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Máximo, Máximo, Máximo

Máximo, Máximo, Máximo

¿Cuánta envidia puedes provocar? ¿Qué dicen de ti a tu espalda? La envidia es uno de los mayores Pecados Capitales porque puede degenerar en asesinato o a cometer actos para que otros no disfruten de su estatus actual.

La envidia es peligrosa. Se extiende por el cuerpo como el veneno de la picadura de un mosquito. Sientes un pinchazo, pero no sabes dónde ha sido, ni quien lo ha provocado. Si no haces nada, el veneno se extiende lentamente, sin que nadie, ni nada le haga frente hasta que el picor es insoportable. Si te pica un mosquito normal, las consecuencias pueden ser pasar una mala noche, pero si te pica un mosquito Anopheles, quién sabe lo que puede ocurrir.

Nunca subestimes a un enemigo, ni muy grande, ni muy pequeño. La envidia es capaz de volverle loco, una persona desesperada cuyo único objetivo es apuñalarte por la espalda. Tú no lo sabes, pero él, come, duerme y vive pensando en ti. Trata de pensar como lo haces tú, qué te gusta, qué lugares sueles frecuentar, qué tipo de comida comes cada día. Analiza cada detalle absurdo de tú vida para buscar una brecha para asestar el golpe mortal y salir airoso de la situación.

El problema de la persona que sufre de envidia es que lo vuelve impulsivo. Sus movimientos comienzan a percibirse a medida que trascurren los días y no sucede nada. La víctima, en la mayoría de casos, puede tomar precauciones para que el envidioso no consiga su objetivo.

Solemos ser demasiado necios. Destapados una trama para arruinarnos la vida y  no hacemos nada. Creemos que porque hemos descubierto al envidioso, la vergüenza por haber sido descubierto será suficiente para extirpar el veneno inyectado por la picadura del mosquito. La envidia no tiene cura. Nada puede saciar al envidioso, menos aún si la envidia es provocada por algún bien material. Siempre habrá alguien que disponga de un coche mejor, una casa mejor, un trabajo mejor y unas condiciones de vida mejores.

El envidioso centra su vida a partir de aquello que tienen y no tienen los demás. Si sabe que está en una mejor posición, respecto a su grupo de influencia, respira tranquilo, es una persona afable, extrovertida. Si algún amigo comienza a hacerle sombra, el cuerpo comienza a producir envidia. Una persona envidiosa es una persona insatisfecha.

Máximo, Máximo, Máximo. Él escucha por ti los gritos de ánimo que te dedican. Máximo, Máximo, Máximo. Él nota el cariño que los demás te tienen. Máximo, Máximo, Máximo. Él sabe como te miran las mujeres cuando haces acto de presencia.

El final de la película Gladiator, muestra un claro ejemplo de envidia. Cómodo, el Emperador que nunca debió subir al poder, cegado por la envidia, decide pelear cuerpo a cuerpo contra su mayor enemigo: Máximo. La desesperación por ver que no recibe el cariño que reclama por parte del pueblo de Roma, su familia, y aquellos que le rodean, le lleva a deshonrar su estatus y bajar a la arena del circo.

A lo largo de la película, la envidia le va nublando la razón para, finalmente, dejarse arrastrar por los instintos y las emociones más primarias. No necesitaba pelear en el Circo Romano para exterminar el problema de raíz. Podía haber matado a Máximo cuando lo hizo preso la noche anterior. El pueblo de Roma puede que se hubiera sublevado durante unos días, pero tras varias semanas y muchos más juegos, el nombre de Máximo sería olvidado (igual que sucede ahora con las grandes estrellas del fútbol cuando se van de un equipo para jugar en otro. La vida continúa).

Cómodo está ciego de envidia. Necesita aplastar a la mosca delante del todo el mundo. Sentir la misma sensación de gloria, los gritos repitiendo su nombre. Máximo, Máximo, Máximo.

No importa jugar limpio. Cómodo apuñala por la espalda a Máximo antes de salir a la arena del circo, para contar con mayor ventaja, delante de todos los presos. A tal punto llega su desesperación por ganar. No le importa el que dirán los demás. Solo quiere cumplir su deseo más oscuro.

No ha medido bien las consecuencias de sus actos. Máximo es un general experimentado en combates a muerte, capaz de mantener la calma y mirar a la muerte a los ojos. Además, la busca, quiere bailar con ella y si puede ser acompañado del asesino de su familia, mejor. Cómodo pierde su ventaja cuando decide enfrentarse cara a cara. Nunca ha sufrido penurias, nunca ha estado en un campo de batalla. Todo lo que sabe lo ha aprendido entrenando, nunca jugando un partido de verdad.

La teoría es muy bonita, pero en la práctica las cosas suelen ser muy diferentes a como se cuenta en los libros. Los tiempos se aceleran, las decisiones se toman en pequeñas fracciones de segundo y el acierto o el fracaso puede depender de saber esperar y no actuar.

La envidia llevó a Cómodo a bailar según el sentimiento de venganza de Máximo, sufriendo, nuevamente, con su cuerpo sin vida tirado por la arena manchada de su sangre, las palabras de gloria eterna hacia su peor enemigo: Máximo, Máximo, Máximo.

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Máximo, Máximo, Máximo
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Máximo, Máximo, Máximo
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¿Cuánta envidia puedes provocar?
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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