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Capítulo 2.- Micrófono Abierto: Agencia Palmer

 Micrófono Abierto: Agencia Palmer

La escasa información ofrecida por Ignacio me llevó al barrio de Lavapiés. La Agencia Palmer no se anunciaba en ningún lugar. Ubicada en un viejo portal, la única publicidad era una etiqueta en el portero automático.

Un tipo joven, bajito y sin presencia, me abrió la puerta del primer piso. Al preguntarle por Susan me contestó que estaba trabajando. Al preguntarle por su jefe me respondió que Vicent Palmer no se encontraba.

Cada pregunta recibía una contestación seca y cortante. Discutir contra un muro es como llevar abrigo en el Sáhara, queda cool, pero es una idea estúpida. Para disfrutar de los servicios de Susan tendría que esperar una semana y pagar una parte por adelantado.

Desde algún lugar desconocido noté la presencia de alguien. Intuición que confirmé nada más salir del bloque y mirar las ventanas del edificio. Vicent Palmer me vigilaba desde la ventana contigua a la de la agencia. Sin apartarle la mirada, llamé a Mojito (un cubano ilegal, con perilla y rastas) para que montara guardia en torno a él.

Sentado en una cafetería, cercana a la agencia, llamé a otro detective para buscar información comprometida de Susan. Había mucho dinero en juego, no se permitía ninguna estupidez que jodiera el negocio. No caería en el mismo error que cometí con Erika, La Vasca.

La Vasca lo tenía todo para triunfar. Su pelo azul y peca encima del labio superior eran sus señas de identidad. Era puro vicio, capaz de provocar una erección con solo escuchar el sonido de su voz. Encima de los escenarios no cantaba, hacía el amor con el micrófono delante de miles de personas.

Su carrera artística duró tres telediarios. En el primero, se dijeron maravillas. En el segundo, parecía tener encandilado al público. El cuento terminó con el tercero, aparecieron publicadas unas fotografías quemando una bandera española.

Las consecuencias no se hicieron esperar. Recibí una llamada del jefazo para despacharla. Insistí, pedí una segunda oportunidad, rogué llevarla a Londres para que la conociera. La decisión estaba tomada y no podía hacer perder el tiempo al hombre que me daba de comer.

Hice un leve amago por limpiar su imagen. Sinceramente, no sé si fue por defecto profesional o porque no quería que se fuera de mi cama. No la quería, nunca he querido a ninguna mujer, pero los polvos que me regalaba era sencillamente salvajes.

El día que le di la mala noticia me la encontré desnuda, tirada en la cama, con un porro en una mano y una copa de mi mejor whisky en la otra. Las colillas se escapaban del cenicero manchando las sábanas de raso negro. La habían insultado, caricaturizado, avergonzado públicamente y le daba igual. Quería beber, follar y fumar. Casi me juego mi carrera por un triste parásito que solo buscaba ser mantenido.

Sin miramientos, ni compasión, le exigí que se fuera de mi casa. La Vasca, motivada por el coctel molotov que corría por su cuerpo, no se cortó en reprocharme mierda. Nunca llevó bien el rechazo. Como regalo de despedida me envió al calabozo por culpa de una denuncia falsa de malos tratos. Regaló más titulares para el cuarto telediario. Pensó que la estratagema le serviría como tirón publicitario para relanzar su corta carrera a la fama, aportándole un buen pellizco de la compañía a cambio de mantener la boca callada.

Un abogado sin escrúpulos se presentó para representarla a cambio de un porcentaje de los beneficios. Sin embargo, al igual que sucedió con su carrera artística, el escándalo desapareció con la visita del jefazo a España. En rueda de prensa reconoció públicamente que la demanda fue un montaje por un ataque de celos.

La resolución del escándalo se desarrolló estando aún en el calabozo. Nada más salir, el jefazo me invitó a cenar a Casa Lucio. Seguramente iba a darme el finiquito. En contra de lo que pudiera parecer, la cena fue por un camino distinto a mis pensamientos iniciales. No me reprochó, ni me echó nada en cara. Me dio la enhorabuena por encontrar un material tan bueno, diferente a lo puesto en el mercado. No me lo creía, tan solo duró tres días. Sí, tres días de publicidad gratuita en horario de máxima audiencia. El escándalo reportó un gran beneficio a la discográfica entre descargas de Internet, compras de CDs, tráfico web, publicidad, entrevistas y reportajes sobre el pasado de la vida de Erika.

Si era así, ¿por qué no continuar con el producto en el mercado? Seguiría ofreciendo beneficios. El jefazo me explicó que no se permite orinar en tu país de origen. Uno tiene que cuidar su casa. Si la lías fuera, siempre puedes volver para refugiarte. Si la lías dentro de ella, pierdes tus raíces.

Después de la lección filosófica, me otorgó libertad de actuación. Me pidió que buscara un sonido nuevo por Europa, algo que pusiera la piel de gallina cada vez que se escuchara, encontrar un diamante en bruto que mereciera la pena trabajar en la industria musical.

Sentado en una cafetería de Lavapiés, deseaba con todas mis fuerzas dar por terminado el encargo. Llevaba dos años recorriendo bares, pubs y garitos en busca de una voz que me liberara. Un contrato en peligro por culpa de una mujer.

Capítulo 3.- Micrófono Abierto: La puerta de Alcalá

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Capítulo 2.- Micrófono Abierto: Agencia Palmer
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Capítulo 2.- Micrófono Abierto: Agencia Palmer
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La lucha de tres hombres por conquistar a una mujer convierte la creación de un grupo de música en el negocio más rentable y exitoso de la industria discográfica
Author

Ramón Calatayud

Me llamo Ramón Calatayud, soy consultor de estrategia y marketing. Disfruto escribiendo novelas, libros de empresa y contenido para blog. Trabajo como ejecutivo de puntos de venta en Jot Down. Bienvenido a mi MBA Personal: Marca Inteligente.

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