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Capítulo 18.- Secreto de Confesión: Andrey Ivanov

Secreto de Confesión: Andrey Ivanov 

–¿A dónde crees que vas con el palo?

La amabilidad de Alexandra brilla por su ausencia. No money, no show. A diferencia de la noche anterior, me recibe con ropa sport. Nada de fantasía erótica, botas de tacón, ni látex. Hoy toca zapatillas de estar por casa, leggins y camiseta rosa.

–¿Puedo pasar? He tenido un mal día y me gustaría sentarme.

–¿Traes mi dinero? –Me corta el paso–. Te repito que el palo se queda fuera. –Alexandra no cede. Meto la mano en el bolsillo lateral de las bermudas y saco cinco billetes amarillos del sobre. Ya se han esfumado mil doscientos euros.

–Apenas puedo caminar.

–Tú verás. Me gusta ver como los hombres se arrastran a mis pies.

Discutir frente a un espejo no arregla el problema. Abandono el palo en el pasillo y entro. Llego al sofá apoyándome en las paredes.

–¿Puedes ponerme una copa?

–Doscientos euros.

–¡¡Lo dices en broma!!

–Mira Mario, todo lo que tengo ha sido por saber aprovechar las necesidades humanas. Si quieres beber, paga.

¡Joder! Sí que me va a salir cara la noche.

–¿Puedes incluir algo para calmar el dolor muscular?

–Doscientos euros más.

Alexandra desaparece por la puerta que da acceso a la sala de torturas. Regresa con una jeringuilla con un extraño líquido trasparente dentro.

–¿Qué vas a hacer? –pregunto asustado.

No me contesta. Me pega un guantazo en la cara y acto seguido pincha la aguja en el muslo, descargando el contenido. No sé que me ha chutado, pero me deja de puta madre.

–Mi dinero –exige, extendiendo la mano.

Ni siquiera me concede unos minutos para disfrutar del placer producido por la droga inyectada. Más vale no molestarla con la jeringuilla en la mano. Si trato de cabrearla, vete a saber en qué parte del cuerpo puede acabar clavada. No tiento a la suerte, saco otros dos billetes amarillos del sobre. ¿Tendré suficiente para llegar a casa?

Alexandra guarda los billetes dentro del sujetador.

–Ya que me vas a robar, ten la delicadeza de ponerme un buen whisky.

–Te pondré lo que me de la gana.

–¿Un mal día? ¿Te veo nerviosa?

–Mira Mario, no juegues con fuego o acabaré clavándote la aguja en el ojo.

Si ella no pregunta, no abriré la boca. Bastantes palos he recibido hoy. Es curioso, noto cierto temblor en su mano derecha mientras sirve los hielos en los vasos. ¿Qué le perturba?

–¿Te preocupa Nikolái? –preguntar es el mejor modo para salir de dudas.

–¿El mayordomo de Cayetana? Con peores me he enfrentado. Elige bando según le convenga.

–¿Cómo tu? –atrevo a decir sin pensar.

–No tienes que preocuparte por él, –Alexandra me pasa una copa–, si tienes contenta a su dueña.

–Tiene la navaja manchada de sangre con la que se suicidó la chica pelirroja.

–¿Y?

–Tiene mis huellas. La toqué antes de salir huyendo.

–¿Dónde está el cuerpo? Mis contactos dicen que no hay constancia, aviso en comisario, ni chivatazo en las redacciones de los periódicos. Para el mundo, ese suceso nunca ha sucedido.

–¿Cómo que no? ¿Y su familia? La estarán buscando.

–No me preocupa.

–¿Cómo puedes decir eso y quedarte tan tranquila? Existen cámaras… testigos… Estoy seguro que alguna cámara la grabó entrando y saliendo del hotel… La navaja…

La frialdad con la que Alexandra baila con la muerte de una persona inocente es aterradora. No dudaría en golpearme en la cabeza, con el vaso que sostiene en la mano, si con ello obtiene algún beneficio. Siento como el peso de la ley cae sobre mis hombros. La balanza de la justicia es cada vez más pesada. Espero el veredicto del jurado, el golpe de martillo, confirmando la culpabilidad por los delitos no cometidos.

