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Capítulo 14.- Micrófono Abierto: El sueño de Susan

Micrófono Abierto: El sueño de Susan

Ignacio me esperaba sentado en la escalinata de mármol del Hotel Alfonso XIII. Sloane y yo compartíamos la misma preocupación cuando dejamos a Susan en la puerta de su casa: ¿cómo se desarrollaría el reencuentro inminente?

–¿Dónde está Susan? –La emoción ganó a la razón. Llevaba todo el día pensando cuanto tiempo tardaría en preguntar por ella al verme.

–En casa preparando las maletas. Formará parte del grupo como tu asistente personal.

–Si todavía no he aceptado.

–No podrás rechazar la oferta. Te diré, y quiero que sepas que con esto rompo el principio de confidencialidad, que ella va a cobrar un millón de euros anuales. –La cifra mareó a Ignacio–. Imagina tu parte. Jubilarás a tus padres y a todo el que desees. No voy a andarme con rodeos. La discográfica quiere montar un grupo formado por cinco personas, lo mejor de lo mejor en cada campo, siendo tú el elegido para ser el vocalista. La discográfica te ofrece piso, coche y extras que serán detallados en una reunión que tendrá lugar mañana en la sede de la compañía en Madrid. Firmarás por tres discos y recibirás un cinco por ciento de los beneficios.

–Eso está muy bien, ¿y Susan? Me refiero a cómo está. Qué ha sido de ella. Cómo la encontraste.

–Mejor que te lo cuente ella de camino a Madrid. Si no tienes inconvenientes, vivirá contigo.

–Claro que no. ¡Qué ilusión! –Ignacio se perdió en pajas mentales–. Aún así, sigo pensando que la oferta me viene grande. No sabré estar a la altura. –Su actitud derrotista comenzaba a irritarme.

–¿Y por Susan? ¿Lo harías por ella?

–Por ella haría cualquier cosa. Si de verdad estáis interesados en mí, firmaré con una condición: el grupo se llamará Susan. Si he de ser cantante, lo seré. Pero solo lo seré por ella.

Resoplé. Me pellizqué inconscientemente la mejilla, incrédulo por la exigencia absurda de Ignacio. A menos de 24 horas para la gran reunión, ni el vocalista, ni el nombre del grupo estaban cerrados. Llamar a un grupo formado por cinco hombres con nombre de mujer era una auténtica locura.

Sin embargo, la ingenuidad, estupidez y obsesión de Ignacio por contentar a su novia, por encima de todas las cosas, descubría por error el as bajo la manga guardado por el jefazo antes de tiempo: explotar la imagen de Susan junto con el grupo. Visualizaba la auténtica estrategia empresarial de la discográfica con los carteles colgados en las fachadas de los estadios, Susan al más puro estilo Jobs.

Gran estrategia de enganche y captación, salvo por el borrado de la cláusula con la cesión de los derechos a la discográfica. Mi última gilipollez, pensar con la cabeza de abajo por pena y compasión, suponía la enemistad eterna del jefazo. Más me valía retrasar la entrega del contrato firmado por Susan al departamento legal para ocultar el error entre montañas de papeles lo máximo posible.

–Es un poco arriesgado, pero puede funcionar. El sueño de Susan será el nombre del grupo.

***

Desde el espejo del copiloto observé el manjar de uñas comidas y el tembleque de piernas de Ignacio por reencontrarse con su novia. Estuve por soltar algún comentario mordaz. Reculé. La escena a punto de producirse me tenía en vilo. La presión subía ante el acontecimiento imprevisible. El futuro del grupo dependía de una mujer.

Sinceramente, sentía celos de Ignacio. ¿Qué tenía él que no tuviera yo? Observaría atentamente sus movimientos, coletillas, comportamiento y actitud para asumirlas como propias.

