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Capítulo 30.- Micrófono Abierto: El traficante

Micrófono Abierto: El traficante

Un guardaespaldas abrió una de las puertas del almacén de la discográfica en Alcobendas para permitir la entrada de los deportivos. Aparcamos detrás de la mesa de mezclas. El escenario no estaba montado. El director de montaje nos dio la bienvenida, nos presentó uno a uno a los técnicos de sonido, iluminación y montaje.

–Os dejo con Rafa Méndez, el coreógrafo. –El director de montaje volvió a dar instrucciones por el pinganillo.

–Se me han ocurrido algunos pasos. Llevo varias semanas trabajando en ellos.

–¿Ves a Ignacio bailando? –dijo Alex, con cara de incredulidad y sarcasmo.

–El chaval es una caja de sorpresas –comentó Elton–. Mira la novia que tiene.

–Tendríamos a nuestro propio Chayanne. –Todos, salvo Michael, reímos la broma.

–Por cierto, ¿dónde está? –preguntó Alex.

–Hoy no hay ensayo –aclaré.

–¿Cómo que no? –exclamó sorprendido el coreógrafo, con los ojos saliendo de sus órbitas.

–Ignacio no está –aclaré a Rafa.

–¿Y vosotros?

–Somos los músicos. Solo tocamos. Nada de bailes de salón.

–En la discográfica me dijeron que…

–Sí. Sí. –Alex dio varias palmadas en la espalda al coreógrafo–. Sé que te has esforzado mucho. Pero este grupo canta más que baila. Tenemos suficiente talento en nuestras manos.

–Esto… Esto es… humillante –escupió indignado, con voz afeminada.

–No te agobies –dije para calmarlo–. Con Ignacio tendrás trabajo de sobra para jugar. Eso sí, nada de volteretas, giros, ni saltos raros. Como lo hagas te las verás con mi puño. Enséñale a moverse con chulería encima del escenario. Ponle vídeos de Freddy Mercury.

Dejamos a Rafa autocastigándose. Antes de irnos pregunté al jefe de sonido cuando podríamos ensayar.

–Mañana tendréis todo listo.

Me senté en el Cayman y envié un mensaje con el móvil de tarjeta prepago. De camino a Madrid encontré un hueco para apartarme de la fila y salir de la autovía sin tiempo a que ningún todoterreno pudiera maniobrar para seguirme. Aparqué en el primer aparcamiento público que encontré y subí a la calle en busca de un taxi para ir al zoológico. 

Abandoné la enorme pecera de los tiburones cuando escuché por megafonía anunciar la próxima actuación de los delfines. El anfiteatro estaba muy concurrido por alumnos de diversos colegios. Tomé asiento en la grada superior de la parte central, el niño más cercano quedada ocho filas más abajo. El pitido del silbato dio comienzo al espectáculo, momento en el que Guillermo Salgado tomó asiento a mi lado.

–Disculpa el retraso. Aseguraba la zona.

–¿Qué tienes? –pregunté.

–Tu jefe es un tipo peligroso. Su verdadero nombre es Abdel Nasser. Es mitad egipcio, mitad indio. Hizo fortuna con el tráfico de mujeres. Saltó al sector de las armas como intermediario entre África y Europa. El Campus de la música es una tapadera para lavar el dinero y pagar favores. Un viejo contacto en el Ministerio del Interior consiguió la dirección de un coronel retirado que había pasado largas campañas en África. Su conversación fue muy gratificante, me aportó información relevante sobre su pasado. El asesinato de Laura en el Palace fue una muestra de poder, es su carta habitual de presentación. A media noche un trabajador del hotel anunció a dirección la aparición de un cadáver en una de las habitaciones. Me tranquilicé al saber que se trataba de una mujer cubana. ¿Cuál es la relación entre la Nasser y la chica? Aparentemente ninguna. ¿Por qué viajó a España? Todos los indicios indican que fue engañada, desconocía el asesinato de su hermano. Mi contacto me ha facilitado una copia del expediente. Le han dado carpetazo. Ni es relevante, ni tiene publicidad en los medios.

–¿Sabes quién mató a Laura?

–Sigo investigando.

–Busca a Vicent Palmer. Si llegas a él antes que el jefazo, tendremos la visión panorámica. –Guillermo se marchó. Esperé a hacer lo mismo al término del espectáculo de los delfines.

Sloane me esperaba en la puerta de acceso al parking. –¡A qué coño juegas! –me escupió. Le aparté la mano de mi abrigo y bajé las escaleras. El Cayman estaba custodiado por un todoterreno que le cortaba el paso. Abrí la puerta e hice un gesto militar en forma de saludo a sus ocupantes.

Regresé al apartamento cercado por dos todoterrenos y una moto conducida por el propio Sloane. Andrea me esperaba con un estofado para cenar. Últimamente, parecía no saciarse nunca mi apetito. La rutina retornó al hogar, cena y sexo de postre.

Acurrucados en la cama, acaricié el refugio de mi hijo. Ya no caminaba solo. En aquel momento, en ese mismo instante y por primera vez en mi vida, sentí verdadero miedo por lo que pudiera pasarle a las dos personas que tenía delante de mí. Si para protegerlos había que chupar el culo al jefazo, no quedaba más remedio que morderme el labio, tragarme el orgullo y agachar la cabeza hasta romper el contrato con la discográfica.

Capítulo 31.- Micrófono Abierto: El puñetazo

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Capítulo 30.- Micrófono Abierto: El traficante
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Capítulo 30.- Micrófono Abierto: El traficante
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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