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Capítulo 6.- Micrófono Abierto: Sweet Child O´Mide

Micrófono Abierto: Sweet Child O´Mide

Sweet Child O´Mide de Guns N´Roses actuó de despertador a la mañana siguiente. El secretario de la Agencia Palmer llamó para confirmar mi cita con Susan a las ocho de la tarde en el lugar ya conocido gracias a las investigaciones previas de Mojito.

Me despedí de Andrea e inicié el camino de regreso a casa.

En Madrid, di varias vueltas por la manzana en busca de posibles gorilas. Nada que llamara la atención, a excepción de un vagabundo con rastas cerca del portal de Susan. Caminé con el casco puesto. Esperé a quitármelo dentro del ascensor. En la sexta planta encontré una puerta entornada en el rellano.

El apartamento era un loft sin muebles con un colchón en mitad de la estancia. Las fotografías no se podían comparar con la realidad. ¡Qué exuberancia! No era una mujer, era la misma diosa Diana hecha mujer. Sus curvas eran perfectas. Su culo y sus tetas esculpidas en fino mármol. Su boca de gordos y sensuales labios exigían una cosa: cómeme. Y su mirada, ¡qué mirada! era un fuego abrasador exigiendo guerra. Tuve que controlarme para no lanzarme encima de ella nada más verla.

–Tengo que hacer una llamada –me susurró dulcemente–. Puedes dejar tus cosas allí. Señaló una vieja silla que no se veía hasta que cerrabas la puerta del apartamento.

Dejé el casco y la cazadora. Susan, dándome la espalda, hablaba entre susurros desde el colchón. No le quitaba ojo de encima. La memoricé de arriba abajo y de abajo arriba. Primero los negocios. Primero los negocios. Primero los negocios. Primero… No. No. Qué le den a los negocios.

–Puedes dejar el dinero encima de la silla.

La llamada de teléfono transmitía un aire de misterio preocupante. Mis peores sospechas se fueron materializando por las palabras sueltas que capté. Estaba dando mi descripción. El verdadero negocio de la Agencia Palmer era el chantaje. Por eso el apartamento estaba desamueblado y el colchón en el centro de la estancia, permitía grabar desde cualquier lugar con una cámara del tamaño de un botón.

Saber que la grabación podía llegar a manos de Ignacio consiguió que la sangre corriera por el cerebro. Siempre llevaba encima un bolígrafo y una pequeña libreta. Miré la cazadora. Aprovechando que tenía que dejar el dinero en la silla, fui para allá de la manera más natural posible.

¿Y ella? ¿Qué pensaría? ¿La estarían chantajeando de la misma forma? Recordé el informe sobre su familia. Si los vídeos veían la luz pública, sus padres tendrían que buscarse un curro en otra ciudad por culpa de la presión mediática. No quedaba otra opción que llevármela del apartamento.

–¿Sucede algo? –preguntó Susan. Sin girarme, le mostré un buen fajo de billetes de cincuenta euros–. Tómate tu tiempo. Tenemos toda la noche para jugar.

Deposité el dinero en la silla. Luego, saqué el móvil, el bolígrafo y la libreta del bolsillo interior de la cazadora. Susan intuía que algo no iba bien. Pasaba demasiado tiempo dándole la espalda, detalle nada usual entre su clientela.

Me giré portando el móvil en una mano y la libreta, con el bolígrafo, en la otra. –He olvidado enviar un mensaje a mi secretaria para que anulara una cita. Listo. Ya soy todo tuyo. –Susan respondió al comentario mordiéndose salvajemente el labio inferior. Guardé el móvil en la chaqueta y me acerqué a la cama buscando ángulos muertos por la habitación.

–Quiero enseñarte un juego –comenté con una sonrisa inocente.

–¿No quieres follar?

–No te lo puedes ni imaginar.

–Entonces, ¿por qué sigo con esta ropita puesta? –susurró, acariciándose el tanga. Cómo serenarse y escribir cuando te agarran el paquete con fuerza–. Buen trabuco, sí señor. Muy bueno. –Cerré los ojos para disfrutar del momento. La realidad era mucho mejor que cualquier fantasía sexual.

–Un segundo –dije, recuperando, en la medida de lo posible, la compostura.

–No quieres… –tuve que taparle la boca para no escucharla. Su voz me hipnotizaba como las sirenas juegan con los marineros en alta mar.

Escribí una nota y me senté a su lado para que pudiera leerla.

He venido a sacarte de aquí. Puedo protegerte.

Finge que te ha hecho gracia la nota.

Susan rió de manera natural. Me cogió la libreta y el bolígrafo.

¿Quién eres? No me fío de ti. El indio tiene mucho poder en la ciudad

Bromeé sobre el falso garabato que había dibujado para recuperar la libreta.

Es una larga historia. En breve me llamarán al móvil.

Es la señal que he dado a mi gente para avisarme cuando estén listos.

Sweet Child O´Mine de Guns N´Roses comenzó a sonar. Susan escribió:

No me fío de ti. Lo siento.

No me quedó más remedio que mostrar mi última carta.

Vengo de parte de Ignacio Casas. No hay tiempo que perder.

Fingiré que tengo que ir al baño para que puedas vestirte.

Desconocía si en el baño también había cámaras instaladas. Pensé en cascármela, pero cagar te permite más tiempo para reflexionar sobre qué hacer a continuación. Cuando salí, Susan estaba lista para partir. Vaqueros ajustados, tacón de infarto y un top muy ceñido. Dediqué unos segundos a grabar la imagen en la retina.

Guardé el dinero en el bolsillo interior de la cazadora y saqué el móvil para rellamar al último número.

–Salimos.

El ascensor permanecía en nuestra planta. ¿Casualidad? Volví sobre mis pasos para asegurar el perímetro. Nada sospechoso. Hacer de agente secreto no era tarea habitual en mi día a día. Ignacio Casas no valía tanto, su novia sí. Llegamos a la planta cero y una persona abrió la puerta desde fuera. A Susan se le escapó un grito de pánico.

–Tranquila, es de los míos. –Mojito no pudo evitar hacerle un rápido repaso visual.

–¿Algo inusual? –le pregunté para que no se despistara.

–Todos los frentes cubiertos. Hemos preparado una moto y un par de monos. Fuera espera un todoterreno para sacaros de la ciudad.

Salimos del bloque sin que nada, ni nadie, nos cortara el paso. Subimos al todoterreno y huimos disparados a las afueras de la ciudad. En el punto de encuentro nos cambiamos de ropa. Después de agradecer a Mojito la ayuda prestada, le pedí que siguiera vigilando el piso.

Eran cerca de las dos de la madrugada cuando llegamos a mi apartamento de La Carihuela. Durante el trayecto medité dónde y cómo me la iba a follar. En contra de mis fervientes deseos, Susan no mostró ningún gesto de receptividad. Se quitó los tacones y se encerró en el dormitorio. No me lo creía. Después de rescatarla, no recibí ni un simple gracias. Visto que no iba a follar, pasé la noche tumbado en la hamaca de la terraza con mi vieja amiga, la botella.

Capítulo 7.- Micrófono Abierto: Life

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Capítulo 6.- Micrófono Abierto: Sweet Child O´Mide
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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