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La capacidad letal de la soledad

Resumen Master Class: La capacidad letal de la soledad

Resumen Master Class de John Cacioppo con título “La capacidad letal de la soledad” en el canal de YouTube TEDxTalks.

La ciencia y el cálculo matemático ha demostrado que lo que pensamos que es intuitivo, obvio y de sentido común no puede ser tomando sin más por verdadero. Por esta razón, las ciencias modernas se han basado en la negación del sentido común. Cuando la ciencia confirma una manera particular de pensar en nuestra mente y comportamiento, o la representa de una manera inusual y nueva, se tiende a ser escéptico sobre que dicha ciencia merezca la pena o que incluso sea posible. Y, en lugar de ello, recurrimos a la intuición, a las creencias previas, y, sí, al sentido común.

¿La investigación científica ha demostrado que los opuestos se atraen? ¿La investigación científica ha demostrado que Dios los crea y ellos se juntan? No necesitamos a la ciencia para algo que ya sabemos. Estas dos afirmaciones pueden ser verdades autoevidentes, pero no pueden ser ambas ciertas a la vez ya que son internamente inconscientes.

La ciencia de la mente y del comportamiento habla sobre las verdades autoevidentes que no pueden ser ciertas a la vez. Sabemos que cuatro ojos ven más que dos, igual que sabemos que muchos cocineros estropean el caldo. La próxima vez que escuches un informe científico que arroja un resultado obvio, recuerda que el resultado era igualmente obvio, pero ha demostrado ser erróneo.

Resulta obvio que somos individualistas severos. Es fácil pensar en nuestro cerebro, cómo se encuentra en la profundidad de la caja craneal, separado, aislado, protegido de los otros. Cuando miramos fuera al mundo social, los otros individuos ciertamente parecen distintos, independientes, sin fuerzas que los mantengan unidos. No es extraño que olvidemos que somos miembros de una especie social, nacemos dependientes de nuestros padres. Para que nuestra especie pueda sobrevivir, los infantes tienen que involucrar inmediatamente a sus padres en un comportamiento protector y los padres deben de hacer cargo del cuidado de su prole para alimentarla y protegerla.

Nuestra ventaja evolutiva es nuestro cerebro y nuestra capacidad de comunicar, planificar, razonar y trabajar juntos. Nuestra supervivencia depende de nuestras habilidades colectivas, no de nuestra mente individual. Durante nuestra vida estamos conectados unos con los otros a través de una miríada de fuerzas invisibles que, como la gravedad, son ubicuas y poderosas.

Las especies sociales, por definición, crean estructuras que se fusionan y se extienden más allá del organismo, estructuras que van desde parejas y familias hasta escuelas, naciones y culturas. Estas estructuras evolucionaron al mismo tiempo que los mecanismos neuronales, hormonales y genéticos en que se apoyan porque el comportamiento social consecuente ayuda a estos organismos a sobrevivir, reproducirse y dejar un legado genético.

Crecer hasta una edad adulta para una especie social, incluyendo a los humanos, no es convertirse en autónomos y solitarios, es convertirse en un individuo de quien los otros puedan depender. Lo sepamos o no, nuestro cerebro y nuestra biología se ha conformado para favorecer este resultado.

El biólogo evolucionista David Sloan Wilson señala que si preguntan a la gente ¿Cuáles son las características de una buena persona? Escucharás decir: amabilidad, compasivo, empático.  Si preguntas ¿Cuáles son las características de una mala personaEscucharás decir: cruel, avaricioso, explotador y egoísta. Los rasgos de una buena persona muestran a alguien que se preocupa de sí mismo y de los demás, mientras que una mala persona se preocupa solo de sí misma a expensa de los demás. A través de nuestra herencia genética, nuestro cerebro y nuestra biología, han sido esculpidos para que nos inclinemos hacia determinadas maneras de pensar, sentir y actuar. Tenemos una serie de señales biológicas que capitalizan señales agresivas para motivarnos a actuar en formas que resultan esenciales para nuestra supervivencia.

El dolor y el rechazo a la soledad, de sentirse aislado de quienes nos rodean, también es parte de la maquinaria de alertas biológicas tempranas que avisan de las amenazas y daños al cuerpo social que también necesitamos para sobrevivir y prosperar. Todos hemos sentido dolor físico y el dolor de la nostalgia del hogar, la agonía del duelo por un ser querido, el tormento de un amor no correspondido y el dolor de ser dejados. Todas estas son variaciones de la experiencia de la soledad.

