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Capítulo 1.- Crisis de Reputación: Dom Pérignon

Crisis de Reputación: Dom Pérignon

Me gusta salir de fiesta, pero no con los ojos vendados. Ha debido transcurrir más de una hora desde que un tipo con pinta de mafioso me recogiera en el Hotel Puente Romano con un Land Rover negro.

Marbella es una ciudad peculiar, distinta a todas las demás. Presenta una cara pública y otra privada cuyo acceso está restringido a un grupo muy selecto. Las mejores fiestas no se anuncian en los periódicos, ni en las redes sociales, se comunican personalmente con una invitación donde se señala la temática de la misma, pero no el lugar: Roma, Piratas del Caribe, Moulin Rouge, Licencia para matar… “Cada noche un sueño”, es el eslogan de su organizador, Dom Pérignon, un personaje tan anónimo como singular. Todo el mundo dice conocerle, más nadie sabe ponerle cara. La jet set marbellí lo bautizó así el verano pasado por la botella de champagne, valorada en más de tres mil euros, que acompaña a cada invitación.

No me gusta jugar al escondite, pero no me queda más remedio que seguir la corriente para poder reunirme con el gran anfitrión. No viajo en la parte trasera del todoterreno en busca de vicio, viajo por recomendación del Barón Jasper, un banquero suizo afincado en la Costa del Sol desde la época dorada del ladrillo. Me ha contratado para mediar en el acuerdo con el concejal de urbanismo en la recalificación de unos terrenos entre Puerto Banús y San Pedro de Alcántara, una operación valorada en más de tres millones de euros en comisiones ilegales. Mi tarea consiste en cerrar el acuerdo, recoger el dinero y llevarlo a manos del banquero, un favor que debo cumplir para saldar mi deuda con él. Una deuda de la que prefiero no hablar por ahora, nunca se sabe quien puede leer estas líneas. No sería la primera vez que una copa de más y la vanidad me llevase a tener que tirar de viejos contactos en los Cuerpos de Seguridad del Estado para salvar el culo.

Esta vez espero solucionar el problema sin esposas, una hipótesis siempre presente en mi día a día. No me gusta jugar según las reglas establecidas, limitan mucho la obtención de buenos resultados. Si sabes que alguien ha violado a tu hija, no esperas a que la justicia le regale unas vacaciones pagadas, le cortas la poya y le rompes las piernas. Lo siento, no puedo con el buenismo, ni con la imposición de la voluntad de la minoría que tanto predica la clase política actual. Soy una persona pragmática, capaz de hacer culpable a un bebe de diez meses. No me malinterpreten, no crean que siempre he sido así, antes, mi trabajo consistía en velar para que la ley se cumpliera. Un día me cansé, decidí ir por mi cuenta, impartir mi justicia sin miedo ni contemplaciones. Los abogados no tienen cabida en mi mundo, pronto son quitados de en medio, tirados en una cuneta o arrojados dentro de un maletero. Si no tienes los huevos necesarios para apretar el gatillo en la frente de tu pareja, más vale no iniciar este camino. Este trabajo no acepta copiloto ni relaciones personales. Cualquiera que hable más de tres veces conmigo es un debilidad.

Por culpa de una debilidad estoy condenado a no disfrutar de la mejor fiesta de mi vida. Comienzo a escuchar música country fuera del coche, el viejo western es la temática de esta noche. El Land Rover reduce la marcha.

–Hemos llegado. Puede quitarse la capucha.

El mafioso vestido con traje entallado, camisa y corbata negra, se baja del todoterreno para abrirme la puerta. Sus modales son fríos, no intimidatorios, sí correctos y distantes para no generar confianza.

Los cristales tintados apenas me permiten ver el exterior. La apertura de la puerta trasera me hace ver que estoy en el garaje de una villa romana restaurada. No soy agente inmobiliario, me gusta hacer bien mi trabajo, la finca está a nombre de una sociedad con sede fiscal en Las Bahamas, di con ella después de investigar a todas las empresas de eventos de la zona. La mayoría trabajan para jeques, rusos y magnates del lugar, solo una tiene la exclusividad en la zona de Dragon Dron, empresa especializada en la realización de espectáculos de luces y sonido con drones. El ego es la maldición de todos los caciques mundiales, si quieres rastrear su dinero, investiga las fotografías que sus hijos suben a las redes sociales.

Desciendo del coche y centro mi atención en varios deportivos de alta gama: Aston Martin, Bugatti Veyron y Ferrari como piezas destacadas. A excepción de la luz que queda encima de mi cabeza, el resto de luces están apagadas, por lo que no puedo distinguir el tamaño del espacio, ni el número de coches aparcados.

–Sígame, le está esperando.

No rechisto, guardo silencio y le sigo unos pasos más atrás. Recorremos un largo pasillo abierto a ambos lados por arcos de medio punto, donde un gran mosaico, recreando combates de gladiadores, te obliga a agachar la mirada y a chocarte con los camareros y empleados que corren de un lugar a otro para surtir de bebida y comida. No nos cruzamos con ningún invitado, la fiesta se disfruta en el patio central del edificio principal. Si mi intuición no me falla, estoy en el ala oeste, la edificación más pequeña de la finca, conectada con el edificio principal por el mismo pasillo que conecta con el establo, ahora convertido en garaje para guardar otro tipo de caballos.

