Inicio » Novelas » Secreto de Confesión » Capítulo 28.- Secreto de Confesión: ¿Dónde está mamá?

Capítulo 28.- Secreto de Confesión: ¿Dónde está mamá?

Secreto de Confesión: ¿Dónde está mamá?

Desconozco la hora que es. Miro el despertador para salir de dudas. Las cuatro de la tarde. ¿Dónde está el bulldog francés? No me ha levantado para comer. Como ayer fui un buen hijo, me ha concedido un día de descanso.

No recuerdo el último día que me levanté con tantas ganas de comerme el mundo. Estoy pletórico, rejuvenecido. ¡Qué bien sienta ser rico sin esfuerzo! ¿En qué gastar el primer millón? ¿Un viaje? ¿Un deportivo? Me gusta el Lamborghini, especialmente el Veneno Roadster.

Antes de hacer nada, me buscaré y contrataré los servicios de un buen abogado para estar bien asesorado sobre el mejor modo de proceder para que el dinero quede funcionando fuera de España.

Me apetece una buena orgía. Prometí no hacerlo, pero la sensación de poder incita a contemplar escenas que lo demuestren, comprobar que otros reconocen mi status. Pagaré para que tres mujeres humillen a Alexandra, la obligaré a ser mi perrito faldero hasta cansarme y sustituirla por otra. Me buscaré un chalet en la Costa del Sol, preferiblemente en Marbella, donde siempre hay buenas perracas dispuestas a cualquier cosa por un puñado de euros. Cada noche dormiré con dos tías diferentes y con Alexandra tirada en el suelo. Ese será su castigo por tratarme con tan poco respeto.

La sensación de soledad ha desaparecido. Dicen que el dinero no da la felicidad, si ayuda a pagarla. Igual sucede en una empresa, si no tienes dinero, tienes que hacerlo tú. Cuando eres rico, otro se encarga del trabajo sucio.

Me levanto con fuerza, enciendo el Mac y busco en YouTube la canción Voy a pasármelo bien de Hombres G. Luego, me doy una buena ducha fría. Me lavo la cabeza tarareando, como un disco rayado, la parte que dice “…sé que tengo muchos enemigos, pero esta noche no podrán conmigo…”.

El cepillo de dientes se transforma en micrófono. Cansado de escuchar, por quinta vez consecutiva, Voy a pasármelo bien, busco Shoot to Thrill de AC/DC, concretamente la versión de la película Iron Man 2. Quiero sentirme Tony Stark: guapo, elegante y sexy. Transmitir el magnetismo que enamora a las mujeres preciosas, las peligrosas, las mismas que una madre nunca recomienda y que un padre desearía haber conocido en sus tiempos mozos.

Afeitado y aseado, abro el armario para ver que ponerme. Tony Stark viste de etiqueta cuando lo exige el protocolo. El resto del tiempo es partidario de llevar camiseta y vaqueros. No tengo buenos vaqueros, todos me hacen una bolsa horrible en el trasero. Al final, me decanto por las bermudas. Quiera o no, salvo sorpresas y aviso de última hora, seguiré yendo a trabajar con la caída del sol.

Después de escuchar por segunda vez Shoot to Thrill, salgo al pasillo simulando tocar una guitarra eléctrica.

–¡Mamá! –¿dónde se esconde? No obtengo respuesta.

Su dormitorio se encuentra entre las escaleras para bajar al piso inferior el mío. Curiosamente, su cama está sin hacer. Algo inédito desde que tengo uso de razón. Si que le ha pasado factura la muerte del padre Andrés. Descuida los quehaceres de la casa, cuando es lo primero que hace cada mañana, de cada día del año, sin excepción. Recuerdo el primer día de enero del año pasado acompañado con la melodía roquera producida por la aspiradora a las nueve y media de la mañana.

Por la hora que es, estará en la salita, sentada en el sillón, esperando a que empiece la telenovela. Mi madre es fácil de rastrear, cada día sigue la misma rutina, desde que se levanta hasta que se acuesta. Como tampoco tiene mucha vida social, a excepción de la misa de las ocho, rara vez se sale del guión.

Recuerdo los dos días que tuvo que estar en Córdoba por una operación en el ojo izquierdo. No paró de quejarse, no por el dolor, sino porque la casa estaba sucia. Es una obsesa de la limpieza, mantiene la casa como si fuera un museo, igual que las mansiones publicadas en las primeras páginas de la revista HOLA.

No sé cuantas limpiadoras han pasado ya por aquí. Ninguna supera la barrera de los tres meses. De una decía que le robaba, otra no era limpia, de la siguiente se rumoreaba que era comunista. Así hasta conformar una lista superior a un folio. Todas vienen con un defecto de fábrica que mi madre detecta al instante, cuando el verdadero fallo es su duro carácter.

Recordando tiempos pasados, llego a la salita. No hay nadie. Esto sí que es raro, demasiado fuera de lo común. La televisión está apagada, no parece que se haya encendido en todo el día.

–¿Mamá?

Sigo sin recibir respuesta. ¿Dónde está? ¿Habrá salido sin avisar? Subo al dormitorio en busca del móvil. Enciendo y espero a que arranque. Tengo siete llamadas perdidas, no de mi madre, son de un número desconocido. ¡Qué extraño! No me suele llamar nadie, menos con tanto interés. Pulso encima del número de teléfono para rellamar.

–Hola, señor Conde –escucho al otro lado de la línea.

–¿Quién es?

