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Capítulo 4.- Micrófono Abierto: Paseando por Sevilla

Micrófono Abierto: Paseando por Sevilla

Tras registrarme en el hotel Alfonso XIII y comer a cuerpo de rey a costa de la discográfica, me dirigí al Starbucks, esquina con la Catedral, a despachar al primer detective.

José Juan era un tipo alto, casi calvo y de piel blanca. Hablaba en un continuo silbido, terminando muchas frases con la coletilla más repetida de los sevillanos: mi arma. Tenía el encargo de recopilar información sobre Ignacio Casas. Tristemente, no presentó nada de interés. El chico trabajaba en la tienda de comestibles de su padre en el barrio de Triana. Ningún premio, medalla, ni concurso en el que el chaval hubiera participado. No creía posible el desconocimiento del don oculto del chaval. Habría que diseñarle una nueva vida. Un tipo así no vende, no sería capaz de soportar una gira local.

Susan e Ignacio eran vecinos. Sus ventanas coincidían en el mismo patio de luces. ¿Conocería ella su secreto? La gente comentaba que ella no se lo merecía. Nadie concretó nada. Seguramente sería el cornudo del barrio. José Juan me entregó un dossier con más información antes de marcharse.

Disponía de una hora libre hasta la próxima reunión enfrente del hotel. Abrí el dossier. Mucho texto y pocas fotografías, mal trabajo. El informe terminaba con una breve mención a las relaciones sentimentales del chaval: Susan. ¿Cómo la conquistó? Quitando su timbre de voz, el chaval no valía nada.

Cansado de leer, me dirigí a tomar el segundo café de la tarde con un viejo amigo. De todos los detectives con los que trabajaba, Abel era el que más tiempo llevaba en el oficio. Vivió el salto analógico al digital, facilitando mucho su trabajo, según sus propias palabras. Nos saludamos con un fuerte abrazo. Después de preguntarme cómo iba el mundo discográfico, tomamos asiento.

–Tengo a todo el equipo trabajando para ti. Tu chica vive en Triana. Su familia está compuesta por cuatro personas: padres, Susan y su hermana menor Lucía. La madre es funcionario de alto rango en la Junta de Andalucía, muy pegada a la presidenta. Su padre también es funcionario. Las hijas son la noche y el día. Sospechamos un enlace de Lucía con el Opus Dei, mis chicos lo están corroborando. Susan es la oveja negra. Incontrolable y exuberante, posee una belleza natural que vuelve loco a cualquier hombre que la mira. Odia las ataduras y la imposición de las cosas. Digamos que es un corazón libre con un gran amor propio para quebrantar las reglas establecidas.

–Un corazón libre con novio –maticé para ver que me contaba sobre Ignacio.

–Veo que te has presentado con los deberes hechos. Una especie de novio fachada. Se llama Ignacio Casas. Nadie sabe explicar cómo se la ha podido ligar. Existen varias historias, pero la única cierta es que ella odia la monogamia. La lista de cornudos es interminable. El chico se fue una temporada de Sevilla en su búsqueda. La gente del barrio dice que Susan se fugó con un indio multimillonario. Una amiga nos insinuó que conoció al indio a través del Facebook. Tengo un hacker rastreando su huella digital en busca de cualquier dato relevante en las redes sociales. El encargo decía que nos centráramos en Sevilla. Si lo requieres, ampliaremos la búsqueda para encontrar una nueva dirección.

–Háblame de la hermana.

–Está muy apegada a la madre. Es su viva imagen de joven. Madre e hija siempre van juntas. Tiene veintiuno, estudia Derecho y es catequista. Viste con ropa de mujer mayor. Es de las que ve un pene y sale corriendo. Es muy guapa, con excelentes rasgos andaluces.

–Me gustaría que siguieras investigando la relación de Susan con el indio los días previos a su marcha –comenté mientras esperábamos la cuenta.

***

Paseando en solitario por calles estrechas parecía que mi trabajo no le importaba a nadie. ¿Cuándo me equivoqué de rumbo? Retrocediendo en el tiempo no recordé ningún momento especial en el que hubiera hecho algo destacable. Siempre me había mantenido en segunda fila de hombres importantes.

Llegué a la orilla del río en medio de una nube de preocupaciones. No soy supersticioso, no creo en los astros, estrellas, horóscopos, ni gatos negros. Sin embargo, recordé las palabras que una gitana me dijo a los pies de la Giralda: Pronto vendrá el dinero y el amor a visitarte, obligándote a elegir entre uno de ellos. Si te aferras a ambos, acabarás por arruinar tu vida y aquello que produces. –En su día hice caso omiso, me fui sin agradecer la predicción con una limosna. Un juego de palabras cantadas nada agradables me persiguió hasta que la gitana enganchó a otro turista. ¿Por qué recordar esa situación? Habitualmente me reiría, usaría la anécdota en cualquier bar. ¿Qué estaba cambiando?

Tomé asiento en un banco para ver pasear a la gente. ¿Me sentía solo? Imposible. Tenía la música, mi guitarra y dinero de sobra para gastar. Aún así, la mala sensación persistía.

El vino hacía mella en mi cabeza. Instintivamente metí la mano en el bolsillo del pantalón. En su interior encontré un trozo de papel doblado. Lo saqué preguntándome que sería. Lo desplegué y la vi: Susan.

¿Ella? Imposible. Todavía no la conocía. ¿Me estaría volviendo loco? ¿Cómo sería echarle un polvo? ¿Distinto? ¿Diferente? ¿Salvaje? No. No. No. Susan era la manzana prohibida. Mi porvenir dependía de no pensar con la polla. No podía estar perdiendo la cabeza por una fotografía.

Tenía que eliminarla de mi mente. ¿Cómo hacerlo? Miré a ambos lados en busca de un plan. Nada interesante. Observé el otro lado del río, recordé las conversaciones mantenidas con los detectives. No muy lejos de allí estaba la casa de Susan. No, Susan otra vez. Miré al cielo suplicando una explicación. No quería saber nada de ella. ¡Qué les den a Ignacio y a su jodida novia! Quemaría cualquier recuerdo de ella y empezaría de nuevo.

Saqué el mechero y un cigarro. Lo encendí mirando fijamente la fotografía. La luz de la farola más cercana no llegaba a iluminar mi posición. Por si acaso, me escoré a un lado. Un árbol y un quiosco me sirvieron de escondite para masturbarme sin importarme nada ni nadie. El esperma cayó encima de la fotografía. Ya tienes tu merecido, sentencié.

Saqué otro cigarro que encendí con el que tenía casi acabado. Arrojé el humo sobre la fotografía, como gesto de despedida, y quemé una esquina. En pocos minutos el recuerdo se lo llevó el viento en forma de cenizas. Aquel ritual produjo un cambio extraño. Me sentía agobiado, como si unas manos invisibles me ahogaran.

Vi la luz verde de un taxi a lo lejos. El hotel quedaba a pocos metros, pero no podía caminar. En menos de diez minutos estaba en la habitación. Me desnudé, tiré el dossier a la papelera y fui a la ducha a prender fuego al material. Repetir el ritual produjo una paz nunca experimentada. Con los papeles irreconocibles, puse freno a la lujuria, abrí el grifo y recuperé el control de mi vida.

Capítulo 5.- Micrófono Abierto: Andrea

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Capítulo 4.- Micrófono Abierto: Paseando por Sevilla
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Capítulo 4.- Micrófono Abierto: Paseando por Sevilla
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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