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Capítulo 12.- Micrófono Abierto: Campus de la música

Micrófono Abierto: Campus de la música

Tardamos cerca de una hora en llegar a la discográfica por culpa del tráfico. Durante el trayecto nadie abrió la boca. Sin embargo, Andrea no pudo evitar soltar un grito de asombro al contemplar el Campus de la música, composición compuesta por cuatro edificios inteligentes de acero y cristal de cuatro plantas de altura, conectados por un jardín botánico protegido por una gran cúpula. El Campus fue diseñado por Richard Rogers y mantiene la misma línea estética de la sede de Abengoa en Sevilla.

–No pierdan el tiempo. Le esperan desde hace más de dos horas –recordó el guardaespaldas bajando del todoterreno. Cansaba su actitud rígida y lameculos, cumplidor de la agenda establecida. Si por mí fuera, lo hubiera mandado de gira con el grupo Oasis.

–Luego te enseñaré mi despacho. Tiene las mejores vistas al jardín –le comenté a Andrea subiendo en el ascensor acristalado al último piso del edificio principal.

Las puertas dieron paso a una enorme sala rectangular acristalada, abierta completamente al exterior. En mitad, una gran plancha de cristal, sujetada por tres cables de acero al techo, hacía de mesa de reuniones. Este espacio representaba el santuario del jefazo en España, quien esperaba sentado en el sillón presidencial con un Mac y varios altavoces inalámbricos.

–Pensaba que nunca vendrías.

–La culpa es de este –señalé al guardaespaldas–. Se ha metido por donde no debía.

–Ya repasaré cuenta con él. –El guardaespaldas no se inmutó por la amenaza.

Los tres nos acercamos al sillón presidencial. El guardaespaldas se sentó a la derecha del jefazo, Andrea a su izquierda.

–¿No te sientas? –me sugirió el jefazo.

–Prefiero escucharla de pie. –Me coloqué detrás de él. Le di la espalda y contemplé el jardín botánico.

En el rostro del jefazo, durante una milésima de segundo, apareció un gesto de desprecio. Su tiempo era oro. Un minuto perdido era dinero perdido. No sé cuánto tiempo me permitiría tocarle los cojones sin que estallase. Apreté el botón de PLAY para continuar con el juego.

Finalizada la canción, el jefazo giró la silla en busca de mi aprobación.

–Es una mierda. Corrijo. Es una puta mierda –concluí.

–Fidel… –Andrea iba a dar su opinión. Consciente de la tensión palpada en el ambiente, optó por guardar silencio.

–Me gustaría hablar contigo a solas. –El jefazo dirigió una mirada al guardaespaldas para que se llevara fuera a Andrea.

–¿A dónde te la llevas? Ella forma parte de esto –escupí, liberándola. El guardaespaldas miró al jefazo. Esperaba instrucciones.

–Vete. –El guardaespaldas apretó los dientes. Aguardamos en silencio su salida del despacho–. ¿A qué juegas? –continuó el jefazo cuando se cerraron las puertas del ascensor.

–Voy a explicártelo. –Me senté, cogí el Mac y reprogramé las pistas individualmente–. ¿Quién canta? Parece una canción para ferias o fiestas de pueblo. Joder, es una mierda absoluta.

–Por eso te pago tan bien. ¿Cuándo podrás ponerte con ella y con el resto de canciones del primer disco? –preguntó el jefazo, orgulloso de la actitud de su empleado.

–¿Y tus chicos? –pregunté sin apartar la vista de la pantalla.

–Batería y piano aburridos en Londres. El bajo está por el Campus. Respecto al vocalista…

–¿Qué pasa con Ignacio? –Levanté la cabeza del portátil a la espera de escuchar cualquier contratiempo.

–Espero que no dé problemas. Es demasiado idealista. –Volví al trabajo. Era una falsa alarma–. Todo hombre tiene una debilidad. Ambos sabemos de qué pie cojea. No quiero problemas con Susan. Hazle la oferta que sea necesaria para que tenga contento al muchacho. No escatimes en gastos.

Andrea me lanzó una mirada de asco.

–¡Fidel! ¿Me has mentido? Júrame que ese dinero no es por cosas como esta.

–Andrea… yo…

–¡Calla! Me das asco. –Me pegó una bofetada, llamó al ascensor y salió de la sala. Me levanté para ir en su búsqueda.

–¿A dónde crees que vas? –gritó el jefazo. Su voz retumbó por toda la estancia–. ¡Hay cosas más importantes! ¡Ya te has divertido bastante! ¡Puedo conseguir miles de gatitas como esa! Mira esto. –El jefazo abrió su cartera y sacó una carpeta–. Aquí tienes su historial.

Me senté. Medité si abrir o no la carpeta. El jefazo tomó la decisión, me enseñó la primera página.

–No es posible –exclamé, al leer el contenido.

–Su secreto se llama asesinato.

–Conducía borracha… –No daba crédito a la información. Buscaba alguna justificación.

–Díselo a los padres del niño. ¿Has leído la declaración?

–No puede ser verdad. –El pecho se me encogía con cada nueva línea leída.

–Lo es Fid, lo es. Pasó una corta temporada en chirona por ello. ¿De verdad crees que voy a permitir que esa gatita entre en nuestro juego? No, Fid, grábatelo en la cabeza. No permitiré que un chochito rubio arruine el negocio porque un día no supiste decir basta. Tú verás cómo lo haces, la quiero fuera de mi edificio esta noche.

–No.