Ignacio llamó al timbre haciendo desaparecer las hipótesis. La presión se transformó en miedo. ¿Cómo reaccionaría ella? Pensándolo fríamente, un millón de euros era poco dinero para el papel que tendría que interpretar.

A lo lejos, dentro del portal, ya se veía a Susan correr como loca para fundirse en un fuerte abrazo con su amado. Estaba espectacular con unos pillos blancos y un corsé rojo que quitaban el hipo. Era imposible apartar la mirada de su escultural cuerpo. Trasmitía alegría, ilusión y felicidad por reencontrarse con su viejo amor. Tanto, que parecía hasta real, salvando un tic. Cada vez que Ignacio trataba de preguntar dónde había estado, Susan le abrazaba o besaba de manera muy hábil para escurrir el bulto y cambiar de tema.

La pareja subió a la parte trasera del todoterreno. Ignacio realizó las presentaciones oficiales con Sloane. Era más ingenuo de lo pensado, habría que tenerlo bien vigilado para que no se la jugasen.

Recorrimos el camino de vuelta con Susan dormida encima del pecho de su protector. La mirada de Ignacio reflejaba energía, una auténtica fuente de vitalidad oculta. Sus gestos eran lentos y seguros. Tomé nota. Algún día conseguiría tenerla entre mis brazos.

Llegamos a Madrid pasada la media noche. Ignacio levantó a Susan cuando Sloane aparcó el todoterreno en el garaje. ¿Dormía o fingía? No supe apreciar la diferencia.

–Fid ocupa la séptima planta. Ustedes vivirán en la sexta –explicó Sloane a la pareja.

Tom, el guardaespaldas del ascensor, nos saludó cuando se abrieron las puertas. Susan no se despegó de Ignacio. Sloane se bajó en la planta baja. –Qué descansen. Ha sido un día largo. Mañana a las diez, uno de mis hombres os llevará a la discográfica–. Las puertas se cerraron y el ascensor continuó su camino ascendente.

–¿Es la nuestra? –preguntó Ignacio en la sexta planta. Confirmé con un gesto poco expresivo–. Gracias. Estoy en deuda con usted, señor Apriori. Esto es más de lo que necesitamos–. Las puertas del ascensor se volvieron a cerrar.

¿Cuándo fue la última vez que escuché palabras de gratitud hacia mi persona? Mi vida cambiaba a un ritmo demasiado acelerado. ¿Cuánto tiempo aguantaría sin explotar y mandarlo todo a la mierda?

–Señor Apriori, es su planta –repitió Tom varias veces ante mi parsimonia.

–Gracias Tom. Buenas noches.

Todas las luces del apartamento estaban encendidas. Otorgaban una sensación de mayor amplitud, mayor sensación de libertad dentro de la prisión de oro. Solté el petate en la entrada. Exhausto, las emociones vividas, el mal reencuentro con Susan y la cantidad de kilómetros recorridos, hacían mella cuando nadie me observaba.

Mi padre me lo repetía constantemente de pequeño: No muestres debilidad porque será cuando vayan a por ti.

No había comido nada desde el desayuno. Dirigí la mirada a la cocina. Quedaba demasiado lejos. La cama no se veía desde el recibidor. Marché hacia ella apoyándome en los muebles para no caer rendido en mitad del apartamento.

Andrea dormía vestida y abrazada a la almohada. Me sentí sucio y rastrero por todo lo que le estaba haciendo pasar. La contemplaba frágil y vulnerable. ¿Por qué decidí arrastrarla a este estilo de vida? Sentía sobre mis hombros el peso de la culpa. El asunto Palmer, la huida a Madrid, la reunión con el jefazo. La admiraba como mujer y como pareja, lástima que no la quisiera. Aún así, cumpliría mi promesa personal: la protegería contra viento y marea.

Capítulo 15.- Micrófono Abierto: La primera crisis

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Capítulo 14.- Micrófono Abierto: El sueño de Susan
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Capítulo 14.- Micrófono Abierto: El sueño de Susan
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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