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Capítulo 18.- Micrófono Abierto: Teatro Kapital

Micrófono Abierto: Teatro Kapital

Al salir del restaurante busqué a Sloane por los alrededores. Estaba sentado en el poyete de una tienda cercana. Se llevó un dedo a la oreja al verme y pronunció unas palabras que no llegué a entender. A los pocos minutos, los deportivos, conducidos por el equipo de seguridad, aparcaron en doble fila delante del Asador Argentino. Con todo dispuesto, seguridad incluida, la caravana se puso en marcha dirección Teatro Kapital.

La llegada fue espectacular, propia de un gran estreno de cine. Tres guardias de seguridad de la discoteca aguardaban en el arcén, reservaban el espacio necesario para aparcar los deportivos. El Cayman fue el primero en detenerse.

El encargado salió a recibirnos, nos estrechó efusivamente la mano mientras repasaba con nosotros lo solicitado. Me encogí de hombros. Nadie del grupo realizó ninguna llamada telefónica. Miré a Sloane, había sido él. Le guiñé un ojo. Por fin comenzaba a realizar bien su trabajo.

–Me encanta –proclamó Alex, tirándose en uno de los sofás del reservado de la segunda planta con vistas a la pista central–. Buen ambiente, buena bebida y buena compañía –dijo cogiendo a Esther por la cintura.

–¿Todo en orden? –me preguntó el encargado–. Si necesitan alguna cosa, Sofía se lo traerá con mucho gusto–. Los ojos de Alex se abrieron como platos, respondió a la invitación con una amplia sonrisa.

La fiesta del Asador Argentino se trasladó a la discoteca. Elton, con la mirada fija en un hombre que bailaba en la pista central, no se separó de la baranda. Michael, distraído, escuchaba música en su MP3. Yo bailaba con Andrea de manera sensual mientras Ignacio y Susan compartían intimidades al oído.

Me percaté que Susan me lanzaba miradas de vez en cuando y que Alex, de forma disimulada, arrojaba el ron sobrante de la botella a la planta que tenía al lado.

–Se nos ha acabado el ron –gritó Alex en alto. Sofía se dispuso a salir del reservado–. Espera Sofía. Voy contigo. Quiero ver las reservas que tenéis. Elton, ¿quieres otra botella de vino? –le respondió levantando la mano.

Esther se quedó sola. Uno de los productores se acercó para darle conversación.

Salí del reservado para ir al baño.

Llevaba un tiempo sin probarla. El duro trabajo tenía que ser recompensado. Me aseguré de que no viniera ningún guardia detrás de mí. Un leve murmullo me puso en alerta dentro del espacio gris deshabitado compuesto por diez baños independientes y tres lavabos comunes. Caminé hasta el último orinal. El murmullo, a medida que me iba acercando, tomaba forma de gemido. ¿Será Alex?

Me encerré en otro orinal y saqué la recompensa. La miré con escepticismo, libré una lucha interna. Logré vivir sin el oro blanco durante varios días. La tensión acumulada actuó de sucedáneo. ¿Y ahora qué? Me esperaban dos semanas tranquilas, sin más trabajo que componer las últimas canciones de El sueño de Susan. La creatividad exige inspiración, inspiración que tardaría en tomar forma encerrado en un bloque de pisos. El oro blanco era la única salida para no subirme por las paredes. Lo espiré con energía. Esperé a que hiciera efecto antes de volver con los demás.

A excepción del murmullo en fonema de gemido, el baño seguía vacío. Salí y me choqué con Susan que iba al baño de mujeres. Me extrañó el gesto que hizo antes de cerrarme la puerta en las narices, se señaló el orificio de la nariz con un dedo.

Entré de nuevo al baño de caballeros para mirarme en el espejo. En uno de los orificios nasales aprecié restos de cocaína. Me limpié y regresé al reservado. Tomé asiento cerca de la baranda. Me apetecía vigilar al personal desde un lugar privilegiado. ¿Un lugar privilegiado? Mi mente unía y desunía frases. La cocaína comenzaba a inspirar. Necesitaba otra copa para aumentar mi capacidad creativa.

Los productores hablaban con las chicas. Michael continuaba en su mundo.

–¿Por qué no bajas? Veo como le miras. Inténtalo. No pierdes nada –animé a Elton.

–Odio fracasar.

–Al igual que todos. No seas estúpido y baja.

–¿Cómo lo ves?

–¿Sinceramente?

–Tú no sabes hablar de otra manera.

–Crudo. Muy crudo. Especialmente por esa chica que se le está acercando tontamente.

–Cabrón, ¿quieres que haga el ridículo?

–Un poco. Necesito inspiración y tú práctica.

–Eres un hijo de puta.

–Un hijo de puta que te habla claro –maticé. La pareja de desconocidos bailaban espalda contra espalda.

–Tengo un nuevo tema rondando por la cabeza. –Le tarareé la letra.

–Me gusta: Un lugar privilegiado.

–Baja y termínala. Tómalo como un reto. En los conciertos podrás dedicársela a la persona desconocida que conociste en una pista de baile. Tu creatividad necesita inspiración. Baja a buscarla.

Elton me dio una palmada en el hombro y se perdió por la puerta del reservado.

Andrea se sentó a mi lado. Le susurré los versos de Un lugar privilegiado y le señalé la pista de baile. Andrea asomó la cabeza sin saber dónde centrar la mirada. La guié hasta Elton, al lado de un chico desconocido.

–¿Es homosexual? No lo parece. –Exclamó sorprendida–. Pero ese chico no es gay.