La soledad era caracterizada como una enfermedad no crónica sin cualidades redentoras. Se identificaba con la timidez y la depresión, con ser solitario, una persona con habilidades sociales marginales. Diversas mediciones científicas y sofisticados cálculos, revelaron, para nuestra sorpresa, que todo esto eran mitos. La ciencia y el sentido común, de nuevo, habían producido dos presentaciones muy diferentes de un fenómeno.

La prevalencia de la soledad también está creciendo. Sin embargo, no escuchamos a la gente decir que se siente sola porque la soledad está estigmatizada. Creemos que la soledad es el equivalente psicológico a ser un perdedor en la vida o ser una persona débil. Ahora sabemos que vivir en soledad es el mayor factor de riesgo de extendida enfermedad y mortalidad. Vivir en soledad aumenta la probabilidad de muerte temprana en un 45%.

La especie humana ha sobrevivido haciendo cosas en común, en pareja, en familia y tribus, para la protección y asistencia mutua. Pensamos en la soledad como una condición triste, pero para especies sociales, situarse en los perímetros sociales, no solo es triste, sino que es peligroso. Los cerebros de las especies sociales, incluyendo la especie humana, han evolucionado para responder a encontrarse en el perímetro social entrando en modo de autopreservación.

Cuando una persona se siente aislada, lo hace también, y no solo en una circunstancia de infelicidad, sino también en una situación de peligrosa. El cerebro se coloca en modo de autopreservación. Cuanto más solo está el cerebro, cuando se le presenta una imagen social negativa, el cerebro dirige mayor atención, y actividad cortical visual, como respuesta a esa imagen. Es peligroso estar en el perímetro social. Cuando sucede algo negativo en el entorno social, el cerebro se localiza en la autopreservación, no en una preocupación de la otra persona.

El aislamiento social es un proceso no consciente. Cuando uno se siente aislado, siente esta motivación, este deseo, esta intención de conectar de nuevo con otras personas. Lo que no siente es que el cerebro se ha puesto en hipervigilancia frente a amenazas sociales. Esta hipervigilancia significa que introduce mecanismos deformadores intencionales, confirmatorios y distorsionados de la memoria en términos de esas interacciones sociales. Y si uno busca peligros, es más probable que vea peligros, existan o no, teniendo interacciones negativas. La vigilancia de estar constantemente buscando al siguiente enemigo activa mecanismos neurobiológicos que pueden degradar la salud y llevar a una mortalidad prematura.

La soledad aumenta la reacción de defensa porque se localiza en el propio bienestar en lugar de tomar la posición o la perspectiva de las personas con quienes interactúa. La soledad aumenta los síntomas depresivos. La soledad aumenta las facciones de tristeza como señal para que los demás vuelvan a reconectar con uno, es una llamada segura de conexión. La soledad incrementa los niveles matutinos de cortisol (la hormona del estrés), la preparación para el cerebro de otro día peligroso. La soledad aumenta la respuesta prepotente, lo cual, significa que es más probable ser víctima de todo un repertorio de comportamientos impulsivos poco saludables.

La soledad disminuye la salud del sueño, aumenta el número de micro despertares, incrementa la fragmentación del sueño y disminuye la desintoxicación de los días estresantes durante la noche. La soledad altera incluso la expresión genética en cuanto a la biología inflamatoria para lidiar con los asaltos externos.

Si la soledad es peligrosa, ¿qué podemos hacer?

  1. Reconocer cuál es la señal y no negarla.
  2. Entender qué le hace a nuestro cerebro, a nuestro cuerpo, a nuestro comportamiento.
  3. Responde. No te fijes en la cantidad de amistades, sino en la calidad de las mismas.

La conectividad colectiva puede promoverse entrando a formar parte de algo más grande que uno mismo. Si los obstáculos para la conexión parecen invencibles, considera hacerte voluntario de una causa que disfrutes. Compartir buenos momentos es una de las claves de la conexión.

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La capacidad letal de la soledad
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Resumen Master Class de John Cacioppo con título "La capacidad letal de la soledad" en el canal de YouTube TEDxTalks
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de marketing de contenidos. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como distribuidor de libros y revistas para la firma Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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