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Capítulo 16.- Micrófono Abierto: El séquito

Micrófono Abierto: El séquito

El ascensor llegó a la última planta. La sala de juntas estaba muy concurrida, casi todos los asientos que rodeaban la plancha de cristal estaban ocupados. A un lado, los profesionales de etiqueta; al otro, los personajes pintorescos.

Saludé a los miembros que formaban el ala pintoresca y tomé asiento entre el jefazo, que presidía la mesa, e Ignacio. Susan quedaba enfrente de mí.

–Buenos días a todos. La reunión de hoy tiene por objeto la creación de un nuevo grupo. –El jefazo se detuvo para preguntarme entre susurros–: ¿Cómo se llama el grupo?

Aguardaba con muchas ganas este momento.

El sueño de Susan –respondí.

–¿Será una broma? –El jefazo no daba crédito a mi respuesta.

–Fue la única manera de convencer a Ignacio. Solo quiere cantar para hacerla feliz.

–Será un desastre.

–O un éxito. Mírala. –El jefazo dirigió una leve mirada a Susan.

–Como trates de jugármela…

–¿Vamos a discutir delante de todo el mundo? Van a pensar que somos pareja. Además, tú no deberías estar presente en esta reunión.

–¿De verdad creías que iba a poner tanto dinero sobre la mesa a ciegas?

–Espero que sea la última vez que incumples lo estipulado por contrato.

Concluí la discusión de egos.

–Como iba diciendo… –el jefazo levantó la voz para que todo el mundo le oyera–, estamos aquí reunidos para conjugar la primera gira mundial de El sueño de Susan. –Guardó silencio para analizar la reacción de los asistentes. El ala pintoresca ni pestañó, a excepción de Ignacio, mostró una sonrisa tonta al escuchar el nombre. El otro ala, sí farfulló por lo bajo–. El nombre del grupo ha sido elegido por el portavoz del grupo. ¿Puedes explicar el origen del nombre?

Eché mi cuerpo hacia delante y observé al ala pintoresca: –¿A vosotros os importa el origen del nombre? –Ninguno de los componentes del grupo contestó–. Creo que no es relevante. Comencemos con las presentaciones.

El jefazo se sacó del bolsillo de la chaqueta una pequeña pelota de goma que apretó con fuerza. Sonreí, lo estaba pasando en grande.

–Está bien. Comenzaré con los componentes del grupo. A mi derecha, Fidel Apriori, guitarrista y portavoz oficial del grupo. A continuación, Ignacio Casas, vocalista. Alex González, batería. Michael John, bajista y Elton Pope, pianista. A mi izquierda, Susan, la imagen corporativa de El sueño de Susan. Tres abogados, responsable de prensa y directores de contabilidad, seguridad, imagen personal, marketing, distribución y montaje. Os diría sus nombres, pero me imagino que tampoco es relevante. El contrato será por tres discos en un tiempo no superior a cinco años. Si el grupo da sus frutos, el contrato será prorrogable a disco por año. Cada componente del grupo recibirá un cinco por ciento del total de los beneficios. Hay seis temas seleccionados. En la carpeta que tienen delante aparece la lista de posibles canciones para completar el disco.

–¿Quién ha hecho la lista? –Preguntó Alex, ojeando la letra de varias canciones–. La mayoría son baladas de relleno para los Backstreet Boys. Me convencieron porque íbamos a hacer historia en mayúscula. ¿Ahora me aparecen con esta mierda?

–Opino igual que Alex. –Apoyé la queja. Tarareé el estribillo de la canción I want it that way. Ambos chocamos el puño. La vena de la frente del jefazo se hizo más patente.

–Somos lo suficientemente buenos –continuó Alex– como para componer seis temas más.

–O veinte –Elton se animó a hablar.

–De acuerdo. Les concedo dos semanas para arreglar las canciones seleccionadas y componer las seis que faltan. La primera gira constará de doce conciertos. El primer concierto será en Londres, seguidamente Nueva York. Luego regresaremos a Europa. ¿Alguna duda? –Nadie abrió la boca–. Bien. Al término de la reunión acompañarán a la directora del departamento de imagen personal para que les presente a su equipo de trabajo. –Alex levantó la mano–. ¿Sí, señor González?

–Nadie me dijo que tenía que disfrazarme.

–La estética es poder de ventas en este negocio, señor González.

–¿Nos ha visto bien? Somos un puto caos estético. Cada uno cuenta con un estilo personal muy acentuado, salvo Fid, que hoy viene vestido de payaso, sin ánimo de ofender. Acepto consejos, pero nada de cambios bruscos, trajes incómodos, modernos cortes de pelo o tonterías por el estilo.

–Bien dicho –saltó Elton, chocándole el puño.

–Pero… –el jefazo no esperaba tanta resistencia. Me miró en busca de apoyo. Yo me encogí de hombros.

–No somos marionetas. Somos músicos, no el desfile de Victoria´s Secret. Aunque si hay que ir, se va, haré un esfuerzo por ellas.

