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Capítulo 41.- Micrófono Abierto: Lucia

Micrófono Abierto: Lucia

Desperté desorientado. Quité el tapón y seguí bebiendo. El timbre de la puerta interrumpió mi muerte. Nadie tenía permiso para molestarme.

–Buenas tardes, valiente hijo de puta. Tenemos un concierto que preparar. –El jefazo forzó la puerta del apartamento y entró a joderme la última fiesta.

–Vete a la mierda.

–Voy a explicarte una cosa. He invertido mucho dinero en este proyecto. Si invierto es porque me gusta ganar. No soy de los que derrochan millones para demostrar a los demás lo rico que soy.

–Nasser, vete a la mierda. –El jefazo levantó las cejas en señal de sorpresa.

–Llámame como te dé la gana. Quiero verte­ el domingo en el escenario. Ya sabes cómo me las gasto. A veces soy algo temperamental.

–¿Me estás amenazando?

–Te estoy aconsejando. Mucha gente depende de tu sentido común. Por si lo has olvidado, hay una cláusula en vuestro nuevo contrato por el cual, si vendidas las entradas de un concierto, alguno de los componentes del grupo no se presenta en el escenario por causa objetiva, todos los derechos relaciones con El sueño de Susan, pasan automáticamente a mi poder junto con una indemnización cinco veces superior a la cantidad recibida hasta la fecha por mala praxis. Puede que sueñe muy genérico, pero no sabes cómo muerden mis tiburones cuando huelen carne fresca.

Apoyándome en el váter y en el bidet, me levanté. La cabeza me daba vueltas. Con sumo esfuerzo, visión doble, apoyándome en todo lo que encontraba y sin fuerzas en las piernas, conseguí colocarme a un palmo del jefazo para poder insultarle mirándole a la cara.

–Ve… te… a… la… mier… da.

El jefazo retrocedió hacia la puerta sin apartarme la vista.

–Hazlo por Andrea. Por tu hijo. Por Alex. Por Michael. Por Elton. Hagas lo que hagas, seguirás haciéndome rico. De ti depende el modo. Por cierto, deberías ver la televisión. Palmer anda en paradero desconocido. –El jefazo cerró la puerta del cuarto de baño.

Aún estando borracho, comprendí a la perfección el mensaje de despedida. Acababa de perder su protección frente al enemigo oculto en la sombra. Un movimiento muy hábil. Si el jefazo me había encontrado, la prensa también. Estaba seguro hasta el domingo.

–¡Iros a la mierda! –grité. Tiré la botella contra la pared. A trompicones, retorné a mi rincón para morir.

***

Tuve la mala suerte de continuar con vida el sábado. Supe que era sábado porque Guillermo vino a verme. Trató de levantarme para llevarme al salón, a pesar de mi oposición.

–Vete a la mierda –no quería resucitar. Quería morir ardiendo en el infierno más profundo.

–Venga. Ya has bebido suficiente. Es hora de luchar.

–Qué luche su puta madre –escupí, después de un trago largo a la botella que tenía en la mano.

–Se acabó el alcohol. –Guillermo me robó la botella y tiró el whisky por el lavabo–. Si quieres seguir bebiendo tendrás que venir al salón. –Agarró las últimas dos botellas y salió del baño.

Solo, tumbado con la cabeza entre mis manos, lloré desconsolado. En los últimos tres días hice un recorrido de mi vida. Una auténtica mierda. La historia siempre se repetía. Al igual que le sucedió a mi padre, llamaba a la muerte por culpa de una mujer. Guillermo robó el último brindis. Tenía que recuperarlo fuese como fuere. Hice acopio de fuerzas. Apoyándome en lo que encontraba por el camino, llegué al salón.

–¿Dónde están mis putas… –callé al ver a Lucía, la hermana de Susan. Vestía con el hábito–. ¿Qué coño pasa aquí? ¿Es una broma?

–Voy a pedirte que aplaces tu suicidio unos minutos. Luego, podrás hacer lo que te plazca con tu vida –me solicitó Guillermo.

Tambaleándome, conseguí llegar al sillón. La falta de alimento sólido me dejó las reservas de energía al mínimo.

–Soy… Tod… o… oídos.