–Creo que has querido reírte de nosotros. –Había olvidado el sonido de la voz de Cayetana. Compruebo decepcionado que mi jugada para terminar pronto la partida de ajedrez no ha sido tan efectiva como pensé anoche.

–¿Por qué dices eso?

–Lo sabes muy bien. –Desconozco cuanto conoce del engaño. Mantengo una conversación de besugos para no dar más pistas de las necesarias–. ¿Dónde está el pendrive y los documentos?

–No sé a qué te refieres.

–Más vale que esta noche traigas todo al hotel.

–¿Y si me niego?

Recibo el silencio como respuesta. La línea sigue conectada, se escuchan ruidos extraños. De repente, sin esperarlo, salta un aviso del WhatsApp con una fotografía.

–Ábrelo.

Obedezco y recibo una trágica noticia: Mi madre ha sido secuestrada, está sentada, atada de pies y manos, con los ojos vendados.

–¡Maldita hija de puta! ¡Cuando te pille te vas a enterar! ¡Voy a meterte tantas hostias que ni tus padres podrán reconocerte!

–Tranquilo, señor Conde. No se agobie. Traiga lo que le he pedido a las diez al hotel.

–¿Y después? ¿Qué garantías tengo de que no le sucederá nada malo a mi madre?

–Las garantías son las mismas que tú ofreces a los clientes.

¡Maldita zorra mal nacida! ¿Quién le ha dado permiso para meter a mi madre en nuestros negocios? ¿Quieren guerra? Tendrán guerra. Se creen tenerme contra las cuerdas, pero desconocen mi capacidad para tocar los cojones.

Furioso, merodeo por el patio sin saber qué hacer, a quién llamar, dónde acudir. La policía está descartada, Nikolái la mataría. Entregar la documentación tampoco arregla nada. ¡Joder! ¡Me cago en la puta de oros! ¡Maldito dinero de mierda!

–¿Qué quieres de mí? –Grito desesperado clamando al cielo–. ¿No has tenido suficiente con dos muertes? No, nunca es suficiente. Tenías que meter a mi madre en esto. La única que no tiene nada que ver con esta mierda.

¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Necesito ayuda, alguien que me instruya sobre cómo proceder. Saco el móvil del bolsillo y busco desesperadamente el número de Alexandra. Es la única persona capaz de resolver esto sin que haya más derramamiento de sangre.

¿Por qué no le confesé la existencia del pendrive y los documentos desde el principio? Con una parte destruida y la otra escondida debajo del trasero de un taxista, cualquier resultado resulta probable.

Llamo una y otra vez sin recibir respuesta. No hay nada que hacer. Me manda un mensaje muy claro: sin dinero no hay ayuda. El orgullo y la vanidad me han retrasado en los pagos. Hoy, pago las consecuencias.

No me quedaré de brazos cruzados sin pelear. Subo al dormitorio, cargo los bolsillos y salgo en busca de un taxi para ir a apedrear la puerta del piso de Alexandra hasta que se digne a escucharme.

Fundo el portero del 2ºD, del portal 2, de la calle Dr. Ordoñez de Barrera. Si está en casa es imposible saberlo. Gracias a una señora que sale a pasear al perro, puedo entrar y subir. Llamo varias veces al timbre, pero no me abre. Apoyo la oreja en la puerta para tratar de escuchar algún sonido al otro lado. No hay nada que hacer, Alexandra se ha esfumado sin despedirse.

Tirado en el suelo, con la espalda apoyada en la puerta, lloro por el tremendo error cometido. ¿Cómo me he dejado arrastrar por la codicia? Lamborghini, Ferrari, chalet en Marbella. Todo eso es una mierda comparado con el amor de una madre. Si algo le suceda… prefiero no terminar la frase. Soy capaz de suicidarme y llevarme el secreto a la tumba.

Que otro se encargue de impartir justicia en mi nombre. Alguien ha contratado a Cayetana. Personas nada contentas por cómo ha trascurrido el intercambio. ¿Y si les hago llegar un mensaje? Los de arriba pueden encargarse de presionarla. Hay demasiado dinero moviéndose en la operación. El error se paga caro en este intercambio, es imprescindible tener algo de valor para seguir con vida.

Cayetana y Nikolái son conscientes de ello. Sin el pendrive, ni la información memorizada en mi cabeza, son piezas prescindibles en la partida. De ahí la desesperación por atacar a mi madre, los clientes piensan que los documentos están en un lugar seguro.

Si consigo mandar un mensaje que llegue rápidamente a los oídos adecuados, podré negociar y guardar un as en la manga por si las cosas se ponen feas. Miro la hora en el móvil. Las cinco y media, poco más de cuatro horas para llamar la atención.

Sé a qué puertas llamar para ser escuchado. Bueno, intuyo un supuesto, sin tener nada claro el desenlace. Vista la hora que es, y el poco tiempo disponible, dos personas en España pueden mandar el mensaje a tiempo: Pedro J. Ramírez, director del periódico El Español, y Antonio García Ferreras, directivo de La Sexta y presentador del programa Al rojo vivo.

Confesión autorizada. Te escucho.

Capítulo 29.- Secreto de Confesión: Black Board International

Summary
Capítulo 28.- Secreto de Confesión: ¿Dónde está mamá?
Article Name
Capítulo 28.- Secreto de Confesión: ¿Dónde está mamá?
Description
Me llamo Mario Conde y soy tu confesor. Si tienes un problema, te escucho
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

Entradas similares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *