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La conjura silenciada contra España

La conjura silenciada contra España

Estoy leyendo un libro que se titula “La conjura silenciada contra España” de Alberto L. Ibáñez. El autor habla de manera clara, con ejemplos fáciles de reconocer, de como los españoles permitimos la crítica injustificada sobre las cosas buenas de nuestro país.

¿Por qué concedemos a terceros que hablen de nosotros sin saber? Hagamos lo mismo con Francia, Inglaterra o Estados Unidos, ¿cuánto tardan en llamar al embajador para pedir explicaciones? ¿Y si es al contrario? No pasa nada, esto es España.

Tenemos que aprender a defender lo nuestro, no podemos permitir que la ignorancia y la mediocridad domine el panorama público y los medios de comunicación. Tenemos que aprender de los ingleses, los francés y los norteamericanos a defender lo nuestro a capa y espada frente al interesado en ganar relevancia sin importar las consecuencias.

El pasado Festival de Eurovisión lo ha dejado bastante claro. No nos quejamos, nos reímos, por la vergüenza nacional orquestada por unos organizadores que le viene grande la preparación del concurso. ¿Será por cantantes buenos españoles? Los chavales no tienen la culpa, ellos fueron a hacerlo lo mejor posible. Hay que pedir responsabilidades a la organización que decidió, con un criterio poco objetivo, a un chaval que aún no estaba preparado para un evento de tal magnitud. Se puede perder, pero no se puede hacer el ridículo. Si RTVE consideraba que Manel Navarro era la mejor opción para representar a España en el festival de Eurovisión, tenia que haber respaldado al chaval antes, durante y después de la actuación, con todas las consecuencias. Las responsabilidades se pedirán después. No podemos seguir enviando embajadores de la marca España fuera de nuestro país que no estén a la altura.

Hay que proteger y blindar nuestros emblemas y nuestras Instituciones. El Estado está por encima de cualquier cargo político. Los políticos van y vienen, las Instituciones son inmortales. No se puede permitir la política cortoplacista para ganar unos cientos de votos a cambio de endeudar a las generaciones futuros.

Dentro de unos días veremos como miles de aficionados del Barcelona, animados por sus directiva, pitan al himno nacional e insultan la competición que desean ganar. Si desprestigias la competición, ¿por qué juegas? Si no se respeta la Institución, el Himno y la bandera, ese club debería estar eliminado automáticamente, con más razón cuando ese rechazo viene promovido desde la directiva del club.

Hay que levantar la voz y creerse “ser español“. Ser español no es ser de izquierdas, ni de derechas, capitalista o comunista, del PP o del PSOE. Ser español es sentirse orgulloso de las cosas buenas que nos rodean.

Recuperemos el orgullo nacional, recuperar la confianza interna, el potencial como nación. Hemos sido una de las potencias más fuertes de la historia y podemos volver a resurgir de las cenizas. Ejemplos como la Selección Española de futbol, Rafa Nadal, Pau Gasol, Fernando Alonso, Antonio Banderas, Florentino Pérez, Emilio Botín, Amancio Ortega, nuestros cocineros, nuestros escritores, nuestros gente son clara muestra de ello.

Si apartamos las gilipolleces, blindamos y recuperamos el orgullo nacional, qué significa pertenecer a un país, cualquiera que trate de dividirnos quedará rápidamente apartado. Ya esta bien de permitir que Francia insulte a Rafa Nadal sin que pase nada porque hace años que no sale un tenista francés que pueda ganar algún torneo decente. Ya esta bien de criticar a aquellas personas que han tenido éxito gracias a su duro trabajo y dedicar una vida a hacer mejor las cosas.

No podemos permitir que internamente nos quieran dividir. Si leen el libro de “La conjura silenciada contra España” comprenderán que esta división viene motivada por países externo (¿os viene alguien a la mente?) y por aprovechados que se enriquecen, viven fácilmente de propagar la división interna para beneficio propio, individual y de un tercero. En ningún momento existe el beneficio colectivo.