–Amen, hermano. Alex, acabas de inspirarme –comentó Elton–. Ya tenemos el séptimo tema: Marioneta de papel. –Todos los componentes del grupo, salvo Ignacio que aún no se sentía integrado, rieron el comentario.

–Vamos a pasarlo bien. ¿Dónde hay que firmar? Tengo ganas de empezar a trabajar con estos desgraciados. Mi abogado ya ha revisado el contrato, traiga los papeles para firmar el autógrafo. –El sudor invadía la frente del jefazo. Mi sonrisa triunfal era como un puñal clavado en su costado–. ¿Dónde están los papeles? –gritó Alex enérgicamente, levantándose de la silla. Daba saltos como loco por firmar.

Los tres abogados no sabían qué hacer, si sacar la documentación y dejarse llevar por la alegría de Alex. Esperaban la orden. –¿Jefe? –insinuó el abogado sentado más cerca del jefazo. Este confirmó con un leve movimiento de cabeza. Los abogados obedecieron, sacaron los documentos.

Firmada la montaña de papeles, el grupo se levantó a abrazarse y felicitarse. Ignacio estaba perdido. Alex le animó a no cortarse, a ser uno más del séquito.

–Vamos a celebrarlo.

–¡Esperen! –gritó tímidamente la directora del departamento de imagen personal. Nos giramos y le lanzamos miradas amenazantes. Tomé la palabra.

–Disculpe usted, señorita. Tenemos sesión de grupo –concluí. Fui el último en entrar en el ascensor.

–Conozco un asador argentino que sirve una ternera estupenda –sugirió Alex mientras me acercaba a recepción a pedir que buscaran a Esther para que trajera a Andrea.

–¿Andrea? ¿Nuestro lobo solitario se ha enamorado?

–Alex, no sigas por ese camino, que luego te pones muy pesado.

–No soy yo el romántico de las promesas. –Nos conocíamos desde antes del percance con Erika La Vasca. Habitualmente recurría a él para arreglar alguna canción que se me resistía más de la cuenta.

–¿Qué promesas? –se le escapó a Andrea. Apareció detrás de mí sin saberlo.

–Joder –soltó Elton, lanzó un pequeño silbido y se bajó las gafas–. Vaya, vaya, Fid. No me extraña que te hayas pasado al otro bando.

–Caballeros, os presento a Andrea. –Uno a uno, fui presentándola al grupo.

–¿Y tu novia? –Preguntó Elton a Ignacio–. Es de nuestro bando, ¿no?

–No sé, me daba… –Ignacio, sin la presencia de Susan, se transformaba en el chaval tímido y cortado que descubrí en Sol.

–Sácala de ese grupo de viejos verdes y aburridos. Seguro que la están devorando con la mirada. –El último comentario de Alex obtuvo el efecto contrario, le hizo sentir más incómodo.

–Voy yo. –Andrea se ofreció voluntaria.

–Esa es buena. Verás cómo se ponen los de arriba cuando la vean aparecer –comentó Alex, dándome varios codazos en el pecho. Andrea buscó mi aprobación.

–Corre y no tardes. Si alguien te pregunta, no contestes.

–¿Y para nosotros no hay nada? –preguntaron Elton y Alex a la vez.

Llamé a Esther para que se uniera a la conversación.

–Diga a Sloane que esperamos a las damas.

–No comprendo, señor Apriori.

–Dígaselo. Él sabe a qué me refiero.

Esther, siempre obediente, subió a la sala de juntas.

–Macho, eres único como anfitrión. –Elton estaba impaciente por salir del Campus.

El ascensor subió con Esther dentro.

–Esperad a verlas.

El ascensor descendió con Susan, Andrea y Esther.

–Vaya tres bombones –exclamó Alex.

–Invítala a comer –le sugerí, dándole una palmada en la espalda.

–¿A Esther?

–Demuéstrame que no has perdido tu estilo. –Alex se colocó la camiseta y la corbata.

–Vámonos –gritó Elton, con el sequito completo, camino de la puerta.

–Esperad. Las damas no han llegado.

–¿Qué damas? –protestó Susan a Ignacio. Éste se encogió de hombros.

–Eso, ¿qué damas? –me increpó Andrea.

–Es una sorpresa –le susurré al oído.

Busqué a Alex con la mirada. Cambiaba confidencias con Esther cuando se escuchó el rugir de varios motores de alta cilindrada en el exterior.

–Caballeros, las damas nos esperan fuera.

Todos salimos fuera. Detrás de mi Porsche Cayman, un Ferrari 599 para Ignacio, un Aston Martin AMV-10 para Michael, un Buggatti Veyron para Elton y un Hummer para Alex. Dos todoterrenos cerraban la marcha. La imagen era espectacular. Nadie, excepto yo, conocía el regalo de la discográfica para movernos por Madrid. Firmar el contrato supuso acceder a un estilo de vida exclusivo a todo tren donde la palabra imposible no estaba permitida.

Capítulo 17.- Micrófono Abierto: El Asador Argentino

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Capítulo 16.- Micrófono Abierto: El séquito
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Capítulo 16.- Micrófono Abierto: El séquito
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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