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¿Hay alguien ahí?

El enemigo viene a verme

¿Hay alguien ahí? Estoy sentado delante del ordenador. Escucho un ruido en el dormitorio, me levanto de la silla y voy a ver. No hay nada extraño, vuelvo al trabajo.

¿Hay alguien ahí? Me despisto, aprovecho que he vuelto a escuchar un ruido en la cocina para prepararme un café. Diez minutos después vuelvo al trabajo.

¿Hay alguien ahí? Me han llegado varios WhatsApp al móvil. Aprovecho que tengo que ir al baño para leerlos. Quince minutos más tarde vuelvo al trabajo.

¿Hay alguien ahí? Me llama mi pareja, no hablamos desde ayer. Tres cuarto de hora más tarde cuelgo y vuelvo al trabajo.

¿Hay alguien ahí? Es mi cuerpo, está nervioso, no puede concentrarse. Me levanto, vuelvo a la cocina, como, me siento, voy al baño, como, me siento, me levanto, miro el móvil… El enemigo viene a verme, estoy a punto de sufrir un ataque de ansiedad.

Nada me consuela. A medida que pasan las horas del día la sensación no mejora, me siento peor, no paro de darle vueltas a la cabeza a un único pensamiento: No voy a poder entregar el proyecto a tiempo. El tiempo se acaba, no se que hacer.

Me cambio y salgo a darme una vuelta para despejarme. A la vuelta de la esquina me encuentro con Mario, hace meses que no sé nada de él. Me comenta que estuvo en Londrés pero que tras el Brexit se ha vuelto. Reímos durante media hora. Tras despedirnos, olvido porque había salido a la calle.

¿A dónde iba? No lo recuerdo, estoy perdiendo la memoria. Ante la duda, decido volver a casa. Me siento delante del ordenador y veo la hora, concretamente una hora menos desde que me levanté. Ya es la hora de comer, como rápido y me pongo toda la tarde.

Ya es tarde… la ansiedad puede contigo. He entrado en un bucle del que difícilmente se puede salir bajo presión. El estrés acumulado días atrás comienza a florecer en distintas partes del cuerpo. El día no productivo de hoy avisa peligro: los riñones, la espalda, las articulaciones… Un duende invisible juega con mi cabeza a modo de tambor.

Me tomo una pastilla, hoy no puedo perder el día. Estoy irritable, no hay quien me aguante. Ayer tuve una discusión absurda con mi pareja porque estaba tomándose unas cervezas con unos amigos mientras que yo estaba trabajando.

La gente que me quiere me dice que pare, que no merece la pena hacer tanto esfuerzo a costa de la salud. ¿Tienen razón? Seguramente, pero no puedo parar. Hay que seguir, avanzar. El premio está cerca. Lo huelo, lo siento tan cerca que hasta puedo tocarlo.

Mi abuela me ve mal, no para de decirme que no como nada, cuando lo cierto es que estoy todo el día comiendo. Los nervios consumen toda la glucosa que injiero. Necesito más droga blanca. Bajo al kiosko y me gasto cinco euros en chucherías. Espero que me dure varios días, pero no llegan a la hora de cenar.

Miro la cuenta del banco. En vez de recibir el ingreso que esperaba desde hace una semana, me encuentro con dos gastos imprevistos. No puedo más.

¿Hay alguien ahí? Es la ambulancia. Lo último que he podido hacer antes de abrir la puerta del piso y caer al suelo es llamar a urgencias.

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El enemigo viene a verme
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de RR.HH., estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como distribuidor de libros y revistas para la firma Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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