–Le parecerá raro, quizás rayando lo novelesco, pero lo que voy a confesarle es completamente cierto. Como puede comprobar, mi vida está dedicada completamente a Dios. Hice mal y él me puso a prueba. Una noche, en plena promoción, el jefazo me pidió que le acompañara para revisar los nuevos modelos. En la habitación estaba Sloane, su jefe de seguridad, que sirvió un par de copas. Observé como en una de las copas echó unos polvos de color blanquecido. Entregó la copa limpia a su jefe y a mí la adulterada. Negué la invitación. No solo por los polvos, no bebo alcohol. Solté la copa en la mesa para irme. El jefazo me cortó el paso, me dijo que la fiesta acababa de empezar. Pedí ayuda a Sloane. Él sostenía la copa que acababa de rechazar, me pedía educadamente que bebiera. Ante mi negativa, Sloane me propinó una torta. El daño fue más psíquico que físico. Me ofreció de nuevo la copa y la volví a rechazar. Sloane me dio otra torta y caí al suelo. Bebe, me repitieron. Bebe y disfrutarás. Aterrorizada, el jefazo me agarró de los brazos para ponerme de pie. Esta vez no preguntaron, Sloane me abrió la boca e introdujo el contenido de la copa a la fuerza. Cuando lo tragué, el jefazo se despidió, me quedé a solas con Sloane. Vamos a divertirnos, me decía. Mi cuerpo notaba una especie de excitación incontrolada. Mi mente decía no, pero mi cuerpo decía sí. Desgarró mi ropa y me abrió de piernas. No tuvo piedad, me penetró como si de un agujero cualquiera se tratara. Al principio, mi cuerpo se resistió. Lentamente, se fue adaptando, comenzó a sentir placer. Mi mente perdió el control de mi cuerpo. No quiero entrar en detalles, señor Fidel. El resultado de la violación fue un embarazo no deseado. Una violación que no pude denunciar para no arruinar la vida de mi hermana Susan. El jefazo lo dejó bien claro cuando fui a verle para decirle que abandona el proyecto. Me contó a qué se estuvo dedicando Susan cuando se fue de casa. También me confesó que Vicent Palmer, el hombre del que habla la televisión, la buscaba para matarla. Si acudía a la policía, él le retiraría la protección. Es un chantajista. Amenazó a mi hermana mientras Sloane me secuestró para provocarme un aborto en una clínica clandestina. Días después de la operación me sentía aún peor. Actué en contra de mis principios morales y religiosos, arrebaté la vida a un ser indefenso. Maté, asesiné y corté la esperanza a un nuevo ser carente de defensa, ultrajé a Dios, nuestro Señor. Solo contemplé una manera de sanar mi culpa, dedicar la vida a difundir su mensaje. Susan me dijo que lo meditase, que me tomara unos días antes de vestir el hábito.

–Hermana… discúlpame… no quiero molestar… su historia… a mí… que… co… ño me impor… ta…

–¡Fidel! –Me gritó Guillermo–. ¡Espera a que termine!

–No pretendía molestar –aclaró Lucía.

–Discúlpele. Está borracho.

–No tiene que disculparse. Ignacio y usted han sido los dos hombres de su vida. Con Ignacio compartió el lado sensible, el valor de una caricia, el sentido de un abrazo, saber que alguien desea lo mejor de ti. Usted le enseñó a enfrentarse a la vida, a no rendirse y poner la otra mejilla cuando te golpean. Ambos teníais lo que ella buscaba en un hombre. Le entrego las cartas que ella me escribió. Ignacio ya las ha leído. Ha pedido que se las regale. Está dispuesto a cantar una última vez para evitar que la persona que ha arruinado a nuestra familia se salga con la suya. Piénseselo. Ojalá hubiera más hombres como usted. Sé que no debo desear mal a nadie, pero necesito decirlo en voz alta. Utilice las fuerzas que transmiten sus ojos para honrar y vengar a mi hermana.

–Las cartas te ayudarán a volver al ring. Son muchas y te falta tiempo. Te he seleccionado dos: una escrita días después de la muerte de Laura y la última que escribió el mismo día de su muerte. Abajo tienes el Cayman esperando por si mañana decides resurgir de tus cenizas. –Guillermo me dio una palmada en el hombro y abandonó el apartamento junto a Lucía.

Capítulo 42.- Micrófono Abierto: El despertar del Ave Fénix

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Capítulo 41.- Micrófono Abierto: Lucia
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Capítulo 41.- Micrófono Abierto: Lucia
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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