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Lecciones del Capitán América

Lecciones del Capitán América

¿Qué se puede aprender del Capitán América? El Capitán América es uno de los personajes de Marvel que mayor acogida presenta. Su forma de ser, su integridad choca contra un mundo donde todo tiene un precio. De hecho, él no es de esta época, originariamente nació para enfrentarse a un mal mayor durante la Segunda Guerra Mundial, pero una mala caída lo tuvo durmiendo durante varios años.

Las cosas no han cambiado. Los años pasan, y a excepción de las bombas y ciudades derruidas, los mismos males de la sociedad continúan igual de vivos. Los vicios son los vicios, el dinero y el poder mueven el mundo. En un mundo cada vez más digitalizado, globalizado y automatizado, el Capitán América es el empleado brillante que no se supo adaptar a los nuevos tiempos, pero que nadie se atreve a despedirlo porque su actitud frente a los problemas es respetada por los compañeros.

Las películas del Capitán América otorgan varias lecciones. La primera de ella es la integridad y el valor del esfuerzo. Originariamente, Steve Rogers, era un tipo flacucho incapaz de correr más de cien metros sin sufrir un ataque de asma. Él, a pesar de su debilidad física, quería aportar su granito de arena, luchar contra los nazis, contra aquello que era incorrecto. Se inventó diversas artimañas para alistarse en el ejército, pero siempre era desechado en el chequeo médico por su débil estado de salud. No se rindió, continuó intentándolo hasta que finalmente logró convencer a una persona, alguien que apostara por él. Su integridad y su fuerza de voluntad le consiguieron un puesto de trabajo. Por fin, podía empezar a cumplir su sueño.

Ya en el ejercito, sus debilidades fueron rápidamente palpables, restaba a su pelotón hasta que, en una simulación, estuvo dispuesto a entregar la vida para salvar a los demás, algo parecido a lo sucedido el sábado con el español Ignacio Echeverría. Este gesto le sirvió para participar en un proyecto para crear supersoldados. Una prueba experimental que daría como resultado el nacimiento del Capitán América. Un nuevo Steve Rogers tuneado, fuerte, incansable, capaz de enfrentarse a cualquier adversario y problema. Su fuerza de voluntad ganó la partida a sus debilidades.

El flacucho se hizo hombre y símbolo de un país. En épocas de crisis, la sociedad necesita iconos en los que poder verse reflejada. Alguien que con su actitud y sus acciones, animen al resto a hacer lo mismo. Si todo el mundo roba, o al menos esa es la percepción que se tiene, los robos aumentan. Al igual que sucede en las películas, el mundo actual, especialmente en España, se busca desesperadamente a líderes políticos, económicos, empresariales y sociales en los que poder verse reflejados, un faro que ayude a no perderse entre tanta basura informativa y contenido tóxico.

El Capitán América acepta una misión suicida, mantener su propia integridad contra viento y marea. Posiblemente, la misión más complicada, individualmente hablando, sea mantener la integridad de uno intachable, no dejarse llevar por el trabajo y el dinero fácil, no flaquear cuando apenas quedan fuerzas, no darse por vencido antes de empezar. El Capitán América se focaliza en buscar soluciones, no en saber que piensan los demás de él. En el Resumen Master Class de ayer, Pilar Jericó comentaba que dedicamos más de dos horas y media al día a quejarnos, una actividad que impide el correcto funcionamiento neuronal. Mientras más atención dediques a los problemas, más grandes se van a hacer. Si tomas cada problema como un reto, la posibilidad de crecer, demostrarte a ti mismo que eres capaz, el respeto y la reputación llegará.

El Capitán América, a pesar de ser un tipo que cae bien y que cuenta con muchos conocidos, es un tipo solitario. Vive la llamada soledad del líder. Es en los momentos malos, duros y difíciles casi todos se apartan, se reunifican como un rebaño de ovejas hacia el manto protector de la seguridad sin ser conscientes del daño mortal que eso provoca. La única ley inquebrantable del Capitán América es la integridad, no hay ningún papel, ni texto jurídico, que esté por encima de ella. Las leyes las crean los hombres, y como hombres que son, pueden dictarlas para su propio beneficio y no para un bien común. Así sucede en la segunda entrega “El Capitán América: El soldado de invierno“. Hydra, una organización criminal, se ha infiltrado en S.H.I.E.L.D., se supone que son los buenos. Desde dentro y en las sombras, controlan el mundo para obtener más poder bajo el sello de la libertad.

El mal sabe nacer en silencio, es como un cáncer cuyo origen se mueve sin despertar sospechas en el organismo. Espera a hacerse fuerte, ocupar lugares importantes y estratégicos para mostrar su verdadero rostro. El Capitán América descubre que algo no va bien, algo dentro de la organización está mutando sin apreciar de que se trata. Solicita al consejo directivo tiempo para operar con las nuevas armas y para evaluar qué esta pasando, tiempo que no le conceden, muchos agentes de Hydra pertenecen al mismo. Enfrentarse al poder le lleva a ser señalado, repudiado y condenado sin juicio previo. No opinar lo mismo que la mayoría le lleva a huir, esconderse y buscar pruebas que demuestren que estaba en lo cierto. Su integridad es su único motor, es la única fuente de recursos con la cuenta para sacar la verdad a la luz. Está dispuesto a arriesgar su vida y su reputación para proteger la integridad de una sociedad corrupta. Esta muestra de valor le permite ir reclutando soldados a medida que la mentira se hace evidente. Basta una simple llamada de auxilio para que la sociedad que corrió en busca de protección, dé un paso al frente y se aliste a luchar por aquello que considera lo correcto. Ignacio Echeverría, con su actuación del sábado por la noche, fue nuestro Capitán América. Dio un paso al frente cuando todos los demás corrían en sentido contrario en busca de seguridad. Él, con su monopatín como escudo, le recordó al miedo que no iba a vencer. Su gesta no debe caer en el olvido, debe ser recordada para que cuando vuelva a producirse un atentado, la sociedad tenga el coraje de responder con la contundencia que se merece aquellos que proclaman la política del miedo. Juntos, el miedo no puede vencer. Juntos, somos capaces de alcanzar objetivos imposibles. Juntos, podemos sembrar el miedo dentro del propio miedo. Aprendamos del Capitán América. Aprendamos de Ignacio Echeverría. Cuando los problemas aparecen, no podemos huir, hay que mirarlos de frente y actuar.

¿Qué se puede aprender del Capitán América?

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Ramón Calatayud

Soy Ramón Calatayud, consultor del sector editorial y ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Escribo novelas, reseñas literarias, reviso historias, diseño personajes, emito informes de lectura y redacto artículos para blog

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