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Capítulo 32.- Secreto de Confesión: La bodega

Secreto de Confesión: La bodega

El padre Sebastián me acompaña hasta la puerta. Encuentro un taxi nada más salir de la parroquia.

Avenida Europa en Tomares, cerca del Parque de la música solicito, acomodado en el asiento de atrás.

El palacio de los marqueses no se encuentra en la dirección ofrecida. Estará a más de quince minutos andando de dicha dirección. Esperando la llamada de Cayetana para renegociar las condiciones, busqué la dirección del palacio en Google. Está ubicado dentro de una finca vecina con el Club Zaudin de Golf. La finca ocupa el espacio de tierra delimitado por las calles Rosa de Luxemburgo, el camino de Villamanrique y la Avenida de los Sauces. El palacio se levanta alejado de ojos curiosos en mitad del terreno.

Prefiero andar unos metros por si las cosas se tuercen, eliminar cualquier cabo suelto que pueda relacionarme con los macabros hobbies de Carlos Alba si salen a la luz pública. Poco tardaría la ciudad en enterarse que un taxista llevo al palacio a un hombre recogido en la puerta de la parroquia Corpus Christi, arrojándome a la cólera de la marquesa. Me señalaría con el dedo acusador si con ello libra a su familia del escándalo y la vergüenza.

Ojeando Google Maps, me llamó la atención la enorme cantidad de terreno virgen disponible en la finca para hacer una hoguera y quemar los cuerpos sin que nadie se percatara. Definitivamente, pretendía colgarme el muerto para librarse del marrón. Si es cierto, especialmente después de lo sucedido en el caso Bretón, que una hoguera siempre deja rastro. La tierra quemada es el primer lugar donde los investigadores buscan pruebas. Por muy bien que limpiase el escenario del crimen, un ojo experto encuentra indicios, donde no parece haber nada, para realizar un análisis más concienzudo. Diferente es que se acierte en el diagnóstico.

La ausencia de tráfico facilita el recorrido hasta Tomares. Camino por un pueblo que está desierto, no me cruzo con nadie. El acceso a la finca está en la rotonda que une el Camino de Villamanrique con la Avenida de los Sauces.

El edificio se edificó entre los siglos XV y XVI, de estilo gótico-mudéjar al renacentista, a dos alturas, con torreones en cada esquina. Una placa, en unos de los pilares de ladrillo de la entrada, indica el lugar donde me encuentro: Palacio de los Marqueses de Tomares.

El recorrido que conecta la puerta de acceso de la rotonda al palacio se hace eterno. Los altos abetos, a ambos lados del camino, ocultan la poca luz ofrecida por la luna. Dudo si ocultarme, esconderme entre las sombras para inspeccionar el terreno y no llamar a la puerta para anunciar mi llegada. Desecho perder el tiempo, el éxito de la negociación depende de mí verborrea, no de mis carentes habilidades de espía.

Llegando a la puerta del palacio, reprocho no haberle revelado la verdad al padre Sebastián. Su talento militar hubiera venido bien, un plan de rescate, en caso de torcerse y ponerse fea la negociación.

El padre Sebastián es partidario del asesinato del padre Andrés, aunque no lo comparta abiertamente conmigo. Me oculta parte de la verdad. Él lo sabe y yo también. Mi estado de ánimo no es el más idóneo para escuchar la verdad de lo sucedido aquella noche.

Me ha pedido tiempo, no sé si para relajarse o para prepararse. Ambos estamos asimilando los nuevos cambios que se están produciendo en sendos procesos de adaptación. A él le cuesta asimilar la ausencia de un amigo fiel y leal. Durante muchos años fueron uña y carne, compartieron la tiranía y el lado más salvaje e inhumano que despierta la guerra en los hombres.

El padre Sebastián da la impresión de ser un hombre de acción, lejos de las ataduras impuestas por cuatro paredes de piedra, escuchar la misma confesión un día tras otro.

Delante de las puertas de acceso al palacio, el cúmulo de pensamientos desaparecen para centrarme en lo único importante: mi madre. El público espera ansioso la salida de los contrincantes al ring, ruge ferviente y alocadamente. Exige sangre, no se conformará con menos.

Atravieso, con paso firme, la puerta que da acceso al patio de armas. Recorro la galería, con arcos de medio punto, buscando el lugar de la negociación. Omitiendo la escalera imperial de piedra, que conecta ambas plantas, y una puerta de madera abierta en la planta inferior, el resto de accesos, puertas y ventanas, están cerrados con llave y rejas.

Asomo la cabeza por la puerta de madera y descubro una escalera de caracol de piedra que desciende al inframundo. En la oscuridad, se aprecia algo de luz al final del recorrido. Desciendo los escalones con cautela, vigilo delante y detrás la aparición de un ruido extraño.

La luz del inframundo se hace más intensa con cada peldaño descendido. Vagamente, muy a lo lejos, se escuchan sonidos en el silencio. No sé quién o qué los produce, pero el final de la escalera se aproxima.

El último escalón da paso a una gran bodega labrada en madera, de igual tamaño que el patio de armas. En el centro de la estancia, una enorme y gruesa mesa de madera, y dos bancos alargados de similares características, a ambos lados, son los protagonistas. La luz proviene de una gran lámpara rústica colgada encima de la mesa.

Ninguno de los miembros de la negociación se encuentra presente en un espacio tan señorial. Los tapices, colgados en las paredes entre botellas y botellas de vino apiñadas horizontalmente, tienen cosido a mano el escudo de la familia.

Al otro lado de la escalera de caracol, dos puertas cerradas de madera centran mi atención. Bajando a la bodega he creído escuchar ruidos. ¿Sera el efecto producido del agua al chocar contra el suelo? Se aprecian humedades en algunas partes del techo. Pongo la mano en la manivela de una de las puertas para comprobar el interior.

–Te estábamos esperando.

Confesión autorizada. Te escucho.

Capítulo 33.- Secreto de Confesión: Primer asalto

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Capítulo 32.- Secreto de Confesión: La bodega
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Capítulo 32.- Secreto de Confesión: La bodega
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Me llamo Mario Conde y soy tu confesor. Si tienes un problema, te escucho
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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