–Segunda planta.

El mafioso se detiene y me señala la puerta de un armario de madera maciza tallada. No pregunto, tiro de una de las dos anillas de hierro forjado que cuelgan a media altura y se abre ante mi un ascensor. El guardaespaldas no me acompaña, se queda vigilando el puesto. Accedo al interior y subo a una gran biblioteca con dos sofás de cuero y una mesa cuadrada de cristal como elementos perturbadores de la estancia.

Nadie sale a recibirme. El silencio me anima a dar un paseo por las estanterías para examinar algunos ejemplares. Los títulos de coleccionista a la derecha, los actuales a la izquierda. Un ejemplar goza de un lugar privilegiado encima de la mesa con título Vacaciones de Verano cuyo autor es desconocido. Dudo si ojearlo.

–¿Le gusta el título?

La voz desconocida me coge por sorpresa. Dirijo la mirada hacia al ascensor donde un clon de Don Pimpón de Barrio Sésamo, mezclado con el Señor Patata de Toy Story, me mira con cara de pocos amigos.

–Me preguntaba por qué este borrador tiene un lugar tan destacado. ¿De qué trata la obra?

–Es un ejemplar único, no existe otro igual en el mundo, esconde un secreto en su interior. ¿Una copa? –Dom Pérignon se dirige a una mesa baja situada a un lado del sofá, llena dos copas de whisky, me entrega una y bebe un buen lingotazo.

–¿Cómo lo consiguió?

–El autor me debía un favor.

–Antes, mientras le esperaba, también me he fijado en la primera edición de El Conde de Montecristo. Edmundo Dantés es un personaje que me fascina.

–¿Debería preocuparme por el asunto que nos trae?

–Solo soy el mensajero. Si acepta los términos acordados, podemos cerrar el acuerdo.

–¿Trae el contrato?

Abro la cartera, saco el contrato y le entrego una copia. Dom Pérignon se sienta en uno de los sofá a leerlo con calma. Yo me acomodo en el otro. Me distraigo mirando la colección de libros. Cuando termina de leer las cinco páginas, saca una pluma y estampa su firma en cada uno de los folios.

–Trae el dinero –ordena el anfitrión por teléfono. Un guardaespaldas aparece con una caja de puros que coloca encima de la mesa–. Puede contarlo –el botín está compuesto por un buen fajo de billetes de quinientos euros.

–Me fio de usted. Ha sido un placer. –Me levanto para dar por finalizada la reunión. Guardo el contrato firmado y el dinero dentro de la cartera.

–¿No se queda a la fiesta?

–Creo que la fiesta ya ha terminado.

No necesito dar más explicaciones, varios agentes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil irrumpen en la biblioteca sin pedir permiso. El guardaespaldas quiere desenfundar el arma, pero su amo le aconseja no hacerlo.

–Señor Montoya, queda usted detenido.

–¿De qué se me acusa? –exige enojado Dom Pérignon mientras le ponen las esposas–. ¿Es consciente del error que está cometiendo? –Abro la cartera y entrego el contrato firmado al inspector al mando.

–¿Has encontrado lo que venías a buscar? –me pregunta el inspector, ambos actuamos como si el detenido no estuviera en la habitación. Me acerco a la mesa, recojo el manuscrito de Vacaciones de Verano y lo guardo dentro de la cartera.

–¡Deje eso donde estaba! ¡Este tipo es mi socio! ¿Me oyes? ¡Ha participado conmigo en la operación! Oblíguele a abrir la cartera, verás como no le miento, lleva encima el dinero del concejal. –El detenido no esperaba colgar esta noche el cartel de cerrado hasta próximo aviso.

–Que yo sepa, este hombre no se ha llevado nada que perjudique a la investigación.

–¿Y… el… dinero? –dice Dom Pérignon sorprendido.

–¿Qué dinero? Llévense a este tipo abajo con el resto de detenidos.

–¡Maldito hijo de puta! ¡Me la has jugado! ¡Te juro que te mataré! ¡Dile al Barón que los dos sois hombres muertos! –Un guardia civil tira del brazo del detenido para sacarlo de la habitación.

–Espera –el guardia civil se detiene. Me acerco al detenido y le susurro al oído–: Tienes una semana para abonar la totalidad de la deuda, al Barón no le gusta los clientes morosos.

El rostro de Dom Pérignon se transforma, una mueca de pánico sintetiza y expresa las consecuencias por no abonar las deudas en tiempo y forma acordadas. No opone resistencia, agacha la cabeza y asume su nuevo estatus, su vida tiene fecha de caducidad.

Capítulo 2.- Crisis de reputación: Barón Jásper

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Capítulo 1.- Crisis de Reputación: Dom Pérignon
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Capítulo 1.- Crisis de Reputación: Dom Pérignon
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Lucio Vargas es la única esperanza de Diego de la Vega para ser el nuevo Secretario General del partido de la oposición
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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