–Nikolái se habrá encargado de limpiar el escenario. Se mueve con soltura en este tipo de trabajos sucios. Un amigo de la U.C.O. me ha comentado que se trata de un ex-coronel de la antigua KGB que se alistó a la mafia rusa para ganar más dinero. Está especializado en labores de extorsión, asesinato y trata de mujeres. Su verdadero nombre es Andrey Ivanov. Mantiene un bonito romane con tu querida Cayetana Rivas, famosa escort de lujo europea. Los trabajos de camarera en el hotel y de modelo en la agencia son tapaderas para limpiar su dinero. Hace algunos meses, Nikolái promovido por un ataque de celos en Londres, asesinó a un alto miembro del Kremlin a puñetazos. Desde entonces, se oculta en Sevilla con una identidad falsa para pasar desapercibido. Se ha guardado la navaja como último recurso por si te pones tonto, cosa que veo, ya ha sucedido. Aunque no aparezca el cuerpo, la navaja con la sangre de la chica y tus huellas, agitado con la presión mediática, puede llevarte al suicidio o a pasar algunos años en la cárcel como novio de algún camello de tres al cuarto.

La ficha de Nikolái y las consecuencias por encontrarme en el Puente de San Telmo en el momento preciso de la ejecución, me tiene petrificado. Mi peor pesadilla es el malvado de la próxima película de James Bond.

–¿Sabes el nombre de la chica?

–En unos días espero tener más información.

–¿Qué puedo hacer? ¿Cómo acabar con este tormento? No tengo nada que hacer frente a un tipo así.

Siento como las fuerzas desaparecen. Aterrado, intento beber para asimilar la noticia. Me tiemblan las dos manos. Apoyo el vaso en el suelo para no acabar rompiéndolo.

–Seguir confesando. Ya te lo dije ayer, si confiesas sin hacer tonterías, tu culo estará a salvo, además de contar con algo de dinero en el bolsillo. Si tratas de hacerte el héroe, te garantizo que la navaja será el menor de tus problemas.

¿Seguir confesando? ¿Continuar soportando el horror, noche tras noche, de una clientela sedienta de sangre y codicia desmesurada? ¿Cómo afectará eso a mi persona? ¿De verdad no existe ningún otro modo para salir de esta situación sin más derramamiento de sangre?

–¿Y si acudo a la policía? Con su historial… seguro que está fichado.

–Tu madre aparecerá ahogada en su propia sangre antes de que puedan dar con él.

Ese supuesto es imperdonable. Estoy dispuesto a morir. De hecho, desde anoche, cada minuto transcurrido es un paso más hacia un pozo sin fondo. Un taladro invisible agujerea mi estómago por escuchar con tanta frecuencia las referencias a mi madre como gesto amenazante para mantenerme disciplinado.

–¿Y si voy a la embajada rusa? Si ha matado a un alto cargo del gobierno, ellos pueden hacer el trabajo sucio por mí.

–¿Alguna vez has trabajado con la mafia rusa?

–No, pero les hago un favor.

–Les gusta limpiar el escenario para no dejar ningún tipo de rastro. Cualquier prueba, persona, vídeo u objeto que pueda ser utilizado para incriminarles desaparece. Si te chivas, no solo desaparecerá Nikolái, también Cayetana, tú, tu madre y no sé hasta qué punto estaría yo expuesta. Te aseguro Mario que seguir confesando es la mejor solución para todos.

El asunto es más feo de lo esperado. Trabajo con el ángel de la muerte. El historial militar pone los pelos de punta. Ruso y mafioso, ¿cómo coño he llegado a este punto? ¿En qué momento decidí darle un giro tan radical a mi vida?

Una copa. Una simple copa. Una sola puta copa de mierda me ha llevado de viaje del paraíso al infierno. Desconozco si la cocaína tiene el mismo efecto, cuando logre poner fin a esta locura me convierto al budismo.

Mi situación no ofrece muchas salidas. Tengo que decidir: ellos o yo. Si no provoco un giro radical de los acontecimientos, Nikolái y Carlos Alba acabarán haciendo alguna tontería a mi madre.

Ya visualizo a la primera víctima, alguien no libre de culpa, pero si inocente de las acciones cometidas por su propio hijo. Los pecados acudirán mañana a visitarla para exigirle actuar acorde a la falsa moral que tanto predica en lo alto del púlpito.

Confesión autorizada. Te escucho

Capítulo 19.- Secreto de Confesión: Sed de venganza

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Capítulo 18.- Secreto de Confesión: Andrey Ivanov
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Capítulo 18.- Secreto de Confesión: Andrey Ivanov
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Me llamo Mario Conde y soy tu confesor. Si tienes un problema, te escucho
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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