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Cultura del perdedor

Cultura del perdedor

En los últimos tiempos tiene lugar una situación un tanto paradójica. Esta situación paradójica es apostar para perder. Desconozco los motivos, pero empieza a expandirse una cultura derrotista capaz de ocultar con su sombra las grandes acciones.

Las personas se presentan a las oposiciones sin estudiar, voy a probar, a ver si hay suerte. Los políticos fomentan referéndum y mociones de censura que van a perder, voy a probar, a ver si hay suerte. Las personas echan CV donde sea, sin mirar la empresa y si están capacitados para desempeñar el trabajo, voy a probar, a ver si hay suerte. El arte de la seducción también se ha visto afectado por la cultura derrotista, voy a enviarle una invitación, a ver si hay suerte.

La cultura del perdedor se expande. Poco a poco, logra un mayor número de seguidores. Las personas han dejado de potenciar sus habilidades para buscar la solución a sus males en factores externos. De la crisis no se sale porque lo diga un presidente del gobierno o el gurú de moda. De la crisis se sale si uno piensa y siente que no está en crisis.

No puedes apostar para perder. Algunos hasta se atreven a presentarse a unas primarias (cuando sus números estadísticos hablan por si solos), voy a probar, a ver si hay suerte. El éxito no es probabilidad. El éxito no es tirar un dado y esperar que la suerte me sonría. Estos días he comentado en un artículo que el éxito se asienta en dos principios fundamentales:

  1. Actuar
  2. Repetir

Todo lo demás es fruto del marketing, la capacidad de cada uno para seducir y llamar la atención de más persona. Una persona me comentó ayer por Twitter que hay que tener cuidado con esta fórmula del éxito. Argumentaba que repetir la misma acción una y otra vez puede llevar al éxito y al fracaso. Si una acción se hace mal desde el principio, y no se corrige, las consecuencias pueden ser imprevisibles, casi seguro que nada buenas. Y tiene razón.

No por hacer más, no por trabajar más horas, no por hablar más alto, no por estar en más platos de televisión, no por escribir más libros, no por hacer más llamadas, se consiguen mejores resultados. La cultura del esfuerzo no está relacionada con echar más horas, la cultura del esfuerzo viene a indicar que aquello que decidas hacer, hazlo bien desde el principio, focalízate única y exclusivamente en una acción y no te disperses con los jugosos juguetes tecnológicos que tanto nos gustan.

Actuar sin una estrategia previa, actuar sin preparar, actuar sin entrenar, actuar sin saber que se quiere conseguir, es la peor estrategia que cualquier coach, que se acaba de sacar el título, y carece de experiencia, puede ofrecerte.

No todo vale. Jugar a perder es una idea de perdedores. Jugar a perder e involucrar a otros en tu locura personal es un peligro que puede volverse en tu contra, señalarte, pasar a la historia como el ingenuo que quiso y no pudo.

Nos gustan las películas donde el protagonista, sin ningún tipo de esperanza de victoria, se sobrepone a todos los males que le acechan para sobrevivir, salvar a su familia, rescatar a la chica y derrotar al malo. Es una idea que se podría llevar a la vida real, siempre y cuando, el protagonista de la vida real este dispuesto a sufrir todos los palos, situaciones y muertes a su alrededor como sucede en las películas.

¿A quién no le gustaría ser Máximo Decimo Merido en la arena del Coliseo después de ganar un combate? Nos gustaría a todos. Así es como engaña la cultura del perdedor, te muestra la meta, pero oculta el camino. Nadie quiere ver a su familia asesinada, nadie quiere hacerse esclavo, nadie quiere matar para vivir. La gloria, el reconocimiento, la fama y el éxito son factores de la meta, no del camino a recorrer previamente.

No existen atajos. Apostar para perder solo funciona en las apuestas deportivas. Es el único lugar del mundo donde una derrota se cotiza como victoria. El resto del tiempo, apostar para perder solo te hace un perdedor.

Dime con quien vas y te diré cuanto vales. Si quieres ser un ganador, rodéate de gente ganadora, no de gente ilusionada. La ilusión y la victoria no van de la mano. A veces si, pero la mayor parte del tiempo no. Victoria es determinación. Victoria es disciplina. Victoria es dar el máximo. Victoria es levantarse y soportar los golpes.

La ilusión no da de comer. La ilusión sirve para hacer videos de YouTube, escribir varios artículos de blog y ganar algún seguidor para expandir tu mensaje. Cuídate de las personas que solo hablan de ilusión y esperanza, céntrate en los hechos, sus hazañas y resultados.

Yo puedo venderte la luna, convencerte de que puedes alcanzarla si decides comprar mi libro. Puedo convencerte para curar el cáncer con alegría, sonriendo a la vida. Son palabras bonitas, alegres y positivas, pero no son reales. Cuídate de los charlatanes.

¿Sabes como diferenciar un buen comercial de un mal comercial? A partir de la tercera reunión que mantengas con él descubrirás si se ha estudiado un guión o verdaderamente es un embajador del producto que comercializa. No apuestes por la cultura del perdedor.

Apostar para perder

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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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