Inicio » Novelas » Micrófono Abierto » Capítulo 36.- Micrófono Abierto: Unplugged

Capítulo 36.- Micrófono Abierto: Unplugged

Micrófono Abierto: Unplugged

Unos flecos en la discográfica me impidieron despedirme del anonimato con un maratón de polvos. Los días pasaron más deprisa de lo deseado. En Londres, Susan se reencontraría con Ignacio y finalizaría nuestra aventura. Se lo prometí al séquito, quedó prohibido pensar con la cabeza de abajo.

Las sorpresas llegan cuando menos te las esperas. Ignacio ensayaba con el resto del grupo en el estudio de grabación. Una mala noticia que el séquito vigiló con suma atención. Analicé detenidamente su look. Aprecié un cambio de aires. Rapado, disfrazado con pantalones pitillo, camiseta y chupa de cuero, palpé una seguridad innata.

–¿Dónde está tu profesor? –pregunté a Ignacio. Alex y Elton se acercaron para evitar cualquier controversia.

–¿Quieres que te enseñe a andar? –me insinuó con chulería.

–Querría felicitarle por el trabajo bien hecho –sonreí. Le extendí la mano–. ¿Sin rencores? –Ignacio aceptó mis disculpas, chocamos las manos y enterramos el hacha de guerra. No tenía nada contra él, solo competíamos por conquistar a la misma mujer–. Veamos cómo suena la banda al completo.

Orgullo era la palabra exacta para definir la metamorfosis producida. La timidez quedó oculta debajo de una capa de seguridad, galantería y rebeldía. Un cambio que eliminó los rasgos de dulzura de su rostro. Barajé la posibilidad de una pequeña operación estética. Nadie cambiaba tanto en tan pocos días.

La prueba resultó un rotundo éxito. Ningún problema en la adaptación. Éramos una pandilla que tocaba en el garaje del padre de uno por mera diversión.

–Repetimos –ordenó Ignacio. Demandaba la batuta de mando. Sonreí. Yo le descubrí. Yo le traje a la discográfica. Entre todos lo pulimos para conseguir el artista que teníamos delante, un hombre capaz de llenar el escenario con su presencia.

–Probemos algo nuevo. Toquemos Fruta prohibida en acústico –cambie de guitarra–. Improvisemos, Jazz. Una toma, si sale mal lo aparcamos.

Me coloqué al lado de Ignacio. Aceptó el reto de buena gana. Afiné las cuerdas e Ignacio repasó mentalmente la letra. El séquito se colocó detrás de la mampara.

–¿Podéis bajar la luz? –solicitó Ignacio a la mesa de realización por el micrófono. La luz se concentró en un pequeño foco encima de nuestras cabezas.

–Un taburete –solicité por el micrófono–. Quiero que grabéis sonido y vídeo.

–Cinco minutos –se escuchó por los altavoces. Levanté el pulgar hacia arriba.

Aunque quería improvisar el tema, comenté a Ignacio que tras el primer y el segundo estribillo iba a realizar un punteo. Repetí los acordes de entrada varias veces para que se quedara con ellos.

Una mujer entró en la sala de grabación con un taburete alto. Ignacio corrió a ayudarla. La chica se puso nerviosa, no esperaba aquella amabilidad. Habitualmente, los artistas no le prestaban atención.

–Todo listo –escuchamos por los altavoces.

–Alex, ¿mucha expectación fuera? –pregunté.

–Mucho calor.

La luz de grabación se iluminó y comencé a tocar los primeros acordes. La expectación era máxima. A través de la mampara conté varias decenas de personas. La toma fue única e irrepetible. Alex tenía los pelos como escarpias. Michael dejó a la vista los ojos que se escondían detrás de sus gafas de sol. Elton aplaudía fervientemente.

–¡Increíble! ¡Fantástico! –Se oía por los altavoces repetidamente–. ¡Sensacional! Esta tarde estará el audio y el vídeo listo para subirlo a la web. Abracé a Ignacio, ambos éramos conscientes de la brillantez del ensayo.

