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La estúpida Torre de Babel

La estúpida Torre de Babel

Algo debemos de estar haciendo mal cuando cada pequeña región de España quiere inventarse su propio idioma. Es como si una familia se hubiera sentado, todo un fin de semana, para dar sentido a determinados sonidos que solo ellos pueden reconocer al escucharlos. Un juego gracioso cuando se trabaja en familia porque anima a los hijos a potenciar la creatividad. Sin embargo, el juego se torna en totalitarismo cuando cada comunidad autónoma desea imponer su propia lengua. Si no existe, se crea un término y luego se rellena con lo que sea (eso si, nada de utilizar palabras del castellano, queda mejor inventárselas, si no se puede tirar del francés o el ingles).

¿A qué punto estamos llegando de estupidez? No critico la diversidad de lenguas, desde un punto de vista cultural, es un elemento que enriquece la cultura de una zona. Si critico la utilización de un idioma para separar, dividir y señalar al que no opina lo mismo que tú.

Las élites políticas de determinadas regiones se han apropiado del idioma regional para utilizarlo como arma política contra aquellos que piensan en un proyecto común, no en un proyecto individual donde solo importa satisfacer mi YO personal. El resto que se apañe como pueda, hasta que necesite ayuda de ELLOS.

En un mundo globalizado, donde la tendencia es que predominen tres idiomas: ingles, chino y castellano (por desgracia para algunos) para estar más conectados, romper determinadas barreras y fronteras que nos impedían acercarnos o conocer más a fondo la cultura asiática, la norteamericana y la africana. Algunos quieren ir al revés, en vez de romper fronteras, un término que está muy de moda en televisión, y por tanto en boca de los políticos (con los peligros que eso conlleva), están construyendo muros difíciles de escalar hasta para los propios miembros de una misma familia. La separación deja de ser por cuestiones religiosas o culturas. La división se genera dentro de casa, entre los propios vecinos y así, tantas fronteras hasta donde diga Google Maps que termina mi provincia o Autonomía.

Este fin de semana me contaba un amigo un suceso vivido por su hermano. Él es andaluz, pero actualmente reside en Palma de Mallorca. No sabe hablar catalán, ni tampoco tiene intención de aprenderlo, más si cabe cuando vivimos en un país con una lengua común para todos los hispanos (no hablo solo de España, el castellano es la unión de Europa y América). Uno de sus empleos consiste en realizar determinados trabajos en un colegio (comprenderán que omita ciertos datos personales que puedan identificarlo) dos tardes a la semana.

Él, en lo suyo, es muy bueno, pero tiene un defecto, según la directora del centro, y es que no sabe hablar catalán. Si no sabes catalán, no podrás hablar con los niños, por lo que no sé como vas a hacer bien tú trabajo. El hermano de mi amigo guardó silencio, no respondió al insulto, solo pidió una oportunidad para comprobar personalmente si podía o no dar la clase. A regañadientes, la directora aceptó, más que nada, porque la decisión final no dependía de ella, sino de la Administración, y cuando los recursos buenos escasean, te inventas que el tatarabuelo del negro del Athletic nació en Bilbao para justificar la decisión delante de los tuyos.

Finalmente, el hermano de mi amigo asistió a su primera clase. Antes de empezar, pidió disculpas por no hablar catalán (esto lo hizo porque la directora estaba delante y, a veces, aunque no queramos, hay que aparentar). Lo gracioso de esta esta historia, es que los niños preguntaron ¿por qué no das la clase en castellano? ¿Dónde está el problema? Ustedes se pueden imaginar la cara de la directora y la sonrisa de satisfacción del hermano de mi amigo.

La estupidez puede durar un tiempo, pero al final, la coherencia recupera su sitio.

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La estupidez puede durar un tiempo, pero al final, la coherencia recupera su sitio
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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