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Capítulo 30.- Secreto de Confesión: Alianza frustrada

Secreto de Confesión: Alianza frustrada

El móvil vibra con un pie dentro de la parroquia Corpus Christi. Carlos Alba por fin responde a la llamada de auxilio para consolidar la alianza y mandar a Nikolái al otro barrio.

–Carlos, ¿cómo te encuentras?

–No muy bien.

–¿Qué te sucede?

No responde. La voz cede momentáneamente el protagonismo a un duro golpe, algo choca contra una barra de metal, previo a los gritos desconsolados de un hombre torturado.

–Carlos, ¿estás bien? Carlos, responde.

–Habla –escucho decir a otra voz desde el otro lado de la línea.

–No puedo. No puedo. No puedo. –Carlos Alba suplica clemencia entre sollozos. ¿Qué estará sucediendo? Quizás…

–Carlos, ¿está Nikolái en tu casa?

Nadie contesta. El móvil parece haber caído al suelo. La mezcla de ruidos no permite diferenciar ninguno con claridad. Creo escuchar lloros, gritos, golpes, caídas de objetos. ¿Qué estará pasando? ¿Dónde se encuentra? ¿Mis enemigos ya han llegado al lugar acordado para la negociación? ¿La alianza queda rota, fraguada, antes de empezar? Debí prever este contratiempo con anterioridad. Hablar con él antes que con Cayetana. El factor sorpresa se esfuma con la misma velocidad a la que se prende un billete de quinientos euros.

No esperaba mucho de la alianza, dos puños para golpear en caso de necesidad. Nikolái, con la silueta de Wesley Snipes en la película de Blade, requiere de varios puños más para hacerle sentir un poco de dolor. Juntos, lograríamos hacerle cosquillas. Él, con un único golpe, nos puede dejar K.O. en el suelo.

La balanza de fuerza y violencia no corre a mi favor. Dependo de mi verborrea, agilidad mental y rapidez de respuesta para equilibrar la situación y evitar llegar a las manos.

Apostar por un pronóstico es tarea casi imposible. Si no desvío la atención de Cayetana, quizás tenga alguna posibilidad de salir victorioso. Ella es quien controla, domestica y mantiene a raya a la bestia. Si logro atraerla hacia mí con una buena oferta, la fiera se mantendrá dócil y en su sitio sin mover un músculo.

Entro en la parroquia con la misa prácticamente acabada. El padre Sebastián reparte la última hostia consagrada. Qué extraño resulta visualizar la iglesia con su tristeza habitual, las diez viejecitas fieles, después del espectáculo vivido ayer con el funeral del padre Andrés.

Mis pasos resuenan por cada esquina del templo, como si una legión de soldados romanos entrara a poner orden. Provoco que las pocas personas presentes giren la cabeza en busca de la fuente que está generando tanto alboroto en el momento más íntimo y personal del cristianismo. No quiero ser el centro de atención, me arrodillo en un banco a esperar el final de la misa.

No rezo. No me apetece, ni me sale de adentro repetir frases genéricas. Suplico a quien esté arriba vigilando la fuerza y el coraje para traer a mi madre sana y salva a casa. Todo lo demás es secundario, no importa. Si Cayetana quiere quedarse con el dinero, se lo entrego con mucho gusto a cambio del indulto.

Estoy cansado del poder. Lo he tenido menos de veinticuatro horas y ya lo he aborrecido. Nunca pensé que pudiera generar tal carga. Entiendo el simbolismo de la famosa frase todo poder conlleva una responsabilidad de la película Spiderman. Al igual que le sucede a Peter Parker, mi arrogancia, creerme superior a los demás, golpea con tal dureza que también acierta a golpear, con mayor precisión, a mis seres más queridos.

El miedo invade cada poro de mi piel. No es que me vaya a dar un ataque de pánico, ni de ansiedad. El cuerpo calienta por el devenir de los acontecimientos. Me preparo para el combate definitivo. Luchar por el título de los pesos pesados. Alcanzar la gloria o morder la lona. No hay más opciones en el menú del casino del diablo. La ruleta rusa está dispuesta, espera la llegada de nuevos jugadores. El crupier limpia y carga la pistola con la primera bala.

¿Quién saldrá vencedor? ¿Quién será el primero en abandonar la partida? Cinco invitados, cada uno con un perfil de lo más pintoresco. Cayetana, escort con tendencias criminales. Nikolái, ex-mafioso huido de su propia familia. Carlos Alba, bala perdida con tendencias sexuales más propias del Jóker. Mi madre, alguien en el lugar menos indicado a la hora más inoportuna. Yo, un don nadie con extrema necesidad de reconocimiento.

La fiesta asegura fuegos artificiales. Nikolái ya se divierte con Carlos Alba, trabaja en un nuevo tatuaje, poner parejo el ojo bueno con el malo. A esta hora, ya habrá confesado nuestro acuerdo.

Al borde de la muerte, sin nada que perder, las consecuencias no importan si consigues salvar el culo. Sobrevive hoy y lucha mañana, resumen de mi estrategia. Devolver a mi madre bajo mi protección para protegerla con una defensa fuerte e inquebrantable.

Salvando la lotería que aún no he cobrado, carezco de medios propios. Medios que ella sí dispone gracias a las altas rentas generadas por los paneles solares instalados en la finca. Previamente, no cabe duda que me ganaré una buena paliza con su tercera pierna antes de poner el patrimonio familiar a funcionar.

Confesión autorizada. Te escucho.

Capítulo 31.- Secreto de Confesión: Sesión de coaching

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Capítulo 30.- Secreto de Confesión: Alianza frustrada
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Capítulo 30.- Secreto de Confesión: Alianza frustrada
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Me llamo Mario Conde y soy tu confesor. Si tienes un problema, te escucho
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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