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El caso Sloane

El Caso Sloane

Hacer lobby requiere previsión, anticiparse a los movimientos del adversario y diseñar el contraataque. Te contratan para ganar y utilizas todos los recursos con los que cuentas. El que gana va siempre un paso por delante de la oposición, consiste en lograr sorprenderlos y que no te sorprendan a ti”.

Así se presenta Elizabeth Sloane, la actriz protagonista de la película El Caso Sloane, una película con dosis políticas, jurídicas y de intriga de las que hacía tiempo que no se hacían. Es una película muy interesante para políticos y ciudadanos indignados. La película trata sobre una lobista que sufre un cargo de conciencia, se cansa de defender a aquellos que manipulan el sistema para su propio beneficio. Un posible contrato millonario a cambio de favorecer la liberación del mercado de las armas es la gota que colma el vaso. Decide cambiar de bando y comienza su vendetta personal con sangre, sudor y lágrimas. No es una iluminada, no es una ingenua que protesta para que la saquen en televisión, es la vida reencarnación de Nicolás Maquiavelo. Juega estratégicamente sus cartas, apuesta con todo los recursos con los cuenta sin importarle las consecuencias. Su rival, el sistema corrupto, no le concederá nada.

De la película se puede extraer varias lecciones a nivel empresarial, estratégico y político. La película muestra sin tapujos en qué consiste el poder, cómo se combate en las altas esferas, muestra la ingenuidad de los trabajadores y la actitud fría y calculadora que deben mostrar los altos ejecutivos para no ser devorados por la competencia. Dentro del mundo del buenismo, se incentiva que todos tenemos que ser como esa trabajadora ingenua que piensa que la teoría y la práctica son la misma cosa, que dos mas dos son cuatro, cuando la realidad es que en el mundo real funciona por relaciones personales. Dime con quien te relacionas y te diré cuánto vales.

Este concepto te puede gustar más o menos, pero es lo que hay. Si quieres indignarte, apúntate a Podemos, seguro que te ofrecen un trabajo para protestar. Si verdaderamente quieres cambiar las cosas, ve primero esta película y luego, actúa.

No hables más de la cuenta, haz lo que consideres necesario sin importar las consecuencias, asume que la amistad es una herramienta de trabajo y que el fin justifica los medios. Si quieres cambiar el sistema tienes que poner en juego tu reputación y tu integridad para ganar. Si no estas dispuesto a todo esto, te recomiendo que apagues el televisor y veas comedia, de lo contrario, puedes estar perdiendo un tiempo precioso en quejarte y no disfrutar de la vida.

Si quieres ganar dinero, ascender en la escala social, tienes que estar preparado, aprender a tener estómago y tener poca vida personal. Al leer esto puedes pensar, ¿pero no queremos conciliar la vida personal con la vida profesional? La frase es un cuento chino para ganar votos. Si verdaderamente quieres tener poder, ganar dinero, y poder tomar decisiones, no caigas en el error del buenismo. Si quieres ascender, tienes que querer, estar dispuesto a grandes sacrificios personales y un duro y exigente entrenamiento espartano para consolidar una disciplina de hierro. Todo lo demás son cuentos chinos. Los libros de autoayuda para alcanzar el éxito son cuentos chinos. El caso Sloane resume perfectamente en dos horas qué es y qué no es ser un directivo y sus consecuencias. La diferencia, al final, es hasta dónde quieres llegar, qué estas dispuesto a hacer para conseguir las metas planteadas.

Mientras más exigente sea la meta, mayor será el sacrifico personal. Tanto, que si quieres cambiar las cosas, especialmente a nivel político, tienes que involucrarte personalmente. Si quieres que las cosas de tu ciudad, comunidad y país cambien, te tienes que involucrar sin importante las consecuencias. Tienes que estar siempre disponible, aparcar todo aquello que no este relacionado con la causa. No puedes ser un invitado externo que participa de vez en cuando, eso solo genera ruido y frustración. Últimamente, me alegra saber que la gente de las ciudades por fin comienza a organizarse, plantar cara a los políticos que piensan en política pequeñas.

