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Capítulo 13.- Micrófono Abierto: Victoria´s Secret

Micrófono Abierto: Victoria´s Secret

Aparcamos delante del apartamento. Sloane, tras una breve disputa, aceptó quedarse junto al todoterreno.

Abrí la puerta con cautela. Después de nuestra última despedida no quería sorpresas inesperadas. No se oía ningún ruido, sonido o persona que perturbara el caos orquestado en el salón. Susan era un terremoto, arrasaba allá por donde pasara.

Inspeccionado el apartamento descubrí un tanga rosa de Victoria´s Secret escondido entre los cojines del sofá. Me senté cerca de mi tesoro y eché un rápido vistazo en busca de merodeadores. Seguro de encontrarme solo dejé que mi mano hiciera su trabajo. No agarré el tanga, lo acaricié. Pasé un dedo por debajo del hilo para alzarlo y contemplarlo. Qué maravilla, pensé. Me lo acerqué a la nariz para memorizar su aroma. El deseo sexual me envolvió, retornaron los recuerdos pasados. Allí, tirada en el colchón, esperando a follar como una fiera salvaje. El misionero, un sesenta y nueve… así hasta que quisiera poner fin a la fiesta nocturna.

No aguanté más. Me bajé los pantalones para cascármela absorbiendo su perfume corporal. A punto de producirse el éxtasis, coloqué el tanga a la altura del pene: –Ahmmmmm –gemí, abriéndose la puerta.

–¿Qué coño estás haciendo? –me increpó Susan, tirando las bolsas al suelo.

–Perdona. Verás… –no encontraba las palabras adecuadas. Caminé hacia ella con el tanga manchado de semen en la mano mientras trataba de cerrar la cremallera del pantalón.

–¡Quieres tirar eso! ¡Es asqueroso! Joder, ese tanga era mío. ¡Eres un jodido pervertido! –Susan pretendía salir del apartamento. Conseguí impedirlo poniéndome delante de la puerta.

–¿Qué haces? No irás a… –Susan corrió al balcón a pedir auxilio.

Logré retenerla pegándola a mi pecho y haciendo fuerza con el brazo de la mano manchada. Con la mano limpia, le tapé la boca para que dejara de chillar. Sus ojos se salían de las órbitas. Inconscientemente se dirigían al tanga que aún mantenía en la mano.

–Nos vamos a Sevilla a recoger a Ignacio. Mañana tiene lugar una reunión en Madrid donde tu novio firmará un contrato millonario con mi discográfica. Te soltaré si prometes calmarte. Tengo que explicarte ciertos puntos del contrato relacionados contigo. Puedes llevarte un buen pellizco, un millón de euros por cada año firmado. –La cifra calmó a la fiera. Dispuesta a cooperar, quité la mano de su boca.

–¿Esto te pone cachondo? –susurró tiernamente. Restregó su trasero por mi paquete–. ¿Te gusta? –No veas cómo disfrutaba. La giré para ver su rostro. Tiré el tanga para cogerla por la cintura–. Despacio. –Frenó mis manos colándose por su falda vaquera. Cerré los ojos. Quería saborearlo–. Voy a mamártela como nunca antes te lo ha hecho una mujer.

Mi cuerpo se tensó. Mi rostro ardía de gozo. Dejé de hacer fuerza con mis brazos para que pudiera moverse con soltura. Dominadora de la situación, metió su mano dentro de mi pantalón.

–¿Me deseas? –Estaba tan excitado que no supe responder. Me tiró al sofá, se quitó la camiseta y dejó al descubierto parte de su belleza–. ¿Te gusta el rojo?

–Mejor sin nada –repliqué. Me desabroché el cinturón, de un solo movimiento me bajé los pantalones y los calzoncillos.

–Vaya paquete. Es de las que me ponen a cien. –Con la siguiente caricia me correría de nuevo. Aguanta Fid. Aguanta. Piensa en otra cosa.

Me tapó los ojos con su camiseta. Quise quitármela, pero Susan me redujo acariciándome el pene y susurrándome al oído: –Es parte del juego. Ponte cómodo. Así es como disfruta un verdadero hombre. –Se agachó a recoger el pantalón y los calzoncillos para tirarlos a la terraza –. ¿Estás listo? –me preguntó, rozando una mejilla. Solo pude menear la cabeza–. Hace mucho calor. Voy a quitarme el sujetador. –Aguanta Fid. Aguanta.