–¿Cómo?

–Ya me has oído –cerré la carpeta–. Todos portamos un pasado.

–No trates de joderme, Fid. No me jodas. –Su dedo inquisitivo, junto con la vena de la frente a punto de estallar, no auguraba nada bueno.

–Siempre que no me jodas a mí. –Me levanté dando por concluida la reunión.

–¿Me estás amenazando? –El jefazo se levantó sin apartarme su mirada inquisitiva.

–Dejo las cosas claras. Tú pondrás el dinero. Yo me encargaré del resto. Pon a los abogados a trabajar. En mi contrato debe figurar que me cedes todos los poderes de representación del grupo, tiene que quedar bien reflejado que tú, en ningún momento, iniciarás actividad alguna en aspectos creativos musicales. Por la inversión te llevarás el 75% del total de las ganancias. El 25% restante se dividirá en cinco partes iguales. Susan cobrará un millón de euros limpios al año. El poder de influencia que tiene esa mujer sobre Ignacio puede hacer que todo se vaya a la mierda en un segundo. Respecto a Andrea, dispondrá de un fondo de 600.000 euros en caso de que en algún momento, durante la vigencia del contrato discográfico, decidiéramos finalizar nuestra relación. Así sellaremos sus labios. Bajo a Andalucía dentro de una hora. Iré solo. No quiero que me siga ninguno de tus gorilas. Ellos trabajan para mí y quiero que quede bien reflejado en el contrato. Tus abogados tienen hasta las… –miré el reloj situado encima de la puerta del ascensor– tres de la tarde para enviar el contrato a mi correo electrónico. No puedo presentarme ante Ignacio sin tener a Susan bien atada. ¿Alguna duda?

El jefazo mostró la misma sonrisa diabólica de satisfacción que Darth Sidious cuando consiguió atraer a Anakin Skywalker al lado oscuro.

***

Dos pensamientos me perturbaron en el ascensor: la sonrisa de satisfacción del jefazo y qué decirle a Andrea. Para mi sorpresa, Andrea había desaparecido. Di varias vueltas por el edificio, pasé dos veces por mi despacho y pregunté a las recepcionistas. La primera no supo contestar, al igual que la segunda, la tercera, cuarta y quinta. Preguntaba a la sexta cuando escuché decir por detrás: –Se ha marchado en un taxi. –Me giré en busca de la fuente. Era la voz del guardaespaldas–. Estaba muy enfadada. No sé qué habrá pasado ahí arriba. Le he ofrecido un coche. Me ha contestado que todos nos podemos ir a la mierda.

Aparté al guardaespaldas con un empujón.

–¿Dónde demonios hay un coche cuando uno lo necesita? –Maldije en lo alto de la escalinata del edificio.

–Usted y yo hemos empezado con mal pie. Sloane. –El guardaespaldas me extendió la mano. Suspiré hondo. A fin de cuentas no tenía más remedio que llevarme bien con él. Acepté la tregua.

–¿Puede conseguirme un coche?

–Depende del destino.

–¿No empezábamos de cero?

–No es por meterme en competencias ajenas a mi trabajo. Espera un largo viaje. Andrea no ha vuelto al apartamento. Me hubieran informado. Mañana hay una reunión muy importante en la que se me exigirá la seguridad de los cinco miembros que conforman el grupo.

–¿Cuánto sabes?

–Lo suficiente para hacer bien mi trabajo.

–Quiero ser informado inmediatamente si Andrea vuelve al apartamento. Nadie está seguro con Palmer suelto.

–Y bien, ¿a dónde vamos?

–¿Perdón?

–No puedo dejarle ir solo. Podemos ir en coches diferentes, no tengo ningún problema. Usted haga su trabajo, que yo haré el mío. –No repliqué. El asesinato de Mojito, Palmer suelto y recoger a Susan. No me jugaría el pescuezo por orgullo.

Durante el trayecto medité sobre el historial de Andrea. Si el negocio salía mal, el jefazo la utilizaría contra mí. ¿Sería mejor apartarla antes de poner en marcha el grupo? ¿Cuánto significaba Andrea? Era la única persona en la que podía confiar y apoyarme.

Su pasado le perseguirá el resto de su vida. El jefazo esperará el momento más indicado, la utilizará como moneda de cambio para aumentar la publicidad del grupo. Asquerosamente cierto, Kate Moss es el mejor ejemplo. Unas fotografías esnifando cocaína dieron como premio una subida de sueldo. Evitaría llegar a este punto.

En la mesa de mezclas esperaban seis canciones, Susan y Camino empedrado como temas principales del primer disco. Faltaban otras seis para completarlo. ¿Qué tiempo tendría el grupo para componer? Últimamente estaba muy inspirado. Life no sería una excepción, pronto obraría otro milagro.

¿Qué estaría haciendo Andrea? ¿Me perdonará haberme vendido por diez millones de euros? No comprendía el motivo de su enfado. Hay que proteger tanto física como psíquicamente a las estrellas. Nadie puede llegar a imaginarse lo duro y placentero que resulta subirse a un escenario. Es una droga, una subida de adrenalina que se inicia con un nudo en el estómago capaz de consumirte sino aprendes a disfrutarla. Se me presentaban muchos frentes abiertos y contaba con poco tiempo para resolverlos.

Capítulo 13.- Micrófono Abierto: Victoria´s Secret

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Capítulo 12.- Micrófono Abierto: Campus de la música
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Capítulo 12.- Micrófono Abierto: Campus de la música
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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