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El muro de la estupidez

El muro de la estupidez

No hemos aprendido nada del final de la Segunda Guerra Mundial. Creemos que el Muro de Berlín se construyó hace un siglo, cuando la realidad es que estuvo muy vivo desde agosto de 1961 hasta noviembre de 1989. Nuestros abuelos, padres, y algunos de nosotros en la niñez, vivimos el dolor de cientos de miles de familias divididas por los intereses políticos y económicos de unos pocos.

No importa si el muro es justo o injusto, solo importa mantenerlo, generar un clima de miedo y terror para que nadie se acerque más de la cuenta, ni pregunte en voz alta que sentido tiene. Una ciudad se vio partida en dos por el miedo, de una parte, a la libertad (en su significado más amplio), por el bien del Comunismo. Si en esto tiempos tan revueltos importa tanto la corrupción, es igual de importante no repetir los viejos errores del pasado, los mismos que algunos predican y desean repetir vistiendo una camisa de Alcampo.

Hay que desconfiar de aquellos políticos que gritan a los cuatro vientos “Todos para el pueblo”. Desconfía porque silencian la segunda parte de la misma frase: “Todos para el pueblo, sin contar con el pueblo”. Si te gusta leer libros de historia, creo que es la mejor expresión que resume el Comunismo, la misma frase que provocó la construcción de un muro para el bien común de los altos dirigentes de un partido político, y no para el pueblo que se supone gobiernan.

Años han pasado desde que Mijail Gorbachov no pusiera objeción a no mantener, ni ordenar represalias contra las personas que se atrevían a atravesar y tirar el muro abajo, por cuestiones económicas de mantenimiento. La madre Rusia estaba en ruina por el mismo error que creía protegerla, un exceso de soberbia y ego de sus altos dirigentes. Sí, han leído bien, el muro no cayo por las demandas y manifestaciones de un pueblo oprimido, llevado a un retraso de dos décadas, en comparación con la Alemania de los Aliados, estaban prohibidas y duramente castigadas.

La economía hizo caer el muro de la estupidez para alegría del mundo entero, rusos incluidos. Por primera vez, en noviembre de 1989, la humanidad celebraba la victoria de la unión contra aquellos que solo buscaban separación y división para aumentar sus cotas de poder.

Desde Europa hasta América, pasando por Asia y África, parece que hemos olvidado las tragedias que simbolizaron la construcción del muro de la estupidez. Los políticos mediocres que hoy gobiernan los países están más pendientes de divisiones y rupturas que de buscar la unión para alcanzar proyectos mayores.

Podemos poner como ejemplo la felicidad de la Reina madre de Inglaterra al saber que su poder seguirá intacto, sin ser consciente de la incertidumbre innecesaria que ha provocado a las generaciones más jóvenes.

Podemos hablar de Trump y su campaña para dividir Estados Unidos en dos bloques, aquellos que están conmigo y los que están contra mí. El muro en la frontera con México solo es la representación material de ese deseo de división que ya se produjo al final de la Segunda Guerra Mundial. Si el lobo se ve rodeado por los cazadores, los engaña, convence a otros lobos de la manada para que se sacrifiquen por una causa mayor, es decir, salvar su culo y mantenerse en el sillón a cualquier precio porque es consciente que cuando lo pierda, será presa fácil. Amigos y aliados lo entregarán a los cazadores por el innumerable número de mentiras y decepciones generadas a su paso.

Podemos ver en el corazón de Europa, en Francia y en España, como la gente se manifiesta en defensa de un político que les roba a sabiendas, que su única intención es llevarse los bolsillos envueltos en la bandera del país. Lo curioso, es que esa misma gente es la que luego se queja por los recortes y la corrupción. Si le preguntas sobre esa contrariedad –es la opción menos mala –escucharás decir.

Quien no se consuela es porque no quiere. Es España estamos volviendo al pasado, a las etiquetas y a la información en forma de slogan. A pesar de vivir en la etapa del conocimiento y de la información, la sociedad española tiende a la vulgaridad. No se confundan, no quiero decir que no sepan nada, somos la generación mejor preparada de la historia (hemos aprendido bastantes cosas interesantes, pero la mayoría poco prácticas). Hemos cedido a un tercero la capacidad de crítica, reflexión y pensamiento propio. Esto requiere esfuerzo y es aburrido, mejor que lo haga otro.

Piense en los políticos que quieren dividir España en pequeños Reinos, vamos, lo que se conoce popularmente como chiringuitos, cuando lo cierto es que se debería de rediseñar el Estado para hacerlo más centralista en las materias importantes (por eso de ahorrar y ser más eficientes).

Pongamos como ejemplo una familia extremeña que por motivos de trabajo del padre tiene que irse a vivir a Valencia. La Generalitat está promoviendo de manera silenciosa la imposición del valenciano como lengua exclusiva educativa, ¿es eso igualdad, tal y como se rasgan las vestiduras en los programas de televisión? O por el contrario, ¿es discriminación, contraria a la Constitución? ¿A dónde nos llevará este listado de iluminados que se centran en lo superfluo y olvidan lo importante? Existen muchos tipos de muro, la discriminación lingüística es uno de ello.

El muro de la estupidez también se construye cuando una persona adquiere un cargo de responsabilidad, sin estar capacitado para ello. Su falta de actitud y conocimientos puede llevar a la ruina a la empresa, dejar a los trabajadores sin cobrar, generando un clima de crispación, rabia y malas formas, si con ello esa persona puede seguir diciendo que es el responsable de la empresa los viernes por la noche.

Vivimos tiempos inciertos. Desconocemos dónde termina la mentira y comienza la verdad. Si seguimos así, sin detenernos y pensar que estamos haciendo mal, puede que luego nos lamentemos por la construcción, imposible de parar, de otro muro de la estupidez.

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Todos para el pueblo, sin contar con el pueblo
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Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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