuperar los doce millones pendientes y bloquear la amenaza que sobrevuela a Diego de la Vega, un tipo desconocido del que apenas existe información en la red. Espero que la reunión con el inspector en el Nikki Beach aflore alguna pista. El sol ha caído y la pista central, la zona de la piscina, está muy concurrida, un tipo haciendo flyboard centra todas las miradas al cielo, por lo que es fácil pasar desapercibido sin llamar la atención.

A diferencia de las reuniones mantenidas con el Barón, las reuniones secretas con el inspector siempre son en un lugar público con mucha afluencia de gente para pasar desapercibidos, esperamos el momento oportuno para intercambiar unas cuantas palabras sin que ningún chivato escuche más de la cuenta. Para comunicarnos utilizamos dos cuentas falsas de Twitter. Sonia y Selena son nuestros nombres en la red social, un homenaje a los buenos veranos cuando trabajaba en el cuerpo y todo el equipo se reunía para bailar al son de “Yo quiero bailar” en mitad de la pista.

Quizás no se lo crean, pero cuento con más de 43.000 seguidores que piensan que Selena es una chica a la que le encanta ir de fiesta. Alguna vez, mientras espero el contacto, me divierto desesperando a los hombres que me buscan por el lugar, un juego en el que yo mismo participo para enviar notas al inspector sin que el mensajero entienda qué sucede. Esta vez, el mensaje decía: “¿Quién se apunta a ir de fiesta esta noche al Nikky Beach?”. De los quinientos mensajes recibidos, y a los que no tengo más remedio que dar juego para mantener la tapadera, solo uno me interesa: “Una fiesta sin mi amiga Selena, nunca es una fiesta. Nos vemos allí a partir de las diez”.

Es sorprendente lo ingenuas que son las personas en la red, nunca nadie se ha parado a preguntar si la única foto que aparece en el perfil principal es falsa o verdadera. Si algún seguidor me solicita que suba una foto nueva, le contesto con la imagen de una copa que robo de alguna mujer en Facebook para decirle donde estoy si quiere conocerme. De ese modo, corto cualquier intento de invasión de mi intimidad, no soy una chica fácil.

Desconozco a qué hora se producirá el encuentro, ambos estamos muy atentos a la conversación que se está produciendo a raíz de mi tweet. El perfil de Sonia está inactivo, no sabré nada del inspector hasta que asegure la zona. Quien convoca la reunión debe quedarse quieto, esperar a que el otro estudie el terreno y confirme el lugar.

–Disculpe, ¿puedo acompañarle?

Me giro para saber quién reclama mi atención. Se trata de una joven rubia, de ojos azules, vestida con short, top blanco y sandalias de tacón. Sus curvas son perfectas, goza de la belleza y la pasión de la juventud, su piel tensa y morena incita a no despegar la mirada de su cuerpo. No rechazo la compañía, soy un caballero y la invito a un San Francisco. Hablamos de banalidades, ambos sabemos qué desea la otra parte, aún así, preferimos jugar, otorgar cierto realismo a la situación para aumentar la tensión sexual. Su voz es un lindo caramelo, no me importaría pasar la noche hablando con ella si no tuviera un caché desorbitado. Soy muy exigente con las mujeres, llámenme superficial, no me importa. Si puedo elegir, ¿por qué no quedarme con la mujer más bella de la fiesta? No entiendo a los payasos que piensan que la belleza está en el interior, eso se llama conformismo, derrotismo y baja autoestima.

–¿Te apetece ir a un lugar más tranquilo? Tengo una villa para conocernos mejor.

Abandono mi copa, nos cogemos de la cama y la sigo como un buen corderito hacia el matadero. Siento curiosidad por saber su nombre, sé que será falso, pero me ayudará a recordar este momento para futuras pajas.

No tardamos en dejar atrás el ruido de la fiesta para envolvernos en el silencio de la noche. Caminamos juntos sin decirnos nada, dejamos que nuestros cuerpos se comuniquen por sí solos. Le hecho el brazo por encima, ella me responde con un fuerte abrazo. La fiesta se pone caliente, Marbella quiere regalarme un buen sabor de boca antes de marchar a Jaén. No sé cuando volveré, cada encargo es un misterio en el tiempo. Si esta es mi última noche de fiesta, quiero disfrutarla, quiero sentir encima de mí el cuerpo de una bella mujer, quiero saber que se siente al dar rienda suelta al lado más salvaje y primitivo del ser humano.

Mi acompañante se detiene en la villa siete. Coquetamente abre el pequeño bolso donde apenas cabe un móvil, una cartera, algunas pinturas y una llave magnética para abrir la puerta.

–Me gusta este nuevo truco –le digo al inspector sin sorpresa tras entrar a la villa y reconocer su silueta sentada en el sofá–. ¿Compañera o colaboradora esporádica? –El inspector se levanta para estrecharme la mano.

–Se llama Isabel, quiere participar en operaciones encubiertas.

–El inspector dice que usted será mi evaluador. ¿Qué tal me ha visto?

