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Capítulo 34.- Micrófono Abierto: AC/DC

Micrófono Abierto: AC/DC

–¿Dónde está Tom? –pregunté al nuevo vigilante del ascensor.

–Le están preparando, se lo llevan a la gira con ustedes. –Por fin tendríamos un buen guardaespaldas.

–¿Quién eres tú?

–Lo lamento, señor Apriori. Tenemos prohibido intimar con ustedes.

El guardaespaldas mostró una ligera sonrisa al ver mi cara de empanado. El apartamento estaba completamente restaurado. La nueva decoración me hizo dudar, tener problemas de memoria. –¿Qué ha pasado aquí? –quise preguntarle. Las puertas del ascensor estaban cerradas.

Encendí el DVD y pulsé PLAY. AC/DC seguía en el reproductor. Busqué Highway to hell, encendí los bafles a su máxima potencia, me remangué los pantalones hasta las rodillas, cogí una corbata y una gorra del armario. Comencé a moverme como Angus Young, con movimientos bruscos de cuello, al tiempo que levantaba las piernas para avanzar hacia delante.

Al término de la canción, me acoplé una de las muchas guitarras electrónicas que colgaban en la pared. Preparado para empezar de nuevo, volví a escuchar Highway to hell. Me sabía los acordes de memoria. Primero seguí a Angus Young con la guitarra. Cuando me sentí cómodo, probé a imitar su movimiento de cuello, seguido de su movimiento de piernas.

Me lo estaba pasando en grande. Probé a seguir el concierto con otros acordes. Los primeros no se acoplaron. Fue con TNT cuando conseguí un primer acompañamiento decente. Estaba excitado, no podía parar de tocar la guitarra. Los bafles y la pantalla de cien pulgadas te hacían sentir como si estuvieras tocando junto a ellos encima del escenario.

Una mano inesperada me acarició el hombro, me hizo dar un salto hacia delante. Me giré con la respiración acelerada. Susan movía la boca. El volumen de la música me impedía saber qué estaba diciendo. Busqué el mando del reproductor para detener el concierto.

–Vaya susto me has dado. Casi me voy de vareta.

–Te llevo gritando desde que he entrado. ¿Qué estabas haciendo?

–¿Quieres probar?

–¿El qué?

–¿Sabes tocar la guitarra?

–Algunos acordes.

–Será suficiente. –Descolgué otra guitarra eléctrica de la pared.

–¿Estás lista? –Pregunté, después de habérsela acoplado–. Vamos a empezar con una conocida.

–No sé tocar.

–Es una guitarra eléctrica, vale cualquier sonido. Verás cómo te diviertes.

Busqué Highway to hell. Los acordes de Angus Young comenzaron a sonar. Fui el primero en acariciar la guitarra. Susan no se arrancaba, comenzó con el baile de pies antes de tocar el único acorde que se sabía. Adapté el sonido de mi guitarra para que su acorde sonara mejor. Poco a poco, Susan se fue animando. Se quitó la coleta para imitar el movimiento de cuello.

Nadie nos podía detener. Habíamos convertido el apartamento en nuestro escenario particular. Susan tocaba encima de la mesa, yo saltaba encima de la cama.

Con paso militar, nos acercamos al televisor a leer el título de la nueva canción. Nos quedamos uno delante de otro, a menos de un metro de distancia. Sonó Shoot to thrill y comenzamos a trotar sin movernos de la baldosa.

–Prepárate para lo mejor.

Acto seguido rompí el jarrón de porcelana con una patada. Susan se quedó perpleja. Le hice gestos para que hiciera lo mismo con un cuadro que colgaba de la pared. Negaba con la cabeza. Lo descolgué y coloqué entre sus manos, le animé a romperlo. Quería hacerlo, pero se resistía.

Ante mi insistencia y la siempre adrinalitmática música de sus satánicas majestades, con permiso de Mick Jagger y su séquito, lanzó el cuadro contra la pared. Las dudas de Susan con el cuadro entre sus manos hicieron de tiempo muerto, sirvió para coger aires. Después, no pudimos parar. Indultamos los bafles, la pantalla del televisor y el reproductor de DVD. El resto del apartamento fue nuevamente destrozado. Un nuevo huracán sacudió con mayor fuerza. El concierto finalizó lanzando las guitarras contra las puertas del ascensor.

Miramos la salida con deseos de escapar, salir corriendo de la vida que nos estaba tocando vivir. El fin de la música suponía el comienzo del juego sexual en el que ambos nos sentíamos atrapados.

Cambiamos el lugar y el acelerador. La cama por el escenario. La coca por AC/DC. En el suelo, en la cocina, con Susan pegada en las puertas del ascensor. Al ritmo de Angus Young, cualquier lugar era bueno para conquistar al otro. Palabras como freno, límites, frontera o vergüenza quedaron prohibidas.

El entrenamiento nocturno se repitió a lo largo de la semana. Cada despertar comenzaba con un polvo mañanero, seguido de una larga jornada de ensayos en el almacén. Por la noche, rechazaba cualquier plan que no fuera terminar el día junto a Susan, redecorar el apartamento y dar rienda suelta a nuestro lado más salvaje.

Capítulo 35.- Micrófono Abierto: Pistoletazo de salida

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Capítulo 34.- Micrófono Abierto: AC/DC
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Capítulo 34.- Micrófono Abierto: AC/DC
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de cuentas en la revista Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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