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Revolución cultural

Revolución cultural

¿La cultura está en crisis o sufre de falta de adaptación? El término cultura comienza a ser muy pronunciado en medios de comunicación. En boca de tertulianos, políticos, aficionados y grandes consumidores, la cultura parece estar de moda. Y así es. La cultura interesa, pero no en los términos que a la mayoría nos gustaría. La cultura está siendo utilizada como arma política para desgastar al oponente.

La cultura, como he repetido en artículos anteriores, no es de nadie y es de todos al mismo tiempo. La cultura no es de izquierdas, ni de derechas. La cultura es un bien universal que se debe mantener por encima de cuestiones políticas oportunistas. La cultura representa el legado histórico de un país. Cuando se maltrata a la cultura, se maltrata la historia del país.

Sin embargo, hay un hecho que también es importante comenzar a comentar: todo no es cultura. Últimamente estoy viendo muchos aficionados con aspiraciones a estrellas sin recorrer previamente muchos miles de kilómetros de carretera. Muchos, quieren que se les pongan todos los medios (públicos especialmente) a su servicio sin ellos correr ningún tipo de riesgo, amparándose en la cláusula “soy cultura“.

El mero hecho de ser actor de teatro, no te hace ser cultura. El mero hecho de escribir, no te hace ser cultura. El mero hecho de pintar, no te hace ser cultura. Es hora de diferenciar el hobby de la cultura. La cultura es sinónimo de masa, un grupo de gente interesada en un artista, obra o estilo. ¿Cuánta gente? Es aquí donde cada uno adapta la respuesta a sus propias necesidades.

La cultura sufre un síndrome de derrotismo e inconformismo sin precedentes. El problema no es el IVA cultural. El IVA cultural es el malo al que se le hecha los problemas de los deberes propios no realizados. Si la culpa es de otro, yo no tengo que cambiar nada.

Los profesionales de la cultura tienen que empezar a pensar como empresarios, pensar como atraer al mayor número posible de audiencia a su producto, a su trabajo. De nada sirve invertir un año en preparar una función, si luego no dedicas un tiempo considerable, previo a la presentación, a vender y promocionar tu obra.

Pegar carteles por las ciudades no es suficiente, hacer un post en Facebook no es suficiente. Llenar un teatro requiere un plan de marketing. Difundir tu novela requiere un plan de marketing. Un plan de marketing es sinónimo de ventas, vender, promocionar tu trabajo. Aquí reside una de las grandes carencias del mundo de la cultura: No quieren o no saben vender su trabajo.

Otro problema que veo, muy frecuente, es que los “artistas” realizan sus trabajos pensando en ellos o en un nicho excesivamente pequeño, imposible de hacer rentable el trabajo previamente realizado. La gente está cansada de películas, obras de teatro y libros sobre la guerra civil, la etapa franquista, penas y tragedias mal interpretadas. Mucha gente no consume cultura porque no se le ofrece contenido atractivo, alejado de ideologías y adoctrinamientos.

Cuando el contenido es bueno, el producto se consume. Podemos poner como ejemplo los grandes musicales que recorren el territorio nacional, los libros de Arturo Pérez-Reverte o la película “Ocho apellidos vascos”. En estos tres casos, nadie se ha acordado del IVA cultural a la hora de pagar una entrada o comprar un libro. Solo recordamos el precio pagado cuando consideramos que el producto consumido no ha cubierto nuestras expectativas.

Un claro ejemplo de fracaso a gran escala fue la película “La reina de España” de Fernando Trueba, un fracaso empresarial y de taquilla. ¿Los motivos? Un contenido poco atractivo. El fracaso de “La reina de España” no estuvo en el boicot. La promoción realizada para presentarla fue bestial, propia de una superproducción estadounidense. La película representa un claro ejemplo de los malos vicios que aún sobreviven en el mundo de la cultura española. Un mal contenido, nada interesante para el público en general, es igual a un rotundo fracaso. Punto, no hay que darle más vueltas.

