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El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

¿Qué se puede aprender de los tres mosqueteros? Los tres mosqueteros es el claro ejemplo de lo qué es un equipo, un conjunto de habilidades muy dispares que, cuando se juntan, son un arma letal, un grupo de élite que no conoce la palabra derrota. Cada uno aporta un elemento indispensable. D´Artagnan, la integridad y el espíritu de superación. Porthos, la fuerza bruta. Aramis, el arte de la seducción y el amor al arte. Athos, la estrategia. Por separado son buenos, juntos, sus habilidades se multiplican. No hay mejor equipo de trabajo que uno pequeño, altamente especializado.

Se dice que la calidad tiene que estar por encima de la cantidad, habilidad indispensable si se quiere apostar por grandes metas. En la guerra, cinco mercenarios de elite son capaces de enfrentarte a cientos de personas sin sufrir un solo rasguño. El panorama empresarial se puede dividir en dos grandes grupos:

  • Empresas que invierten en talento: Las empresas que invierten en talento, son empresas que invierten a medio-largo plazo. Son empresas que ganan poco dinero a corto plazo, pero mucho a medio-largo plazo. Son empresas que no se caracterizan por realizar procesos de selección continuamente, ni tienen grandes plantillas de trabajo. Son empresas con profesionales altamente especializados que continuamente se están reciclando. Son empresas cuyos jefes no tienen que estar continuamente revisando el trabajo de los trabajadores, cada uno sabe qué tiene que hacer y cuál es el objetivo colectivo a alcanzar. Funcionan como un equipo de futbol, aunque individualmente seas muy bueno, si a nivel colectivo no se trabaja en bloque, es imposible ganar partidos para ganar campeonatos.
  • Empresas que invierten a corto plazo: Son empresas que solo buscan el beneficio inmediato. Son empresas donde la calidad y el trabajador son elementos secundarios. Son las clásicas empresas que explotan a los trabajadores con condiciones leoninas, son aquellas que se aprovechan de la necesidad de muchos padres de familia. Son aquellas que imponen a sus trabajadores pagarse la cuota de autónomos y todos los gastos a cambio de una comisión que no alcanza ni para pagar la gasolina.

Las empresas que invierten en talento son empresas que invierten en formar a sus propios mosqueteros. Las empresas que invierten a corto plazo, poco a poco, tenderán a desaparecer. En un mercado tan cambiante, donde la confianza es prioritaria para ganar dinero, las empresas que no inviertan en sus propios trabajadores, son empresas que descuidan su mayor potencial. El departamento de ventas de cualquier empresa comienza con sus trabajadores, si ellos hablan mal del lugar donde trabajan, qué no se dirá en la calle de ti.

Un ejemplo claro lo vemos en los comerciales de telecomunicaciones, Gas Natural o agencias inmobiliarias. Estas empresas solo buscan un perfil joven, fácil de manipular y con fuertes deseo de ganar dinero para permitirse algún capricho. Son empresas que invierten en sus trabajadores, solo quieren resultados inmediatos, estrategia que requiere un continuo cambio de plantilla porque a ninguna persona, con dos dedos de frente, le puede interesar pagar para trabajar. ¿Qué sucederá a estás empresas ahora que el Roming ha desaparecido y cualquier empresa europea puede competir en igual de condiciones? Pronto veremos las consecuencias por la mala praxis, no solo de no cuidar y formar un equipo de trabajo cualificado, sino, además, de utilizar estrategias alegales, publicidad engañosa, para mejorar la cuenta de resultados ofreciendo un peor servicio. Creo que no hay ningún consumidor que no este deseando cambiar de operador de móvil. ¿Consecuencias? Ya veremos que sucede dentro de unos años con Movistar y primos hermanos cuando las telecomunicaciones vayan por satélite y no por cable.

Si quieres encontrar empleo, tienes que convertirte en un mosquetero, saber más que nadie de una materia muy concreta. Los puestos de trabajo como administrativos, poco a poco, irán desapareciendo. La comodidad del despacho, con una jornada laboral fija y estática, esperando cómodamente la llegada de trabajo sin necesidad de producirlo, tiende a ser un efecto en peligro de extinción. Las empresas que invierten en talento, son empresas que invierten en hacer de sus trabajadores ejecutivos y comerciales.

Un mosquetero es un profesional que se viene arriba ante un nuevo reto. Un mosquetero es un profesional que siempre está aprendiendo. Un mosquetero no necesita que le digan qué tiene que hacer, ya lo sabe y lo lleva a cabo, sin mirar cuantas horas quedan para que termine la jornada de trabajo y los días para las vacaciones.

Si las empresas no consiguen fomentar la cultura de los mosqueteros dentro de la plantilla de trabajo, más vale que el jefe vaya pensando en vender la empresa. Al ritmo al que crece la automatización y la globalización, solo van a sobrevivir los mejores, no los más grandes. De hecho, ya estamos viendo como empresas gigantes, no están sabiendo adaptarse a los nuevos tiempos y empresas pequeñas, con muy pocos trabajadores, les están robando una parte interesante del pastel.

Es complicado encontrar buenos mosqueteros hoy día, igual de complicado que encontrar una empresa donde sentirse identificado. Si ambos factores se unen, los límites y las barreras se rompen. Nada es imposible. La pasión, la entrega y el espíritu de superación nunca encuentra rival. Se asume que no siempre se puede ganar, igual que se asume que tras cada derrota toca levantarse y volver a empezar. Este es el espíritu de los mosqueteros, este es el espíritu de la victoria.

Ejemplo que se resume en la escena final de la película “El hombre de la mascara de hierro“. Si hay que fracasar, si la victoria es prácticamente imposible, lo mejor es asumirla y plantarle cara con lo que mejor que se tenga para confundir y hacer dudar al adversario. No hay nada peor para un contrincante que un adversario que no tiene miedo a la derrota, un adversario capaz de todo para sobrevivir, un adverbio que no sabe qué significa la palabra rendirse. Si quieres que los demás te respeten, gánatelo primero. Hablar te convierte en un vendedor de humo. Actúa, acepta cada nuevo reto como una aventura y convierte tu nombre en símbolo de respeto, miedo, esperanza y buena fortuna. De ti depende, qué quieres ser: un mosquetero o alguien prescindible.

¿Qué se puede aprender de los tres mosqueteros?

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El hombre de la máscara de hierro
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El hombre de la máscara de hierro
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¿Qué se puede aprender de los tres mosqueteros?
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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