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¿La tecnología provoca estrés y ansiedad?

¿La tecnología provoca estrés y ansiedad?

La tecnología puede facilitarnos el trabajo, llegar a lugares insospechados, recorrer varios países sin moverte de casa. Además, permite todas estas ventajas a un coste muy bajo, prácticamente gratis. Aplicaciones como Skype, Gmail, WhatsApp, Twitter, Facebook o PayPal permiten automatizar el trabajo, mostrar un escaparate y gestionar un sistema que nunca duerme, 24 horas al día, los 365 días del año, desde el móvil.

La tecnología esta provocando, al mismo tiempo, la destrucción de empleos poco cualificados, aquellos donde se requiere escasa preparación técnica, un escaso conocimiento profundo de la materia para entrar en una empresa. Puestos laborales como administrativos, conductores, camareros, taxistas, cajeros, vendedores, recepcionistas, operarios… están viendo como el número de vacantes se reduce, provocando la desilusión, la rabia y la impotencia por no poder optar a un puesto de trabajo.

El trabajo que antes realizaban  20 personas, ahora, pueden realizarlo 5, obteniendo el mismo beneficio. Las empresas, poco a poco, especialmente las grandes, o aquellas pequeñas (con alto valor añadido), comienzan a ser conscientes del valor del teletrabajo, la deslocalización de los empleados, como retribución en salario emocional. Un empleado comprometido con su empresa, no requiere de la continua supervisión de un superior.

La Tercera Revolución Industrial es la era del talentismo, tal y como defiende Juan Carlos Cubeiro. La Tercera Revolución Industrial presenta sus luces y sus sombras. Nacen nuevas profesiones y otras se marchitan. Tratamos de revivir al moribundo, alargar el máximo tiempo posible su triste estilo de vida apalancado en una cama sin poder moverse, pero, tal y como sucedió en la Primera y en la Segunda Revolución Industrial, el cambio parece imparable.

¿Qué diferencia hay entre la Primera, la Segunda y la Tercera Revolución Industrial? Los tiempos de ejecución. La Tercera Revolución Industrial se está produciendo a un ritmo excesivamente rápido, un ritmo imposible de soportar por el cerebro humano. Hemos pasado de no saber que sucede en la mayor parte del mundo a parecer incultos si no conoces el último suceso en Sierra Leona, Corea del Norte o en una región perdida de Colombia. Antes, se vivía y se trabajaba a un ritmo más lento, los clientes eran fieles a una marca, una tienda, los trabajadores presentaban un mayor grado de profesionalidad. La Tercera Revolución Industrial ha provocado un caos.

A pesar de estar en la era de la información, el empache, querer saber más de la cuenta y de lo necesario, está provocando el efecto contrario, es decir, entrar en la era de la ignorancia. No hay manera, tiempo, ni herramientas que permitan canalizar toda la información que se mueve en una hora en Internet, no hay manera de estar actualizado y saberlo todo de un sector, no hay manera de diferenciar la mentira de la verdad.

La Tercera Revolución Industrial ha dado voz y escenario al ignorante, al marrullero, al crítico, una voz que se expande con mayor velocidad que una noticia interesante. La Tercera Revolución Industrial ha dado voz al ego, la vanidad y el egocentrismo, ha despertado un deseo insaciable por ser el centro de atención, alimentar la autoestima individual con falsas realidades.

Todo esto ha provocado que los niveles de ansiedad, estrés y depresión se disparen. La Tercera Revolución Industrial a implantado un sistema de trabajo y de vida agotador, te hace creer que no has hecho nada, que siempre puedes dar un poco más. No somos consciente, pero la tecnología se ha convertido en una droga, una droga legal, permitida, que nos aisla, nos hace creer que somos importantes para no prestar atención a lo que nos rodea. La Tercera Revolución Industrial está provocando la creación de Zombis, borregos que siguen al pastor sin protestar.

No nos damos cuenta, pero desde algunos canales y posiciones de fuerza, se está adoctrinando, evangelizando cómo te tienes que comportar, qué esta bien, qué esta mal, dónde debes de ir, a quién debes votar, quién es listo y quién es tonto. La Tercera Revolución Industrial está descontrolada, ha crecido y se ha expandido excesivamente rápido. Y ahora, comenzamos a pagar las consecuencias.

La tecnología puede hacerte improductivo. La tecnología puede hacerte enfermar. La tecnología puede aislarte, hacerte sentir solo (por mucho amigos que tengas en Facebook). La tecnología, si no desconectas, puede absorbente, volverte irritable, inquieto, no concederte la oportunidad de disfrutar de una caña con viejos amigos. Ten cuidado con el abuso de la tecnología.

Este último mes he tenido una crisis tecnológica, me he sentido sobrepasado: quería tener más visitas a la web, quería escribir más, quería investigar más empresas para llamar… más, más, más. Nada era suficiente. Me acostaba y me levantaba sin haber desconectado, era cómo una ruleta rusa que alimentaba mis niveles de ansiedad y estrés por causas irreales, injustificadas. La falsa sensación negativa la producía la tecnología, ese deseo de más y más, estar más conectado para tener más visibilidad, ¿para qué? Para nada. Queramos o no, las cosas llevan su tiempo, especialmente las buenas. Un buen guiso, si quieres que salga inolvidable, requiere de largas horas a fuego lento.

Es por ello que he decidido desconectar, tomármelo con más calma. Recuperar el papel para leer, ver una película con el móvil en otra habitación, disfrutar de un paseo sin ver que sucede en el mundo. De nada sirve ser la persona más informada del universo, no se obtiene ningún beneficio. No puedes mostrar la mejor versión de ti en el trabajo, no puedes disfrutar plenamente todo lo bueno que te rodea. La tecnología te engaña, te hace creer que solo ella es merecedora de tu tiempo, que el resto puede esperar. Cuidado con esto, puedes perderte el crecimiento de un hijo, el mejor puesto de trabajo o decir adiós a la mujer de tu vida por un falso chute de autoestima femenino.

Es hora de parar, reflexionar, decidir si estar conectado las 24 horas es tan beneficioso como creemos. Yo he decidido comenzar a introducir cambios donde no intervenga la tecnología. Con esto no quiero decir que la tecnología no sea importante, con esto no quiero decir que voy a desconectar y abandonar mi marca personal. Con esto quiero decir que quiero ver la tecnología como lo que es, una herramienta, no la vida real.

Efectos negativos de la Tercera Revolución Industrial

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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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