La política pequeña es la desgracia de las ciudades españolas. Voy a poner un ejemplo claro para que me entiendan. En la ciudad de Jaén, de donde soy naturalmente, sus ciudadanos se están cansado de la política pequeña, se están cansados de ser engañados por tanta ineficacia y pensamiento pueblerino a la hora de hacer las cosas. Por suerte, o por desgracia (depende de con quien hables), los jiennenses se han visto obligados a salir fuera y descubrir todo aquello de lo que carece su ciudad. No hablamos de grandes infraestructuras, no hablamos de proyectos innovadores, hablamos de servicios básicos como puede ser no convertir las aceras de la ciudad en una carrera de obstáculos. Eso sin contar el servicio sanitario… Jaén, es una ciudad con un posicionamiento estratégico privilegiado, es la puerta de entrada y salida de Andalucía. En su día, gozó de gran prestigio social, económico y político (su Catedral es fiel reflejo de ello en España y Latinoamérica). ¿Dónde reside el problema? ¿Por qué la ciudad de Jaén no se ha levantado contra las políticas pequeñas como sí ha sucedido en Granada? Porque aun falta un par de factores para generar un movimiento de masas. ¿Cuáles son esos factores?

  1. Una cabeza visible que genere el movimiento alejado de cualquier signo político. La política lo enturbia todo. Si quieres conseguir el mayor apoyo posible de la ciudad, hay que prohibir cualquier tipo de distintivo y políticos que se apunten el tanto. Si el político quiere ir, tiene que ir como ciudadano, no como profesional. Si no va en las primeras filas, mucho mejor.
  2. La cabeza visible no puede protestar por todo al mismo tiempo. Tiene que focalizar a la gente en problemas muy concretos para que la fuerza no se disperse y deje de apoyar la causa. La ciudad tiene que ver que con pequeñas acciones se pueden conseguir cambios muy concretos. No puedes protestar a la misma vez por la sanidad, la justicia, el mal estado de las aceras, la falta de oportunidades y ese largo etcétera. Eso se llama ingenuidad, y no genera ningún tipo de resultado. La cabeza visible tiene que ir paso a paso, conseguir pequeñas metas para mantener motivados a los ciudadanos. Tomaremos de ejemplo el caso de Jaén. El próximo día 17 de junio se va a producir una manifestación contra la política pequeña y las deficiencias reales y visibles de la ciudad. Un acto que cualquier ciudadano apoyaría, pero cuyo beneficio real es muy discutible porque no se puede pedir todas las exigencias al mismo tiempo. Desconozco quienes son los organizadores del evento, pero les recomendaría, si de verdad quieren conseguir resultados reales, que den un paso al frente y se centren en conseguir muchas pequeñas cosas, de una en una, antes de invitar a toda la ciudad a conquistar los cielos. ¿Que puede ser una pequeña acción fácilmente realizable? Eliminar las habitaciones con tres y dos camas en los hospitales. El hospital de Jaén es de los pocos hospitales donde una habitación puede ser una fiesta gitana, en vez de un lugar de descanso y reposo. ¿Otra pequeña acción? Exigir responsabilidades por el tranvía, arreglar las aceras, promover el traslado de la estación de Renfe…

Algunos se pueden preguntar al leer este artículo, ¿por qué Jaén no ha hecho nada antes? Porque es una ciudad que hasta hace poco tiempo le ha cedido la voz al que piensa con política pequeña, las mismas personas que se quejan de no querer un centro comercial, pero no abren sus tiendas los fines de semana para atraer más público. Ahora, después de tantos años de lucha, Jaén, por primera vez, puede tener un centro comercial en condiciones, con unos cines decentes para ver los grandes estrenos. Una dura lucha lograda por unos pocos cuya prensa local trata de bombardear con datos nacionales para ganar lectores.

Si, para quien no conozca Jaén, su prensa local piensa en política pequeña, en quedar bien y no buscar el beneficio de la ciudad. Por suerte, para la gran mayoría de jiennenses, el ruido se ha puesto en marcha, comienza a haber movimiento ciudadano para cambiar las cosas. Si se producen los dos factores que comenté anteriormente, los cambios no tardarán en producirse. Una ciudad que piensa en política pequeña es una ciudad que tiende a desaparecer. Si quieres ser la cabeza visible de esos cambios, te recomiendo ver la película El caso Sloane para que sepas a qué te vas a enfrentar. De lo contrario, cede tu sitio, no trates de liderar un cambio porque lo único que vas a lograr es entorpecerlo.

¿Qué se puede aprender de Elizabeth Sloane?

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El caso Sloane
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¿Qué se puede aprender de Elizabeth Sloane?
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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