De repente, sonó un portazo. –¿Susan? –No recibí respuesta–. ¿Susan? –repetí. Me quité la camiseta de la cara. Susan había desaparecido. Todo era una estratagema para escapar–. Me cago en la puta –grité enfurecido y frustrado.

Al poner la mano en el pomo de la puerta para salir a buscarla, vi el tanga tirado en el suelo. Sin pensarlo dos veces, lo arrojé al váter. El timbre de la puerta sonó mientras tiraba de la cadena. Abrí la puerta, encontrándome a Susan y Sloane con cara de pocos amigos.

–Entra –ordenó Sloane. Ella obedeció. Sloane cerró la puerta y se colocó delante con los brazos cruzados–. La chica me ha contado tus vicios. Eres un cerdo asqueroso.

–Verás… –quería defenderme.

–No hay tiempo para explicaciones. Tenemos que recoger al señor Casas. El jefe ya le ha explicado por teléfono los motivos de nuestra visita. Hablen de lo que tengan que hablar. Esperaría en el coche, pero visto que os comportáis como críos, no tengo más remedio que hacer guardia en la puerta.

–¿Y el coche? ¿Y si…? –Sloane no me permitió pronunciar el nombre de Vicent Palmer delante de Susan.

–He pagado bien al gorrilla para que no le quite el ojo de encima. –La respuesta me tranquilizó. Centré toda mi atención en Susan. Continuaba semidesnuda de cintura para arriba. Busqué su camiseta, la cual, recibió de muy mala gana.

Mientras se vestía, salí a la terraza, amontoné los platos y los llevé a la cocina. Con la ropa tirada en el suelo hice una bola que lancé al salón. Pasé un trapo por la mesa antes de colocar el portátil y la impresora. Acomodado en la mesa invité a Susan a sentarse.

–¿Dónde tengo que firmar? –Susan parecía esperar su sentencia de muerte. Cerré la puerta acristalada para que Sloane no escuchara la conversación.

–¿Qué te han prometido?

–Un millón libre de impuestos al año, gastos de mantenimiento aparte. Recibiré el dinero en un solo pago en una cuenta de Suiza. Si firmo ahora, dispondré del primer millón mañana por la mañana. Tienes que hacer una modificación en el contrato, incluir la compra de un apartamento a unos metros de aquí. Tu jefe me lo ha prometido.

Abrí la puerta de la terraza para preguntar a Sloane.

–¿Es cierto lo del apartamento?

–Sí. Incluye la compra de un apartamento en el bloque Doña Lucía en el número 64 de esta misma calle. –Cerré la puerta.

–¿Por qué ese bloque?

–¿Dónde está el contrato? –Sentenció Susan con la mirada perdida. Se acariciaba el brazo a modo de consolación.

–¿Por qué aceptas? ¿Es por el dinero o por Ignacio?

–A ti que más te da. Dame el puñetero contrato y déjame en paz –escupió. Guardé silencio y respeté su voluntad.

Abrí el correo electrónico y descargué el archivo enviado por los abogados del jefazo desde Ginebra. El contrato incluía veintitrés cláusulas. Dos llamaron mi atención. Una decía que “… si Ignacio Casas se negaba a realizar cualquier acto, previamente acordado por la discográfica, sin motivo razonable, vería reducida su parte salarial proporcionalmente al valor de la posible cantidad perdida…”. La segunda establecía la cesión de todos sus derechos de imagen a la discográfica.

¿Qué derechos? Susan quedaba detrás del escenario. ¿Qué tenía pensado el jefazo para ella? Algo malo escondían las dos cláusulas.

Incluí al final del contrato la compra de un apartamento en Doña Lucía. El añadido desplazaba el último párrafo a una página nueva. Borré la cláusula con la cesión de los derechos de imagen a la discográfica, el nuevo documento ocupaba los mismos folios que el archivo original. Esperaba que así los abogados del jefazo no se dieran cuenta del cambiazo.

Seguro del error, imprimí tres copias. Entregué la primera a Susan para explicarle el contenido del contrato. Firmó cada una de las páginas sin detenerse a leer una sola línea. Hice lo mismo cuando terminó de firmar las tres copias. Los abogados me cedieron un poder notarial para actuar en nombre y representación de la discográfica. Esto venía a decir que todo aquello que yo firmara era igual que si lo firmaba el jefazo en persona.

Capítulo 14.- Micrófono Abierto: El sueño de Susan

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Capítulo 13.- Micrófono Abierto: Victoria´s Secret
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Capítulo 13.- Micrófono Abierto: Victoria´s Secret
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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