–¿Cómo lo sabes?

–Fidel, hay cosas que se ven. ¿Por qué no le has frenado?

–Le he animado a hacerlo. Elton tiene que espabilarse, aprender a relacionarse, sufrir y disfrutar con gente real. Su don al piano le ha permitido vivir engañado en una burbuja protectora desde pequeño. Me he propuesto explotar esa burbuja.

–¡Eres tonto! Bajo a por él. –La agarré del brazo para que se quedara sentada en el sillón. Alex reapareció triunfal con una botella de ron en cada mano.

–No podrá soportar la presión de una gira mundial si antes no rompe esa burbuja. Míranos. –Andrea observó a Michael, estaba callado y escuchando música. Alex jugueteaba con Esther. Elton sufría por un amor imposible. Ignacio, un chavalín–. ¿No te extraña que siendo tan buenos en nuestro oficio nunca hayamos llegado a ningún sitio? Michael es una persona introvertida, carece de iniciativa y no sabe venderse. Dile haz esto y te regala lo mejor. Alex es un latino de sangre caliente, un maestro en las relaciones sociales y de la batería con un deseo incontrolable por las mujeres. Acostarse con la mujer de un directivo de su vieja discográfica le envió al olvido. Elton, la imagen del eterno perdedor. Sus piezas son casi brillantes, están ausentes de alma porque no cree en ella. Narra las vivencias y sensaciones de personajes creados por su cabeza. Ignacio se resume en una palabra: Susan. Es un perro faldero al servicio de una mujer.

–¿Y tú? ¿Cuál es tu historia?

–Mi pasado es mi Talón de Aquiles. Siempre viene a visitarme cuando parece haberse evaporado.

–¿No hay manera de hacerlo desaparecer?

–Siempre hay alguien que te recuerda de dónde vienes.

A Andrea se le quitaron las ganas de hablar. Apoyó su cabeza en mi pecho y cerró los ojos. Recordé la carpeta del jefazo con su historial. Era la respuesta por la que nunca indagaba demasiado. Si ella no preguntaba, esperaba que los demás tampoco. Le acaricié el pelo. El día tornaba a su fin. Se produjo el cambio de turno y el ambiente de la discoteca cambió. Durante unas horas el gentío disminuyó, bajó la edad de los asistentes. La edad nos era indiferente, disfrutábamos de nuestro lugar privilegiado.

Elton no tuvo suerte con el primer chico, la chica desconocida ganó la partida. Me miró desde la pista de baile con cara de cordero degollado. Le respondí con un WhatsApp: Mira a tu derecha. Había un grupo de treintañeros cerca, casi todos parecían heterosexuales. Uno destacaba del resto, era delgado y tenía el pelo corto color platino.

Levanté la mano varias veces a Sofía. Despeinada, con el cinturón al revés y los pantis a diferentes alturas, parecía tener la cabeza en otro sitio. Grité su nombre para que me prestara atención.

–Disculpe. –Sofía colocó un par de hielos en mi vaso. Salió del reservado, buscando la mirada de Alex, cuya atención pertenecía exclusivamente a Esther.

Me bebí la copa de whisky de un sorbo.

–Bajemos a bailar. Me gusta esta canción. –Andrea se resistió. No le gustaba bailar en público–. Estaré abajo bailando con otra –dije, viendo que no se levantaba.

Salí del reservado. Andrea no tardó en levantarse, correr y echarse encima de mí.

–¿Con quién vas a ligar tú? –me susurró.

Bajamos a la pista central agarrados de la cintura. No me gusta bailar. Sinceramente, lo odio. Simplemente quería poner a prueba a Susan. Llevaba un rato observándola, veía como seguía el ritmo de las últimas canciones con el pie. Estaba cansada de hablar, reclamaba acción, movimiento e Ignacio no se percataba. Bailaría como nunca lo había hecho.

Elton charlaba alegremente con los chicos del grupo. Pagó una ronda y los entretuvo con sus múltiples anécdotas con personajes famosos. El chico pelo platino estaba enfrente de él. Era un conquistador inseguro, se tomaba demasiado tiempo de reflexión antes de atacar. ¿Quizás demasiado? El resultado final lo desvelaría. No se percató de mi presencia hasta que mi espalda chocó contra la suya.

–¿Eres parte del grupo? –me preguntó un chico, después de realizar las presentaciones.

–Yo soy el grupo. –Todos rieron la broma.

–¿Para cuándo el primer disco? –preguntó pelo platino.

–Pregúntaselo a Elton, yo tengo tarea. –Los chicos se movieron a un lado a contemplar a Andrea.

–Que cabrón –fue capaz de decir uno de ellos, resumiendo el pensamiento general.

Bailé reggaetón pegado a Andrea. El chico pelo platino cada vez estaba más cerca de Elton. Aún así, a veces, me dirigió ciertas miradas sospechosas que no me gustaron. Esperaba que Elton no lo notara.

Centré mi atención en el cuerpo escultural de Andrea, se movía de manera sensual al ritmo de la música. El deseo retornó. Iba a proponer un segundo asalto cuando mi mirada, sin quererlo, se dirigió al reservado. Susan me miraba fijamente sin importarle nada ni nadie. Lo estaba logrando, poco a poco conseguía captar su atención. No me despreciaba tanto como pensaba.

Capítulo 19.- Micrófono Abierto: Fase 1 y 2

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Capítulo 18.- Micrófono Abierto: Teatro Kapital
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Capítulo 18.- Micrófono Abierto: Teatro Kapital
Description
La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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