¿Por qué se rompe el Partido socialista en mil pedazos? Porque algunos de sus dirigentes y aspirantes están vulnerando el principio básico de cualquier país civilizado: la unidad nacional.

En España se financia y se permite la división. En España se tolera e incentiva la mediocridad. ¡Ya esta bien! Es hora de creérselo. Es hora de tomar la iniciativa, decir: ¡Hasta aquí hemos llegado! Si no se respeta los principios básicos que nos une, hay que exigir responsabilidades.

Me preocupa la tortura y el desprecio que se está teniendo con el castellano en comunidades como Barcelona, Comunidad Valenciana o las Islas Baleares. Me preocupa como una clase política ignorante no defiende, con todas las armas legales a su alcance, el castellano como símbolo de unidad nacional. Si no somos capaces de defender el capital más valioso de este siglo: cómo nos comunicamos, cómo vamos a sacar pecho frente a cosas más banales.

La mediocridad no es lo normal. Hacer el ridículo no es lo normal. La ignorancia no puede ser lo normal. Ya fuimos grandes una vez y podemos volver a serlo. Depende de nosotros creérnoslo. Somos la envidia del mundo por nuestro clima, nuestra gente, nuestra pasión, nuestro arte, nuestra gastronomía y todo aquello que es nuestro. España no es un país de flojos que siempre está durmiendo la siesta y que vive de fiesta en fiesta.

España es la gran amenaza de los países que nos rodean. Inglaterra nos vuelve a temer. Francia ya nos conoce, son conscientes que empezamos a volver a creer en nosotros (pregunten a los agricultores). Somos mejores de lo que nos pensamos. No tenemos que enviar tanto a los países nórdicos. Somos, fuimos y seremos grandes. Solo tenemos que volver a creérnoslo, defender lo nuestro frente a oportunistas e ignorantes.

Es hora de blindar el castellano, nuestros emblemas y nuestras Instituciones. Nadie está por encima de ellas. Cualquiera que trate de insultarlas o amenazar su integridad debe recibir el peso de la justicia. Ya esta bien de utilizar el pasado para ganar votos. Ya está bien de seguir hablando de la Guerra Civil y de Franco. Con arte, suerte o casualidad fuimos de los pocos países que se libraron de sufrir las dos guerras mundiales. Sin embargo, no supimos parar a tiempo y nos enfrentamos entre nosotros por pura ignorancia y corrupción.

Francia no ganó la Segunda Guerra Mundial, tampoco Inglaterra, la ganó Estados Unidos y Rusia. La diferencia con nosotros es que los franceses supieron darle la vuelta a la tortilla para pasar a los anales de la historia como uno de los países liberadores del nazismo, cuando lo único cierto es que se bajaron los pantalones cuando vieron aparecer por el horizonte los panzer de Hitler. Este éxito de comunicación francés histórico se logra porque los franceses se sienten orgullosos de sus emblemas nacionales, como bien queda reflejado en sus películas.

Los políticos tienen que aprender que la unión en torno a los emblemas nacionales mejora la productividad colectiva. Eliminar del pensamiento colectivo la división, potencia las exportaciones. Si tenemos claro quienes somos, solo nos centramos en mejorar las cosas que ya tenemos, no en convertir el Congreso de los Diputados en el plato de Sálvame con Ana Pastor haciendo el papel de Jorge Javier Vázquez.

Como en todos los países, tenemos nuestros defectos, cosas que mejorar, pero no estamos tan mal como nos creemos, no tenemos que envidiar a otros países, porque tenemos talento suficiente para brillar y volver a ser la envidia del mundo. No permitamos que la ignorancia y el oportunismo de algunos nos desvíe de lo que verdaderamente importa.

Recuperemos el orgullo nacional

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La conjura silenciada contra España
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Recuperemos el orgullo nacional
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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