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Capítulo 23.- Micrófono Abierto: Pacto secreto

Micrófono Abierto: Pacto secreto

Madrugar no casaba conmigo. Sin embargo, aquel día estaba repleto de energía. La adrenalina circulaba con gran intensidad a través de mi cuerpo. Estaba deseoso de llegar al estudio para ponerme a trabajar en Fruta prohibida. El anuncio de Mercedes era el último previsto antes de la presentación oficial del grupo al mundo.

En la ducha practiqué mi faceta publicitaria. Busqué mentalmente a alguien capaz de interpretar el papel de triunfador. Pasé de tópicos y belleza, hombre atlético, con éxito dentro y fuera de la pista. Quería algo intermedio, ¿un escritor de fama mundial? Barajé varios nombres mientras me vestía. No valía cualquiera. Necesitaba a alguien distante, alguien capaz de patrocinar un anuncio de whisky, alguien cuya fama de tipo duro sea conocida por el público en general. Me gustó la idea de convencer a Arturo Pérez-Reverte. También pensé en Joaquín Sabina, pero ese, además de quitarme a la chica, podía mandarme a la cola del paro.

Metí las llaves de la Gold Wing en el bolsillo de la chupa y noté como un papel se arrugaba en el interior. Era el sobre que me habían pasado por debajo de la puerta. Había olvidado su existencia. Me senté en el sofá y lo abrí bruscamente. Aminoré la agresividad de mis dedos cuando distinguí la letra de mi madre. No me lo podía creer, después de tantos años, una extraña carta entregada por un desconocido me conectaba con ella. Noté como las fuerzas me volvían a fallar. La respiración se aceleró. Estaba a punto de sufrir un ataque de ansiedad. Me tomé mi tiempo, me eché hacia atrás y esperé a recuperarme. Respiré profundamente hasta recuperar el control de mi cuerpo.

Con fuerzas para continuar, saqué un par de folios escritos por delante y por detrás. La carta estaba fechada días antes de su muerte. En ella me suplicaba que la perdonara por haberme abandonado. Estaba orgullosa de mí. Gracias a Guillermo Salgado pudo verme tocar en diferido en el Festival de Torre del Mar. Él fue testigo directo de la desafortunada puesta en escena del tercer y último tema: Camino empedrado. Repetía en varias partes de la carta que la culpa no fue mía, sino del resto de componentes del grupo por no estar a la altura. Encima del escenario, ella sabía que era un triunfador. Me pedía que nunca abandonara la guitarra porque allá donde estuviera, le rogaría a Dios que abriera una ventana en el cielo para escucharme y comunicarse conmigo.

La carta estaba cargada de energía positiva. Nunca nos buscamos. Ambos aceptamos este estilo de vida, uno lejos del otro, pero siempre presente en el corazón del otro. Ahora esa presencia estaba en cualquier parte. Tenía reservado un palco preferente para verme triunfar encima de un escenario. Lo mío fue una relación maternal prohibida por el destino.

Me levanté del sofá con más ganas de trabajar en la canción. Esperando al ascensor me di cuenta que Andrea no había dormido en el apartamento. Me encogí de hombros, me daba igual. Nadie iba a fastidiarme el día.

En el garaje coincidí con Elton.

–Nos tenías preocupados –nos fundimos en un fuerte abrazo.

–He corrido detrás de la inspiración.

–¿Algo interesante para el anuncio de Mercedes? Hemos estado dos días en blanco. Tenemos la música, aún nos falta la chispa y la letra. Ignacio lo intenta, pero salvando la canción que compuso para Susan, solo compone tonterías.

–Tengo varias estrofas. Escuchemos que habéis compuesto para acoplarlo todo.

–Avisaré al resto.

–Avisa a Michael y a Alex.

–¿Qué pasa con Ignacio?

–Te lo cuento en el estudio.

Alex y Michael llegaron juntos al estudio.

–Niño perdido –exclamó Alex. Abrió los brazos para darnos un fuerte abrazo. Michael se limitó a saludar con un simple gesto de cabeza–. ¿Y bien? Ya estamos los cuatro, ¿qué sucede? –Analicé sus caras antes de hablar.

–He tenido un mal presentimiento. Cualquiera de nosotros, a excepción de Ignacio que cuenta con el comodín de Susan, es reemplazable si se pone gallito. ¿Sabéis a qué me refiero?

–No muy bien –confesó Alex.

–Ninguno de nosotros se fía del jefazo. A excepción de la última canción, El sueño de Susan está listo y montado. Somos piezas prescindibles dentro del proyecto.

–Pero… hay un contrato. Firmamos por tres discos.

–Ese es el señuelo. Seguramente será una conjetura absurda. Si analizamos las ventas de la web de Susan, el jefazo está más que satisfecho. Ha conseguido crear lo más difícil, posicionar una marca con nombre de mujer. Nosotros somos una extensión más dentro del mundo de Susan. Somos la excusa del Tour, no los protagonistas.

–No sé qué decir –subrayó Alex–. No entiendo de estas cosas. Yo solo quiero tocar la batería y que me paguen por ello. Me da igual como se llame el grupo o la marca, me conformo con tocar con gente que entiende este mundo.

–Yo tampoco entiendo nada –confesó Elton–. Confío en ti, Fid. Si algo te preocupa, nos debe de preocupar a todos. ¿Qué propones?

–Alargar la entrega, fingir que no damos con la tecla. El jefazo, indignado, exigirá cualquier cosa. Provocaremos un clima perfecto para renegociar las condiciones. La canción no aparecerá registrada como nuestra, por lo que no puede formar parte del contrato original con la discográfica. Forzaremos redactar un nuevo contrato donde se especifique y se detalle qué sucede con los derechos de autor de Fruta prohibida. En cuanto la escuche no tendrá más remedio que negociar. Abrirá una investigación, sin que lo sepamos, para tratar de no pagar un duro más de lo establecido en el contrato original. Por este motivo he dejado fuera a Ignacio, podría delatarnos, revelar el plan a Susan. En cuanto esté lista la canción, volveré a mi apartamento de la playa para iniciar los trámites legales. Firmaremos un nuevo contrato donde se indique que Fruta prohibida pertenece a nosotros cuatro a partes iguales. Además, incluiremos una cláusula para salvarnos el culo. Si alguno de nosotros por motivo de incapacidad o muerte no puede tocar, tampoco podrá hacerlo el resto del grupo. Se producirá la rescisión automática del contrato original. Esta cláusula incluirá cualquier tipo de indisposición por parte de Ignacio.

–Fid, ¿no crees que has visto muchas películas?

–Con ese hombre no te puedes fiar. He sido testigo de su lado oscuro.

Después de un corto debate, todos aceptamos firmar un nuevo contrato y guardar silencio.

Capítulo 24.- Micrófono Abierto: Relación rota

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Capítulo 23.- Micrófono Abierto: Pacto secreto
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Capítulo 23.- Micrófono Abierto: Pacto secreto
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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