Personalmente, me considero un gran consumidor de cine español. Siempre que hay en cartelera una película interesante voy a verla. El cine español es un claro ejemplo de la transformación cultural hacia una industria potente y rentable. Aún se aprecian carencias propias, pero el cine español va camino de convertirse en una gran industria dentro de nuestro país, si las Administraciones Públicas y Hacienda aportan su granito de arena. Atrás quedaron las películas españolas donde si no salían tetas y una escena de sexo explícito no se rodaba (eso sin contar el guión escrito después de fumarse varios porros y beberse un par de botellas de whisky). El cine español está mutando, ha reconocido sus errores y los está corriguiendo. Poco a poco, las viejas glorias que actuaban a modo de secta y que no dejaban florecer el talento, se están viniendo abajo, no pueden frenar el crecimiento del gran talento oculto en cada rincón de España. Muestra de ello, es que poco a poco, la empresa privada empiezan a invertir en cine.

Con la literatura está pasando algo similar. Las audiencias se imponen en un sector, que hasta hace unos años, era fácilmente controlado por unos pocos. La tecnología ha permitido abrir el mercado a pequeñas editoriales y a autores que tienen algo interesante que contar. Las historias escritas por escritores españoles comienzan a ganar su respeto. Poco a poco, los autores más noveles se están adaptando a las nuevas necesidades del mercado para llamar la atención, son conscientes que la publicación en papel es el último paso de un largo proceso. Los buenos escritores noveles (con indiferencia de la edad) se centran en darse a conocer, incluso antes de presentar su primer libro al mercado. Son conscientes del valor del marketing, las ventas y el posicionamiento. Conozco muchos autores frustrados porque han escrito nueve libros y apenas han vendido libros. El problema no reside en cuántos libros escribes para tener éxito. El problema reside sobre qué escribes y qué haces para que los demás conozcan tu libro. La mayoría de autores solo quieren escribir y esperar a que la fama le venga a visitar. Si tu no sales a vender tu libro, no esperes que otro lo haga por ti. Vender es un trabajo mal visto en España, pero es el único que te permite marcar la diferencia dentro de tu sector. No vende más libros el mejor escritor, vende más libros el escritor que más se mueve. Muévete, date a conocer, invierte dinero en tu marca personal y dentro de unos años recogerás tus frutos.

Algo similar sucede con el teatro. A mi novia le gusta mucho asistir siempre que puede. Reconozco que no soy un consumidor cotidiano, especialmente porque veo que es el sector que menos se ha adaptado, menos se ha reciclado, vive anclado en el pasado, sin saber aprovechar los beneficios que aporta la tecnología. El teatro tiene un competidor con el que no puede competir: el cine. El teatro, como le sucede a las pequeñas tiendas, tienen que diferenciarse, hacer partícipe al consumidor de la función, vender experiencias. Las personas no invierten tiempo, ni dinero, en obras desfasadas, marcadas políticamente, y poco atractivas.

Con esto no quiero decir que el teatro sea cuestión de audiencias. Cada cosa tiene su espacio. Lo importante está en saber en que situación se encuentra uno. No se puede pedir la apertura de un teatro con 1.000 butacas para una representación que no llena ni el 10%.

Las compañías de teatro tienen que aprovechar pequeñas salas y la tecnología para darse a conocer, antes de llamar a las grandes puertas. Es curioso, pero aún no he visto ninguna representación de teatro que se retransmita en directo por streaming. Nunca he escuchado, investigaré más a fondo sobre ello, sobre una función de teatro retransmitida a través de YouTube. Nada de patio de butacas, nada de gastos innecesarios. Solo importa la representación. ¿Acaso no pueden las compañías acondicionar un pequeño local o habitación para realizar semanalmente una función para la red? Los costes son prácticamente 0, a excepción del talento individual y los beneficios, a medio plazo, pueden ser muy interesantes. Este sistema de representación permite que tu función sea vista por gente de España, Estados Unidos, México, Brasil, Chile… a través del ordenar, el móvil o un portátil. ¿Por qué las compañías de teatro no se adaptan a los nuevos tiempos?

La cultura necesita el apoyo de las Administraciones Públicas y Hacienda para dar el siguiente paso. Pero también es cierto que los profesionales del sector, si quieren ese apoyo, previamente se tienen que adaptar y reciclar a los nuevos tiempo. No se puede seguir echando la culpa al IVA cultural cuando el problema reside en una cuestión de falta de talento, más preparación y visión de empresa.

¿La cultura está en crisis o sufre de falta de adaptación?

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¿La cultura está en crisis o sufre de falta de adaptación?
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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