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Capítulo 14.- Secreto de Confesión: Pendrive

Secreto de Confesión: Pendrive

Controlada la hemorragia, salgo a recibir al cliente. Un tipo que, de algún modo, me resulta familiar. Es muy probable que lo haya visto paseando por Sevilla, ¿o quizás fuera en televisión? Su apariencia de buen padre de familia queda patente en su rostro bonachón y un traje poco entallado, ligeramente ancho para su constitución. No lleva corbata, aunque puede estar guardada en el bolsillo izquierdo de la chaqueta por el enorme bulto que sobresale.

La piel rosada, y el sudor del rostro carnoso, delatan que la ausencia de corbata puede ser un indicador más del nerviosismo patente por la situación que se está produciendo. ¿Qué secreto sacará a la luz este hombre tan descuidado con su imagen personal y cercano a la jubilación?

Confesión autorizada. Te escucho. –Doy comienzo a la sesión después de estrecharle la mano y acomodarme en el sofá. Sus manos parecen estar recién sacadas de un cubo de agua. Busco con la mirada algo con lo que poder limpiar la mano del sudor seco y caluroso. Me percato de la segunda copa de whisky en la mesa. La agarro y doy un buen sorbo. El vaso también está húmedo. Definitivamente, hoy no es mi día de suerte. ¿Por qué Nikolái no aparece cuando quiero verlo? Me gustaría restregarle la mano por la espalda.

Aquí tiene el pendrive.

–¿Perdón?

El cliente no se percata de mi cara de póker por sus palabras. Se levanta, saca del bolsillo del pantalón un pequeño pendrive rectangular de 64GB que deposita en la mesa de cristal.

–Guárdelo como si su vida dependiera de ello. No trate de abrirlo en ningún ordenador porque automáticamente quedará borrado su contenido. Diga a quien se lo pida que mi deuda queda saldada. –Sin nada más que añadir, el cliente se acerca, pone su mano en mi hombro, como gesto de despedida, y se marcha.

¿Qué hacer con el pendrive? ¿A quién tengo que entregárselo? No sé por dónde coger esta situación. Paso de confesor a cartero según los intereses personales de Cayetana. ¿Me está utilizando de camello de información para evitar que sus manos aparezcan en las pruebas? ¿Qué turbio asunto esconde? ¿Fotos? ¿Vídeos? ¿Infidelidades? ¿Documentos revelando la verdad sobre una estafa autorizada del gobierno? El abanico de posibilidades tiende a infinito. Prefiero no saber la verdad, mi culo está a salvo si no visualizo el contenido.

Mi cabeza demanda sangre fría, pero la curiosidad solicita otra cosa bien distinta. Si descubro qué secretos guarda el pendrive, obtendré un as bajo la manga para futuros imprevistos. Una de mis pocas habilidades es mi excelente capacidad para memorizar cualquier tipo de texto en muy poco tiempo. Descubierto el secreto el valor de la prueba decae.

¿Y si es cierto que la información desaparece tras conectarlo a cualquier ordenador? Una estupidez, motivada por la insensatez propia que me caracteriza, sumaría un nuevo enemigo desconocido a la lista ya existente. Con el pendrive a buen recaudo, dispongo de buena baza para negociar si mi culo se ve en peligro. ¡Vaya dilema!

¿Quién será el legítimo dueño? No creo que sea Nikolái, tampoco Cayetana, no tendría sentido la parafernalia producida. ¿Aparecerá a lo largo de la noche? Este hecho confirmaría dos sesiones sin incidentes, grata noticia para mi salud personal.

¿Y si la entrega no se produce esta noche? ¿Dónde guardarlo hasta entonces? No conservaré tal peligro en casa. El hotel no es viable. Me niego a llevarlo siempre conmigo. No me ofreceré a ninguna paliza gratuita en un rincón oscuro de la ciudad, para luego recibir un segundo castigo por no haberlo protegido frente al peligro desconocido de la noche.

¿Y si me apunto a un gimnasio? Puedo guardar el pendrive en una taquilla, lugar donde pasará desapercibido, no llamará la atención, ni la curiosidad de nadie hasta el momento en que sea reclamado.

El sonido de la puerta abriéndose me pone en alerta. Guardo el pendrive en el bolsillo lateral de las bermudas. Nikolái reaparece con un viejo conocido. Por desgracia, no todo es color de rosas.

Confesión autorizada. Te escucho

Capítulo 15.- Secreto de Confesión: Colaboración no deseada

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Capítulo 14.- Secreto de Confesión: Pendrive
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Capítulo 14.- Secreto de Confesión: Pendrive
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Me llamo Mario Conde y soy tu confesor. Si tienes un problema, te escucho
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de marketing de contenidos. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como distribuidor de libros y revistas para la firma Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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