–¿Lo repetiremos en Londres? –me preguntó Ignacio.

–No habrá ningún problema. –El altavoz anunció el final del ensayo–. Aún es pronto. Quiero seguir tocando. ¿Qué decís vosotros? –pregunté por el micrófono al resto del grupo en busca de su aprobación. La puerta de la sala de grabación se abrió y entró el séquito.

El jefazo era el hijo de puta más grande del mundo, pero en temas musicales y empresariales era un auténtico genio. Se marcó una meta, se tomó el tiempo suficiente para estudiar las necesidades del mercado, buscó un hombre de confianza para delegar la batuta de mando y lo rodeó de los mejores medios. ¿El resultado? Un grupo formado por desconocidos había vendido más de un millón de entradas para su concierto de presentación.

Deseábamos subirnos ya al escenario, que pasaran los días y fuera domingo. Una cosa es tocar encerrados dentro de una habitación y otra, bien distinta, tocar delante de miles de personas. El miedo escénico podía hacer mella en cualquiera de nosotros. Recordé el nudo en la garganta sufrido en el Mondé antes de tocar Camino empedrado. ¿Qué sería de Andrea? Susan ocupó su lugar en la cama. ¿También mi corazón? Las noches salvajes terminaron. Volvía a quedarme solo. El sentimiento que más temía regresaba en el momento más inoportuno.

Alex se percató de mi bajón repentino.

–Fid, recuerda que hemos quedado esta noche con las gemelas. –Le dediqué una sonrisa de agradecimiento.

–Queda prohibido todo tipo de fiestas hasta el domingo después del concierto. –Tras muchos días de ausencia, el jefazo hizo acto de presencia por la discográfica–. Se acabaron las locuras y los excesos. A partir de este momento os quiero como niños de mamá, buenos y responsables. El primer concierto es básico para el resto de la gira.

–Jefe, eso no es justo –Alex refunfuño como un niño mimado–. ¿Puedo llevarlas al apartamento?

–Al deporte no le pongo objeción. No admitiré destrozos, coca, borracheras, ni escándalos. A partir de mañana tendréis una agenda muy apretada. –El jefazo desapareció de la mampara y Esther apareció con un mensaje para mí.

–Andrea está en recepción –me susurró al oído. Mi rostro se iluminó. Ganaba, sin pelear, la batalla a mi peor enemigo: la soledad.

–Lo dejamos por hoy. Ya habéis escuchado al jefecillo. Nada de excesos. –Todos rieron mi broma. Me acerqué a Alex. Tendremos que aparcar el plan con las gemelas para otro día. Andrea ha regresado.

–Parece que hoy es el día perfecto para volver a casa. Primero, Ignacio. Luego, el jefe y ahora, Andrea. Aquí huele raro.

El comentario de Alex me hizo detectar un detalle que dejé pasar por alto. Estaba tan preocupado por mi lucha interna contra la soledad que no medité sobre los nuevos acontecimientos. El jefazo llevaba algún tiempo desaparecido e Ignacio y Andrea se fueron al mismo tiempo. En su día, no le concedí mayor importancia a esta casualidad. Ahora, regresaban juntos. ¿Estaríamos viviendo una aventura a dos bandas? Era absurdo. No creo que Ignacio fuera capaz de hacerle eso a Susan.

Andrea esperaba sentada en uno de los sillones de recepción. Controlé mi impulsividad. Hice el menor ruido posible y me acerqué por detrás. La recibí con un beso en la mejilla.

–Te he echado de menos. –Las vacaciones, prefería llamarlo así, le habían sentado fenomenal. Su rostro brillaba de manera cautivadora. –Perdóname. Yo… –Le puse un dedo delante de su boca.

–No quiero hablar del pasado. Detengámonos a vivir el presente. –La ayudé a levantarse. Agarrados por la cintura, salimos de la discográfica.

Capítulo 37.- Micrófono Abierto: Gira Internacional

Summary
Capítulo 36.- Micrófono Abierto: Unplugged
Article Name
Capítulo 36.- Micrófono Abierto: Unplugged
Description
La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

Entradas similares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *