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Capítulo 4.- Secreto de Confesión: Felipe II

Secreto de Confesión: Felipe II

Paseo por la calle San Fernando, sigo el camino recto de chapas redondas pegadas al suelo que delimitan el carril bici. La tristeza tiene nombre de mujer: El bulldog francés y Cayetana Rivas, entre las dos me han arruinado mi primer día de trabajo. La alegría por ir a trabajar se desvanece, soy un número más dentro de la masa salarial.

He caído como un pelele en la trampa más antigua de la seducción femenina: un físico explosivo. Ceder la iniciativa al cliente para que decida cuánto vale mi trabajo me ha supuesto ganar menos dinero que si me pongo a pedir limosna en la puerta de la iglesia. ¿Quién en su sano juicio permite al cliente establecer el precio? ¿Gratis? Mucho mejor.

¡¡Estúpido!! ¡¡Inútil!! ¡¡Tonto!! No existe un término que pueda definir en una sola palabra la estupidez que he cometido. Para colmo, he puesto mi vida en peligro. Cayetana al volante es la hermana no reconocida del expiloto de Fórmula1 Takuma Sato.

Paseando por el Parque de María Luisa, medito qué hacer a partir de ahora. Las piernas apenas me sostienen y la frustración mantiene la mente a pleno rendimiento. ¿Qué hacer? ¿Dejarlo pasar o exigir aquello que me corresponde por derecho? Tengo su número, sé donde trabaja y conozco su secreto. No necesito nada más para presionar hasta cobrar la deuda pendiente.

¿Y si sale mal? La agencia de modelos es un nicho potencial de clientas. Si Cayetana quiere, puede cerrarme el grifo, prohibirme la entrada a los garitos más selectos de la ciudad. La fiesta funciona como la mafia. Si no eres de la familia, no puedes entrar. Si esto sucede, ¿dónde captar nuevos clientes? Mi oficio es de los que no se puede predicar en una sesión de networking, sería el hazmerreír del grupo.

El éxito de mi proyecto depende de la discreción. Nadie sabe quién soy y a qué me dedico. Si mi madre se entera que le estoy quitando el trabajo al padre Andrés, me pone con las maletas en la calle, después de romper su tercera pierna en mi cabeza.

¡¡Joder!! ¡¡Puta mierda!! Estoy perdido, desorientado y frustrado. Necesito hablar con alguien de confianza para pedirle consejo. Alguien capaz de moverse por estos menesteres de silencio, oscuridad y secretismo. Alguien capaz de infringir dolor y placer.

Alexandra cumple los requisitos, pero presenta un doble problema. El móvil no tiene batería y el cargador está en el dormitorio. No puedo regresar a casa hasta haber ordenado mis pensamientos. –¿Cómo te ha ido el trabajo? –será lo primero que pregunte sarcásticamente el bulldog francés cuando me vea aparecer.

Busco por Felipe II un bazar para comprar un cargador. Resuelto el primer problema, el segundo desaparece mientras tomo un café en LaZaga, cafetería que comparte pared con el bazar.

Pruebo contactar con Alexandra varias veces sin obtener ninguna respuesta. Quizás es demasiado pronto para molestarla, solemos hablar a media noche. Hago un último intento, previo pago de la cuenta. Nada, no hay suerte. Escribo un mensaje para decirle que necesito de su consejo, no hablar de fantasías sexuales fetichistas.

No tengo ganas de perder el tiempo, lo mejor será descansar y esperar acontecimientos. No puedo presentarme en casa con las manos vacías, necesito entretener al bulldog francés con alguna distracción. Los churros permitirán el tiempo suficiente para subir al dormitorio, echar el pestillo de la puerta y hacer sangre con las sábanas.

Confesión autorizada. Te escucho.

Capítulo 5.- Secreto de Confesión: Alexandra

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Capítulo 4.- Secreto de Confesión: Felipe II
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Capítulo 4.- Secreto de Confesión: Felipe II
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Me llamo Mario Conde y soy tu confesor. Si tienes un problema, te escucho
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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