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Capítulo 3.- Micrófono Abierto: La puerta de Alcalá

Micrófono Abierto: La puerta de Alcalá

Esperé la llegada de Mojito degustando un Chivas de 12 años en La Terraza. En la última revisión médica, exigida a los empleados por imperativo legal, el urólogo me pidió que si bien no podía abandonar los vicios, sí disminuyera la dosis. Desde el suceso con Erika La Vasca la cantidad ingerida por vía bucal y nasal aumentó de manera sospechosa y preocupante por parte de la discográfica.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz musical de Mojito y su ritual de banalidades. Después de narrarme como un primo lejano consiguió un papel de extra en la película Chef, pudimos entrar en materia.

–¿Dónde suele recibir a los clientes? –Mojito escribió la dirección en una servilleta. Estaba cerca de la Puerta de Alcalá–. ¿Cómo la viste?

–A simple vista nada sospechoso. Toma café con Palmer en una cafetería cercana a la agencia para recibir su parte en un sobre cerrado.

¿El encuentro en Sevilla fue casual o ya se conocían? ¿Hasta qué punto Susan estaba siendo obligada? Demasiadas conjeturas que solo recibirían respuesta por los detectives que la investigaban en Sevilla.

¿Qué hacer? Mi especialidad consistía en coger a un novato, arreglar su música, hacer que se aprendiera unas cuantas frases ingeniosas y que no se cagara encima de un escenario. ¿Debería enfrentarme al destino acelerando los acontecimientos? Tenía la dirección, ¿por qué no presentarme y llamar a la puerta? Con Mojito en la retaguardia, podría actuar ante una visita inesperada.

¿Y si Palmer no fuera un mierda y estuviera involucrado en una red más grande? Por el bienestar de mi jubilación tendría que proteger al chaval de cualquier perturbación en su estado de ánimo. Ignacio era un muchacho débil. Descubrir que el amor de su vida se había dedicado a la prostitución le destruiría. Decidí esperar mi turno para poder hablar con ella tranquilamente. Mientras tanto, visitaría Sevilla para matar los días e investigar más a fondo a Susan.

Despedí a Mojito, pagué la cuenta y me dirigí al aparcamiento. No tenía sueño, ni ganas de fiesta. Medité varios planes sentado en el asiento del coche. El encargo comenzaba a convertirse en una obsesión. Desde que descubrí a Ignacio, mi vida giraba en torno a una mujer sin rostro. Abrí la carpeta que Mojito me entregó, antes de marcharse, con información de Palmer y Susan para poner fin a ese problema.

Lo dicho por Ignacio se quedó corto. Las fotografías de la mujer que aparecía delante de mis narices me obligaron a ello. Comprobé la ausencia de merodeadores cerca. Seguro de mi soledad, abrí la guantera, saqué un clínex y empecé a machacármela. Primero, mirando fijamente una fotografía. Después, con ella grabada en mi mente. El acto duró poco, la excitación de ser pillado in fraganti hizo de acelerador. Satisfecho, solté la fotografía encima de la carpeta.

Estaba nervioso y excitado. Siempre que el recorrido me lo permitía, giraba la cabeza para memorizar las curvas del cuerpo pálido de Susan. El hambre voraz de sexo exigía ser saciado. En el garaje de casa llamé a una conocida casa de citas. Una chica pelirroja con poco encanto llamó a mi puerta.

La excitación inicial desapareció por la desgana y la falta de profesionalidad de la prostituta. La chica, intuyendo mi pensamiento, se levantó la minifalda hasta el cinturón para dejar entrever lo que me esperaba. Este gesto tampoco me agradó. Saqué la cartera y le mostré el dinero que tenía para gastar. Se puso como loca, iba a ser su gran noche.

–Haré todo lo que tú quieras –me susurró al oído. Trató de bajarme, sin mucho éxito, la cremallera del pantalón. No estaba para amateur. La prostituta consiguió anular el deseo sexual con su pésima actuación.

Sin miramientos, cogí su bolso, la agarré de la muñeca y la eché de casa. Protestaba mientras la arrastraba hacia la puerta. Le di cincuenta euros por los gastos de transporte. Me amenazó con llamar a su chulo, falsa amenaza que desapareció con una mirada de pocos amigos.

Decepcionado, me tumbé en la cama sin ganas de hacer nada. Durante no se sabe cuánto tiempo estuve mirando al techo con los brazos en cruz. De nuevo, vino la imagen de Susan a mi cabeza y con ella el apetito sexual. Amagué con volver a llamar a la agencia. Visto el resultado de la primera cita, preferí abrir la carpeta de Mojito, coger un trozo de papel higiénico y satisfacer el deseo en solitario. Desahogado, me acosté con la silueta de Susan rondándome en sueños.

Capítulo 4.- Micrófono Abierto: Paseando por Sevilla

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Capítulo 3.- Micrófono Abierto: La puerta de Alcalá
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Capítulo 3.- Micrófono Abierto: La puerta de Alcalá
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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