–¿Estabas dispuesta a acostarte conmigo para proteger tu tapadera? –Isabel tarda en responder–. Mejor que te especialices en otro campo.

–Isabel, déjanos solos.

La chica, con rostro triste, obedece a su superior, va a acomodarse en la hamaca del porche a observar las estrellas. Ambos esperamos en silencio, mirándole el culo, a que la puerta de la terraza se cierre. No entiendo por qué quiere ser como nosotros, si ella lo desea, puede tener la vida resulta sin necesidad de madrugar. Me genera respeto saber que existen mujeres que quieren tirarse al barro para proteger a su país, pero odio comprobar como una y otra vez no están dispuestas a hacer lo que sea necesario para cumplir la misión, para las mujeres bellas las operaciones encubiertas exigen muchas escenas de cama y orgasmos fingidos para acercarse lo suficiente al activo y ganarse su confianza.

–¿Te la hubieras tirado?

–Sería gilipollas si rechazara una invitación como esa.

–Es una pena que no haya pasado tu examen, tenía muchas esperanzas puestas en ella. Bien, qué tienes.

–Espera –saco el móvil para darle un poco de vida a la conversación en Twitter–. No puedo abandonar a mis fans. –El inspector ríe la broma.

–En el fondo te gusta joder a esos chicos.

–Es un entretenimiento para matar las horas muertas.

–No me hagas perder más tiempo, esta villa es un favor del que no puedo abusar.

–¿Desde cuándo te preocupan las facturas?

–No me preocupan las facturas, me preocupa el tipo que te sigue.

–¿Quién es?

–Aún no lo sé. Puedo quitártelo de encima 48 horas. Luego, estarás solo.

–Déjalo, por ahora no es un problema, pon a tu chica a seguirle, comprobemos si tiene madera de sabueso, a ver que encuentra. Respecto a ti, necesito que averigües todo lo que puedas sobre Diego de la Vega, el hijo del ex-ministro Pedro de la Vega, es el encargo del Barón para vengarse por mi desliz en la fiesta de anoche.

–El equipo me ha pedido que te dé las gracias por el chivatazo, necesitábamos buena publicidad para que el presupuesto del año que viene no se vea nuevamente reducido. Madrid está cada vez más politizada, cuesta distinguir qué está bien y qué está mal. Crecen los puestos de mandos experimentados sustituidos por inexpertos con buenos lazos con los partidos políticos. Ya no sabes de quien fiarte, tenemos micrófonos por todas partes. Si no se jode la operación durante la ejecución, se produce un error procesal que anula el procedimiento. Nos pasamos todo el día rellenando papeles para justificar el derroche en personal administrativo sin experiencia, apenas nos queda tiempo para el trabajo de campo. Saben como joder bien la autoestima de uno para abandonar una investigación.

–Por eso decidí ir por mi cuenta.

–Ten cuidado con lo que haces, alguien de dentro comienza a preguntar más de la cuenta por tus trabajos.

–¿Le conoces?

–Conozco a la marioneta, no al que se esconde detrás de él. Por ahora tenemos el culo a salvo, siempre y cuando a la vicepresidente no le dé por hacer cambios en el organigrama del C.N.I. Contamos con pocos aliados dentro de la casa de campo.

–Se hace tarde. Averigua todo lo que puedas de Diego y Pedro de la Vega.

–¿Qué buscas exactamente?

–Parece ser que alguien le está chantajeando con algún asunto turbio del pasado. Me ha pedido que averigüe quién es y que lo neutralice.

–¿Sabes de que asunto se trata?

–En esta ocasión no ha habido informe previo. Puede que me la quiera jugar o que simplemente quiera estudiarlo para invertir en él. En ambos casos me preocupa tanto interés de un banquero por un aspirante desconocido a político mediático.

–También se presenta a las primarias el actual Secretario General, ¿cómo quiere ganar un desconocido a alguien que cuenta con el apoyo de las bases?

–Haciendo ruido para que el inútil se delate en materias importantes. La prensa se nutre de gilipolleces, hace grande cualquier noticia absurda. Provocaré situaciones controladas que le aporten protagonismo y dejen en mal lugar a su jefe.

–¿Quieres ayudarle a ganar? ¿El encargo no consiste en buscar quien le está chantajeando?

–Diego de la Vega es un simple peón. Hay que descubrir las verdaderas intenciones del Barón, algo que nunca conseguiré si pierdo su confianza. –Miro la hora en mi Mónaco Steve McQueen, regalo de un jeque por un trabajo en la ciudad que da nombre al reloj–. Se hace tarde, es mejor que te marches. Deja que Isabel se quede para darle instrucciones.

Capítulo 4.- Crisis de Reputación: Diego de la Vega

(Próximamente…)

Summary
Capítulo 3.- Crisis de Reputación: El inspector
Article Name
Capítulo 3.- Crisis de Reputación: El inspector
Description
Lucio Vargas es la única esperanza de Diego de la Vega para ser el nuevo Secretario General del partido de la oposición
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

Entradas similares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *