Inicio » Novelas » Micrófono Abierto » Capítulo 28.- Micrófono Abierto: Hotel Palace

Capítulo 28.- Micrófono Abierto: Hotel Palace

Micrófono Abierto: Hotel Palace

Me encerré en el cuarto de baño a leer la nota de Susan. En ella agradecía mi esfuerzo con una visita guiada por su cuerpo a la diez de la noche en el hotel Palace. Sonreí. Eran las siete y media. Daba tiempo a echar unas copas antes de recoger mi trofeo.

En Teatro Kapital estuve distante con el grupo. No paré de mirar la hora, bebí menos de lo debido. Una cosa era aguantar más tiempo la faena y otra, bien distinta, era no terminarla.

La guardia pretoriana vigilaba los deportivos aparcados en la puerta principal. Llamé a Daniela, la camarera que la discoteca dispuso para atendernos, para pedirle una vía de escape que no fuera por la puerta principal. Aquella era una solicitud habitual para evitar a los paparazzi en la puerta. Esperé una respuesta observando a Elton ligar en medio de la pista.

Si el jefazo quería hacerme daño, bastaba con impedirme tocar. La guitarra era mi fiel compañera de viaje en los buenos y en los malos momentos. Me ayudó a superar la muerte de mi padre, encontrar un buen trabajo, conocer a la madre de mi hijo, hacerme rico y entregarme sexualmente a la diosa Diana.

Miré de nuevo la hora, las diez menos cuarto. Llegaba tarde y Daniela no aparecía.

–Disculpe, señor Apriori. Tenemos el coche preparado para llevarle donde usted desee. Fran, un guardia de seguridad, le indicará el camino. –Apreté la mano del encargado, agradecí el gesto con un billete de doscientos euros que cambió discretamente de manos.

–Sígame, por favor –indicó el guardia de seguridad de la discoteca.

–Fid, ¿a dónde vas? La fiesta acaba de comenzar.

–Tengo algo urgente que hacer.

–Venga ya, vaya chorrada. –No presté más atención a Alex. Bien acompañado, con una botella de Matusalem y una chica a cada lado, se olvidaría de mí en cuanto saliera del reservado.

Ignacio no se percató de mi marcha. Desde que llegamos a la discoteca no despegó la mirada de la pantalla del móvil. Seguramente estaría hablando con Susan por WhatsApp. ¿Susan? Se estaba haciendo tarde. Salí escopeteado del reservado. El guardia de seguridad andaba con grandes zancadas, me costó seguirle el ritmo.

El coche estaba aparcado en un parking privado contiguo a la discoteca. Era un Mercedes C 220 con los cristales de atrás tintados. El interior era amplio y cómodo. El corazón se detuvo cuando pasé delante de Sloane, no apartó la vista del vehículo hasta que el chófer cambió de calle.

–¿Dónde desea que le lleve? –me preguntó el chófer al verme más relajado.

–Al museo Thyssen.

El silencio acompañó la corta travesía. Despatarrado en la parte de atrás del Mercedes, contemplé los viejos edificios de La Castellana a través del cristal. Llegué en menos de diez minutos a mi destino, me bajé y le concedí la noche libre al chófer. Agradeció el gesto tocando varias veces la bocina. Su buena actitud me recordó una frase de Leiva en un poster: el ruido de las calles es un auténtico rock and roll.

Subí Plaza de las Cortes al trote. Entré quince minutos tarde al hall del Palace. Me relajé al recordar que la última vez ella me hizo esperar cerca de una hora. No sería su perro faldero. Susan era calculadora, trataba a los hombres como si fueran marionetas. Ese era su papel y su debilidad: dominar la situación.

No subí a la habitación, caminé al salón central a pedir una copa. Necesitaba recuperar fuerzas. La huida redujo la influencia del alcohol. Brindé en solitario. Mi boca adoptó el típico gesto de Indiana Jones cuando se reía de algo que le sorprendía. No es bueno beber antes de matar al toro, me repetía mi padre. Nunca he seguido el plan establecido. Mi vida era un desorden organizado, un inmenso puzle cuyas piezas solo el destino sabía encajar.

Bebí a pequeños sorbos. La tranquilidad y la serenidad del Mercedes se trasladaron al salón central del Palace. Los cuadros de veleros de guerra antiguos me recordaron las vistas de La Carihuela. ¿La Carihuela? Guillermo Salgado. Qué mejor momento para llamarle.

El salón estaba vacío, a excepción del camarero detrás de la barra. Marqué su número con un móvil con tarjeta prepago.

–Guillermo, soy Fidel. ¿Sigues por Madrid? Quisiera comentarte varios asuntos.

–¿Quedamos para cenar?

–Mejor a tomar una copa. ¿A las doce en el salón central del Palace?

–Me parece bien. Hasta ahora.

Miré la hora en el reloj de pie del salón. Eran cerca de las once menos veinte. Pagué la cuenta y subí a la tercera planta. Recorrí el pasillo tarareando la melodía de Fruta prohibida. La puerta de la habitación estaba entornada. Entré con cuidado, mi subconsciente no había olvidado el percance con Palmer. La situación era parecida, una cita a la que se presentaba sin invitación.

Las luces, salvo una lámpara en la mesa de noche, estaban apagadas. En la pared se proyectaba la sombra de una persona tumbada dentro de la cama. Me acerqué y contemplé un bulto inmóvil. ¿Duerme? Pasé mis dedos por lo alto de la colcha, recorrí las piernas de Susan.

–¿Estás enfadada por haberte hecho esperar? –No obtuve respuesta.

Me acerqué al cabezal de la cama. Susan estaba tapada hasta la cabeza. Metí una mano por debajo de la colcha en busca de su pecho, un pecho helado, excesivamente frío para el cuerpo de una persona viva. Mi corazón se aceleró.

No podía ser cierto. La mano me temblaba, la garganta se secó. Bebí agua del vaso que había en la mesa de noche. Tenía un sabor raro, parecía contener algo extraño disuelto. La vista se nubló. Perdí el equilibrio en unos segundos.

Escuché pisadas provenientes del baño. De rodillas, junté las pocas fuerzas en centrar la vista en el hombre, vestido de negro, que acababa de presentarse a la fiesta.

–Nooooooooooo –grité desesperado. Perdí el conocimiento tras reconocer a Palmer.

Capítulo 29.- Micrófono Abierto: Horrible pesadilla

Summary
Capítulo 28.- Micrófono Abierto: Hotel Palace
Article Name
Capítulo 28.- Micrófono Abierto: Hotel Palace
Description
La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

Entradas similares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *